1ª edición de Kultun: una semana universitaria para aprender a mirar el mundo con profundidad

¿Cómo preparar a los jóvenes para comprender el mundo en el que viven y poner sus capacidades al servicio de los demás? Esta es una de las preguntas que está detrás de Kultun, una iniciativa que reunió en Barcelona a universitarias de distintos lugares de España para vivir una semana de formación, cultura y convivencia.

Chicas en la primera edición de Kultun Barcelona

En medio de un verano marcado por la rapidez y la multiplicidad de estímulos, Kultun propone algo diferente: parar, hacerse preguntas y entrar en contacto con personas, ideas y experiencias que ayuden a ampliar horizontes. Durante una semana, universitarias procedentes de distintas ciudades de España —y también de otros países, como Italia— compartieron conferencias, talleres, visitas culturales y encuentros con profesionales de ámbitos muy diversos.

La iniciativa nació con el deseo de ofrecer un espacio de formación que complementara la experiencia universitaria. No se trata de sustituir lo que cada estudiante aprende en su carrera, sino de ampliar esa formación con preguntas sobre la persona, la sociedad y el mundo en el que tendrá que desarrollar su profesión. Porque para poder dar, primero hay que prepararse: adquirir conocimientos, desarrollar capacidades, conocer la realidad y descubrir qué puede aportar cada uno.

La primera edición tuvo como hilo conductor «La lógica del don» y propuso un recorrido que iba desde la contemplación y el conocimiento hasta el diálogo y el compromiso. Más que acumular contenidos, se trataba de aprender a relacionarlos y de descubrir cómo aquello que uno recibe puede convertirse, con el tiempo, en una aportación para los demás.

Una formación que amplía horizontes

Desde el primer día, Kultun puso a las participantes en contacto con cuestiones que atraviesan la cultura y la sociedad contemporáneas.

Higinio Marín ayudó a comprender algunas de las tendencias que están configurando nuestro tiempo y los desafíos que plantean. José Manuel Almuzara acercó a las universitarias al mundo de Gaudí, mostrando cómo su arquitectura sigue siendo un diálogo entre belleza, innovación y trascendencia. Albert Moya habló sobre el cultivo de lo sensible, la estética, la ecología y el cuidado, mientras que Loreto Gala planteó una reflexión sobre la austeridad y la posibilidad de vivir con menos para centrarse en lo verdaderamente importante.

A lo largo de la semana se abordaron también cuestiones como la salud, la dignidad humana, los nuevos derechos, la identidad, la situación de Oriente Medio, la inteligencia artificial, las relaciones personales, el liderazgo o la comunicación.

Esta diversidad responde a una de las características de Kultun: poner en contacto a las jóvenes con ámbitos que normalmente no encuentran reunidos en su formación universitaria. «Kultun me ha abierto horizontes y aprendizajes que no tengo la posibilidad de encontrar en mi carrera», explicaba Blanca, de Pamplona.

La cultura se convirtió así en una puerta para hacerse preguntas nuevas. Una visita a la Sagrada Familia permitió descubrir la arquitectura de Gaudí desde una perspectiva diferente; el Palau de la Música ofreció la experiencia de escuchar en directo la Sinfonía de Mahler; el Barcelona Supercomputing Center acercó a las participantes al mundo de la investigación y la tecnología; y las distintas rutas por Barcelona permitieron conocer la ciudad desde perspectivas culturales, empresariales, sociales y profesionales.

Encontrarse con quienes ya están construyendo el mundo

Pero una parte importante de la riqueza de Kultun estuvo en el encuentro directo con profesionales. Para una universitaria que todavía está construyendo su proyecto personal y profesional, poder conversar con personas que ya llevan años trabajando en distintos ámbitos ofrece algo que no siempre se encuentra en las aulas: la posibilidad de preguntar a alguien que ya ha recorrido parte del camino.

Profesores, médicos, empresarios, periodistas, arquitectos, expertos en tecnología, escritores y profesionales de distintos sectores compartieron no solo sus conocimientos, sino también parte de su experiencia. El objetivo no era presentar modelos perfectos, sino ofrecer referentes: personas que han tomado decisiones, afrontado dificultades y puesto sus capacidades al servicio de proyectos concretos.

Carla, de Madrid, lo explica así: «De Kultun me llevo muchas cosas, pero si tuviera que decir una diría la calidad de los ponentes: personas que han decidido hacer cosas grandes con su vida. Yo me llevo ese deseo de hacer cosas grandes con mi vida, y la suerte de compartir estos días con personas que también tienen ese deseo».

La frase resume uno de los frutos que Kultun busca provocar: no solo conocer más, sino empezar a preguntarse qué quiere hacer cada una con aquello que sabe, con sus capacidades y con su vida.

Verónica, que llegó desde Roma, destaca precisamente esa dimensión: «Ha sido una experiencia muy formativa, tanto a nivel personal como cultural. Hemos conocido a personas muy diferentes, hemos creado sinergias, hemos compartido valores, ideas y también las personas que han hablado nos han dado mucha inspiración».

De este modo, la formación y la convivencia se alimentaron mutuamente: las conferencias abrían preguntas que después podían seguir tratándose entre las participantes, mientras que los encuentros personales ayudaban a descubrir que detrás de cada profesión hay una historia, unas decisiones y una manera de entender la vida.

De lo que recibimos a lo que podemos dar

La última parte del recorrido de Kultun llevó a preguntarse qué hacer con todo lo recibido. Ousman Umar invitó a las jóvenes a reconocer quiénes son y también la suerte y las oportunidades que han recibido, para ponerlas en juego y contribuir a mejorar el mundo que les ha tocado vivir.

La idea conecta con el sentido de fondo de esta edición: el don no comienza en lo que uno entrega, sino también en la capacidad de reconocer lo que ha recibido. Y para poder dar, hace falta capacitarse: estudiar, adquirir criterio, cultivar los propios talentos, aprender de otros y prepararse para asumir responsabilidades.

En una de las sesiones dedicadas a las relaciones personales, Pep Borrell resumió esta lógica con una frase: «El amor no se encuentra, el amor se trabaja». Una afirmación que puede extenderse también a muchos otros ámbitos de la vida: las relaciones, la profesión, los proyectos y el compromiso con la sociedad requieren decisión, esfuerzo y perseverancia.

Lluís Gracia cerró las jornadas con otra invitación: soñar en grande y comunicar con propósito, recordando que el momento de hacer cosas grandes es ahora y que, muchas veces, lo grande empieza precisamente en lo pequeño.

Quizá por eso una de las participantes definió Kultun con una sola palabra: «Proyectarse». Otra afirmó que recomendaría la experiencia porque «merece la pena implicarse en lo que realmente te importa». Otra la describió como «un espacio en el que jóvenes inquietas pueden dialogar y compartir experiencias». Y Sara, de Madrid, resumió así su invitación: «Recomiendo Kultun para todos los jóvenes con inquietudes y que quieren aprovechar parte del verano para reflexionar con un poco de calma en medio de la rapidez del mundo en el que vivimos».

Al terminar la semana, las participantes regresaron a sus ciudades con nuevas amistades, preguntas y perspectivas. Pero también con algo más difícil de medir: el deseo de prepararse mejor para poder aportar más.

En ese sentido, Kultun no pretende ofrecer una respuesta cerrada sobre qué debe hacer cada joven con su vida. Le propone algo previo: conocer, preguntar, encontrarse con buenos referentes, descubrir los propios talentos y empezar a imaginar cómo ponerlos al servicio de los demás.