La primera Academia-Residencia (1933-34)

Un paso más en la labor apostólica con gente joven fue la promoción de un centro de formación académica, que pronto incluiría también una residencia de estudiantes con una sede material que facilitaría además las reuniones para los medios de formación espiritual.

Las dificultades iniciales fueron numerosas, empezando por las económicas. El nombre de esa primera academia fue DYA: siglas de Derecho y Arquitectura, pero que en la mente de D. Josemaría, eran un lema: Dios y audacia. La Academia, que se puede considerar la primera labor apostólica corporativa del Opus Dei, se abrió en diciembre de 1933 en la calle de Luchana de Madrid (también le gustaba llamarla la “Casa del Ángel Custodio”). En septiembre de 1934 se convertiría en Academia-Residencia, trasladada a la calle de Ferraz, 50, en gran parte gracias a la generosidad de su familia, que empeñó en el proyecto su escaso patrimonio. En ambos lugares decenas de jóvenes recibieron una sólida formación cristiana, pudiéndose extender así el mensaje recibido en 1928.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1049 (12-VIII-1933)

¡Qué solo me encuentro, a veces!. Es necesario abrir la Academia, pase lo que pase, a pesar de todo y de todos.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1072 (31-X-1933)

Estos días, ¡otra vez!, andamos buscando piso. ¡Cuántos escalones, y cuántas impaciencias! El me perdone.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1077 (13-XI-1933)

Día 13 de noviembre de 1933 (...). Estos días andamos a vueltas con los muebles, para el piso. Se encargó de comprarlos Ricardo F. Vallespín. Vino Isidoro, porque se hace el contrato a su nombre, y -siempre me quedo solo- a pesar de su venida, he de arreglar yo esa cuestión.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, nn. 1083 (14-XII-1933) y 1094 (30-XII-1933) El Fundador del Opus dei se refería en ocasiones a sus Apuntes intímos con el nombre de "catalinas", en referencia a Santa Catalina de Siena.

En primer lugar, que se bendijo la Casa del Ángel Custodio. El día de la Inmaculada, improvisadamente, obsequiamos de ese modo a nuestra Madre (...). ¡Qué entusiasmo en nuestros chicos para arreglar la casa! (…) Esta es la primera catalina que escribo en la dirección de la academia "DYA", que es nuestra casa del Ángel Custodio.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1753 (17-VII-1934)

Acabada de abrir la Casa del Ángel Custodio, ya me aconsejaba -lleno de apuro- un Hermano mío sacerdote que la cerrara, porque era un fracaso. Efectivamente (no contaré el proceso), no la cerré y ha sido un éxito inesperado, rotundo.

Carta a sus hijos de Madrid, desde Fonz 20-IX-34

Siguiendo un orden cronológico, brevemente, quiero contaros todas mis andanzas. Veréis: Al cuarto de hora de llegar a este pueblo (escribo en Fonz, aunque echaré estas cuartillas, al correo, mañana en Barbastro), hablé a mi Madre y a mis hermanos, a grandes rasgos, de la Obra. ¡Cuánto había importunado para este instante, a nuestros amigos del Cielo! Jesús hizo que cayera muy bien. Os diré, a la letra, lo que me contestaron. Mi Madre: "bueno, hijo: pero no te pegues ni me hagas mala cara". Mi hermana: "ya me lo imaginaba, y se lo había dicho a mamá". El pequeño: "si tu tienes hijos..., han de tenerme mucho respeto los mochachos, porque yo soy... ¡su tío!" Enseguida, los tres, vieron como cosa natural que se empleara en la Obra el dinero suyo. Y esto, -¡gloria a Dios!-, con tanta generosidad que, si tuvieran millones, los darían lo mismo.

Vamos a hablar de ese estiércol del diablo, que es el dinero: creía mi Madre que podría sacar 35 ó 40.000 ptas (...).

En resumen: mañana bajo a Barbastro con Guitín -desde allí iré a Monzón a hablar con vosotros, porque en Barbastro de todo se enteran- y el Sr. Juez me ha prometido que el día uno de octubre se acaba todo el papeleo, a Dios gracias.

Naturalmente, procuraré que se venda el martes o miércoles próximos -antes, imposible-, y se girará lo que sea (...).

Mientras: ¿por qué no intentáis comprar muebles, como se hace corrientemente con las fábricas, a pagar en 30 días o en más?

Desde luego, yo no me muevo de aquí, sin el dinero ¡cueste lo que cueste!

A otra cosa: están conformes en que duerma en la Academia y me lleve allí todos los chismes de mi cuarto.

Solicitud al Obispo de Madrid-Alcalá para la concesión de un oratorio en la Residencia de Ferraz, 13-III-1935

José María Escrivá y Albás, pbro., Director espiritual de la Academia-Residencia D.Y.A. -Ferraz 50- de la que es Director técnico D. Ricardo Fernández Vallespín, arquitecto, Profesor ayudante de la Escuela Superior de Arquitectura, a V.E. respetuosamente expone:

Que en la citada Academia, además de los fines culturales que le son propios, y de las clases de Religión para estudiantes universitarios que, por disposición de V.E. Rma., se vienen dando desde hace dos años, se procura hacer obras de celo con los alumnos y residentes de la Casa y con otros estudiantes de todas las Facultades y Escuelas Especiales, explicándoles el Santo Evangelio, practicando el retiro mensual, atendiendo a catequesis en los barrios extremos, etc., y como, para mejor realizar dichas obras, deseamos vivamente tener, en la Casa, Capilla y Sagrario con su Divina Majestad Reservado.

Suplica a V.E. en nombre de todos estos jóvenes y en el propio se digne conceder la mencionada gracia.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Decreto del Vicario General de la diócesis de Madrid-Alcalá, para la erección del oratorio semipúblico de la Academia-Residencia DYA , 10-IV-1935

En uso de las facultades que se Nos confieren en los cánones 1.192 y 1.193 C.I.C. y visto el informe favorable del Rvdo. Sr. Cura Párroco de la de San Marcos, de esta Capital, delegado por Nos para practicar la Visita Canónica que requiere el Derecho y, una vez que el local ha sido ya bendecido; por el presente declaramos erigido en ORATORIO SEMIPÚBLICO, el que a este efecto ha destinado Don Ricardo Fernández Vallespín, en la Academia-Residencia D.Y.A., en Ferraz, número cincuenta, perteneciente a la feligresía de San Marcos, y concedemos nuestra autorización y licencia para que “servatis servandis” por el tiempo de Nuestra Voluntad y sin perjuicio de los derechos parroquiales, pueda celebrarse el Santo Sacrificio de la Misa todos los días del año por cualquier sacerdote que tenga corrientes sus licencias ministeriales en este Obispado, para que los fieles asistentes al Santo Sacrificio cumplan con el precepto eclesiástico y para que en el citado Oratorio semipúblico se puedan además celebrar todas las funciones sagradas autorizadas por el Derecho a los de su clase. Asimismo, a tenor del can. 1.265 C.I.C. concedemos Nuestra licencia para que pueda conservase reservado el Ssmo. Sacramento, cuidando de observar todo lo dispuesto en el Código de Derecho Canónico y en las Sagradas Rúbricas acerca del cuidado y culto de la Sagrada Eucaristía.

Dado en Madrid a diez de Abril de mil novecientos treinta y cinco

EL VICARIO GENERAL

Dr. Francisco Morán

El Opus Dei y la autoridad diocesana

D. Francisco Morán era la mano derecha de don Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá, y había oído hablar de don Josemaría desde que obtuvo sus primeras licencias en Madrid, a petición de doña Luz Casanova. Pero no se habían tratado personalmente, hasta que un día, en enero de 1931, se encontraron en el metro, codo con codo. Desde entonces el trato fue ininterrumpido. En las entrevistas con el Vicario General, don Josemaría le notificaba con puntualidad la labor de formación cristiana secular que realizaba personalmente y todas las actividades de la Academia DYA. Al mismo tiempo, comenzaron a difundirse rumores negativos sobre el trabajo que don Josemaría hacía con los jóvenes. Se le acusaba de clandestinidad. Don Josemaría, que informaba con detalle a la autoridad diocesana, pensaba a la vez que aun no había llegado el momento de buscar institucionalización alguna a esa labor que realizaba, y así lo habló con el Vicario Morán.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1126

Con la santa desvergüenza, me aproveché para meter por los ojos del Sr. Morán a dos de mis h.h. sacerdotes. -Lo más importante de la entrevista fue que, al hablarle yo de la "academia del Sr. Zorzano", donde continúo mi labor con jóvenes universitarios, me dijo: ¿cómo no dan ustedes unas clases de religión para intelectuales? Y se lamentó de que ya podían ellos haber anunciado en el "Boletín" y en hojas aparte (me entregó una) los cursos de Luchana 33. Este "Luchana 33" se ve que le sonaba..., antes que yo se lo dijera. Quedé en mandarle nota de profesores y alumnos; y me dio libertad para organizar como quiera este asunto.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1140 (27-I-1934)

El lunes pasado estuve con el Sr. Vicario de Madrid. Fui por un asunto del convento de Sta. Isabel. Hablamos de muchas cosas, de nuestros apostolados, de los chicos... El Sr. Morán pasó un buen rato y está cambiadísimo: antes me urgía a que fuera yo a la cátedra; ahora me decía: no hacen falta sacerdotes‑maestros, ni sacerdotes‑catedráticos, sino sacerdotes que formen maestros y catedráticos.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1191 (29-V-1934)

Me recibió el Sr. Vicario muy amablemente. Me hizo sentar (quienes frecuenten el Vicariato saben bien la distinción que este detalle supone) y me dijo: "Dígame Vd. qué es eso de la Academia DYA". Me despaché a mi gusto. El Sr. Morán, con los ojos entornados, escuchaba, asintiendo con movimientos de cabeza. Le dije, en síntesis: 1/ que me daba mucha alegría con esa pregunta. Que, en mis cartas (le escribo con frecuencia), de intento decía cosas, dando pie para que me preguntara. 2/ Hice la historia externa desde el 2 de octubre del 28. 3/ Le hice notar que fuimos a Luchana, sabiendo que allí vivía un gran amigo suyo -del Vicario- porque no teníamos nada que ocultar. 4/ Hablé de mis hijos sacerdotes, alabando a los que él conoce, como debe hacerlo un padre. 5/ Me dijo que no deje de dar los retiros espirituales durante el verano. 6/ Me dijo también que ya tenía licencia para publicar el "Santo Rosario". Y 7/ -aquí viene lo bueno- me pidió (como si no hubiera teólogos y asociaciones ad hoc en Madrid) que le hiciera un plan de estudios religiosos para universitarios.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1192 (29-V-1934)

Ahora, dos palabras: ¿ somos clandestinos ? De ninguna manera. ¿Qué se diría de una mujer grávida, que quisiera inscribir en el registro civil y en el parroquial a su hijo nonnato?... ¿qué, si quisiera, si intentara matricularlo como alumno en una Universidad? Señora -le dirían-, espere Vd. Que salga a la luz, que crezca y se desarrolle... Pues, bien: en el seno de la Iglesia Católica, hay un ser nonnato, pero con vida y actividades propias, como un niño en el seno de su madre... Calma: ya llegará la hora de inscribirlo, de pedir las aprobaciones convenientes. Mientras, daré cuenta siempre a la autoridad eclesiástica de todos nuestros trabajos externos -así lo he hecho hasta aquí-, sin apresurar papeleos que vendrán a su hora. Este es el consejo del P. Sánchez y de D. Pedro Poveda, y -añado- del sentido común.

Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1193 (29-V-1934)

Que nos ven. Que se dan cuenta. Bueno. Bien. ¿Acaso, habiendo fuego, se pueden evitar el humo, el calor y la luz? Pues tampoco, habiendo Obra, podremos evitar el humo de la calumnia o de la murmuración, ni el calor de nuestros trabajos de apostolado, ni la luz del Amor de Dios manifestada en nuestro ejemplo y en nuestra palabra.

Nuevos fieles para el Opus Dei. Los "mayores" Fruto de la oración y el trabajo apostólico del Fundador el pequeño grupo inical de personas que le seguían comenzó a incrementarse. Entre 1933 y 1936 se incorporaron varios jóvenes que, con su fidelidad, se conviertiron en pocos años en una importante ayuda para el Fundador; poco después de la guerra civil se les pudo empezar a llamar los "mayores" del Opus Dei. Recuerdos de Francisco Ponz Francisco Ponz nació en Huesca en 1919. Se incorporó al Opus Dei en 1940. Catedrático de fisiología desde 1944, en 1966 se incorporó a la Universidad de Navarra de la que fue su Rector desde 1966 a 1979. En un libro que recoge sus recuerdos de sus primeros años en el Opus Dei, rememora al conjunto de personas que en el momento de su incorporación formaban ya parte del Opus Dei.

Además de Álvaro, los miembros de la Obra más antiguos ayudaban al Padre en las tareas de formación y apostolado. El que llevaba más tiempo en el Opus Dei -desde 1930- era Isidoro Zorzano, un ingeniero industrial compañero de bachillerato del Padre en Logroño y de su misma edad. Vivía en Jenner, trabajaba en los Ferrocarriles del Oeste y se ocupaba de los asuntos económicos y materiales de la residencia. Era muy trabajador, aprovechaba formidablemente bien el tiempo, hacía muchas cosas y muy poco ruido. Era un buen ejemplo para los que llevábamos poco tiempo en la Obra.

Juan Jiménez Vargas, con veintiséis años, era entonces el director de la residencia de Jenner. Preparaba oposiciones a cátedra de Fisiología de Medicina, e investigaba en el Instituto Cajal; también ejercía como médico. Pertenecía al Opus Dei desde 1933. Juan era, y lo ha sido siempre después, hombre de cuerpo enjuto, duro consigo mismo, de pocas palabras y muchos hechos, activo, decidido, con un trato en apariencia seco, pero con un gran corazón que estaba pendiente de todos y se desvivía por todos. Era muy trabajador. Rechazaba con energía cualquier intento de expresarle agradecimiento o afecto. Nos impulsaba a que hiciéramos deporte, a remar, salir al monte, dar paseos rápidos por las calles de Madrid. Sufría cuando le parecía apreciar poca reciedumbre en alguno.

También en 1933 habían pedido la admisión en la Obra José María González Barredo -un químico de treinta y cuatro años y catedrático de Instituto que preparaba entonces oposiciones a cátedra universitaria de Química Física- y Ricardo Fernández Vallespín, de veintinueve años, que trabajaba ya como arquitecto y alcanzó en pocos años notable prestigio.

Otro que había acabado la carrera -de ingeniero de minas-, era José María Hemández Garnica, a quien llamábamos familiarmente Chiqui. Pertenecía al Opus Dei desde julio de 1935. Cuando le conocí en 1940, trabajaba en la Electra Madrileña, una Compañía relacionada con su tío Pablo Garnica. Algo más próximos a mí en edad estaban Pedro Casciaro, Paco Botella y Vicente Rodríguez Casado, que se ocupaban más directamente de la labor apostólica en Jenner con universitarios. Pedro y Paco comenzaron Arquitectura y Matemáticas en Madrid; compañeros de estudios y amigos, pidieron la admisión en el Opus Dei casi el mismo día, en noviembre de 1935. Acababan de licenciarse en Ciencias Exactas y en el curso 1939-40 hacían el doctorado. Vicente era historiador y, como Pedro y Paco, cursaba el doctorado y preparaba la tesis. Era del Opus Del desde mayo de 1936, muy poco antes del comienzo de la guerra civil. Había sido boy scout , y de ahí le venía la tendencia a las excursiones. Como alguna vez venía con el uniforme de sargento del Ejército y era bastante corpulento, le llamábamos en aquel tiempo «el sargentísimo». Era muy apostólico y un optimista nato; aunque aseguraba que era muy tímido, abordaba a quien se proponía con gran facilidad.

En cuanto a mi maestro, José María Albareda, era como Isidoro de la misma edad que el Padre. Vivía en Jenner, pero andaba muy ocupado con sus actividades profesionales y científicas, y coincidíamos menos con él. A Rafael Calvo Serer tardé algo en conocerle. Había pedido la admisión en la Obra unos tres meses antes del comienzo de la guerra civil española y no residía en Madrid. Se dedicaba a la Historia y había sido directivo de los Estudiantes Católicos en Valencia.

Todos los «mayores» que conocí en Jenner me ayudaron mucho a comprender y vivir el espíritu del Opus Dei. Con una personalidad muy diferente, cada uno con su propio carácter y temperamento, ofrecían un ejemplo estupendo de cómo el común espíritu que enseñaba el Fundador del Opus Dei podía encarnarse en tipos humanos tan diversos. Su fe en el Padre, la atención con que le escuchaban, la prontitud con que seguían sus consejos, la manifiesta generosidad de su entrega, constituían un formidable apoyo: eran firmes columnas para todos los demás. Cuantos hemos llegado después, les debemos infinito agradecimiento.

(Texto incluido en "Fuentes para la Historia del Opus Dei" de Federico M. Requena y Javier Sesé publicado en Editorial Ariel)