"La crisis en Kenia tiene otra cara... y muchos pies para caminar"

Andrés Olea es granadino y lleva en Kenia una treintena de años. Allí fue el creador y es hoy el director del proyecto Eastland College para la clase trabajadora en Nairobi, la capital.

" Nací en el sanatorio de la salud hace 58 años. Siempre fui un tipo normal. Somos cinco hermanos.. Mi hermano Nicolás Olea es catedrático de Medicina, y tengo otra hermana catedrática en farmacia. De granada recuerdo los paseos por la catedral y las excursiones con la Asociación cultural y deportiva Alayos, en el barrio del Zaidin. Estudié Filosofía y letras, dos años en Sevilla y tres en la Universidad de Granada. Al terminar la carrera encontré clases de Historia en un colegio pero las alegrías fueron cortas pues en el año 80 también había mucho paro en España y animado por otro granadino Antonio Linares encontré trabajo en Kenia. Y como allí había trabajo, pa allá me fui.

¿Tuvo problemas con el inglés?

El inglés, puff... No sabía ni papa de inglés, ya que había estudiado francés en el colegio. Esto era una inquietud... Así que me fui a empezar trabajando de administrativo en la secretaria del colegio Strathmore School, en Nairobi. El tiempo ha pasado y realmente son 30 años en Kenia. Hoy me dedico al proyecto Eastland College of Technology, integrado en Strathmore Educational Trust.

Foto: Ismael Martinez Sanchez

¿Cómo se lleva la crisis?

La crisis es una palabra con muchos significados, pues el pobre no tiene crisis, vive la crisis y a veces no se la cuestiona (al menos bajo esa palabra). La realidad es que en Europa no hay trabajo y en Kenia la gente se muere de hambre.

Hemos pasado años de una gran sequia, un factor de riesgo muy alto en un país como Kenia, porque la comida se encarece. Si sube el precio de los alimentos, sube el precio de la gasolina del transporte, etc. Por ejemplo el salario  mínimo en Nairobi son 50 euros al mes y normalmente la persona puede ir en los matatus (autobuses), pero como no pueden permitírselo, la gente anda una media de más de 10 km cada día, levantándose muy temprano, hacia las 4.00 de la mañana. Ya ve la crisis, tiene otra cara… y muchos pies para caminar.

¿Se siente inmigrante en Kenia?

Soy keniano desde hace 20 años. Quemé las naves cuando me vine a esta tierra. Me fui con 28 años de Granada y llevo aquí 31 años, o sea, más de la mitad de mi vida. Me gusta el trabajo, la gente es tan agradable como en España. La vida empieza donde estás, y hoy estoy aquí… mañana, veremos. A veces, no queda tiempo para la nostalgia.

Foto: Ismael Martinez Sanchez

¿Qué proyectos realiza?

En Kenia me dedico a la gente que no va  a la universidad porque esos ya tienen la vida resuelta ¿para qué darles más?

Bueno, según los estereotipos europeos, como buen hombre blanco podría dedicarse a los safaris…

El recurso principal de Kenia no son los safaris ni  yo vivo de ellos. El gran potecial africano son sus gentes. Kenia no es Memorias de África , ni los animales del National Geographic pues Kenia existía antes de que llegasen los colonos europeos…

¿Y las desventajas?

El hándicap hoy es la educación. Sin ella no hay futuro. Pero toda la enseñanza en Kenia está basada en ir a la Universidad. Muchos generaciones de padres kenianos  piensan “si llegas a la Universidad te harás rico”. Pero hoy eso tampoco es así, pues ya hay universitarios en paro… En definitiva, lamentablemente existe un sistema educativo poco racional en Kenia porque todo está enfocado a la universidad y  el sistema educativo es un embudo…

¿Un embudo…?

Sí, un camino que comienzan muchos y sólo pueden terminar unos pocos. En Kenia Hay nueve millones de estudiantes de primaria. Basta con ver las cifras. Cada año realizan el examen final de primaria 700.00 niños para sólo 350.00 plazas disponibles de entrada a secundaria. Así que, para empezar, a los 14 años 350.000 niños de primaria se quedan en la calle pues no son admitidos en la enseñanza estatal. De esos 350.00 estudiantes que empiezan secundaria sólo 40.000 conseguirán las plazas anuales que oferta el Estado para ir a la Universidad. O sea, que otros 310.000 estudiantes de secundaria quedarán fuera de la universidad. En definitiva, si hacemos cuentas, de 700.000 estudiantes que comienzan la escuela sólo 40.000 personas alcanzarán la Universidad. Conclusión: 660.000 estudiantes estarán sin futuro. Hay una selección natural muy dura y eso explica que la gente se mate estudiando. En España, supongo que la situación es algo distinta...

Foto: Ismael Martinez Sanchez

Desde esa perspectiva muchos quizá no habríamos realizado una carrera en España...  pero ¿qué ofrece un granadino como usted a esos estudiantes sin futuro?

Bueno, doy lo que puedo: realismo y esperanza. El principal problema es darle esperanza a chavales frustrados que terminan primaria o secundaria. Tras 8 o 12 años no irán a la universidad y en el ambiente social, los amigos, la familia te dicen: “tú eres un inútil. Te has pasado la vida estudiando y hoy no eres nadie”. Una pena. Así que muchos chicos se quedan en su casa frustrados. Son carne de cañón del ocio y sus consecuencias: drogas promiscuidad, delincuencia… Por ejemplo, el 50 por ciento de los padres de los chavales que van al centro son chicos de familias desestructuradas, de madres solteras que no tiene marido o fueron abandonadas con o sin violencia de género. Así que ofrecemos esperanza a sus madres e hijos, a chavales de últimos cursos de primaria y de secundaria. A muchos los quiero como si fueran mis hijos.

¿Qué es ofrecer esperanza?

Hace ocho años creamos Eastland College of Technology en ese mismo barrio de Nairobi, de población trabajadora de más de 700.000 personas. El problema es que hasta el año de la independencia keniana en 1963, Eastland era un barrio bajo el aparheid, donde vivían los africanos, lugareños kenianos. Aqui vivían los blackman trabajando para las empresas colonialistas. Pero los hombres negros no podían llevar allí a Eastlands a sus mujeres y familias. Las familias vivían en las reservas fuera de la ciudad, en los poblados. Así que los hombres vivían en barrios con casas, por lo tanto, de una o dos  habitaciones.

Años más tarde esas mismas casas pequeñas están ocupadas por familias de cinco o seis miembros. En una casa así es difícil estudiar. Así que creamos Eastland Centre: un lugar para estudiar. Nació  como un sitio para facilitar la educación. Así que alquilé una casa, unos bajos con cochera para que los chavales pudieran estudiar. Son unos bajos de una casa rústica, de una pequeña comunidad de vecinos que nos tienen mucho cariño por donde ya han pasado más de 3.000 personas.

Foto: Ismael Martinez Sanchez

Allí les damos libros, clases de apoyo, tiempo ocupado para evitar el ocio. Así que hemos realizado cursos  de informática, de electrónica, de pequeños emprendedores. Esos chicos son gente que hoy sabe arreglar un teléfono móvil, un ordenador, una plancha, el mantenimiento industrial, etc. La gente que hemos formado es gente hoy no está frustrada bajo la obligación de “tienes que ser un universitario”… sino que hemos dedicado formación e ideas para que pongan kioscos en las carreteras que les permita tener un ingreso medio de 50 euros al mes para toda la familia.

Son  personas autónomas que salen adelante con kioscos tiendas, salones de belleza, un todo a cien. Además también tenemos una escuela deportiva de fútbol donde esperamos crear muchos nuevos Etoo, Drogba... Será fantástico.

¿Hay un camino intermedio entre Lehman Brothers y las comunas?

Eso espero (dice mientras se ríe). O al menos eso intentamos. Lo primero es ayudar a la persona, “al otro”, como decía el premio Príncipe de Asturias Ryszard Kapuscinski. Y al mismo tiempo, ofrecer la caridad. Sin humanismo y humanidad… no hay Dios (y viceversa). La caridad es profesionalidad, no el providencialismo de “ojalá venga Dios y lo quiera”.

Combinamos la justicia social con la caridad. Medios humanos y principios cristianos animan Eastland Project. Son dos planos paralelos que puede vivir cualquier bautzado. Yo soy un tipo normal, no un superman . Intento sonreir, callar y trabajar mejorando lo que tengo alrededor. Yo soy historiador, no un religioso, pero la fe no es una cuestión privada, sino un estímulo para intentar vencer mi egoísmo diario y ofrecer una repercusión social y pública. Hay días que me cuesta, como a cualquier hijo de vecino. Pero por eso la fe es también un fe social, en cada uno que pasa a mi lado, algo que aprendí de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

Foto: Ismael Martinez Sanchez

Es decir, que claro que hay que evitar los extremos del liberalismo de Lehman Brothers y de la comuna marxista. En mi opinión, lo decisivo es que cada persona tenga espacio para vivir en una sociedad, siendo libre y responsable de sus actos. Eso no es poco...

¿Y su futuro? ¿Tiene dragones?

Mi futuro es luchar por un nuevo colegio para este Proyecto Eastland College of Technology. Para eso necesitamos ayuda. Necesitamos libertad para poder dar libertad a esos muchachos. Ya tenemos entidades europeas variadas, como la Fundación cultura y Sociedad de Granada… pero todos estamos en crisis y tenemos un fantástico sueño de 5 millones de euros por delante…

Como siempre, no tenemos dinero para construir los edificios, pero no falta esperanza y trabajamos para crear un gran colegio para la clase desfavorecida y trabajadora africana. Los dragones que tengo no me quitan la paz. Me urgen a sacar adelante al pueblo africano de Kenia, que es donde empieza mi acción más cercana, como una madre o un padre en su propia casa. Así, que hoy sólo puedo extender la mano al que lo desee para que ellos tengan oportunidades.