Mi familia, mi trabajo, mi isla… y otros animales

Trabajo como policía en una gran zona turística de Tenerife, en las Islas Canarias, donde acuden millones de turistas en busca del sol

Soy supernumeraria del Opus Dei, estoy casada y tenemos cuatro hijos; una en la Península y tres en casa; y además, tenemos en casa, como inquilinos, a más de cincuenta animales: perros, gatos, conejos, gallinas, tortugas, ranas, peces de todos los colores, cerditos vietnamitas, lagartos, lagartijas y todo tipo de pájaros, desde canarios y loritos hasta un mirlo, que ha sido nuestra última adquisición. Todos son bien recibidos.

Esta es una tierra acogedora donde recibimos muy bien a todos: a los forasteros y a los turistas, aunque no a ese tipo de turistas amigos de lo ajeno, que se presentan por aquí también en tiempo de vacaciones y suelen estar también de temporada alta.

Este segundo tipo de turistas me exige actuar de vez en cuando, en mi profesión, cómo lo diríamos… de forma contundente. Tras estas actuaciones, mis compañeros me dicen, de broma:

-¡Chica, qué genio tienes! ¡Y eso que vas a Misa todos los días!

-¡Pues imagínate como sería –les digo- si no fuera todos los días a Misa!

Como los pinos del Teide

Desde mi casa se ven, allá abajo, las grandes urbanizaciones turísticas del Sur de la Isla; y en lo alto, por encima de los bosques, el pico blanco del Teide. Le pedimos a Dios que nuestros hijos sean como esos pinos altos que aguantan firmes, allá arriba, en la montaña, junto al volcán, soportando la fuerza de los vientos.

Gracias a Dios, nuestra hija mayor es también de la Opus Dei, y los dos de en medio van a los medios de formación de los clubes de la Obra que hay en la otra parte de la isla. Ahora están en la edad de los primeros noviazgos, y procuramos hablarles claro sobre el matrimonio, ganándonos su confianza y adelantándonos en todo lo que podamos.

Saber "pasar por alto"

A mi modo de ver en el matrimonio hay que saber establecer un tira y afloja: hay que aprender a quererse y a perdonarse cada día, pasando por alto esas cosas tontas que a todos nos pasan: porque un día llegas a casa enfadado y el otro día te levantas con el pie izquierdo

Hay que saber pasar por alto muchas menudencias, sin hacer un drama de tonterías, porque todos, todos, los hombres y las mujeres, tenemos defectos.

Recuerdo que cuando hice los cursillos prematrimoniales nos preguntaron en una clase:

-Y vosotras… ¿estáis enamoradas de los defectos de vuestros novios?

Ninguna de las que estábamos allí levantamos la mano. Y sin embargo, este punto es muy importante. El noviazgo es un tiempo para conocerse mutuamente, para aceptarse, con las virtudes y defectos que tenemos todos.

Mi marido suele hablar de estos temas con Enrique, el mayor, porque vemos a nuestro alrededor que muchos jóvenes matrimonios se conocen muy poco cuando se casan.

Enrique quiere ser veterinario, algo nada extraño en una familia como la nuestra, en la que vivimos muy en contacto con la naturaleza, como los del libro Mi familia y otros animales. Si no recuerdo mal, esa familia vivía en una isla griega; en Creta, me parece.

Realmente es maravilloso vivir en una isla, junto al mar, en plena naturaleza; y más si es en una isla como la nuestra, donde disfrutamos, gracias a Dios, de una eterna primavera.