Pablo Cabellos Llorente: un hombre de cultura y amistad

Jesús Acerete publica este obituario de Pablo Cabellos, sacerdote de la prelatura del Opus Dei. Desde 1991 hasta 2007 ocupó el cargo de vicario del Opus Dei en Valencia.

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Levante EMV Pablo Cabellos Llorente: un hombre de cultura y amistad

Sacerdote de la prelatura del Opus Dei, nació en Cifuentes (Guadalajara) en 1942. Trabajó como Maestro de Primaria antes de obtener la Licenciatura en Filosofía y Letras y Ciencias de la Educación por la Universidad de Navarra.

En Pamplona, animado por san Josemaría, puso en marcha el colegio Irabia, en un barrio de familias con escasos recursos. Allí trabajó como profesor durante varios años, y ocupó cargos directivos. Realizó estudios de Teología en Pamplona y Roma, doctorándose en Derecho Canónico. En Roma fue profesor del Instituto Superior de Ciencias de la Educación, precedente de la Universidad de la Santa Cruz.

Miembro del Opus Dei desde sus años universitarios, en 1974 fue ordenado sacerdote de la Prelatura acogiendo con libertad y decididamente la sugerencia de san Josemaría. Ejerció diversas tareas pastorales y de gobierno en la Prelatura. Desde 1991 hasta 2007 ocupó el cargo de Vicario del Opus Dei en València, y en la actualidad era capellán del IESE (Instituto de Estudios Superiores de la Empresa) y se ocupaba de la atención pastoral en diversas actividades apostólicas de la Obra en València.

Ha dejado varias publicaciones relacionadas con sus especialidades: la pedagogía y la pastoral. Entre otras, Formación de la Conciencia, Autoridad y amistad con los hijos, Enseñar el Catecismo, y ¿Soy un ser humano?

Buen comunicador y gran conversador, era hombre de cultura y mente abierta. Durante varios años fue colaborador de Levante-EMV. Sus textos eran a la vez precisos y audaces, a contra corriente y de mano tendida hacia quienes no pensaran como él, según el sentido cristiano que había aprendido de san Josemaría.

Sabía respetar y querer, y por eso hacía amigos por donde pasaba. Muchos le han acompañado estos días previos a su fallecimiento, en València y Pamplona, cuando hizo presa en él una enfermedad inesperada, que ha llevado con serenidad y entereza cristianas, y la mirada puesta en el cielo.