Fallece a los 100 años el Padre Junco, primer sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz

Don Juan José del Junco Domenech ha fallecido hoy, 30 de mayo de 2026, en La Línea de la Concepción (Cádiz). Hijo Adoptivo de la ciudad, referente espiritual del Campo de Gibraltar y Prelado de Honor de la Santa Sede, dedicó 76 años ininterrumpidos a su labor pastoral.

Infancia y una temprana vocación en el seminario

Nacido en Tenerife el 4 de marzo de 1926, Juan José acababa de cumplir un siglo de vida. Era el mayor de los hermanos de una familia cuyo padre, Julio, era militar. De aquella numerosa familia hoy solo le sobrevive su hermana Lina.

Pese a ser un niño completamente normal, aficionado a los juegos de su época como la «taba», la «pídola», el «escondite» o «policías y ladrones», sintió desde muy pequeño la llamada al sacerdocio, un testimonio vivo de cómo Dios despierta vocaciones a cualquier edad.

Cuando su padre fue destinado a Cádiz, un sacerdote local orientó sus inquietudes juveniles. Al terminar el bachillerato, su progenitor lo presentó ante el Vicario de la diócesis; aquella conversación fue el detonante para su ingreso en el Seminario, donde destacó como un alumno aventajado gracias a su gran afición y destreza para el latín.

Celebrando su 100 cumpleaños
Celebrando su 100 cumpleaños

Primeros destinos: de La Colonia a La Inmaculada

El 26 de junio de 1950 fue ordenado sacerdote en Cádiz. Su primer destino pastoral lo llevó en marzo de 1951 a la parroquia del Sagrado Corazón, en la barriada linense de La Colonia, donde permaneció hasta 1958 multiplicando sus actividades e incluyendo la celebración de la misa de los miércoles en el colegio «El Zabal».

El 5 de enero de 1958, víspera de Reyes, llegó a su nuevo destino: la parroquia de La Inmaculada, en la misma ciudad. Al entrar a su habitación descubrió un cuadro de la Adoración de los Magos; un detalle que siempre recordó como el regalo de Reyes que el Señor le hacía para bendecir su estancia en un templo donde serviría hasta su jubilación en el año 2001.

El Opus Dei y una jornada histórica en la estación de San Roque

La huella del Opus Dei —institución fundada en 1928 por san Josemaría Escrivá de Balaguer— llegó a oídos de don Juan durante sus años de seminarista. Ya en La Línea, estrechó una profunda fraternidad con el clero local, especialmente con don Martín Bueno (párroco de la Estación de San Roque) y don Justo Martínez de Serdio. Este último, residente en la barriada de La Atunara, conocía a san Josemaría desde la década de los cuarenta y fue el puente definitivo hacia el espíritu de la Obra.

El encaje de las piezas fue providencial. En septiembre de 1950, san Josemaría le había comunicado a don Justo que las puertas de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz estaban abiertas, bajo la guía de don Amadeo de Fuenmayor. Ese mismo año, el día del Sagrado Corazón, don Juan del Junco intuía en su interior que la Obra sería su camino, aunque el encuentro definitivo tardaría dos años en materializarse.

En la primavera de 1952, don Justo coincidió en Daimiel (Ciudad Real) con don Amadeo de Fuenmayor, catedrático de Derecho Civil y sacerdote de la Obra, quien viajaba desde Madrid para prestar atención pastoral. Don Justo le sugirió viajar al sur para conocer a sus dos grandes amigos, don Martín y don Juan. Paralelamente, san Josemaría había pedido a don Amadeo nombres de sacerdotes diocesanos del sur que pudieran comprender este espíritu; don Amadeo le facilitó precisamente esos tres nombres. A su vuelta a La Línea, don Justo Martínez les habló de esta conversación a sus amigos.

El desenlace ocurrió el 23 de mayo de 1952. Tras predicar en San Pablo Buceite, don Martín y don Juan visitaron el hospital de la Atunara, donde coincidiendo con don Amadeo y don Justo. En apenas dos hours, don Amadeo les desgranó el espíritu de la Obra. Tras pernoctar en Algeciras, don Amadeo se disponía a tomar el tren matutino hacia Madrid en la Estación de San Roque. Allí lo esperaban los dos amigos para entregarle en mano sus cartas de admisión.

Al preguntar don Juan si ya eran muchos, don Amadeo le replicó que en la Obra no se hacían cuentas y que lo importante era que cada uno siguiera el camino para el que se sentía llamado. Tiempo después supieron que figuraban entre los primeros sacerdotes diocesanos de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz.

Fidelidad diocesana y el milagro de Pamplona

Desde aquel mayo de 1952, el Padre Junco se integró plenamente en la familia del Opus Dei, canalizando su vocación hacia la santidad en el ejercicio de su ministerio y en una inquebrantable unión con el presbiterio y los sucesivos obispos de su diócesis: don Tomás Gutiérrez (1943-1964), don Antonio Añoveros (1964-1971), don Antonio Dorado (1973-1993), don Antonio Ceballos (1993-2011) y don Rafael Zornoza (2011-2025). Tuvo siempre muchos amigos sacerdotes que, con el tiempo, acudieron a él para recibir orientación espiritual.

Para su atención espiritual epistolar se escribía con la persona de la Obra en Sevilla, ciudad a la que también viajaba —al igual que a Cádiz— para recibir los medios de formación. Asimismo, se nutrió de los sacerdotes que viajaban al Campo de Gibraltar; de manera muy señalada, entre 1966 y 1976, recibió las visitas de don José Luis Múzquiz, uno de los tres primeros sacerdotes del Opus Dei e impulsor de la labor en Estados Unidos, actualmente en proceso de beatificación tras fallecer en tierras americanas en 1983.

Su vinculación con el fundador dejó un recuerdo imborrable. Tras un primer encuentro en una tertulia en el teatro Gayarre de Pamplona, don Juan coincidió nuevamente con san Josemaría en Pozoalbero en 1972. Al finalizar un encuentro con el clero, don José Luis Múzquiz lo presentó formalmente. San Josemaría lo saludó afectuosamente y le dio un beso en el cuello; en ese momento, el Padre Junco padecía una dolencia de garganta que le impedía predicar, sanando tras aquel gesto de cariño.

Un legado pastoral arraigado en los sacramentos y la Virgen

En La Línea de la Concepción, el Padre Junco gozaba de una indiscutible fama de santidad y del cariño unánime de tres generaciones de familias a las que bautizó, casó y despidió. Desplegó mucha actividad pastoral en catequesis, bodas, bautizos y entierros, siendo confesor incansable al que dedicó muchas horas, aunque su momento principal del día era la celebración de la santa Misa.

Destacó por una ferviente devoción mariana: impulsó la construcción de la ermita de Nuestra Señora de Fátima, donde oficiaba misa cada día 13 del mes en honor a la Virgen, y promovía activamente peregrinaciones a Fátima, Lourdes, Torreciudad y Tierra Santa. Solía afirmar que si una persona tiene un demonio y visita un santuario mariano, el demonio se va, y procuraba rezar las cuatro partes del Rosario diariamente. Asimismo, ningún enfermo rechazaba el escapulario de la Virgen del Carmen antes de fallecer; recordaba con especial afecto a un paciente que se oponía firmemente a recibirlo, pero tras encomendarlo a San Miguel Arcángel, el enfermo se convirtió, aceptó el escapulario y falleció confortado con los sacramentos.

Era muy apostólico e incluso en sus últimos meses, antes de que su enfermedad se lo impidiera, continuó atendiendo las visitas de numerosas personas y sacerdotes que se dirigían espiritualmente con él. Oficiaba la misa en su propio domicilio gracias a un permiso episcopal que le otorgaba, además, la facultad de tener a Jesús Sacramentado en su hogar.

Don Juan Junco, el primer sacerdote de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz

El eco de su partida: honores de un pueblo agradecido

En cuanto se ha conocido su fallecimiento, la prensa de la comarca se ha hecho eco inmediato de la pérdida. El diario Europa Sur ha abierto su edición destacando su condición de referente espiritual de la localidad1 y recordando su dilatada trayectoria de más de siete décadas al servicio de los linenses desde la Parroquia de la Inmaculada2.

Las crónicas publicadas coinciden en señalarlo como una de las figuras más respetadas de la historia reciente de La Línea, detallando los honores institucionales previstos para su despedida, que incluyen la presencia del Administrador Apostólico de la diócesis y las condolencias oficiales del alcalde, Juan Franco3.

El recorrido por su biografía local evidencia que su aportación traspasó los templos, impulsando tradiciones populares, reformas patrimoniales, la docencia y recibiendo las máximas distinciones de la ciudad y de la Santa Sede4. Una entrega pastoral infatigable que, tal y como subraya el periódico, mantuvo activa de forma admirable incluso tras superar la barrera de los cien años de edad5, concluyendo que la localidad pierde a uno de sus faros morales más significativos del último siglo6.

Notas al pie

1 Diario Europa Sur: «Muere a los 100 años el Padre Junco, referente espiritual de La Línea».

2 Diario Europa Sur: «Hijo adoptivo de la ciudad y sacerdote durante más de siete décadas, dedicó su vida al servicio de los linenses desde la Parroquia de la Inmaculada».

3 Diario Europa Sur: «Una de las figuras más queridas y reconocidas de la historia reciente de la ciudad. La celebración del responso en la Parroquia de la Inmaculada a las 13:00 contará con la presencia de D. Ramón Valdivia, Administrador Apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta. El alcalde de la ciudad, Juan Franco, ha expresado públicamente sus condolencias: ‹Hoy nos ha dejado el Padre Junco, Hijo Adoptivo de nuestra Ciudad y una persona que deja un gran legado en La Línea de la Concepción (…) Descanse en paz›».

4 Diario Europa Sur: «Su labor transcendió el ámbito estrictamente religioso. Fue impulsor de iniciativas tan arraigadas como la romería de la Inmaculada, promovió la remodelación del santuario y ejerció como arcipreste durante veinte años. También dejó huella como profesor de Religión en el antiguo Instituto Diego Salinas. (…) En reconocimiento a su trayectoria, el Ayuntamiento le nombró Hijo Adoptivo in el año 2000 y una de las calles laterales del santuario lleva su nombre. Años después, en 2018, recibió el título de Prelado de Honor concedido por la Santa Sede».

5 Diario Europa Sur: «Hasta prácticamente el final de su vida mantuvo intacta su vocación sacerdotal. Incluso después de cumplir cien años continuaba celebrando misa diariamente en su domicilio, dedicado a la oración, la confesión y la dirección espiritual de quienes acudían a él en busca de consejo».

6 Diario Europa Sur: «Su centenario, celebrado el pasado 4 de marzo, sirvió para recordar una vida marcada por la fe y el servicio. Hoy, casi tres meses después de alcanzar esa simbólica cifra, La Línea pierde a uno de sus referentes morales y espirituales más importantes del último siglo».