Los primeros fieles del Opus Dei

En 1930 se incorporó al Opus Dei Isidoro Zorzano, joven ingeniero, antiguo compañero de instituto en Logroño de San Josemaría. En los años siguientes fueron llegando al Opus Dei algunos hombres y mujeres...

En 1930 se incorporó al Opus Dei Isidoro Zorzano, joven ingeniero, antiguo compañero de instituto en Logroño de San Josemaría. En los años siguientes fueron llegando al Opus Dei algunos hombres y mujeres, pero todavía en número reducido. Algunos de aquellos primeros murieron jóvenes: el sacerdote José María Somoano, el ingeniero Luis Gordon y María Ignacia García Escobar. Estos tres fallecimientos fueron una dura pérdida para el Fundador en aquellos inicios, pero la vida santa de los tres fue un fundamento sólido sobre el que se pudo construir con más firmeza la labor del Opus Dei. Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 197 (8‑V‑1931)30

Para la historia de la Obra de Dios, es muy interesante anotar estas coincidencias: El 24 de agosto, día de S. Bartolomé, fue la vocación de Isidoro. El 25 de abril, día de S. Marcos, hablé con otro (...). El día de S. Felipe y Santiago (1‑V‑31), tuve ocasión ‑sin buscarlade hablar a dos. Uno de ellos, con quien me entrevisté de largo, quiere ser de la Obra.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 354 (26‑X‑1931)

Hasta ahora, dato curioso, todas las vocaciones a la Obra de Dios han sido repentinas. Como las de los Apóstoles: conocer a Cristo y seguir el llamamiento. ‑El primero no dudó. Vino conmigo, tras de Jesús, a la ventura (...). El Día de San Bartolomé, Isidoro; por San Felipe, Pepe M. A.; por San Juan, Adolfo; después, Sebastián Cirac: así todos. Ninguno dudó; conocer a Cristo y seguirle fue uno. Que perseveren, Jesús: y que envíes más apóstoles a tu Obra.

Carta de Isidoro Zorzano al Beato Josemaría, S‑IX‑193032 Isidoro Zorzano formó parte del Opus Dei desde el 24 de agosto de 1930 y falleció el 15 de julio de 1943. El 11 de octubre de 1948 se inició su causa de beatificación en la diócesis de Madrid‑Alcalá, y se encuentra ya muy avanzada en su desarrollo. La carta aquí recogida corresponde a los momentos inmediatamente posteriores a su decisión de seguir el espíritu del Opus Dei.

Mi querido amigo:

A mi regreso de Logroño, me ha sido de todo punto imposible verte, como era mi deseo, y créeme que lo sentí, dado que el tema de nuestra última conversación me satisfizo muchísimo, ya que me sugirió nuevas ideas y me hizo concebir nuevas esperanzas; mejor dicho, esperanzas perdidas. (...) el optimismo que me inyectaste lo veo en peligro, siento la necesidad de estar juntos y orientarme definitivamente, con tu ayuda, en la nueva era que abriste a mis ojos y que era precisamente el ideal que yo me había forjado y que creía irrealizable (...) he pensado sobre ello y cada día me parece más hermoso; es mi única ilusión cooperar en dicho ideal para llevar a feliz término nuestra causa.

Procura contestarme pronto, pues tus cartas me hacen ver que estoy acompañado en esta soledad de Málaga.

Chocolatería 'El Sotanillo': lugar en el que San Josemaría se reunía con jóvenes universitarios

Recibe un abrazo de tu buen amigo,

Isidoro

Carta de Isidoro Zorzano a San Josemaría, 14‑IX‑193033

Me dices que tu carta era larga, a mí me pareció muy corta; la he leído varias veces (...) Me encuentro ahora completamente confortado, mi espíritu lo encuentro ahora invadido de un bienestar, de una paz, que no había sentido hasta ahora; todo lo debo a la obra de Dios.

Nota necrológica sobre Don José María Somoano Don Josemaría Somoano era un joven sacerdote asturiano cuando le conoció el Fundador del Opus Dei el 2 de enero de 1932. Enseguida se unió a él, ilusionado con la naciente labor del Opus Dei y falleció, al parecer por envenenamiento, pocos meses después. JOSÉ MARÍA SOMOANO, Pbro. (+ 16‑Julio‑1932)

El sábado 16 de Julio de 1932, día de Nuestra Señora del Carmen ‑de quien era devotísimo‑, a las once de la noche, murió, víctima de la caridad y quizá del odio sectario, nuestro h. [hermano] José María. Sacerdote admirable, su vida, corta y fecunda, era un fruto maduro que el Señor quiso para el cielo.

El pensamiento de que hubiera sacerdotes que se atreven a subir al Altar menos dispuestos, le hacía derramar lágrimas de Reparación.

Isidoro Zorzano y San Josemaría

Antes de conocer la Obra de Dios, luego de los incendios sacrílegos de Mayo, al iniciarse la persecución con decretos oficiales, fue sorprendido en la Capilla del Hospital ‑del que fue capellán y apóstol hasta el fin, a pesar de todas las furias laicas‑, ofreciéndose a Jesús ‑en voz alta (creyéndose solo), por impulso de su oración‑, como víctima por esta pobre España.

Nuestro Señor Jesús aceptó el holocausto y, con una doble predilección, predilección por la Obra de Dios y por José María, nos lo envió: para que nuestro h. redondeara su vida espiritual, encendiéndose más y más su corazón en hogueras de Fe y Amor; y para que la Obra tuviera junto a la Trinidad Beatísima y junto a María Inmaculada quien de continuo se preocupe de nosotros.

¡Con qué entusiasmo oyó, en nuestra última reunión sacerdotal, el lunes anterior a su muerte, los proyectos del comienzo de nuestra acción!

Yo sé que harán mucha fuerza sus instancias en el Corazón Misericordioso de Jesús, cuando pida por nosotros, locos ‑locos como él, y... ¡como El!‑ y que obtendremos las gracias abundantes que hemos de necesitar para cumplir la Voluntad de Dios.

Es justo que le lloremos. ‑Y, aunque su santa vida y las circunstancias que rodearon su muerte nos dan la seguridad de que goza del eterno descanso de los que viven y mueren en el Señor, es justo también que hagamos sufragios por el alma de nuestro h.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 785 (18‑VII‑1932)

El Señor se ha llevado a uno de los nuestros: José María Somoano, sacerdote admirable. Murió, víctima de la caridad, en el Hospital del Rey (de donde ha sido Capellán hasta el fin, a pesar de todas las furias laicas) en la noche de la fiesta de N. Sra. del Carmen ‑‑‑de quien era devotísimo, vistiendo su santo escapulario‑, y, como esta fiesta se celebró en sábado, es seguro que esa misma noche gozaría de Dios. Hermosa alma (...). Su vida de celo le hizo ganarse las simpatías de cuantos convivieron con él. Se le enterró esta mañana (...). Hoy, de buena gana, le he dado a Jesús ese socio. ‑Está con Él y será una gran ayuda. Tenía puestas muchas esperanzas en su carácter, recto y enérgico: Dios lo ha querido para Él: bendito sea.

Nota necrológica sobre Luis Gordon y Picardo Luis Gordon era un joven ingeniero industrial que dirigía una brica en Pozuelo, cerca de Madrid. Conoció al Beato Josemaría en 1931 con ocasión de las visitas que ambos hacían al Hospital General para atender a los enfermos. Murió el mismo año en que pidió ser admitido en el Opus Dei.

D. José María Somoano

LUIS GORDON Y PICARDO. (+ 5‑Noviembre‑1932)

Descansó en el Señor, al amanecer del 5 de Noviembre de 1932. ‑¡Otro!

Nuestra Madre se lo ha llevado también en sábado. ‑Ya tenemos dos santos: un sacerdote y un seglar...

Por cierto que José María S. dejó manifestada por escrito, la impresión agradable que le produjo el carácter de nuestro h. Luis.

Buen modelo: obediente, discretísimo, caritativo hasta el despilfarro, humilde, mortificado y penitente..., hombre de Eucaristía y de oración, devotísimo de Santa María y de Teresita... padre de los obreros de su fábrica, que le han llorado sentidamente a su muerte.

El Señor quiso que al consolarnos del óbito de nuestro José María hablando con Luis, dijéramos: "Si a ti o a mí nos llamara Dios, ¿qué íbamos a hacer, desde el cielo o desde el purgatorio, sino clamar una y otra vez, y muchas veces y siempre: ¡Dios mío!... ¡ellos!... mis h.h. [hermanos] que están luchando en la tierra..., que cumplan tu voluntad... ¡allana el camino, acelera la hora, quita los obstáculos... santifícalos!?"

Y nuestro h. Luis asentía, porque esta consideración es necesaria consecuencia de la real y fortísima fraternidad espiritual que une a los C.B., fraternidad que tan prácticamente sabía él vivir.

¡Con qué entusiasmo estará cumpliendo ahora su obligación de h. nuestro!

Sírvanos de consuelo esta seguridad, y amemos la Cruz, la Santa Cruz que pesa sobre la Obra de Dios. ‑Nuestro Gran Rey Cristo Jesús ha querido llevarse a los dos mejor preparados, para que no confiemos en nada terreno, ni siquiera en las virtudes personales de nadie, sino sólo y exclusivamente en su Providencia amorosísima.

El Amor Misericordioso ha echado otro grano en el surco... y ¡cuánto esperamos de su fecundidad!

J. Mª Diario de María Ignacia García Escobar María Ignacia García Escobar fue una de las primeras mujeres que formó parte del Opus Dei. Había conocido al Fundador en el Hospital del Rey, donde estaba ingresada por tuberculosis desde 1930. Pidió la admisión el 9 de abril de 1932, ofreciendo con gran entereza sus dolorosos últimos meses de vida por la naciente labor del Opus Dei. Las notas conservadas de su Diario reflejan la hondura interior que había alcanzado su alma en tan poco tiempo.

El 9 de abril de 1932, jamás podrá borrarse de mi memoria. De nuevo me eligen buen Jesús, para que siga tus divinas pisadas... ¿qué viste en mí, mi enamorado Amante, para dispensarme tan señalado favor? ‑Sé que no lo merezco...‑ Confundida y rebosando mi corazón de gratitud, te digo: ¡Gracias Jesús mío! Gracias, por tanta bondad.

Te prometo desde este momento con tu ayuda, ser espléndida en el puesto en que me has colocado, ya que toda la gloria ha de ser para Ti.

Dame las gracias necesarias para ello, y no te separes de mí. ‑Así una vez más el mundo entero quedará convencido, que por muy grande pecadora que un alma sea, no debe temer el ir a Ti, pues con sólo oír de sus labios un Te amo salido del corazón, te complaces en designarla como piedra fundamental para tus obras. ‑Te repito conmovida, por este nuevo y hermoso favor ¡ ¡Gracias Jesús del alma mía, gracias!!

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1006 (15‑V‑1933)

Día de San Isidro 15‑V‑933: Ayer administré el Santísimo Viático a mi h. María García. Es vocación de expiación. Enferma de tuberculosis fue admitida en la O., con el beneplácito del Señor. Hermosa alma. Hizo conmigo confesión general antes de recibir la Comunión. Me acompañó al hospital nacional (del Rey) Juanito J. Vargas. Ama la Voluntad de Dios esa hermana nuestra: ve en la enfermedad, larga, penosa y múltiple (no tiene nada sano) la bendición y las predilecciones de Jesús y, aunque afirma en su humildad que merece castigo, el terrible dolor que en todo su organismo siente, sobre todo por las adherencias del vientre, no es un castigo, es una misericordia.

Nota necrológica sobre María Ignacia García Escobar

MARÍA GARCÍA ESCOBAR (+ 13‑Septiembre‑1933)

En las vísperas de la Exaltación de la Santa Cruz, 13 de Septiembre, se durmió en el Señor esta primera h. nuestra, de nuestra Casa del Cielo. ‑Hacía tiempo que, a ruegos suyos, y atendida la gravedad de su mal, le administramos el Santo Viático.

¡Qué paz la suya! ‑¡Cómo hablaba, con qué naturalidad, de ir pronto con su Padre‑Dios... y cómo recibía los encargos que le dábamos para la Patria..., las peticiones por la Obra!

María Ignacia García Escobar

Un sacerdote h. nuestro, fue el instrumento del Señor para que María viniera a la Obra ‑vocación de expiación‑ a ofrecerse víctima voluntaria por la santificación de los demás... Aun antes de conocer la Obra de Dios ya aplicaba María por nosotros los terribles sufrimientos de sus enfermedades. ‑Y recibía Jesús esos dolores en olor de suavidad..., apretando a la víctima, cargando más la Cruz..., tanto que hubo de decir la enferma a aquel sacerdote santo ‑nuestro h. D. José María Somoano‑.

"D. José María, pienso que su intención tiene que valer mucho, porque desde que usted me indicó que pidiera y ofreciera, Jesús se está portando muy espléndido conmigo".

La oración y el sufrimiento han sido las ruedas del carro de triunfo de esta h. nuestra. ‑No la hemos perdido: la hemos ganado. ‑Al conocer su muerte, queremos que la pena natural se trueque pronto en la sobrenatural alegría de saber ciertamente que ya tenemos más poder en el cielo.

J. Mª Una primera estructuración del trabajo apostólico (1932) Durante los primeros años, la labor apostólica y formativa del Opus Dei recaía casi completamente sobre los hombros de su Fundador. A raíz de unas luces recibidas durante unos ejercicios espirituales realizados en Segovia, durante el mes de octubre de 1932, puso bajo el patrocinio de San Rafael la labor de formación cristiana de la juventud; bajo la advocación de San Miguel colocaría a los fieles célibes del Opus Dei; las personas casadas que, con el tiempo formarían también parte del Opus Dei (la parte de hecho, lógicamente, más numerosa) y otras personas que participasen en las tareas apostólicas, tendrían por patrono a San Gabriel. A esos nombres y patronazgos se unió también la invocación, respectivamente, a San Juan, San Pedro y San Pablo. Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1642 (6‑X‑1932)

Hoy, en la capilla de S. Juan de la Cruz (paso allí unos ratos de acompañada soledad todos los días) he visto que, para comenzar las reuniones sacerdotales y todas aquellas otras en que se trate de la Obra de Dios, haremos la siguiente oración (...): 11 Ven¡ Sancte Spiritus. 21 Sancte Michaél, ora pro nobis. ‑Sancte Gabriel, ora pro nobis. ‑Sancte Raphaél, ora pro nobis. ‑31 In nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti. Amen. ‑41 Sancta Maria, Sedes Sapientiae, ora pro nobis.

Instrucción, 8‑XII‑41, n. 94

Pasaba largos ratos de oración en la capilla donde se guardan los restos de San Juan de la Cruz: y allí, en esa capilla, tuve la moción interior de invocar por vez primera a los tres Arcángeles y a los tres Apóstoles ‑cuya intercesión pedimos cada día todos los socios de la Obra en nuestras Preces‑,teniéndoles desde aquel momento como Patronos de las tres obras que componen el Opus Dei.

Primer Círculo de San Rafael (1933) La labor fundamentalmente personal que iba haciendo D. Josemaría con todo tipo de personas, y particularmente con gente joven, fue también ampliándose a medios de formación cristiana de carácter colectivo. Así, el 21 de enero de 1933, tuvo lugar el primer círculo o clase de formación de la labor de San Rafael. A lo largo de los años serían miles de personas las que participarían de este medio de formación espiritual orientado a los jóvenes. Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 913 (25‑1‑1933)42

El sábado pasado, con tres muchachos y en Porta Coeli di comienzo, g.a.D., a la obra patrocinada por S. Rafael y S. Juan. Hice después de la charla, exposición menor, y les di la bendición con el Señor. Nos reuniremos los miércoles.

Recuerdos del Fundador, en un encuentro con miembros del Opus Dei en Brasil, 30‑V 7443

Vinieron sólo tres. ¡Qué descalabro, ¿verdad?! ¡Pues, no! Me puse muy contento, y al terminar me fui al oratorio de las monjas, expuse a Nuestro Señor en la custodia, y di la bendición a aquellos tres. Me pareció que el Señor bendecía no a tres, ni a tres mil, ni a trescientos mil, ni a tres millones: bendecía a una muchedumbre de gentes de todos los colores, que ya es una realidad (...)

Y yo veía trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones..., blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor humano puede hacer. Y me he quedado corto, porque es una realidad a la vuelta de casi medio siglo. Me he quedado corto, porque el Señor ha sido mucho más generoso.

(Texto incluido en "Fuentes para la Historia del Opus Dei" de Federico M. Requena y Javier Sesé publicado en Editorial Ariel)

Relieve de los tres Arcángeles en la Capilla de San Josemaría de la Catedral de la Almudena (Madrid)