Kianda Callege

“La herencia de Mons. Escrivá de Balaguer”, escrito por Luis Ignacio Seco.

«Cuando se ven por las calles de Nairobi –afirmaba el East African Standard, el periódico de más difusión en África Oriental– muchachas de razas diversas que pasean juntas, todos saben que se trata de alumnas del Kianda College».

No fueron fáciles los comienzos de este Centro de formación profesional de la mujer, pero son ya numerosas las promociones de alumnas de Kianda College que, después de haber recibido una intensa formación práctica y cultural y después de haber convivido con mujeres de distinta raza y religión, salieron con el diploma de secretariado y trabajan ahora con eficacia en oficinas de toda África. Ellas, como decía la esposa del presidente de Kenya, «tal vez no se han dado cuenta de la inmensa fortuna que les ha tocado, pero lo apreciarán dentro de algunos años, cuando comiencen a recoger los frutos de la formación que ahora reciben, de la eficacia de la instrucción que les ha sido impartida. Esta iniciativa (se refería al Kianda College) debe ser valorada, porque cuando se educa a una mujer se educa una familia: y la educación de una familia es la educación de todo un pueblo».

A través de este centro femenino y del Strathmore College (preuniversitario, para muchachos de Kenya, Tanzania y Uganda), los miembros kenianos del Opus Dei, junto con otros conciudadanos, realizan en Nairobi una profunda labor docente y social, contribuyendo a una completa integración racial y a una mayor difusión de la cultura.

Unas pocas cifras ilustran el rápido desarrollo de Kianda College (que en lengua kikuyu significa «valle fértil»). En 1963 había ya alumnas de los tres países del África Oriental, y a partir de 1967, de muchos otros del Continente africano: Nigeria, Etiopía, Zambia, Ghana, Lesotho...

En 1973 se pusieron las bases de Kianda High School, un colegio de enseñanza media que actualmente tiene más de 350 alumnas. Desde el principio, esta iniciativa contó con el apoyo entusiasta de las tres mil antiguas alumnas de Kianda, deseosas de que sus hijas se educaran en el mismo ambiente que habían conocido ellas. Mrs. J. Gechaga, primera mujer africana miembro del Parlamento, decía en una entrevista a la prensa en 1978: «He conocido Kianda desde que empezó (...), y comprendí que traía dos mensajes importantes para dar al país: proveer a la mujer africana de unos conocimientos que le permitieran ocupar su puesto en el siglo XX, y enseñarle a ser una buena cristiana, consecuente, madre de la primera generación de cristianos profesionales de Kenia».