El mensaje de Dios

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

A partir del 2 de octubre de 1928, el Fundador del Opus Dei predica, con clarividencia y fuerza inconmovibles, la santidad de los laicos en medio del mundo, en el trabajo profesional, en la familia, en todas las encrucijadas de los hombres.

Esta espiritualidad se apoya sólidamente sobre la filiación divina, la identificación con Cristo y la seguridad protectora de la Providencia en los azares de la vida humana. Y de ella brota una consecuencia inmediata: la fraternidad universal en Aquel que es Hermano mayor de los hombres, Jesucristo.

La alegría inevitable de este descubrimiento, de este nuevo sentido que orienta las realidades del mundo, lleva al cristiano a un deseo de comunicación gozosa, de participación de sus propias convicciones. Por tanto, la llamada de Dios es esencialmente apostólica, proselitista. No como táctica ni como ambición de número, sino como entrega amistosa de una verdad que no puede reducirse a un solo corazón. Es la actitud de Pablo, de Pedro, de Juan..., de los primeros discípulos. La necesidad de compartir un hallazgo que entierra, para siempre, la oscuridad y la desesperanza.

El horizonte que Dios abre al Fundador del Opus Dei reconoce a las cosas de la tierra como aptas, válidas para la santidad. Toda circunstancia humana honrada recupera el valor intrínseco de su bondad natural, de su capacidad para hacerse camino, para ser elevadas al orden de la gracia, a la unión con Dios.

Monseñor Escrivá de Balaguer ha sido calificado como «pionero de la santidad de los laicos»(3). Al cabo de los siglos, volvía a recordar a la humanidad entera que el hombre había sido creado para que trabajara: “ ut operaretur " (4); " homo nascitur ad laborem et avis ad volatum ”(5): nace el hombre para el trabajo y el ave para volar.

El Opus Dei viene a decir que la ocupación habitual, la vida ordinaria, son materia para la participación diaria, esforzada, en la Redención de Cristo. Y este trabajo es santo en la medida en que se configura como un acto de servicio a las almas y un encuentro de amor con Dios. «Santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo»(6) es el quicio sobre el que gira toda la espiritualidad del Opus Dei.

Monseñor Escrivá de Balaguer despoja al quehacer cotidiano de cualquier carga negativa, y recupera aquel valor que aparece en el Evangelio según San Juan:

«Y les dice Pedro: “ Vado piscari ”. Voy a pescar. Va a ejercer su trabajo profesional. Las cosas grandes pasan ahí. Es una cosa grande hacer cada día el trabajo ordinario. Esta es la raíz de nuestra ascética. Y los demás le responden: “ Venimus et nos tecum ", vamos también nosotros contigo" (7)

Los llamados a realizar la plenitud del mundo en Cristo deben lograr del contacto con las situaciones diarias una conciencia íntima y profunda de la presencia de Dios que les desborda en cada encuentro. Así, «deifican» el mundo. Esto es elevar todo al orden de la gracia: situar de un modo permanente a Dios en el corazón, espacio y tiempo de las criaturas.

Así mirada, cualquier tarea resulta apasionante. Es el idéntico quehacer de cada día, evadido de la rutina por el amor que se agazapa tras los minutos, los cansancios y las limitaciones de todo lo contingente.