Discurso de Benedicto XVI al UNIV 2006

Discurso que el Santo Padre ha dirigido a los universitarios del congreso UNIV 2006, en Roma.

Queridos amigos:

Os dirijo un cordial saludo a todos vosotros que, continuando una tradición que dura ya algunos años, habéis venido a Roma para la vivir la Semana Santa y participar en el encuentro internacional UNIV. Pertenecéis, como se puede ver, a numerosos países y con frecuencia os interesáis por las actividades de formación cristiana que la Prelatura del Opus Dei promueve en vuestras ciudades. Bienvenidos a este encuentro y gracias por vuestra visita. Saludo, en particular, a vuestro Prelado Mons. Javier Echevarría Rodríguez, así como a vuestro joven representante, expresándoles mi gratitud por los sentimientos manifestados en nombre de todos.

Vuestra presencia en Roma, corazón del mundo cristiano, durante la Semana Santa, os ofrece la ocasión de vivir intensamente el misterio pascual. Os permite, en particular, encontrar a Cristo más íntimamente, especialmente a través de la contemplación de su pasión, muerte y resurrección. Él es quien, como he escrito en el Mensaje para la XXI Jornada Mundial de la Juventud, orienta vuestros pasos, vuestros estudios universitarios y vuestras amistades, en el ir y venir de la vida cotidiana. También para cada uno de vosotros, como ocurrió con los Apóstoles, el encuentro personal con el divino Maestro que os llama amigos (cfr. Jn 15, 15) puede ser el comienzo de una aventura extraordinaria: la de llegar a ser apóstoles entre las personas de vuestra edad, para llevarles a vivir vuestra misma experiencia de amistad con el Dios hecho Hombre, con Dios que se ha hecho mi amigo. No olvidéis nunca, queridos jóvenes, que del encuentro y amistad con Jesús depende, al fin y al cabo, vuestra, nuestra felicidad.

Me parece de gran interés el tema en el que estáis profundizando en vuestro Congreso, es decir, la cultura y los medios de comunicación social. Desgraciadamente, debemos constatar que, en nuestro tiempo, las nuevas tecnologías y los medios de comunicación de masas no siempre favorecen las relaciones personales, el diálogo sincero, la amistad entre las personas; no siempre ayudan a cultivar la interioridad de la relación con Dios. Para vosotros, lo sé bien, la amistad y el contacto con los demás, especialmente con los de vuestra edad, representan una parte importante de la vida de cada día. Es necesario que consideréis a Jesús como a uno de vuestros amigos más queridos, es más, como al primero. Os daréis cuenta entonces cómo la amistad con Él os llevará a abriros a los demás, a los que veréis como hermanos, obsequiando a cada uno con una relación de amistad sincera. Jesucristo, de hecho, es el mismo «amor encarnado de Dios» (cfr. Deus caritas est, 12), y sólo en Él es posible encontrar la fuerza para ofrecer a los hermanos afecto humano y caridad sobrenatural, en un espíritu de servicio que se manifiesta sobre todo en la comprensión. Es una gran cosa verse comprendido por el otro, y comenzar a comprender al otro.

Queridos jóvenes, dejadme que os repita lo que tuve ocasión de decir a los de vuestra edad reunidos en Colonia en agosto del año pasado: quien ha descubierto a Cristo no puede dejar de llevar también a otros hacia Él, puesto que una gran alegría no es para quedársela, sino para comunicarla. Ésta es la tarea a la que os llama el Señor; éste es el “apostolado de amistad” que san Josemaría, fundador del Opus Dei, describe como «amistad personal, sacrificada, sincera: de tú a tú, de corazón a corazón» (Surco, n. 191). Cada cristiano es invitado a ser amigo de Dios y, con su gracia, a atraer a Él a los propios amigos. El amor apostólico se convierte así en una auténtica pasión que se traduce en comunicar a los demás la felicidad que se encuentra en Jesús. De nuevo san Josemaría os recuerda algunas palabras clave de este vuestro itinerario espiritual: «Comunión, unión, comunicación, confidencia: Palabra, Pan, Amor» (Camino, n. 535) las grandes palabras que expresan los puntos esenciales de nuestro camino. Si cultiváis la amistad con Jesús, si frecuentáis la práctica de los Sacramentos, y especialmente los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, estaréis en condiciones de convertiros en la «nueva generación de apóstoles, radicados en la palabra de Cristo, capaces de responder a los retos de nuestro tiempo y preparados para difundir el Evangelio en todas partes» (Mensaje para la XXI Jornada Mundial de la Juventud).

Que la Virgen Santa os ayude a decir siempre vuestro “sí”al Señor que os llama a seguirlo, y que san Josemaría interceda por vosotros. Deseando que viváis la Semana Santa en oración y reflexión, en contacto con tantas huellas de la fe cristiana presentes en Roma, os bendigo con afecto a vosotros, a cuantos se ocupan de vuestra formación y a todos vuestros seres queridos.