La visita de León XIV a España fue un acontecimiento que no se improvisó. Detrás de las imágenes que dieron la vuelta al mundo —el Papa entre la multitud, una Misa en el estadio, el rosario con los jóvenes— había miles de manos trabajando: voluntarios, técnicos, seguridad, costureras, cuidadores, organizadores. Personas de toda la Iglesia en España que, cada una desde su lugar, pusieron algo de sí para que aquello fuera posible.
Muchas de ellas tienen en común su vinculación al Opus Dei y una convicción que san Josemaría Escrivá expresaba con estas palabras: «la única ambición, el único deseo del Opus Dei y de cada uno de sus hijos es servir a la Iglesia, como Ella quiere ser servida, dentro de la específica vocación que el Señor nos ha dado». No como protagonistas, sino como parte de ese tejido silencioso que sostiene los grandes momentos. Estas son algunas de sus historias.
El regalo de Nimia en el CEDIA
Nimia Patiño Martínez llegó a España desde Paraguay en 2006, buscando lo mismo que muchos: una vida mejor para su familia. Hoy tiene nacionalidad española y una trayectoria laboral que dice mucho sobre quién es: trabajadora, honesta, discreta. Desde hace años, la Fundación Senara la ha acompañado en distintos momentos, ayudándola a encontrar trabajo cuando lo necesitaba.
El primer encargo que recibió de la Fundación fue cuidar a los hijos pequeños de una familia. Lo hizo durante años, con la entrega de quien hace las cosas bien porque sí. Cuando la madre de la familia enfermó de cáncer, Nimia no se fue: se quedó a su lado hasta el final. Después vino otro encargo: una persona mayor que comenzaba a tener síntomas graves de alzhéimer y que nunca había querido a nadie en su casa. Con Nimia hizo una excepción.

Su hija estudia en el Colegio Senara, donde Nimia también ha encontrado apoyo en la educación de su familia y en su propio crecimiento humano y espiritual. Es una mujer cristiana, que conoció la renovación carismática y hoy colabora en Emaús. Cuando desde la Fundación le propusieron acudir al encuentro con el Papa, confesó que llevaba días rezando para poder ir. «Es un auténtico regalo», dijo.
Y así fue. El sábado 6 de junio, León XIV visitó CEDIA 24 Horas de Cáritas Madrid —una puerta abierta sin interrupción a quienes viven en situaciones de exclusión social, maternidad vulnerable o trata de personas—, y Nimia estaba al otro lado.
El Papa escuchó testimonios y apuntó al fundamento de todo lo que allí se hace con las palabras de Mateo 25, «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, Conmigo lo hicisteis». Ella, que tantas veces había sido regalo para otros, ese día recibió el suyo.
Agujas e hilos para la Misa de Canarias
Desde hace más de treinta años María Iciar, Ana, Lolina, Sofía, Carolina, Matilde y Pilarín se reúnen cada semana a coser. No son profesionales —cada una tiene su vida, sus ocupaciones, y algunas ya disfrutan de la jubilación—, pero comparten una vocación: coser ornamentos litúrgicos que han vestido altares de toda la diócesis y que a veces cruzan océanos hasta La Palma, India o Nicaragua.

El último mes, el encargo que les pidieron fue distinto. Semanas antes de que el Papa pisara suelo español, en una habitación sencilla de Gran Canaria, rodeadas de telas, este grupo llevaba días cosiendo sin descanso. Con tesón, paciencia y una ilusión que se contagiaba, trabajaron para confeccionar los ornamentos que vistieron el altar de la Misa en el Estadio de Gran Canaria el 11 de junio. Mientras cosían, sonaba de fondo Alza la mirada, el himno oficial de la visita, como si la melodía marcara el ritmo de las puntadas.
«Queremos que todo esté lo mejor posible, porque es un regalo para Dios y para nuestra tierra», comentó una de ellas sin levantar la vista del bordado. No buscaban reconocimiento. Sabían, simplemente, que su labor quedaría en la memoria de quienes contemplaran los ornamentos durante la Misa. En cada puntada, una historia. En cada historia, la oración de cada una de ellas.
Montserrat: voluntarios al pie de la montaña
La última parada de este recorrido sube a las alturas. Al saber que estaban previstos cerca de 400 periodistas para cubrir el rezo del rosario en la Abadía de Montserrat, el equipo de comunicación del Santuario agradeció que, a través de la Oficina de comunicación del Opus Dei en Cataluña, un grupo de voluntarios se ofreciera a ayudar con la prensa el día de la visita de León XIV.
Montserrat recibe más de dos millones de peregrinos al año que acuden a venerar a la Moreneta, patrona de Cataluña por edicto de León XIII. La providencia quiso que su sucesor, León XIV, visitara el santuario precisamente en el milenario del monasterio benedictino. La última visita papal había sido la de Juan Pablo II, en 1982.

Elías, que llegó a Barcelona desde Galilea en 2016 y que siente Montserrat como algo propio, no dudó cuando le ofrecieron participar: pidió dos días de vacaciones y se presentó. «Fueron de esos días que uno duerme poco pero está lleno de energía y de alegría», recuerda. Desde el alba, los peregrinos fueron llegando con sus sillas, sombreros, agua y banderas —«con cara de sueño, pero con una sonrisa permanente»—, mientras los periodistas montaban sus equipos y empezaban a emitir en directo.
La visita del Papa duró dos horas y media. León XIV rezó el rosario —dirigido por el monje que lo reza desde hace 42 años—, veneró a la Virgen, se dirigió a los peregrinos y comió con los monjes y con la Escolanía, el coro de voces blancas con más de 700 años de historia, «uno de los coros más antiguos de Europa», como recordó él mismo.
Al terminar el rosario, la Escolanía cantó el Virolai, himno a la Virgen de Montserrat, mientras el Santo Padre rezaba ante la Moreneta. «Esa imagen quedará grabada en mi memoria para siempre», escribe Elías.
«Las Pilares»: preparando el terreno
A Pilar y Pilu ya las conocen en la diócesis de Madrid como «las Pilares». La diócesis contactó con la Oficina de Comunicación del Opus Dei buscando personas que trabajaran con jóvenes: las dos lo hacen, en un club y centro de universitarias en Madrid. Así fue como acabaron preparando prácticamente desde cero la Vigilia de Jóvenes, desde dentro y detrás de los focos.
Para ellas, trabajar en la visita fue confirmar algo que ya intuían: organizar una celebración para el Papa no es solo coordinar equipos y publicar contenido en tiempo real. Es, en el fondo, algo más sencillo y más grande a la vez: «preparar el terreno para que otros puedan encontrarse con Dios».
Hubo mucho trabajo detrás, claro. Pero también llegó un momento en que, después de preparar, ensayar, corregir, volver a cambiar y volver a mirar el guión, tocaba hacer lo más importante: «dejarle al Espíritu Santo el toque final».
Y lo hizo a su manera: con sorpresas, imprevistos, giros que no estaban en ningún documento compartido y momentos que nadie había planeado, pero que acabaron siendo justo lo que tenía que pasar. «Era como si Dios nos dijera: ahora seguimos mejor por este camino, será para un bien mayor, fiaros».

Ahí entendieron de otra manera el lema del viaje. Alzar la mirada no era solo un eslogan: era fiarse cuando algo no salía como estaba previsto, cuando había tensión o cansancio. Era empezar cada reunión acudiendo al Espíritu Santo. Alzar la mirada era también empezar el día de la Vigilia con la santa Misa «donde se nos recordó que en ese momento comenzábamos, aunque pareciera mentira después de tanta preparación y ensayo, lo que iba a ser el acontecimiento más importante del día».
También aprendieron de las personas. De quienes trabajaban en lo escondido sin esperar nada a cambio. De las conversaciones entre reunión y reunión: cómo cada uno había llegado hasta allí, cómo sacaban tiempo para acompañar a jóvenes, para escuchar, para estar disponibles. «Ver que detrás de cada tarea hay una vida, una historia y una forma concreta de querer a la Iglesia.»
«Estos días hemos visto a un Papa que no atravesaba multitudes como una celebridad, sino como un padre. Que se paraba, miraba, saludaba, parecía perder tiempo. Lo que más nos ha removido no han sido solo los discursos, sino los gestos. La sensación de que Alguien estaba pasando. De que la Iglesia existe para eso: para que Cristo siga pasando por la vida de la gente.»

