"La prelatura ha sido una fórmula adecuada para recoger el espíritu, el carisma y el servicio del Opus Dei a la Iglesia"

Discurso del cardenal Antonio María Rouco en el acto celebrado en la sede del IESE en Madrid el 14.04.2008 para conmemorar los XXV años de la aprobación del Opus Dei como Prelatura Personal

Es una ocasión para expresar primero la alegría de que este acto tenga lugar en Madrid y también de agradecer que hayan pensado en Madrid para conmemorar el XXV aniversario de la aprobación, de la erección del Opus Dei como Prelatura Personal.

San Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Aragón; pero el Opus nació en Madrid y, simultáneamente hay que afirmar: el Opus Dei nació en España. Y creo yo que es un dato más de esa historia de grandes aportaciones de la Iglesia en España a la Iglesia universal, que ha marcado y ha esmaltado toda la historia de España, al menos desde el Renacimiento hasta hoy. Dato que a veces uno echa de menos a la hora de hablar con los que nos representan fuera de España en estos momentos de su historia.

Por eso nos alegramos, yo me alegro además que en este acto esté aquí el cardenal Herranz, su excelencia monseñor Monterisi, el señor Nuncio, el señor Secretario General de la Conferencia, el señor obispo auxiliar de Madrid, el Vicario para España de la Prelatura, los Vicarios de Madrid, las personalidades del mundo civil y tantos fieles de la Prelatura.

XXV años de la Prelatura, como Prelatura, obliga a uno a arrojar una mirada a los frutos pastorales de la obra del Opus Dei que han llegado hasta el presente de la Iglesia en Madrid y de la Iglesia en España. El que san Josemaría Escrivá incorporase a su obra apostólica, con un carisma especial del Señor, esa verdad fundamental de la vida y de la experiencia cristiana que es la vocación universal para la santidad en el tiempo en que lo hace, década de los años veinte, tenía mucho de profético. Eran aquellos años o aquellas décadas de comienzos del siglo XX décadas muy atormentadas, de una antropología doliente, podíamos decir, donde habían nacido frases curiosísimas sobre el hombre: primero, la muerte de Dios, habían condenado a Dios a muerte, filosóficamente y culturalmente y sociopolíticamente también; y habían montado una figura de superhombre que, desde una perspectiva puramente materialista de la historia e inmanentista iba a ser el salvador del mundo. Y luego donde contradictoria y paradójicamente se había definido al hombre como ‘un ser para la muerte’. Pues que en esa circunstancia histórica, marcada muy pocos años antes por la Primera Guerra Mundial y muy pocos años después por la Segunda Guerra Mundial, se hiciese una propuesta apostólicamente viva y sentida y además practicada con rasgos que conocemos ahora como de santidad, de que todo cristiano tenía que vivir su vida cristiana con una vocación a la santidad; era una respuesta histórica luminosa y fecunda. Y que los seglares en la Iglesia debían asumir un papel especial a la hora de construir y edificar la sociedad nueva de Europa que Europa y el mundo necesitaban personalmente.

Después que cayó el muro de Berlín y se ha visto hasta dónde llegaba la utopía marxista desde el punto de vista práctico y real de la historia. Es la hora de llamar la atención sobre la contribución de los católicos, de la Iglesia y de los grandes hombres de aquel momento, entre otros, san Josemaría Escrivá de Balaguer y del Opus Dei a la hora de superar los grandes problemas de aquella sociedad tan marcada por la cuestión social, la lucha de clases, por la apertura de nuevas formas ético-morales y ético-jurídicas para los estados democráticos del siglo XX configurados como estados democráticos de derecho social. Yo creo que sería la hora de hacerlo. Benedicto XVI lo hace con frecuencia de una manera implícita, pero suficientemente clara para que lo entendamos.

En ese contexto yo creo que es bueno recordar con gratitud; con gratitud al Señor y gratitud a él, al Fundador del Opus Dei, la forma y el modo como traduce su vocación y el carisma recibido en un servicio a la Iglesia y a la sociedad del siglo XX y de los que vengan mientras que Dios lo quiera, que sea por muchos años.

Era una operación canónico-pastoral la de convertir al Opus Dei en una prelatura al comienzo de los años ochenta nada fácil. Lo que sí es claro, es que se ha demostrado que ha sido una fórmula feliz y adecuada para recoger el espíritu, el carisma y el servicio del Opus Dei a la Iglesia en este tiempo. La fórmula fue buena y providencialmente ofrecida también ya por la legislación general de la Iglesia, por el propio Concilio, después ya por la Regimini Ecclesiae Universae, que fue el primer instrumento que el Papa Pablo VI usa para aplicar algunos de los grandes principios del Concilio Vaticano II y que después recoge el Código del año 1983. Un servidor ya era obispo en aquellos años y recuerdo perfectamente cuando se nos hizo la consulta, a mi me parece que nos consultaron a las conferencias episcopales. Lo quiero recordar porque yo hice una ponencia para la Conferencia Episcopal Española para la reunión de la Comisión Permanente y sobre esa ponencia debatió la CEE la propuesta de la creación de la Prelatura del Opus Dei. Y creo que la ponencia era una ponencia favorable, más no puedo decir.

Ya después de 25 años, a la luz de la experiencia recogida hay que decir que esos aspectos más significativos y característicos de la labor apostólica del Opus Dei en la Iglesia, como son el servicio de los sacerdotes de la Prelatura, no sólo a los fieles de la Prelatura, sino a la Iglesia en general; el campo de la espiritualidad seglar, de la educación de los seglares para realizar su vocación típica, apostólicamente vivida en un contexto de vida espiritual cuidadosa, en un contexto de invitación al compromiso para ‘el empeño de la santificación de las realidades temporales’, una expresión muy clásica y muy típica en los tiempos del Concilio y después del Concilio, el fomento de las vocaciones sacerdotales, de las vocaciones para la vida consagrada, el apostolado con los jóvenes, el compromiso con el mundo de la educación. Todo ello ofrece un panorama rico de servicio a la Iglesia, que tenemos que agradecer los obispos en nuestras diócesis.

Por lo tanto, damos gracias a nuestro Señor por esta conmemoración y animamos en lo que depende de nosotros y en la medida en que ser Arzobispo de Madrid supone una relación más estrecha con los orígenes y, por lo tanto, con la realidad del Opus Dei a seguir por el camino señalado, por el camino emprendido, sin miedo; sin miedo y sin vergüenza a que uno pueda quedar anacrónico. Hay unos criterios digamos de hermenéutica cristológica o eclesiológica a la hora de hablar de renovación en la Iglesia. Se logra la renovación no cuando uno se adapta al mundo, cuando uno es aceptado por el mundo; sino cuando se convierte al mundo. Creo que es importante tener esto en cuenta. Pero oiga, es que ustedes en las encuestas dan muy bajo. Bueno, pero y en los cambios de vida, en las transformaciones de la vida, de los jóvenes, de las familias, de la sociedad ¿eso lo recogen las encuestas? Esa encuesta la hará San Pedro, la harán en el Cielo, y esa es la encuesta que vale al final; que además es la que después a lo largo de la historia se verifica siempre. Estoy seguro que si se hicieron encuestas en los años 28 en que se fundó el Opus Dei daríamos bajísimo. Pero claro, después se demuestra que las fuerzas espirituales que animaban, que se desencadenaron entonces fueron las que ayudaron a reponer, a recuperar Europa y el mundo después del año 1945. Pues esa es la ley de la renovación eclesial que sigue vigente y que esperemos que siga inspirando la Obra por intercesión del Fundador del Opus Dei y de Nuestra Señora de los Ángeles, sobre todo de Nuestra Señora de la Almudena, que estamos hablando en Madrid, del presente y del futuro. Muchas gracias y felicidades.