Los primeros

Breve biografía sobre el Fundador del Opus Dei escrita por José Miguel Cejas

Fueron años de fe; años de dificultades que don Josemaría fue superando con la ayuda de Dios; y también, años de frutos, que fueron llegando poco a poco. El 24 de agosto de 1930 Isidoro Zorzano, un joven ingeniero de origen argentino, se dispuso a vivir su vocación bautismal con el carisma del Opus Dei.

Y a éste siguieron varios hombres más. En los primeros días de 1932 se vinculó a los afanes del joven fundador José María Somoano, un sacerdote asturiano de su misma edad —treinta años—, que era capellán de un Hospital de tuberculosos.

Fue creciendo también, por otro lado, la labor con mujeres. El 9 de abril de ese mismo año se incorporó al Opus Dei una andaluza, María Ignacia García Escobar, enferma en el Hospital del Rey.

Universitarios, obreros, artesanos, maestros, artistas y pequeños empresarios como Luis Gordon, que se incorporó en 1932. Fe, dificultades, frutos...

No os podéis imaginar lo que ha costado sacar adelante la Obra. Pero ¡que aventura más maravillosa! (...) Es como cultivar un terreno selvático: primero hay que talar los árboles, arrancar la maleza, apartar las piedras..., para después arar la tierra a fondo (...). Una vez roturada, hay que dejar reposar la tierra, para que se airee bien. Luego viene la siembra, y los mil cuidados que exigen las plantas: prevenir las plagas; el temor a que descargue una tormenta...

Cuando parecía que superaba una primera dificultad, se presentaba otra, y luego otra, y otra... En esos primeros años, cuando contaba con un puñado de personas, que casi se podían contar con los dedos de las manos, Dios se llevó consigo a tres de los primeros: José María Somoano falleció el 16 de julio de 1932, en la fiesta de la Virgen del Carmen, en el mismo hospital que atendía, posiblemente envenenado por los enemigos de la Fe. Luis Gordon murió santamente tras una breve enfermedad, pocos meses después, el 5 de noviembre; y María Ignacia falleció al año siguiente, en septiembre de 1933, también en olor de santidad.

Fue una dura prueba para don Josemaría, que se unió con toda su alma a la Cruz de Cristo, renovando, entre lágrimas, su confianza en Dios: ¿Lo quieres, Señor?... ¡Yo también lo quiero!

Con el tiempo fue comprendiendo los planes divinos. Fue providencial que se muriese Luis —comentaba muchos años después— , porque así el Opus Dei continuó naciendo en la más grande pobreza: si hubiese vivido, hubiésemos tenido medios materiales, medios temporales, que quizá nos hubiesen producido daño. Era menester que la Obra naciese en la pobreza, como nació Jesús en Belén.

Dios le fue señalando, entre sucesos a menudo desconcertantes, el camino a seguir; y desde el 3 de enero de 1933 pudo contar en su empeño apostólico, entre otros, con Juan Jiménez Vargas, un joven estudiante de Medicina;y unas semanas después, el 21 de enero, dio la primera clase de formación espiritual del Opus Dei, en una sala del Asilo de Porta Coeli, que había pedido prestada a las religiosas que trabajaban allí.