Monseñor Ocáriz, físico, teólogo sonriente y amante del tenis

El nuevo prelado del Opus Dei lleva 45 años como sacerdote y ha trabajado durante tres décadas en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

ABC Monseñor Ocáriz, físico, teólogo sonriente y amante del tenis

*****

Cuando un gran teólogo tiene como pasión ayudar a personas concretas, la sonrisa de felicidad asoma a su rostro. En los 45 años que lleva como sacerdote, Fernando Ocáriz ha escrito numerosos libros de Cristología y ha trabajado durante tres décadas en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Este «preclaro pensador» en palabras del cardenal de Viena, Christoph Schoenborn, mira a cada persona con afecto y trata de ayudarla. Es lo que aprendió de san Josemaría Escrivá desde que le conoció hace ya seis décadas y lo que ahora intenta hacer como su tercer sucesor.

Ocáriz, hijo de un militar republicano exilado y nacido en París en 1944, es muchas cosas a la vez: físico, teólogo, tenista y consultor de tres departamentos del Vaticano. Pero, sobre todo, es un sacerdote humilde.

Sus gafas redondas de metal dorado traicionan a un intelectual de mente aguda e ideas muy claras, cuyo trabajo teológico en la Congregación para la Doctrina de la Fe ha sido aplaudido por su antiguo prefecto, Joseph Ratzinger, con quien compartió trabajos, esperanzas y sinsabores.

Pero lo que más se nota es su calor, su sonrisa y el interés por los asuntos de su interlocutor. Se diría que, al cabo de tantos años observando san Josemaría, y trabajando con sus dos primeros sucesores, ha terminado por olvidarse de su “yo”.

Vivir para los demás, olvidándose de lo personal, parece ser el secreto de su felicidad. A eso se añaden la misa, la oración mental, el rezo del rosario y otras devociones por un total de más de tres horas cada día.

Además de deportista y poliglota, Ocáriz es un viajero curtido a más no poder pues a lo largo de los últimos 22 años ha viajado con su predecesor, Javier Echevarría, a más de 70 países. Un español universal.