Perú: tierra de misión

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

También el espíritu que el Fundador recibiera el 2 de octubre de 1928 en Madrid, ha llegado ya a las estribaciones andinas. Desde 1955 hay Centros del Opus Dei en Perú. Pero es en abril de 1957 cuando su Santidad Pío XII crea la Prelatura territorial de Yauyos, en el territorio desmembrado de la Archidiócesis de Lima, la confía a sacerdotes de la Obra y nombra Prelado a don Ignacio María de Orbegozo.

Estas Prelaturas, denominadas Nullius , son territorios con clero y pueblo, separados de toda diócesis, y en los que el Prelado ejerce una jurisdicción episcopal. Se trata de un encargo particular de la Santa Sede. El territorio de esta Prelatura comprende Yauyos y Huarochirí. Son las provincias de los Andes con mayor pobreza y peores comunicaciones. Con una extensión de 10.000 kilómetros cuadrados y unos 100.000 habitantes de mayoría católica, en 1957 la situación espiritual y material es mísera. Muchos pueblos no han tenido nunca sacerdote ni han sido visitados por un Obispo desde el siglo XVI.

El Padre comunica en Roma esta concesión de la Santa Sede. Y explica a sus hijos el motivo de que el Opus Dei acuda a ese lugar en la tierra del Perú.

«Cuando la Santa Sede llamó a don Álvaro del Portillo a elegir una zona del Perú para erigir una Prelatura que habíamos de llevar, contestó -porque tiene mi espíritu- que aquella que nadie quisiera. Porque la Obra no ha venido a servirse de la Iglesia, sino a servirla» (10)

En 1957, la Prelatura de Yauyos es un lugar de difícil acceso, en la sierra de Perú, y muy abandonado. Don Ignacio María de Orbegozo, y un pequeño grupo de sacerdotes, dará comienzo a la tarea, en silencio, venciendo los mil obstáculos que la situación, el clima y las circunstancias humanas del lugar han de plantear de modo inevitable.

El 2 de octubre de 1957 el nuevo Prelado toma posesión en Yauyos. El terreno es quebrado y montañoso, sembrado de cerros y punas. Hay que conocer muy bien los senderos para no despeñarse en cualquier desfiladero a 5.000 metros de altura. Pero ninguna dificultad ha impedido que los habitantes de la comarca se reúnan hoy en la plaza y en los caminos de acceso. Han traído flores de sus montañas y el suelo está cuidadosamente lleno de retamas: la planta típica de la región. Con el pueblo, las autoridades y el Nuncio de su Santidad. Estos indios son descendientes de los quechua (pueblo del valle cálido), cuyo idioma sobrevive a la cultura de los incas, una de las más importantes de América.

Ocupan completamente la iglesia de Yauyos mientras el Nuncio lee en voz alta la Bula de la Santa Sede. Después de oficiar la Santa Misa, todos los sacerdotes presentes cantan el Te Deum .

Monseñor Orbegozo se dirige por primera vez a sus fieles de Yauyos: con sencillez, con las manos abiertas a sus problemas humanos, a sus necesidades materiales y espirituales.

Les habla de su presencia allí. De lo que le ha llevado hasta Perú. Del Opus Dei, que ha nacido veintinueve años antes, en un 2 de octubre como éste. Les habla del Padre, y les pide que este día recen por el Fundador de la Obra.

Por la noche, un telegrama de Monseñor Escrivá de Balaguer llegará, desde Roma, para bendecir y ayudar este apostolado que comienza. Ha pasado el día unido a Yauyos y con la esperanza puesta en este rincón del mundo.

Durante los próximos años, don Ignacio y el grupo de sacerdotes que le acompañan, recorrerán a pie, o a lomos de un mulo, de día y de noche, toda la región hasta conocerla como la palma de la mano. Ni el soroche (mal de montaña) ni los peligros naturales de la zona conseguirán frenar su trabajo.

En la Navidad de 1959 escribe, recordando uno de sus viajes andinos:

«Los cerros recortaban sus crestas en el firmamento, y sus picos audaces estaban ya más altos que la luna. Y allá arriba, las estrellas (...). ¡Qué maravilla! Pensé en aquellas palabras del Evangelio de San Juan: Por El fueron hechas todas las cosas. Y seguí pensando, y cantando bajito un villancico y otro (...). Llegué a casa. Arrodillado junto al Sagrario, y a los pies de la Virgen, acabé esta correría, que me ha llevado una vez más al convencimiento de que también esta dura y difícil parcela andina será tierra de santos»(11) .

Los primeros sacerdotes que acompañaron a Monseñor Orbegozo tendrán que multiplicarse para llegar a los lugares donde se solicita su presencia. En menos de diez años las Comuniones pasarán de 300 a 4.000. Cerca de 30 sacerdotes ejercen su ministerio en la Prelatura territorial de Yauyos. Se han visitado 10.000 enfermos y se ha predicado en más de 60.000 ocasiones. Se han reparado 153 iglesias y 34 están levantándose de nueva planta.

En 1963 da comienzo un pre-seminario en el colegio Nuestra Señora del Valle. Como consecuencia del trabajo sacerdotal por los pueblos, llegan los primeros alumnos. En 1978 se ordenarán los primeros sacerdotes que, en 1982, ya son dieciocho.

En 1967 se inicia Valle Grande , una obra corporativa del Opus Dei destinada a la promoción de los campesinos, gracias a la puesta en marcha de Programas de Formación en Técnicas Agropecuarias. Con categoría de Instituto Rural, prestan servicios en esta obra de formación, ingenieros agrónomos, veterinarios y técnicos agrícolas. Valle Grande tiene su sede material en San Vicente de Cañete. Cañete fue añadida a la Prelatura de Yauyos en 1962. Desde sus comienzos, asumirá el reto de la promoción técnica, social y humana de los campesinos pobres. La formación espiritual está confiada al Opus Dei.

La prensa se hará eco de esta labor eficaz y silenciosa de los sacerdotes de la Obra. Quince años más tarde escribe un periódico:

«Los 40.000 habitantes del territorio reciben el cultivo de una pastoral intensa, en condiciones naturales difíciles, por parte de veintiún sacerdotes del clero diocesano (...).

Pueden estar contentos aquellos sacerdotes... En verdad, cuatro diáconos que tocan ya con sus manos el presbiterado, más de veinte alumnos -y bien escogidos y formados, por cierto- en el Seminario Mayor y un centenar largo de adolescentes cultivados con esmero hacia el sacerdocio; y todo ello en medio de unas parroquias trabajadas intensamente y con espíritu apostólico; son seguro presagio del futuro de una gran diócesis sacerdotal y misionera» (12).

Una de las actividades de Valle Grande adquiere pronto categoría de labor cultural de gran extensión, desafiando la altura de las montañas. «Radio Estrella del Sur» transmite para un territorio de 15.000 kilómetros cuadrados toda una serie educativa que les pueda ayudar a mejorar su oficio, su formación personal, su comunicación con el mundo. Algunos miembros y amigos del Opus Dei, colaboradores habituales del Instituto Rural, se encargan de montar los programas y de la atención a miles de personas que siguen, regularmente, las clases que llegan por el aire.

Un día el Fundador muestra en Roma a don Ignacio el modelado en barro que están haciendo para una imagen de la Virgen en cemento policromado, que resista todos los rigores del tiempo. Se la quiere regalar a la Prelatura territorial andina.

Don Ignacio escribe, entusiasmado, a los sacerdotes que ha dejado en aquel rincón de América:

«Envío una foto de la Santísima Virgen que por encargo -directísimo, personalísimo- del Padre están esculpiendo para nosotros: la foto es del negativo en barro y, en este momento, ya han hecho el molde en yeso. Enseguida harán el vaciado (...) para terminar dejando una maravilla. ¡Es preciosa!»(13)

En noviembre de 1965 será instalada solemnemente en la ermita que se ha construido para Ella en los terrenos del Seminario menor de la Prelatura. El césped y los árboles llegan hasta la verja. Siempre hay flores frescas en los jarrones de hierro. Las envuelve el contorno en un marco verde, apacible; el confín es el valle entero de Cañete.