El valor del trabajo bien hecho

Artículo publicado en el Diario de Sevilla que resume la labor del Opus Dei a favor de la familia y la juventud andaluzas.

Josemaría Escrivá de Balaguer (Barbastro, 9 enero 1902- Roma, 26 junio 1975), fundador del Opus Dei (2 octubre 1928), beato de la Iglesia Católica (17 mayo 1992) y futuro santo al cumplirse el centenario de su nacimiento, tiene presencia activa en la docencia y formación integral de la juventud de nuestra ciudad desde hace medio siglo.

Fundaciones del Opus Dei son los colegios mayores Guadaira (1946), Almonte (1966) y Alborán (1974); el colegio Altair (1967), los centros de formación femenina Albaydar (1954) y Ribamar (1969), los clubes Palmera, Tarfía y Arquero, y sacerdotes de la Prelatura rigen la parroquia del Señor San José.

Todos tienen un mismo objetivo: descubrir el valor del trabajo bien hecho como camino de salvación, con especial atención a la familia y la juventud.

En marzo de 1995, poco después de cumplirse los cuarenta años de Albaydar, escribimos: "Ahora mismo, en la Sevilla con un pie en el siglo XXI, parece normal que existan escuelas dedicadas a la formación profesional de la mujer. Pero en 1954, hace ahora cuarenta años, pensar en la profesionalización de la mano de obra femenina, sobre todo más allá de las actividades ancestrales, era una aventura, una iniciativa poco común. Diríamos que un pecado gravísimo...

Colegio Mayor Alborán

Para algunos ya estaba bien con que aprendieran a leer, a escribir y las cuatro reglas... Pero las mujeres del Opus Dei no pensaban así y fundaron Albaydar. Entonces era un sueño la formación profesional adecuada para optar a puestos de trabajo cualificados en la empresa, las Administraciones públicas y la Universidad, quedando estériles muchos talentos y restringidas sus aportaciones a la economía".

Cuando nació Albaydar, por iniciativa de un grupo de mujeres del Opus Dei, se unieron varios objetivos. Es cierto que el principal era formar profesionalmente a la mujer para trabajar en la secretaría de dirección de empresas, pero también se trataba de lograr una formación integral de la mujer, como persona, para hacerla partícipe de la vida social sin barreras culturales.

Después de Albaydar vinieron Altair y Ribamar y, hay que recordar, que no fueron fáciles sus comienzos, y que recorrer un camino de más de treinta años ha supuesto muchos esfuerzos, porque siempre pusieron el rigor docente y la formación moral paralela, por encima de los intereses mercantiles.

Son éstas realidades espléndidas, aleccionadoras, frutos de la imaginación, de auténtica conciencia cristiana, de talento, de trabajo bien hecho. Y hay que decirlo bien alto: de amor al prójimo.