Memoria asturiana a un español universal

Obituario del prelado del Opus Dei escrito por Carmen González Casal, periodista y escritora.

Opus Dei - Memoria asturiana a un español universal

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Ayer tarde tuvo lugar en la Catedral de Oviedo el funeral por el eterno descanso de monseñor Javier Echevarría, presidido por el arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz, a quien agradezco su presencia en esta despedida, así como las entrañables palabras que dirigió a las muchas personas que allí nos encontrábamos. Es el mejor recuerdo agradecido que los asturianos podemos dar al que fue durante 22 años prelado del Opus Dei, institución de la Iglesia católica que promueve entre los fieles cristianos de toda condición una vida coherente con la fe en las circunstancias ordinarias de la existencia, especialmente a través de la santificación del trabajo.

Monseñor Echevarría falleció la noche del pasado 12 de diciembre, festividad de la Virgen de Guadalupe, en el Policlínico Campus Biomédico, de Roma, donde había ingresado días antes, el 5 de diciembre, a causa de una leve infección pulmonar. La noticia me cogió de sorpresa y me trajo una cascada de recuerdos, pues la vida comprometida de las personas buenas, que están cerca de Dios, como fue su caso, nunca te deja indiferente.

Conocí a Echevarría en la Semana Santa de 1979. Lo vi en Roma, tenía yo pocos años. Ya entonces me llamó la atención la fuerza de su mensaje, fuerza que mantuvo vibrante hasta hace bien poco. Muestra de ello son las palabras que cito a continuación escritas por él con fecha 1 de diciembre de 2016, y que mensualmente dirigía a sus hijos y a todas aquellas personas que cooperan o participan en las actividades que el Opus Dei desarrolla por sus cinco continentes: "El Señor espera que nos esmeremos en la realización de los deberes ordinarios propios de un cristiano. Por eso os propongo que estas semanas -que en tantos países se caracterizan por un crescendo de preparativos externos para la Navidad- supongan en vuestro caminar un crescendo de recogimiento en el trato con Dios y en el servicio generoso y alegre a los demás. En medio de las prisas, de las compras -o de las estrecheces económicas, quizá ligadas a cierta falta de seguridad social-, de guerras o catástrofes naturales, hemos de sabernos contemplados por Dios. Así encontraremos la paz del corazón".

Después coincidí con él en Pamplona, cuando yo estudiaba Ciencias de la Información en la Universidad de Navarra; acompañaba siempre al beato Álvaro del Portillo, a la sazón gran canciller de dicha Universidad.

Durante muchos años, acompañando también a don Álvaro, pasó los veranos en Solavieya, una finca en Granda, cerca de Gijón, desde donde se desplazaba a Covadonga para visitar a la Santina. Creo recordar que fue en 1990 cuando permaneció unos días ingresado en el Centro Médico de Asturias aquejado de un problema cardiaco.

La última vez que escuché en directo a Javier Echevarría fue en julio de 2008 invitado por el entonces arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, con motivo de la celebración del año jubilar de la Cruz de los Ángeles y de la Cruz de la Victoria. Visitó Covadonga, veneró las reliquias de la Cámara Santa y celebró la eucaristía en la Catedral de Oviedo, impartiendo al final la bendición con la Cruz de la Victoria. En la homilía habló de muchas cosas, pero recuerdo una con claridad, su alusión a la Cruz, y transcribo las notas que, como periodista, tomé en aquel momento: "En el leño de la Cruz -señaló- Cristo nos alcanzó la victoria definitiva. Apliquemos esta doctrina perenne a las circunstancias que a cada uno nos toca vivir: en la propia familia, en la ciudad donde residimos, en la nación a la que pertenecemos. No perdamos nunca la esperanza, aunque la situación personal o social parezca difícil. Alimentémosla en la oración y en los sacramentos".

Ahora, desde el cielo, este pastor bueno y generoso, solícito con cualquier persona que pasaba a su lado, ayudará de manera especial a quien acuda a su intercesión, aunque el deber de la Iglesia sea pedir por su eterno descanso en el funeral que se celebró ayer.