El núcleo de las intervenciones de las Jornadas Pastorales de Castelldaura 2026 se ha centrado en el acompañamiento espiritual y en cómo ayudar a las personas a crecer en vida interior y en su relación con Cristo; un camino entendido no como una receta prefabricada, sino como un verdadero arte de escucha y de guía personal hacia la santidad.
Mons. Romà Casanova y otros ponentes subrayaron que este acompañamiento ha de respetar siempre la libertad y la dignidad de cada persona, siendo el Espíritu Santo el verdadero protagonista y agente transformador.
Casanova habló del significado de santidad: “No es un concepto abstracto, es la unión con Cristo y la plenitud del amor. El Concilio Vaticano II nos recuerda la llamada universal a la santidad y a la misión. La santidad es un don y, al mismo tiempo, una tarea”.
En cuanto al acompañamiento espiritual, el obispo de Vic afirmó que “se debe escuchar mucho y hablar poco, actuando como un espejo para el otro. Quien acompaña ha de ser una persona santa, sabia y experta en vida espiritual y en humanidad. Hoy, en un contexto de 'nuevo paganismo', muchas personas vuelven a llamar a la puerta de la Iglesia buscando esperanza; por eso el acompañamiento personal y cercano es más necesario que nunca”.
Respeto a la dignidad y libertad de la persona
Por su parte, Luis Felipe Navarro, rector emérito de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, centró su ponencia «El respeto a la persona en el acompañamiento espiritual» en cómo ayudar a crecer en la vida interior teniendo en cuenta la dignidad y la libertad de cada uno.
Subrayó la importancia de conocer bien la naturaleza de la relación entre acompañante y acompañado: “debe ser siempre libre, estar basada en la confianza y dar prioridad al Espíritu Santo”.
Al profundizar en la relación que se establece entre dos personas, cada una con su biografía, explicó que “debe respetar la dignidad ontológica y la libertad de los hijos de Dios. No se puede imponer, mandar o anular la voluntad del acompañado; el papel del guía es de servicio”.
Tanto Casanova como Navarro coincidieron en que nadie puede acompañar a otro si él mismo no es acompañado. Hacen falta guías espirituales creíbles y expertos en la vida del espíritu, capaces de ayudar a las nuevas generaciones.
El acompañamiento espiritual en los jóvenes y la fraternidad sacerdotal
Las intervenciones del primer día de las jornadas sentaron las bases de un buen acompañamiento espiritual. En el segundo día, el tema se abordó desde una perspectiva más pastoral.
En primer lugar, Fulgencio Espa, párroco de Santa María de Nazaret, en el barrio de Vallecas (Madrid), habló de la llamada “generación 5G” y de los diversos retos y oportunidades que plantea.
Esta generación se caracteriza por una fuerte influencia de la tecnología, donde a menudo se dedica más tiempo al móvil que a las personas. “Nos dirigimos a jóvenes que han nacido con el móvil en la mano, con un perfil creado en redes sociales. Vivir de 'perfiles' conlleva tres dificultades: una gran dificultad para reconocerse, un narcisismo emotivo y muchos 'yos'”, explica Espa.
Ante una generación que experimenta un vacío existencial, subrayó que “para acompañar a la generación 5G, lo primero es el amor: que los jóvenes se sientan queridos, que los amemos. Los jóvenes se sienten amados cuando participas de sus alegrías”.
La fraternidad entre sacerdotes
Antonio Cobo, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación en Cuevas de Almanzora (Almería), habló de la fraternidad sacerdotal.
A lo largo de su ponencia destacó la importancia de vivirla, ya que “por naturaleza humana, creada por Dios, somos hermanos. Los gestos de fraternidad nos alinean con lo que somos. Es esencial para nuestra vocación y misión vivir, crecer, progresar, trabajar y perfeccionar la fraternidad sacerdotal”.
Cobo definió esta unión como “efectiva y afectiva; que cree ocasiones, momentos y ambientes para cultivar el afecto fraterno, con un acompañamiento integral”. Además, como miembro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, valoró el apoyo que se ofrece a los sacerdotes mediante formación y "detalles de familia".
Clausura y conclusiones
Las Jornadas concluyeron con una tertulia que contó con la presencia de Mons. Javier Vilanova, obispo auxiliar de Barcelona, quien agradeció que cada año se celebren estas jornadas de formación y fraternidad, pues “es una alegría que los sacerdotes cuidemos la fraternidad entre nosotros y también el hecho de ayudarnos”.
El Centro Sacerdotal Rosselló organiza desde hace 61 años estas jornadas que ofrecen un espacio de encuentro y reflexión. Mons. Ignasi Pujol, vicario del Opus Dei para Cataluña y Andorra, afirmó en la inauguración que en esta edición “hemos querido ofrecer un amplio abanico de aspectos sobre cómo acompañar de manera más eficaz ante las dificultades actuales. Acompañar espiritualmente no es dar recetas prefabricadas; es caminar al lado del otro y ayudarle a reconocer la acción de Dios en su vida. Hay que recordar que el verdadero director es el Espíritu Santo. En palabras de san Josemaría, la misión del acompañamiento es ‘abrir horizontes’”.
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