Junto a Juan Pablo II

Se publica un libro con los recuerdos de amigos y colaboradores del beato Juan Pablo II, que será canonizado junto al beato Juan XXIII el próximo 27 de abril.

Opus Dei - Junto a Juan Pablo IIÚltima foto de Juan Pablo II, el Viernes Santo de 2005.

Para celebrar la santidad de Karol Wojtyla, el periodista polaco Wlodzimierz Redzioch ha logrado reunir en un solo volumen 22 testimonios inéditos de amigos y colaboradores del papa Juan Pablo II.

El libro, editado en castellano por la BAC con el título “Junto a Juan Pablo II”, comienza con una entrevista al papa emérito Benedicto XVI. En el libro también participan el cardenal Dziwisz y otros de los amigos polacos más cercanos a Karol Wojtyla (Deskur , Grygiel, Nagy, Poltawska), el entonces secretario de Estado vaticano (cardenal Angelo Sodano), el director de la Oficina de prensa de la Santa Sede (Joaquín Navarro-Valls), el cardenal vicario de Roma (Camilo Ruini) y el obispo Javier Echevarría (prelado del Opus Dei), entre otros.

Portada del libro "Junto a Juan Pablo II"

El volumen se completa con entrevistas el médico de Juan Pablo II, al fotógrafo del Osservatore Romano que cubría las actividades del Papa, al responsable de su seguridad personal, al postulador y a otras personas relacionadas con la causa de canonización.

Por cortesía de la editorial Ares reproducimos una selección de citas de algunas esas entrevistas.

Su Santidad el Papa emérito Benedicto XVI

«Mi recuerdo de Juan Pablo II es un recuerdo lleno de gratitud. No podía, ni debía, imitarlo, pero he intentado mantenerme lo mejor posible en el surco de su herencia y de su misión. Por eso estoy seguro de que todavía hoy su bondad sigue acompañándome y su bendición sigue protegiéndome.

[…] Juan Pablo II no esperaba aplausos. No miraba a su alrededor con preocupación por la acogida que se daría a sus decisiones. Actuaba siempre a partir de su fe y de sus convicciones, y si era necesario estaba dispuesto a sufrir ataques. Y a mi modo de ver, el coraje de la verdad es un criterio de primer orden de la santidad».

Card. Camillo Ruini, vicario de Juan Pablo II para la Diócesis de Roma

«Se puede decir de alguien que es un “hombre de Dios” si Dios es señor de ese hombre, si ha tomado posesión de él, si lo ha hecho suyo. Karol Wojtyla era “hombre de Dios”, porque Dios estaba en el centro de su vida».

Card. Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia, anteriormente secretario del santo Papa

«En los días del cónclave también yo iba a la plaza de San Pedro, uno más entre la multitud, a esperar con impaciencia la elección del Papa. Me encontraba allí la tarde del 16 de octubre, cuando el cardenal Percile Felici pronunció el nombre del elegido. ¡Era mi obispo! Sentí una alegría inmensa, pero al mismo tiempo me quedé paralizado. […] En Cracovia había mucha gente que rezaba para que «su» arzobispo no fuera elegido: no querían perderlo. Pero es exactamente eso lo que sucedió.

«La oración era el centro de su vida, solo aparentemente frenética. […] El Cardenal Wojtyla había hecho poner en la capilla del arzobispado una mesilla con una lámpara y con papeles… Le servía de escritorio: todos los textos, los discrusos, artículos, libros, etc., los escribía en la capilla: eran, por lo tanto, fruto del encuentro con Jesús eucarístico».

Mons. Emery Kabongo, segundo secretario particular de Juan Pablo II (1982-1987)

«Me impresionaba cómo acogía a la gente. Se veía su alegría al encontrarse con los demás. Y se preocupaba de que cada uno se sintiese a gusto. Esto era un carisma suyo personal.

De este modo, su casa en el Vaticano siempre estaba llena de gente, por el deseo que tenía de estar con los demás, de compartir la vida, también durante las comidas y los momentos más relajados de la jornada.

«Don Stanislao me advirtió desde el principio de mi colaboración: “no hay ninguna urgencia para disturbar al Santo Padre cuando reza”. Todas las cosas de este mundo debían esperar cuando el Papa “hablaba” con Dios».

Mons. Mieczyslaw Mokrzycki (Mietek), segundo secretario de Juan Pablo II

«Me impresionaba en él la firme convicción de que la verdad se abre siempre camino y que al final vencerá».

Mons. Javier Echevarría, Obispo Prelado del Opus Dei

«Cuatro años más tarde, el Cardenal Wojtyla vino a Villa Tevere […]. Fue una comida muy amigable. Después, cuando fuimos a hacer la visita al Santísimo Sacramento, el cardenal se arrodilló en un reclinatorio de madera que se conserva allí como reliquia porque fue utilizado por Pío VII y San Pío X. Y por san Josemaría, claro, a quien se lo habían regalado unos sobrinos de San Pío X. Cuando don Álvaro le explicó estos detalles, inmediatamente el Cardenal Wojtyla se bajó del reclinatorio y se arrodilló en el pavimento después de haber besado la reliquia.

[...] La actividad de Juan Pablo II fue tan amplia y su figura tan significativa, que supera cualquier posible síntesis o resumen. Representa algo único en estos decenios de historia. Ha mostrado de nuevo con los hechos que el Papa es “el siervo de los siervos de Dios”, el infatigable defensor de la verdad, el abogado de todos los hombres y de todas las mujeres, en cuya dignidad cree con todas sus fuerzas. Ha hecho presente a Cristo en nuestro tiempo, ha llevado a la humanidad a buscar en Jesús la respuesta a las preguntas últimas sobre la existencia».

Joaquín Navarro Valls, Director de la Sala Stampa Vaticana durante el pontificado de Juan Pablo II

«“¿Echa en falta la presencia de Juan Pablo II?”. “No, no le echo de menos, sencillamente porque antes, según el trabajo que había, estaba con él dos o tres horas al día. Ahora, en cambio, puedo estar en contacto con él 24 horas al día”.

En algunas ocasiones entraba en la capilla de su apartamento sin que él se diese cuenta de no estar sólo. Lo veía ahí, frente al tabernáculo en conversación con Dios. Y, a veces, él empezaba a cantar. No un canto litúrgico... Su diálogo con Dios era continuo. Tenía necesidad de rezar continuamente. También en ocasiones públicas, o ante las multitudes. Acción y contemplación parecían en él una sola cosa. La última vez que lo vi fuera del lecho en donde se consumó su existencia, era en una silla de ruedas empujada por una religiosa en su apartamento. La distancia era corta: los escasos diez metros que discurrían entre su habitación y la capilla de su apartamento. Era allí, junto al tabernáculo, donde pasaba sus últimos días sobre esta tierra».

Wanda Póltawska, hija espiritual de Juan Pablo II

Llegó la sorprendente noticia del fallecimiento del Papa Luciani. Cuando nos vimos, a finales de septiembre, nos dijo: “Esperaba tener más tiempo”. Mientras nos despedíamos le pregunté: ¿Qué nombre escogerás cuando seas Papa?”. En vez de él, respondió mi esposo: “Es obvio: Juan Pablo II”.

Para Juan Pablo II la oración valía tanto como el respirar. Una vez me dijo: “La gente no se da cuenta de que la oración es un arma potentísima”. Y añadía siempre: “Aprended a rezar”.

Prof. Stanyslaw Grygiel, hijo espiritual y amigo de Juan Pablo II

Para Wojtyla cada parroquia tenía que ser un movimiento. De lo contrario, no era una parroquia viva. Para él, cualquier grupo de personas reunido alrededor del sacerdote que celebraba la Eucaristía era un movimiento eclesial.

[…] Su muerte no ha destruido nada. Nuestro diálogo continúa. En el corazón de la Iglesia, es decir, en la Eucaristía, no existen los muertos.

Florybeth Mora Díaz, por intercesión de Juan Pablo II se curó de un aneurisma cerebral

Invoqué la ayuda de Juan Pablo II: “Si quieres, ayúdame a curarme, intercede por mí ante el Señor: dile que no quiero morir. A la mañana siguiente, tras despertarme, alrededor de las 9:00, me encontraba yo sola en mi habitación. Dirigí la mirada a un retrato del Papa, para saludarlo, y me persigné. En ese preciso momento, escuché una voz interior que me invitaba a levantarme de la cama.

[…] Era como su voz, la voz de Juan Pablo II, que de manera muy dulce me animaba: “¡Levántate! ¡No tengas miedo!”.

Mons. Slawomir Oder, postulador de la Causa de Canonización

El proceso se convirtió en la aventura de observar de cerca la historia de un sacerdote, porque Juan Pablo II, aunque haya sido Pontífice, y antes cardenal y obispo, siempre y en primer lugar fue sacerdote; esto significa que vivió toda su vida con un auténtico espíritu sacerdotal. Por eso, “investigar” sobre Karol Wojtyla implicaba acercarse a un espléndido ejemplo de sacerdocio, que me ha entusiasmado y que ha robustecido mi vocación, estimulándome en muchas ocasiones a crecer personalmente.