Hay libros que nacen de un viaje y acaban siendo mucho más que una crónica. Flores en el desierto, del periodista y guionista Jaume Figa Vaello, publicado por Ediciones Rialp, es uno de ellos. Su autor pasó un tiempo en el Líbano —ese país que Juan Pablo II llamó «más que un país: un mensaje»— y regresó con algo difícil de encapsular en titulares: el retrato de una Iglesia viva, creativa y desarmada, que florece en medio de la guerra, la crisis económica y el caos político..
El libro recorre Líbano, Siria, Irak y Tierra Santa a través de veintiséis historias personales. Un niño de doce años, refugiado iraquí, que había visto morir a parte de los suyos, y que rezaba cada día por sus verdugos. Un arzobispo que reconstruyó iglesias en pueblos drusos donde acababan de masacrar a su propia familia y les devolvió sus casas. Una mujer judía ortodoxa que recibió el bautismo en arameo —la lengua de Jesús— en Jerusalén. Y entretejida en buena parte del relato, discreta y profundamente transformadora, la actividad apostólica del Opus Dei en el Líbano.
Una semilla plantada en 1996
La historia del Opus Dei en el Líbano comienza después de quince años de guerra civil. Dominique Helou —hoy sacerdote, protagonista de uno de los capítulos del libro— era entonces un joven matemático libanés que había conocido la Obra de adolescente en un internado de París. Durante años escribió cartas al Prelado, el beato Álvaro del Portillo, pidiéndole que la Obra comenzara en su país. Cuando en el Congreso General de 1992 el Líbano no figuraba en la lista de países prioritarios, Helou lo dijo sin rodeos: «Me enfadé. Un poco. Se lo dije al Padre por carta, y me gusta pensar que algo contribuí al cambio de rumbo».
El 23 de febrero de 1996, Dominique Helou y el sacerdote Dominique Le Tourneau llegaron a Beirut desde París. Era un país en ruinas: carreteras destrozadas, edificios reventados, sin luz. Pero también era un país con sed. El primer supernumerario libanés, Mitri, había conocido la Obra en Vancouver. La primera Misa en honor del beato Josemaría se celebró el 27 de junio de ese mismo año, concelebrada por los arzobispos maronitas de Beirut, Biblos y Baalbek. Era un buen comienzo.
Hoy la Obra está plenamente asentada en el Líbano, con casas de retiros, centros de formación profesional para la mujer y una red de personas que han encontrado en el espíritu que recibió san Josemaría —la santidad en la vida ordinaria, en el trabajo de cada día— un ancla firme en medio de la intemperie.
La hija del imán
Entre todas las historias del libro, hay una que destaca por su capacidad de resumir en una sola vida la complejidad de Oriente Medio. Es la de Magda, una mujer nacida en Brasil, hija de un imán, criada entre el Corán y el Catecismo leído a escondidas, que hoy es numeraria del Opus Dei y vive en el Líbano.
Este capítulo — titulado «Mi papá es un imán»— es el que reproducimos íntegramente en este enlace que puedes descargar, gracias a Ediciones Rialp.
La historia de Magda no es una rareza exótica. Es un ejemplo extremo de algo que el libro documenta una y otra vez: que en Oriente Medio, la religión no es una opción personal sino un estado civil inscrito en el carné de identidad. Y cuando la fe verdadera aparece tiene una profundidad y una creatividad que sorprende y da que pensar.
Un libro necesario
Flores en el desierto llega en un momento en que los cristianos de Oriente Medio —presentes en esas tierras desde el primer siglo— atraviesan una de sus horas más difíciles. La guerra, el colapso económico del Líbano, la emigración masiva y la presión de grupos radicales han reducido su presencia de manera alarmante. Y sin embargo, como documenta Figa Vaello, no han desaparecido ni están dispuestos a hacerlo.
«Existir aquí es resistir», dice uno de los protagonistas del libro, un sacerdote árabe, palestino y católico en Galilea. No lo dice con amargura, sino con la serenidad de quien sabe que su presencia es teológica antes que demográfica.
El libro se puede adquirir en la web de Ediciones Rialp.

