Hacia el futuro

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

En abril de 1942 se alquila una casa de dos plantas en el número 19 de la calle Jorge Manrique, que sirva de apoyo para la labor apostólica de aquel grupo de mujeres que han recibido la vocación al Opus Dei. Nisa González y Encarnita Ortega se encargarán de dirigir la marcha de este Centro.

Al llegar, encuentran la grata sorpresa de Carmen Escrivá de Balaguer esperándolas. Se quedará durante algunos días para ayudar en la instalación y en las necesidades de la puesta en marcha. Sigue ocupándose de atender Díego de León, pero aún puede estar a disposición de estas mujeres, jóvenes y de poca experiencia, en las tareas con que habrán de enfrentarse.

La casa está prácticamente vacía. Y Carmen, con su habitual buen humor, organiza una lista de quehaceres. Cuando retorne a Díego de León, el nuevo inmueble caminará con buen ritmo: flores y macetas en la terraza; clasificados los proveedores más cercanos; comprobado el funcionamiento del servicio. Habrá dejado, sobre todo, el clima inconfundible de su dedicación, de su cariño inapreciable.

En este verano de 1942 el Padre acudirá, prácticamente a diario, a Jorge Manrique. Se ocupa de la instalación del oratorio; de que tengan lo indispensable para su bienestar material. Lo necesario para que el amor a Dios crezca en un clima adecuado.

También se ocupa de su formación humana, de las horas de estudio, de su preparación profesional en muy diversos campos.

Nunca ha relegado a la mujer a un papel secundario. Sabe que su presencia es insustituible, no sólo en la mayoría de los oficios y trabajos que desempeñan también los hombres, sino en los que por natales están en la órbita específica de su modo de ser.

«Las que estudian, que estudien de verdad. Las que escriben, que sean buenas literatas. Las que están en labores de la casa, poniendo cariño» (63).

Y más delante, se lo recuerda de nuevo:

«No podríamos hacer nada si en los detalles más pequeños, minúsculos, del hogar -que tanto influyen en todo lo demás, condicionando las cosas aparentemente más grandes-, no resplandeciera vuestro amor... »(64).

Un día el Padre reúne a las que viven en la casa de Jorge Manrique . Extiende ante ellas un panorama que recoge las tareas apostólicas que las mujeres del Opus Dei realizarán en el futuro. Oírle produce casi vértigo: dedicación a la docencia, granjas para campesinas, centros de capacitación profesional para la mujer, Colegios Mayores, actividades de la moda, casas de maternidad, bibliotecas, librerías, editoriales... Y, sobre todo, un amplio horizonte de apostolado personal que no se puede programar ni medir. Y deja caer sus palabras finales para borrar el gesto asombrado de aquellas que le escuchan:

«Ante esto se pueden tener dos reacciones: una, la de pensar que es algo muy bonito, pero quimérico, irrealizable; y otra, de confianza en el Señor que, si nos ha pedido todo esto, nos ayudará a sacarlo adelante. Espero que tengáis la segunda» (65)