Hacia la plena unidad de la Iglesia de Jesucristo

Emilio Arizmendi Echecopar, Vicario Regional del Opus Dei en el Perú, escribe en La República un artículo sobre la visita del Papa Francisco a Turquía.

Siguiendo el impulso conciliar del Vaticano II, el papa Francisco ha visitado Estambul, donde celebró una misa para la pequeña comunidad católica de Turquía, compuesta por fieles de la Iglesia –de los ritos latino, armenio, sirio y caldeo–, en la fiesta de San Andrés, el 30 de noviembre pasado.

Antes, se encontró en la iglesia de San Jorge con el patriarca Bartolomé I, cabeza de la Iglesia Ortodoxa, separada de Roma el año 1054, comunidad religiosa que cuenta con unos doscientos millones de fieles. Bartolomé I, que acompañó a Francisco en su visita a Jerusalén, besó fraternalmente en la cabeza al papa Francisco, luego de participar en la oración ecuménica, en la sede del Patriarcado de Constantinopla.

San Juan XXIII volvió a poner sobre la agenda mundial moderna el tema del ecumenismo, y el Concilio Vaticano II, por él convocado, afirmó que "por inspiración del Espíritu Santo se hacen muchos esfuerzos con la oración, la palabra y la acción para llegar a aquella plenitud de unidad que Jesucristo quiere", por lo que los padres conciliares exhortaron a todos los católicos a que "reconociendo los signos de los tiempos, participen diligentemente en la labor ecuménica" (Decr. Unitatis Reintegratio, n. 4).

Continuando con el espíritu ecuménico, en 1964 –hace precisamente cincuenta años– tuvo lugar el encuentro entre el Beato Pablo VI y el Patriarca Atenágoras I en Jerusalén, "marcando el inicio de esta unidad, que se dio a través del diálogo", acaba de decir Francisco. Al año siguiente, el 7 de diciembre de 1965, los dos líderes religiosos hicieron una declaración conjunta, que cerró el viejo capítulo negativo de relaciones entre ambas iglesias.

Pisando las huellas de ese encuentro histórico, el 30 de noviembre de 1979 San Juan Pablo II dialogó igualmente en Turquía con el Patriarca Ecuménico Dimitrios I, gesto profundamente apreciado por ese Patriarca, que contribuyó a que se hicieran preparativos para que se abriese un diálogo teológico entre representantes de la Iglesia Católica y todas y cada una de las catorce, autocéfalas y autónomas, iglesias ortodoxas.

En el siglo XXI –el 29 de noviembre de 2006–, Benedicto XVI visitó al Patriarca Bartolomé I, como ha hecho Francisco, rezando una oración en la iglesia patriarcal de San Jorge. Recordó entonces el papa alemán que esa tierra está "íntimamente vinculada a la fe cristiana, en la que florecieron muchas iglesias en los tiempos antiguos. Pienso en las exhortaciones de San Pedro a las comunidades cristianas primitivas establecidas en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia (1P 1,1), y en la rica mies de mártires, de teólogos, de pastores, de monjes, y de hombres y mujeres santos que engendraron estas iglesias a lo largo de los siglos".

Alegra ver al papa Francisco dialogar con católicos, cristianos separados, judíos y musulmanes –lo hemos visto estos días rezando en silencio durante dos intensos minutos en la Mezquita Azul de Estambul, la más importante de Turquía–, ya que siempre ha sido un pastor convencido de las virtudes del diálogo humano y religioso.

Al comienzo de su pontificado, en su discurso a los miembros del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, aludió, a la etimología de la palabra 'pontífice', que significa 'constructor de puentes'. Considera que Jesús dialogó con todos, por lo que piensa que todo encuentro ecuménico e interreligioso encamina a la iglesia por Él fundada a abrirse al diálogo con todo el mundo, para alcanzar la plena verdad de la fe cristiana.

Los fieles católicos seguimos con alegría los pasos de los Obispos de Roma en la búsqueda de la unidad en la Iglesia de Jesucristo. No quiero dejar pasar aquí una mención al hecho de que el Opus Dei ha sido la primera institución de la Iglesia en la que se ha admitido la posibilidad de contar no sólo con cooperadores católicos sino también con cooperadores cristianos no católicos e inclusive personas no cristianas.

En 1948, San Josemaría –su fundador– formuló por primera vez a la Santa Sede una petición oficial en ese sentido. La respuesta de la Curia fue que era una petición que carecía de precedentes en la historia de la Iglesia. Al insistir, ya no obtuvo una rotunda negativa sino un dilata, dejando la cuestión pendiente para el futuro. Tras dejar pasar un tiempo prudencial, en 1950 quedó establecida la figura de los cooperadores acatólicos que, pasados ya más de sesenta años, se cuentan por millares.

Enlace al artículo en La República.