Del 25 al 28 de spetiembre el Papa León visita Francia. Es el primer viaje luego de dieciocho años, tras la visita de Benedicto XVI, en 2008. Llega, además, en un momento llamativo para la Iglesia francesa: en la Pascua de 2025 se bautizaron más de 10.000 adultos, un 45 % más que el año anterior, y con ellos más de 7.400 adolescentes; la cifra más alta en veinte años. A pocas semanas de este viaje, un grupo de amigas decidió prepararse frente al atardecer, en la playa de Saint-Malo.
Todo empezó en un aperitivo
Todo empezó con una idea lanzada una tarde, durante un aperitivo, en el hogar Les Écoles. ¿Y si nos reservábamos un tiempo de verdad, entre varias, para leer Magnifica Humanitas, la primera encíclica del Papa León XIV? No solo echarle un vistazo entre reunión y reunión, sino sumergirse en ella en serio, juntas.
Decidimos seguir el consejo de san Josemaría «Acoge la palabra del Papa, con una adhesión religiosa, humilde, interna y eficaz: ¡hazle eco!» (Forja, 133). Salimos nueve amigas rumbo a Saint-Malo, a un apartamento frente al mar, durante un fin de semana entero dedicado al descubrimiento y la profundización de la encíclica.
Lo que el Papa nos hizo (re)descubrir
La primera sorpresa fue lo accesible del texto. Una de las participantes lo resume así: «Es una encíclica accesible; nunca habría pensado que leería una encíclica así». Lejos de ser un documento reservado a los especialistas, Magnifica Humanitas habla de manera muy concreta de nuestra vida con la inteligencia artificial, de lo que transforma en nuestro trabajo, en nuestro pensamiento, en nuestra libertad.
Varias quedaron marcadas por el llamado del Papa a saber desconectarse de la IA voluntariamente. «Me impactó la idea de "ayunar de IA", de aprender a prescindir de ella, para no depender de ella para todo», confiesa una de ellas. Otra lo expresa casi como un propósito: «Que el uso de la IA no me haga perder mi pequeña chispa».

Lo que no habíamos previsto del todo fue el efecto de rezar lo que íbamos leyendo. En la Misa, en los ratos de silencio, las ideas dejaban de ser apuntes para el debate y se volvían algo más personal: no solo entendíamos mejor la encíclica, la dejábamos trabajar por dentro.
«Me conmueve el elogio de la debilidad que hace León XIV. Porque en las grietas de las personas que me rodean, y en las mías propias, puedo contemplar la humanidad, que no responde al paradigma de la optimización, sino que lleva en sí la sabiduría, la creatividad, el largo tiempo del aprendizaje, los errores, la solidaridad, el amor y el sufrimiento». Puede que fuera eso lo que, sin decirlo, íbamos buscando: recordar que no valemos por lo que rendimos.
Un salto al mar entre capítulo y capítulo
La idea no era encerrarse tres días en un libro, sino combinar el estudio serio con el verdadero descanso: diez horas de trabajo repartidas a lo largo del fin de semana, intercaladas con baños en el mar, paseos por las murallas o por la orilla, una buena crêpe bretona, momentos de oración y, por supuesto, la Santa Misa. Suficiente para leer la encíclica a fondo sin renunciar al descanso ni a la amistad, que era precisamente lo que daba sentido al proyecto.
Lo preparamos entre todas, repartiéndonos las tareas. Cada capítulo tenía su formato: un quiz para romper el hielo, exposiciones para poner en común y pequeños talleres en los que cada una preparaba un tema para explicárselo a las demás.

Un ayuno de IA que cualquiera puede repetir
Este fin de semana no tenía nada de excepcional en sus medios: un apartamento alquilado entre varias, una edición en papel de la encíclica por persona, algunos cuadernos y bolígrafos, y sobre todo las ganas de aprovechar el tiempo. Quizás esa sea la verdadera lección: no hace falta ningún dispositivo complicado para dejarse alcanzar por un texto del magisterio.
A veces basta con una idea lanzada una tarde, desconectar de la rutina durante unos días, y rezar un poco y partir.
¿Y tú, qué haces para que otros conozcan al Papa? Quizá empiece por algo tan sencillo como rezar por él y leer sus textos. Y, si quieres, únete a su viaje a Francia con tu oración, desde donde estés.

