El hombre de Villa Tevere

Libro escrito por la periodista Pilar Urbano que narra anécdotas de la vida de San Josemaría durante su estancia en Roma.

Libro con garra que narra muchas anécdotas de la vida del fundador del Opus Dei durante su estancia en Roma.

A través de anécdotas y sucedidos nos trasmite una semblanza muy humana y sobrenatural de San Josemaría.

Editado en Plaza & Janés.

«El 14 de febrero de 1964 el fundador escribe al Papa una "nota de conciencia", un Appunto riservato all'Augusta Persona del Santo Padre. Ahí, entre otros asuntos, le propone alguna modificación del texto de las constituciones, que rigen para la Obra desde 1950 [...].

Tras la "nota reservada" al Papa hay una primera respuesta oficial, que es un dilata. Al fin, cuanto menos, ese breve vocablo elegantemente vago, en la diplomacia vaticana no significa un cierre de puertas, sino que la posibilidad queda en pie... para más adelante. No es un "no". Es un "todavía no".

No obstante, Pablo VI le hace ver a Escrivá que en el desarrollo del Vaticano II pueden abrirse nuevas vías que hagan posible la deseada solución institucional del Opus Dei».

(Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, pp. 91-92)

«Josemaría hace averiguaciones y logra saber que se ha creado una Comisión —para revisar el status jurídico del Opus Dei— en la que hay varias personas "notoriamente hostiles a la Obra", que han manifestado sus prejuicios y su animadversión, en público y en privado, repetidamente. Con los nombres y los testimonios de esas "muestras de parcialidad beligerante", Escrivá interpone un recurso en la Santa Sede, recusando e impugnando esa Comisión.

Pablo VI, en persona, se encargará de desbaratarla».

(Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 409)

«El propio Pablo VI, reconociendo que el Opus Dei no es una iniciativa humana, sino un mensaje, una misión, una vocación de urdimbre sobrenatural, le dirá un día:

—Dios le ha dado a usted el carisma, para que ponga en la calle la plenitud de la Iglesia».

(Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, p. 455)

«Desde hace años, y con una intensidad progresiva, Escrivá ofrece a Dios su propia vida —"¡y mil vidas que tuviera!", suele añadir, como si una sola le pareciera poco— a modo de do ut des para que en la Iglesia "se abrevie el tiempo de la prueba". No es un ofrecimiento gaseoso o fruto de un momento de especial fervor. Lo renueva cada mañana, con intención consciente, al celebrar la misa.

El mismo día de su muerte, a las nueve y veinticinco de la mañana, antes de salir en coche hacia Villa delle Rose (Castelgandolfo), llama a dos hijos suyos, miembros del Consejo general: Giuseppe Molteni, seglar, y Francisco Vives, sacerdote. Les explica que el doctor Ugo Piazza, médico y amigo personal del Papa, desea hablar con alguien de la Obra. A este hombre le han diagnosticado un cáncer irreversible, con un pronóstico de pocos meses de vida. Escrivá quiere ir a visitarle. Pero antes, para atenderle en lo que desee, los envía a ellos. Además, les confía un mensaje muy concreto, que el doctor Piazza ha de transmitir a Pablo VI, si tiene ocasión de verle o de hablar con él por teléfono:

"Que todos los días, desde hace años, ofrezco la Santa Misa por la Iglesia y por el Papa. Podéis asegurarle —porque me lo habéis oído decir muchas veces— que he ofrecido al Señor mi vida por el Papa, cualquiera que sea. Nosotros estamos callados y procuramos trabajar mucho y con paz, aunque en la Iglesia haya algunos que no nos ven con simpatía".

Nada más despedir a Molteni y a Vives, comunica por el teléfono interior con Carmen Ramos, la Secretaria central, que a esa hora está trabajando en su oficina de La Montagnola. Le hace el mismo encargo. Con idénticas palabras, pero indicándole que hable con la hija del doctor Piazza».

(Pilar Urbano, El hombre de Villa Tevere, pp. 460-461)

Pilar Urbano