Ocho fotos personales, menos una

Una joven andaluza, Ana Belén, relata su vida a través de varias fotos personales.

1. Una ilusión de juventud

Soy de Cádiz y mi gran ilusión, desde siempre, era ser bióloga. Recuerdo que durante los veranos, desde los quince hasta los dieciocho años, estuve trabajando en un laboratorio de Biología Marina que hay en mi pueblo, la Línea de la Concepción. En esta foto estoy con una amiga, que es la que va de azul.

En 1999, al acabar el Bachillerato, como en La Línea todavía no nos han puesto una universidad, me encontré con la papeleta de tener que cambiar de ciudad para estudiar. 

En el Instituto me hablaron de un centro del Opus Dei en Sevilla, donde podía residir, pagándome la estancia con mi colaboración en trabajos de la Administración.  Me pareció una buena fórmula y allí fue donde conocí el Opus Dei.

Un descubrimiento

El centro me gustó mucho, por la alegría, el buen humor y la preocupación por los demás que vi.

Y descubrí, además del calor de Sevilla, dos cosas nuevas para mí.

Lo primera fue la vida cristiana, porque en mi casa vivíamos muy alejados de la religión y no practicábamos casi nada. Y sin el casi: nada. Yo había hecho de pequeña la Primera Comunión, pero desde entonces no había vuelto a pisar una iglesia, salvo para una boda, un bautizo o cosas así; y en aquel Centro del Opus Dei descubrí la maravilla de la fe, que le daba una perspectiva nueva y un sentido profundo a todo… 

2. Otro descubrimiento

 

Esta foto nos la hicimos durante una excursión con gente de la Facultad, en Córdoba. No sé qué lleva esta compañera en la mano, pero siendo de Biológicas, seguro que es un bote con un bicho dentro.

Durante ese tiempo hice mi segundo descubrimiento, esta vez de carácter profesional. Me di cuenta de que aquellas tareas de Administración que hacía en el Centro de Estudio y Trabajo, que al principio realizaba sólo para mantenerme, me iban gustando cada vez más y más.

Esto no tiene mucho de particular, porque hubo gente de mi clase – y algunos de ellos aparecen en la foto- que también cambiaron de orientación profesional con el paso de los años.

Aunque, pensándolo bien, en mi caso, más que un cambio, aquello fue una integración de perspectivas. 

3. Una elección

Me explicaré. En aquel centro del Opus Dei descubrí que a mí, lo que me entusiasmaba verdaderamente era el trabajo de la Administración; por muchas razones: por el trabajo en sí y por el espíritu de servicio con que se realizaba. Yo había trabajado antes, como he dicho, en un laboratorio, y la Biología me seguía encantando; pero lo que me llenaba de verdad era ese trabajo, y  sobre todo, el sentido con que lo hacíamos.

Así, poco a poco, a medida que iba avanzando en mi vida cristiana, fui conociendo la Obra y me planteé la vocación al Opus Dei, que es la misma para todos, estén casados, solteros o viudos. Se trata de encontrar a Dios en las cosas de cada día: en el trabajo, en el descanso, en la vida familiar, en el trato con los demás, en el deporte… 

Cada persona vive su vocación según sus circunstancias: unas se casan y la viven con su marido y con sus hijos; y otras no se casan, como en mi caso, porque han optado por el celibato apostólico. Soy numeraria auxiliar y me ocupo de los centros de la Obra, procurando rezar de un modo muy especial por las iniciativas apostólicas que llevan a cabo los que viven allí y cuidando de ellos, como cualquier madre de familia, para que cada una de esas casas sea realmente un hogar, un hogar cristiano.

Esta es una foto de mi clase, la típica clase de Ciencias.

4. Mucho más que eso

Lo que estaba contando: el trabajo de la Administración no es un trabajo meramente material, porque en una pensión, en un cuartel, en… yo que sé, en un barco, también hay que cocinar, limpiar y planchar la ropa (bueno, la verdad es que no sé hasta qué punto planchan la ropa en los barcos). Lo que sé es que convertir una casa en un hogar, en un hogar de familia, supone muchísimo más que eso. Porque sólo cuando una persona se siente tratada de forma personalizada se siente y está verdaderamente en su casa.

En un hotel puedes encontrar toda clase de servicios; pero, por buenos que sean, aquello nunca será tu casa. La diferencia está que en tu casa, en tu hogar, sabes que han preparado esa comida para ti, pensando en ti, en tu edad, en tu salud, en tus gustos y en tus circunstancias. En tu casa no te quieren por el dinero que ganas, sino por ser quien eres. En la casa de uno no hay clientes, ni residentes, sino personas, únicas e irrepetibles. 

5. Por qué y para qué

Esa es la singularidad del trabajo de la Administración, que exige estar muy al día desde el punto de vista profesional. Yo estoy haciendo ahora un curso de cocina, en el que aprendo, entre otras cosas, las novedades que ha incorporando a este campo  la nueva cocina española; una cocina que está, como sabe todo el mundo, altamente reconocida en el ámbito internacional.

Esta foto no es mía: me la he bajado de Internet. La he puesto porque en ella se intuye que la cocina requiere, junto con unos conocimientos específicos, mucho arte, junto con un cuidado y un mimo muy especial.

6. Dudas

Bueno, os sigo hablando de mi vida. Al principio, cuando solicité la admisión como numeraria auxiliar, dudaba entre acabar Biológicas o no, ya que había decidido ejercer otra profesión; pero al fin, después de pensármelo mucho, decidí continuar, porque una carrera universitaria bien hecha, sea del tipo que sea, siempre ayuda a desarrollar la mente y a ganar en rigor intelectual; y pensé que  los estudios de Biología podían ser muy útiles para mi trabajo en la Administración; como de hecho ha sucedido.

Me especialicé en Tecnología de Alimentos, un campo estrechamente relacionado con algunas facetas del trabajo de la Administración. Esta es la foto de mi graduación, con todos los de mi clase, en la universidad de Córdoba, que ocupa la sede de la antigua Universidad Laboral.

Tenía otras razones para continuar con Biológicas. En esa carrera  se estudian muchas cuestiones íntimamente relacionadas con la fe, como la evolución, por ejemplo; y me interesaba contar, como cristiana, con una base sólida desde el punto de vista científico.

Además, las prácticas de Biología relajan muchísimo: a mí no hay cosa que más me divierta que irme a la sierra de Hornachuelos, por ejemplo, y darme un paseo por el campo, clasificando plantas y recogiendo flores. He organizado un pequeño seminario para chicas jóvenes que se llama Natura, en el que intento que conozcan y respeten la naturaleza y se familiaricen con los valores de la ecología.

7. Mis padres

Los he dejado para el final, pero en mi corazón están en un primerísimo lugar. 

Gracias a Dios, mis padres -que al principio no acababan de entender el sentido de mi vida- se han ido acercando cada vez más a Él.

Ahora no sólo me alientan y me estimulan en mi camino – “Mientras tú estés contenta, adelante”, me dice mi padre- sino que quieren y comprenden la Obra.

Los dos frecuentan los sacramentos y mi madre es cooperadora del Opus Dei. Es un sueño. Desde luego, si me lo cuentan hace algunos años, no me lo creo.

Estas son mis fotos. Y nada más: espero que os hayan gustado. Adiós.