Entrevista a Concepción Naval

Concepción Naval, vicerrectora de la Universidad de Navarra, participó en la Jornada Familia y Juventud que, con motivo de las celebraciones del Centenario del nacimiento del beato Josemaría Escrivá, ha organizado el Colegio Senara, obra corporativa del Opus Dei.

-En la reciente polémica sobre el botellón -consumo abusivo de alcohol- y la actitud de los jóvenes se ha hecho mucho hincapié en la importancia de la familia. ¿Qué falla en ella cuando el hijo o la hija cae en el botellón?

-Es clarísimo que algo se ha deteriorado en la vida familiar, quizás se ha perdido el sentido mismo de lo que es una familia. La primera sociedad educadora es la familia, eso es una realidad, y cuando se quiere dejar esta función a la escuela, a la sociedad, todo va mal. No debe la familia hacer dejación en otros de cosas que son elementales en la educación de los niños.

Recuerdo que hace años, cuando estuve trabajando en la Universidad de Harvard (Estados Unidos), una persona, encargada de hacer la selección de estudiantes para el Doctorado en Derecho, me contó lo siguiente. Puso una pregunta en los cuestionarios que decía: "¿Que te gustaría tener en tu vida que hasta ahora no hayas tenido?". Una gran mayoría contestó: "Una familia". Si respondían esto, es que, evidentemente, no la habían tenido o les había fallado.

No obstante, creo que el mundo está recuperando el concepto de familia. Hay que trabajar y hacer mucho más por ella, porque es ahí donde mejor se desarrolla la educación moral y cívica de los niños.

-¿Por qué los jóvenes se sienten tan carentes de un referente claro?.

-Los jóvenes necesitan un modelo. Cuando no tienen una familia, la buscan en otro lado: en Internet y chateando con otros, o la buscan en el botellón, con los compañeros del barrio. Ese sentido de dependencia afectiva, de necesidad de cariño lo tenemos todos, es algo natural. Lo que hay que hacer es intentar que los jóvenes recuperen esa afectividad en los ámbitos naturales, y que el chico no acuda a Internet para hablar con alguien, sólo porque en casa no le hablan o no hay nadie.

-¿Se puede educar en valores exclusivamente humanos y sin una dimensión religiosa?

-Una educación moral y afectiva humana bien conformada no se opone en absoluto a una educación religiosa. La educación religiosa se apoya en lo humano: hay que empezar a educar con virtudes humanas. Lo que falta, muchas veces, es unidad de vida, como enseña el beato Josemaría Escrivá. Cuando los niños se hacen adolescentes y falta ese sustento espiritual, no se puede decir que se les haya dado una educación genuinamente humana, porque ha fallado una importante dimensión: Dios. Cuando la libertad la autofundamos en nosotros mismos y no en un sustrato moral objetivo, no tiene raíces.