Diario de Juan Jiménez Vargas (6-15 de octubre de 1936)

“El Fundador del Opus Dei”, biografía escrita por Andrés Vázquez de Prada

(original en AGP, RHF, D-15347)

(Escrito en borrador, en dos hojas con membrete de Diario Clínico. Las hojas estaban en su casa de San Bernardo, encima de su escritorio, cuando le detuvieron el día 15)

6 de octubre de 1936

Fui a buscar a Barredo a las 9½. Anoche le telefoneó D. Alejandro para que le viésemos hoy a las nueve. Hablaba de una manera que podía comprometerle.

En su casa, apenas llamamos, salió su hermana medio llorando, haciendo señas para que nos marcháramos porque tenían un registro.

Estuvimos con Vicente. En su casa le parece que no hay seguridad. Hablaría con los de enfrente, que es la casa del cónsul griego, y se enteraría del sanatorio psiquiátrico que tienen en la colonia.

Se nos hizo tarde y cuando llegamos a casa del secretario de la embajada de Cuba, ya se había ido.

A la tarde volví a casa de Vicente. Lo del cónsul griego no puede ser. A las 5 vendría una chica que vive allí cerca y conoce a los del sanatorio. Fui con ella y me presentó al director. No tienen inconveniente, pero dando el nombre a la Dirección de Seguridad como todos los enfermos.

A última hora viene Joaquín a mi casa. Está todo arreglado. Fue esta mañana con Infante al sanatorio de Suils. El Padre puede quedarse allí sin dar el nombre a la Dirección de Seguridad.

7 de octubre de 1936

A las 10 vinieron a mi casa el Padre y Joaquín. Enseguida, Chiqui, que se confesó con el Padre. La criada de Joaquín le decía esta mañana: "buenos días, Padre".

[Joaquín] llamó al parque para que viniese aquí el coche y avisamos a la portera que preguntaría por el doctor Herrero Fontana.

Hemos escondido la cédula en mi casa. Suils le firmará el certificado seguramente con nombre falso.

El Padre cuenta que la ropa interior que lleva, cada cosa es de uno.

Me telefonea Vicente preguntando por el Dr. Vargas y tratándome de usted, como habíamos convenido. Si no nos oyen reír, desde luego que despista.

8 de octubre de 1936

Isidoro fue a ver a Álvaro. Está muy bien. Nadie los ha visto entrar en su casa nada más que el portero, que estaba muy cambiado. Estuve con Barredo a primera hora de la tarde en casa del secretario de la embajada de Cuba, no estaba o no quiere recibir.

Vi a Selesio, iban buscando a los de Villaviciosa, pero al ver que la casa está protegida por la embajada se fueron sin registrar.

A poco de salir de mi casa, vino Joaquín. Salió todo muy fácil y el Padre está bien.

9 de octubre de 1936Llevé el diario a casa de Vicente porque lo hacemos a medias, yo lo escribo y él pone lo que falta: puntos, acentos, comas, haches, etc. Estuve mucho rato, no haríamos nada útil, pero lo que es reírnos ya nos reímos.

10 de octubre de 1936

Llevé a Isidoro unos Evangelios porque en el "registro" que ha hecho su madre, sólo ha dejado sin quemar la "Guía de pecadores" por tener pastas rojas.

Estuve ayer en casa de Álvaro. No se puede hacer nada en la embajada de México. Han asesinado a uno que servía de intermediario con la embajada para estos asuntos.

Barredo volverá a ver a su prima. Cree que no podrá conseguir nada en San Luis de los Franceses. Ya le habría avisado si supiera algo, porque hace dos días que le habló de esto.

Estamos un poco intranquilos con el Sanatorio. Nos parece que tienen demasiada poca vergüenza a la hora de cobrar y esto no da mucha confianza en lo seguro que esté allí. Yo ya sabía esto y me parecía una razón para intentarlo porque se prestarían con tal de cobrar.

11 de octubre de 1936

Fui con Barredo a casa de Isidoro a llevarle un libro de gimnasia. Nos fuimos los 3 a dar una vuelta hacia San Luis de los Franceses. Tiene aspecto de estar deshabitado. Según parece, lo que hablaron a Barredo se refiere al hospital y no al colegio.

Seguimos sin saber de Sellés y nos preocupa no poder ayudarle porque en esta epidemia de egoísmo cobarde que padece Madrid, él y las Leyva son casos excepcionales de generosidad.

12 de octubre de 1936

Telefoneé a Chiqui y me dijeron que no puede salir de casa porque tiene mucho catarro. No me atreví a ir a verle por su portero.

Estuve toda la mañana en casa de Vicente.

Después de comer fui a casa de Barredo. Vi a Sellés por la calle. No han hecho registro en su casa.

Isidoro y yo acompañamos un poco a Barredo, que iba a clase de inglés y luego estuvimos un rato en Rosales.

13 de octubre de 1936

Cuando iba a salir de casa telefonea el médico de guardia del sanatorio. El Padre está bien. Podemos ir a verle si queremos.

Barredo, Isidoro y yo nos pasamos la mañana en el parque haciendo como que estudiábamos inglés.

La madre de Herrero (no estaba él en su casa) dice que es un disparate visitar al Padre. Se comprende que esté intranquilo sin saber nada de nosotros, pero hay que aguantarse. Tiene razón, aunque me figuro lo que estará pasando el Padre completamente aislado.

A nosotros nos gustaría verle, pero no vamos a crear nuevas complicaciones por bobadas afectivas. Por eso fui a casa de Suils esta tarde. Le he dicho que el Padre no se ocupe de nadie, como si no estuviéramos en Madrid. Ni teléfono ni nada. Únicamente, si hay peligro para él que me avisen a mi casa. Me cuenta que simuló una afasia histérica. Ahora ya habla algo, muy poco, para no dar lugar a sospechas.

14 de octubre de 1936

A la mañana estuvimos en casa de Barredo. Él se fue a ver a Sellés. Isidoro y yo estuvimos perdiendo el tiempo por la calle hasta la hora de comer. Después de comer estuve en casa de Isidoro. Vino Elordi a mi casa cuando yo no estaba.

15 de octubre

A primera hora de la tarde fui a casa de Barredo. Nos parece que sería conveniente hablar con Elordi por si podemos conseguir al Padre un salvoconducto como nacionalista vasco. Esto aunque no tenga que salir del sanatorio, porque anoche la policía recorrió Madrid pidiendo la documentación en las casas y detuvieron a muchos. No basta la cédula, exigen documentación de confianza del Frente Popular.

[...] Sellés está viendo la manera de que el Padre pueda celebrar misa en su casa. Esto me lo dijo Barredo cuando se marchó Valdés, porque si lo oye, se asusta y nos echa un jarro de agua fría.

Es algo encantador la "imprudencia" de Sellés. En su casa no, pero en el sanatorio creo que sí se podrá. Claro que sin que se lo imagine nadie. Se llevarían un disgusto en casa de Joaquín. Su madre ayer me decía que se acuerda siempre de mí y pide mucho porque me estoy jugando la vida (!!!) andando tanto por la calle. Le contesté que debo tener 7 vidas como los gatos y todavía tengo de sobra porque entre todos los médicos y los golpes que he padecido durante estos años no han conseguido gastar más de 4 ó 5.