Lo que nos dijo monseñor Javier Echevarría

Artículo de Francisco Bouthelier, economista, con motivo del fallecimiento del prelado del Opus Dei.

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Monseñor Javier Echevarría (Madrid 1932-Roma 2016), obispo y prelado del Opus Dei, acaba de fallecer. Como ha señalado Ramón Herrando, vicario de la Prelatura en España, son momentos duros para los fieles del Opus Dei y para muchas personas en todo el mundo, y también de oración, serenidad y paz.

Monseñor Echevarría era el último de los colaboradores del fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá, con quien había trabajado como secretario y después como secretario general del Opus Dei. Había sido elegido prelado del Opus Dei en 1994, tras el fallecimiento del beato Álvaro del Portillo, primer sucesor de san Josemaría.

El 6 de febrero de 2010 vino a Palma en visita pastoral. Recuerdo con viveza como, nada más bajar del avión, me felicitó por mi cumpleaños con gran cariño de padre. Fue un día de gran actividad en que se cumplía el deseo de los fieles del Opus Dei, los cooperadores y amigos –hombres y mujeres, jóvenes y mayores– de escucharle en nuestra Isla, en vivo y en directo. Dijo misa en el club juvenil Masanella, recibió a familias, visitó otros centros y labores apostólicas y formativas de Palma, saludó al obispo y se reunió con un millar de personas –mallorquines, menorquines e ibicencos– en el polideportivo del colegio Llaüt. Fue un encuentro entrañable en el que monseñor Echevarría –en un estrado con el fondo de una imagen de la bahía de Palma– iba contestando a las preguntas de los asistentes.

Empezó pidiendo oraciones por el papa Benedicto, con quien había estado recientemente. Habló del sacramento de la penitencia y de la necesidad de explicar la maravilla de un Dios que perdona. Animó a los padres de familia a fomentar que en sus hogares cada uno busque tener detalles de servicio con los demás y, hablando de la educación de los hijos, explicó que el verdadero cariño también se muestra en la exigencia: en saber decir a veces que no, para evitar que se dejen llevar por los caprichos. Se refirió también a que no podemos permanecer indiferentes ante las necesidades de los demás y en concreto –estábamos en plena crisis económica– de los que sufren las consecuencias del paro.

Merece mención a parte como, a raíz de la pregunta de una madre que recientemente había perdido a un hijo en un atentado terrorista, destacó la importancia del perdón, con el que los cristianos debemos dar ejemplo y ayudar a los demás. Todos los asistentes nos quedamos con la impresión de haber vivido un acontecimiento importante en nuestra vida y de haber recibido un estímulo para nuestro compartimiento diario. Habíamos escuchado a un hombre bueno y fiel, a un hombre de Dios, a un padre. Hoy, tras su fallecimiento, el recuerdo de aquella jornada me trae a la cabeza y al corazón el deseo de no defraudar a tan buen padre y seguir esas y tantas otras recomendaciones como nos ha transmitido con su palabra y su vida fecunda.