Educar a una niña es perder el tiempo

Artículo en Alfa y Omega sobre Vanessa Koutouan, Premio Harambee España 2015 a la Promoción y Dignidad de la Mujer Africana.

Educar a una niña africana es perder el tiempo y los escasos recursos económicos, porque su destino no es contribuir al desarrollo de su comunidad. Su horizonte es casarse. Y cuanto antes, mejor. Una vez que encuentra varón –suertuda ella–, todos sus deseos, anhelos y esperanzas se transforman en complacer al pariente y trabajar como una burra para satisfacer sus necesidades. Es sorprendente pasear por los caminos de Múa, en la selva malawiana, y ver a niñas cargadas como mulas con saco de cereal, bidón de agua, ramas secas y niño. Cargadas durante kilómetros. Cada día.

No suelto yo esta perla como una muzungu blanquita, en swahili– de pro, desde mi poltrona occidental, porque me apetece ponerme femme fatal. Quien lo ha dicho, y yo lo reproduzco, es Vanessa Koutouan, una joven costamarfileña que ha pasado por Madrid estos días para recibir el Premio Harambee a la Promoción y Dignidad de la Mujer Africana. Ella, universitaria, reconoce que, en su país, el pensamiento generalizado es que las niñas no están preparadas para estudiar. Y no le gusta. Por eso, ha optado por no hacer lo que hace la mayoría de los jóvenes africanos, que salen corriendo de un continente sin oportunidades. Ella ha decidido quedarse y no precisamente en la capital, donde podría labrarse un futuro mejor. Se ha ido a vivir a M'Batto Bouaké, una zona rural especialmente pobre. Allí, está al frente del Centro Rural Ilomba, donde las adolescentes se forman profesionalmente para «que puedan ser autónomas e independientes en el futuro, de tal manera que no tengan que ser obligadas a casarse muy jóvenes para sobrevivir, y puedan tener recursos educativos suficientes para librarse de un futuro condicionado casi exclusivamente a ser esclavas». Desafiar el pensamiento dominante, tradicional y culturalmente implantado bien merece ese Premio, que otorga Harambee España cada año.

En este centro, que lleva abierto desde 1989 gracias al impulso del Beato Álvaro del Portillo, se forman 100 chicas en diversas profesiones.

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