Introducción "Datos para la comprensión histórico-espiritual de una fecha"

Trascendencia de un acontecimiento: 2 de octubre de 1928. Datos para la comprensión histórico-espiritual de una fecha

Pertenece al acervo de las afirmaciones comunes el reconocimiento de que el Opus Dei constituye un hito importante en la historia de la espiritualidad cristiana, precisamente por su afirmación de la llamada universal a la santidad, del valor cristiano del trabajo y de las realidades terrenas, de la vivencia teologal de la secularidad... De «pionero de la santidad laical» calificaba un autor, en 1964, al Fundador del Opus Dei, el Beato Josemaría Escrivá de Balaguer (1). Y en los numerosos artículos aparecidos a raíz de su fallecimiento, ocurrido el 26 de junio de 1975, o de su beatificación, que tuvo lugar el 17 de mayo de 1992, es fácil encontrar, referidas a su persona o al Opus Dei, expresiones como «sacerdote que ha abierto a las almas nuevos caminos de santidad», «precursor del Concilio Vaticano II», «nueva etapa en la historia de la espiritualidad», «fenómeno pastoral asombroso en la historia de nuestro tiempo»...(2).

Su Santidad Juan Pablo II hizo suyo ese juicio en una audiencia concedida el 19 de agosto de 1979 a un numeroso grupo de miembros del Opus Dei: «¡Vivir el Evangelio en el mundo, viviendo, sí, inmersos en el mundo, pero para transformarlo y redimirlo con el auténtico amor a Cristo! Gran ideal, verdaderamente, el vuestro, que, desde sus inicios, ha anticipado la teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del posconcilio»(3). Y, lo que es más, lo reiteró en la homilía pronunciada con motivo de su beatificación: «Con sobrenatural intuición, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado (...) En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo Beato nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo »(4).

En todos esos comentarios, al ponderar la importancia histórica del Beato Josemaría Escrivá se hace referencia a algunos hechos fundamentales: a la afirmación neta y sin ambages de la llamada universal a la santidad; a la proclamación decidida del valor cristiano del trabajo y de todas las realidades humanas; al consiguiente énfasis en la posibilidad de una plenitud de vida cristiana en las circunstancias ordinarias del existir humano. ¿Por qué vías alcanzó Josemaría Escrivá de Balaguer esa profunda intuición teológico-espiritual? ¿en qué momento histórico llegó a ella?

Esta última pregunta tiene una respuesta clara e inmediata: el 2 de octubre de 1928, ya que a esa fecha se ha referido constantemente el propio Mons. Escrivá de Balaguer señalándola como el momento preciso de la fundación del Opus Dei. «¿Realmente comenzó la Obra el 2 de octubre de 1928?», se preguntaba a sí mismo en una meditación predicada en el aniversario de esa fecha, en 1962. «Sí, hijo mío —contestaba decididamente—, se comenzó el día 2 de octubre de 1928. Desde ese momento no tuve ya tranquilidad alguna, y empecé a trabajar, de mala gana, porque me resistía a meterme a fundar nada; pero comencé a trabajar, a moverme, a hacer: a poner los fundamentos»(5). «La Obra de Dios no la ha imaginado un hombre » , afirmaba el 19 de marzo de 1934, para añadir enseguida que el Señor la había inspirado «a un instrumento inepto y sordo, que la vio por vez primera el día de los Santos Angeles Custodios, dos de octubre de mil novecientos veintiocho»(6).

Lo ocurrido en esa fecha, y más concretamente su trascendencia teológica, constituyen el objeto de este estudio, en el que procederemos de acuerdo con el siguiente esquema: primero trazaremos un esbozo del itinerario espiritual del Fundador del Opus Dei hasta octubre de 1928, a fin de situar el contexto íntimo en que tuvo lugar lo acontecido el 2 de octubre de ese año; luego nos referiremos a esa fecha concreta; finalmente intentaremos poner de manifiesto la trascendencia doctrinal

y teológica de ese acontecimiento(7).

Como señalaba el cardenal Baggio, a quienes somos contemporáneos de Mons. Escrivá de Balaguer nos falta esa perspectiva histórica que permite valorar con todo el relieve necesario su figura(8) . Este ensayo es pues sólo una aproximación a una realidad que requerirá nuevas y cada vez más profundas consideraciones: ha sido redactado teniendo conciencia de esos límites, y así debe ser también leído.