Las islas Canarias son mucho más que sol y turismo. Durante décadas, este pequeño archipiélago ha recibido millones de visitantes que vienen en busca de las bondades de su clima y la riqueza de su naturaleza. En los últimos años, junto a ese flujo habitual, los canarios han visto llegar también a personas procedentes del continente africano por vía marítima irregular. Los motivos que les mueven a arriesgar sus vidas en una ruta migratoria mortífera muchas veces significa recuperar la esperanza de una vida mejor.
Cuando D. Javier Echevarría, segundo sucesor de san Josemaría al frente del Opus Dei, visitó las islas en 2004, nos animó a mirar a todos como hermanos para que ningún alma que pase a nuestro lado nos resulte indiferente. Ahora, es el sucesor de Pedro el que nos invita a “alzar la mirada” y brindarles la acogida que su dignidad humana merece.
Conscientes de que la realidad migratoria configura este lugar, algunos profesores de la Facultad de Traducción e Interpretación de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) llevamos varios cursos liderando iniciativas de investigación, innovación educativa y voluntariado en las que participan personas migrantes y jóvenes universitarios. Todas ellas se encuadran bajo U-Fit (Universities for integration through training).
Algunos proyectos se desarrollan con el Ayuntamiento de Arucas, otros con diversas ONG y otros con los propios estudiantes universitarios. El que se lleva a cabo junto con el Banco de Alimentos de Las Palmas cuenta además con el respaldo del Gobierno de Canarias.
Entre febrero y mayo de 2026, 27 jóvenes procedentes de Gambia, Guinea, Marruecos y Senegal recibieron formación acreditada de mozo de almacén, manipulador de alimentos y carretillero. Cinco estudiantes universitarios les acompañaron para facilitarles la comunicación y la asimilación de los contenidos. La actividad incluyó además 400 horas de voluntariado en el almacén del Banco de Alimentos y clases de español orientadas a la búsqueda de empleo, que impartió una estudiante del Máster en Enseñanza del Español y su Cultura de la ULPGC.
Esta experiencia ha resultado enriquecedora para todos, desde las coordinadoras del proyecto hasta los estudiantes-mentores, pasando por los demás voluntarios del Banco de Alimentos de Las Palmas y los propios jóvenes migrantes. La alegría que muestran los rostros de estos jóvenes habla de inclusión, pero también se refleja en el compromiso por realizar lo mejor posible el trabajo ordinario en favor de otras personas que pasan necesidad.
Como señaló el Papa León XIV durante su visita al centro Las Raíces, en Tenerife, muchos de ellos se sienten «consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos». Aquí el migrante deja de ser «el que recibe» para convertirse en protagonista del cambio social: alguien que aporta talento y humanidad a la sociedad que le acoge.

Como ocurre con frecuencia, empezar iniciativas en favor de otras personas, pone en marcha una serie de mecanismos invisibles que sacan a la superficie nuevas necesidades, demandando progresivamente más tiempo y energía. A la vez, lo que empieza siendo un proyecto para beneficiar a otros, acaba repercutiendo positivamente en las personas que lo impulsan. Así nos ha pasado también a nosotros.
Esta semana, uno de mis estudiantes de Interpretación Consecutiva, con un expediente brillante, se acercó a mi despacho en busca de algún consejo para dominar la mente y ganar en seguridad, para no tirar por tierra el esfuerzo de todo el curso durante los exámenes. Pero se fue con una propuesta: dedicar un tiempo semanal en verano a dar clases de español a Youssoufa, un joven gambiano que llegó a las costas canarias casi milagrosamente, después de estar 17 días a la deriva en alta mar.
Tras pensarlo, este alumno, tan inteligente como reservado, aceptó el reto de alzar la mirada y poner sus talentos al servicio de otro, sabiendo que, en este intercambio, ambos saldrían favorecidos. Para cualquier docente, esto es fuente de mucha satisfacción, pues reviste de sentido nuestra tarea de formadores de personas en sentido global.

San Josemaría enseñó que el trabajo ordinario —una clase de español, unas horas en el Banco de Alimentos— santifica y dignifica. Iniciativas como U-Fit son una muestra de que acoger no es asistencialismo; es reconocer en el otro a alguien con talento que mostrar y un futuro por construir.
Goretti García Morales

