Primeros libros de San Josemaría y D. Álvaro del Portillo

En diciembre de 1932, con el fin de facilitar ayuda espiritual y temas de meditación a sus hijos y a las demás personas que acudían a su dirección espiritual, don Josemaría Escrivá recopiló 246 pensamientos...

"Consideraciones espirituales"

En diciembre de 1932, con el fin de facilitar ayuda espiritual y temas de meditación a sus hijos y a las demás personas que acudían a su dirección espiritual, don Josemaría Escrivá recopiló 246 pensamientos, extraídos fundamentalmente de sus “Catalinas” (como llamaba familiarmente a los Apuntes íntimos), los copió a máquina y los imprimió después a velógrafo, en forma de fascículos. Esta primera recopilación la denominó “Consideraciones espirituales”. Más tarde, en 1934, decidió imprimir en forma de libro esas “Consideraciones”, añadiendo a los anteriores puntos nuevos pensamientos sacados de sus Catalinas, hasta un total de 438. Era el germen de su futuro y mundialmente difundido libro “Camino”.

Carta del Fundador del Opus Dei a D. Francisco Morán, 26-IV-1934

En esta Casa de Redentoristas, tengo anunciado otro retiro espiritual para el primer domingo de mayo, y, con la ayuda de Dios, espero que sea fecundo, porque han respondido muy bien los jóvenes universitarios, acudiendo a los retiros anteriores.

Estoy convencido de que el Señor bendice a estos jóvenes que llevan la Academia, en la que tantas facilidades encontramos para nuestro apostolado sacerdotal entre intelectuales, cumpliendo, por otra parte, la clara Voluntad de Dios sobre mí, que es "ocultarme y desaparecer" (...).

Por razones de economía, con la aprobación del Sr. Obispo de Cuenca, se está tirando un folletico -luego se tirarán otros-, en la "imprenta Moderna", antes "Imprenta del Seminario", de esa capital (Cuenca).

Consideraciones espirituales, “Advertencia preliminar”

No es cosa fácil hacer una división de las notas que componen estos apuntes, escritos sin pretensiones literarias ni de publicidad, respondiendo a necesidades de jóvenes seglares universitarios dirigidos por el autor.

Sin embargo se ha intentado ordenar aquellas notas ‑no pretendiendo con ello llenar innegables lagunas y omisiones, ni retocar el estilo familiar y afectivo‑ para facilitar su lectura provechosa, aunque en general en cada una de las partes, por la índole misma de los puntos que se tocan, se trate de diversas materias.

Dos puntos de "Consideraciones Espirituales" sobre el estudio

Oras, te mortificas, trabajas en mil cosas de apostolado..., pero no estudias. ‑ No sirves, entonces, si no cambias.

El estudio, la formación profesional que sea, es obligación grave entre nosotros.

Una hora de estudio, para un apóstol moderno, es una hora de apostolado.

“Santo Rosario” (1934)

Una mañana, después de decir Misa, durante la Novena de la Inmaculada del año 1932, al terminar la acción de gracias, Don Josemaría Escrivá escribió de una sentada, junto al presbiterio, en la sacristía de Santa Isabel, el libro “Santo Rosario”. Lo escribió con la intención de que sirviera para que las personas que trataba rezaran mejor esta popular oración mariana, aprendiendo a contemplar las escenas de los distintos misterios. Lo publicaría en forma de libro posteriormente, en 1934.

Santo Rosario, Prólogo

Amigo mío: si tienes deseos de ser grande, hazte pequeño.

Ser pequeño exige creer como creen los niños, amar como aman los niños, abandonarse como se abandonan los niños..., rezar como rezan los niños.

Y todo esto junto es preciso para llevar a la práctica lo que voy a descubrirte en estas líneas:

El principio del camino , que tiene por final la completa locura por Jesús, es un confiado amor hacia María Santísima.

-¿Quieres amar a la Virgen? -Pues, ¡trátala! ¿Cómo? -Rezando bien el Rosario de nuestra Señora.

Pero, en el Rosario... ¡decimos siempre lo mismo! -¿Siempre lo mismo? ¿Y no se dicen siempre lo mismo los que se aman?... ¿Acaso no habrá monotonía en tu Rosario, porque en lugar de pronunciar palabras como hombre, emites sonidos como animal, estando tu pensamiento muy lejos de Dios? -Además, mira: antes de cada decena, se indica el misterio que se va a contemplar . -Tú... ¿has contemplado alguna vez estos misterios?

Santo Rosario, Epílogo

Amigo mío: te descubrí un punto mi secreto. A ti, con la ayuda de Dios, te toca descubrir el resto. Anímate. Sé fiel.

Hazte pequeño. El Señor se esconde a los soberbios y manifiesta los tesoros de su gracia a los humildes.

No temas si, al discurrir por tu cuenta, se te escapan afectos y palabras audaces y pueriles. Jesús lo quiere. María te anima. Si rezas el Rosario así, aprenderás a hacer oración buena.

Álvaro del Portillo (1935) Álvaro del Portillo fue el primer sucesor de San Josemaría al frente del Opus Dei. Se incorporó al Opus Dei en el año 1935, durante un retiro espiritual predicado por San Josemaría en la residencia de Ferraz, y pronto se convirtió en un fiel y cercano colaborador del Fundador, quien, ya en 1939 le llamaba “saxum”, roca, porque albergaba la esperanza de apoyarse en él para la tarea de gobernar la Obra. Carta de Don Josemaría Escrivá a Álvaro del Portillo, desde Burgos

Jesús te me guarde, Saxum.

Y sí que lo eres. Veo que el Señor te presta fortaleza, y hace operativa mi palabra: saxum! Agradéceselo y séle fiel, a pesar de... tantas cosas.

(...) ¡Si vieras, qué ganas más grandes tengo de ser santo, y de haceros santos! Te abrazo y te bendigo.

Carta de Don Josemaría Escrivá a Álvaro del Portillo, desde Madrid

Saxum! ¡qué blanco veo el camino —largo— que te queda por recorrer! Blanco y lleno, como campo cuajado. ¡Bendita fecundidad de apóstol, más hermosa que todas las hermosuras de la tierra! Saxum!.

Recuerdos de Álvaro del Portillo tras el fallecimiento de San Josemaría

Puedo atestiguar que su unión con Dios aumentó año tras año, en un "crescendo" maravilloso, hasta el fin de su vida. Ya en 1935, cuando acababa de conocerlo, vi claramente que sólo pensaba en el Señor y en cómo servirle. Ponía los cinco sentidos en todo lo que hacía; pero, al mismo tiempo, estaba completamente metido en Dios. Vivía lo que solía aconsejar: tener los pies en la tierra, y la cabeza en el cielo; es decir, poner en juego todas nuestras facultades para cumplir los deberes de cada día, en el trabajo profesional, en el ministerio sacerdotal, pero siempre con el pensamiento en el Señor.

Recuerdo muy bien, por ejemplo, que desde el comienzo de mi vocación, en 1935, el Padre me animó a estudiar japonés, y así lo hice aunque con resultados poco fructíferos. Nuestro Fundador tenía una predilección particular por el Extremo Oriente, y cuando, al fin, en la posguerra, fue posible iniciar establemente el trabajo de la Obra allí, se puso contentísimo.

(Texto incluido en "Fuentes para la Historia del Opus Dei" de Federico M. Requena y Javier Sesé publicado en Editorial Ariel)