Por los suburbios de Tetuán y Vallecas

San Josemaría entre los enfermos de Madrid (1927-1931)

Algunas notas confirman documentalmente una anécdota protagonizada y dada luego a conocer por los alumnos de don Josemaría en la Academia Cicuéndez. Uno de ellos, que asistía a sus clases durante el curso 1927-1928, Jesús Manuel Sánchiz Granero, al ser entrevistado en 197641, conservaba en su memoria la impresión que les producía a él y a sus compañeros la figura humana y sacerdotal de su profesor. En concreto, recordaba que dado el porte, la talla y educación de don Josemaría, les pareció imposible y no podían dar crédito a lo que alguien había comentado: que don Josemaría extendía su labor apostólica por los suburbios de Madrid. Algunos más escépticos decidieron seguirle y comprobaron que, en efecto, iba a Vallecas y Tetuán.

Pues bien, las notas que transcribimos a pie de página confirman estas andanzas de don Josemaría por dichos municipios del extrarradio de Madrid. La primera (doc. 11) es uno de los dos únicos documentos en los que figura un domicilio situado en Tetuán. Aunque no está datada, puede situarse aproximadamente a comienzos del curso 1927-192842. Incluye aviso de varias visitas por diversos puntos de Madrid, pero según la anotación del reverso hecha con lápiz por don Josemaría, tuvo que visitar también a Constanza Herranza, domiciliada en la calle de María Luisa, de Tetuán, a la que se accedía por la de Marqués de Viana.

Otras cinco notas acreditan la presencia de don Josemaría en el municipio de Vallecas43. Además, los Apuntes íntimos nos dan a conocer algo que no trasmiten ni los documentos transcritos a pie de página ni el testimonio de los curiosos alumnos de don Josemaría: que en estas correrías apostólicas solía llevar revistas a los enfermos y, de paso, las repartía también por las calles. Por lo general, eran ejemplares de El Mensajero y el Iris de Paz , editados por diversas instituciones católicas, que informaban sobre las misiones y otros temas religiosos de actualidad. En los barrios bajos, hubo temporadas en que no podía pasar por algunas calles sin que se los pidieran. Y, en Vallecas, los hombres salían incluso de las tabernas para solicitarle “libros”, como decían ellos. Un día llegó a agotar el paquete que llevaba, dando estas publicaciones a todos los chóferes de taxis que había por la calle de Santa Engracia. No le sucedió, ni una sola vez, que le rechazaran o le dijeran impertinencias. Al contrario: las recibían con gusto. Esta propaganda callejera la siguió haciendo don Josemaría al menos hasta 1930, aunque ya por estas fechas entendía que esas revistas no eran las más apropiadas para formar a la gente de la calle44.