Madrid. El crisol del dolor

Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

El 19 de abril de 1927 se trasladó a Madrid, con permiso de su Arzobispo, para hacer el doctorado en Derecho. Pero, como señala Pedro Rodríguez, en la realidad profunda es Dios quien lo llevó a esa ciudad para darle a conocer su Voluntad.

En Madrid, el tiempo que pensaba dedicar a la tesis cedió pronto ante el reclamo de las almas, y a partir de junio de aquel mismo año comenzó a trabajar como capellán del Patronato de Enfermos, una institución de beneficencia dirigida por unas religiosas, las Damas Apostólicas. Iba a enjugar lágrimas, a ayudar a los que necesitaban ayuda, a tratar con cariño a los niños, a los viejos, a los enfermos; y recibía mucha correspondencia de afecto y alguna que otra pedrada.

Gastó en estas tareas los mejores años de su juventud: Horas y horas por todos los lados, todos los días, a pie de una parte a otra, entre pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían nada de nada.

No olvidaría nunca la miseria de las corralas madrileñas, donde se hacinaban familias enteras en cuartos insalubres y minúsculos. Ni los estragos de la tuberculosis, entonces incurable. Y aquellos niños de los suburbios, vestidos con harapos, que temblaban de frío entre el fango y los desperdicios. Dedicó muchos, muchos millares de horas a confesar niños en las barriadas pobres de Madrid. Hubiera querido irles a confesar en todas las grandes barriadas más tristes y desamparadas del mundo. Venían con los moquitos hasta la boca. Había que comenzar limpiándoles la nariz, antes de limpiarles un poquito aquellas pobres almas.

Seguía rezando por aquel querer divino, aún desconocido: Cuando yo tenía barruntos y no sabía lo que era, decía gritando, cantando, ¡como podía!, unas palabras (...) he venido a poner fuego en la tierra, ¿y qué quiero sino que arda? Y la contestación: (...) aquí estoy, porque me has llamado.