Desde Brasil

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

Brasil es una generosa tierra que ha sabido acoger y adaptar sus posibilidades a todo tipo de inmigración: blancos, amarillos, negros, mestizos de varias tonalidades y hasta un rastro de indio aborigen de las orillas amazónicas.

Cuando Monseñor Escrivá de Balaguer tenga la oportunidad de hablar con los brasileños, durante su viaje en 1974, les dirá:

«Hay mucho trabajo, mucha labor que hacer en Brasil. Y hay muchas almas buenas. Vosotros tenéis en el corazón el fuego de Dios, el que Jesucristo vino a traer a la tierra, y hay que pegarlo a otros corazones. Tenéis simpatía y bondad, capacidad humana y sobrenatural para hacerlo»(8).

Tomando el símil de la fecundidad de esta tierra, les anima a hacer una generosa siembra apostólica:

«Me contaron que habéis plantado no sé dónde las maderas de una portería de fútbol, ¡y les han salido ramas! De modo que, con un poquito de empeño y de buena voluntad, con un poquito de cariño... »(9).

Está diciendo a sus hijos, ya numerosos, que han de llevar el espíritu del Opus Dei a todas partes: en Brasil y desde Brasil.

Buena frase para un pueblo que sabe mucho de conquistas y trabajo frente al obstáculo de la selva, a través de la oscuridad y el peligro. Para esta heterogénea sociedad que forja la grandeza y diversidad de su futuro.

Los primeros miembros del Opus Dei arriban al Brasil en marzo de 1957. Algún tiempo después montan en Sáo Paulo la Residencia de estudiantes que habrá de llamarse Pacaembu .

El día 19 de septiembre, a las once de la mañana, el barco que trae a Brasil a las primeras mujeres del Opus Dei entra en la bahía de Río de Janeiro. El Páo de Accucar se refleja en el espejo de un mar manso y azul. Allá arriba, el Corcovado se empina hasta 709 metros de altura. Desde su cumbre, la estatua del Corazón de Jesús, con sus cuarenta metros, abre los brazos sobre esta región inmensa.

Les sorprende todo en esta nueva tierra que ya es la suya. Las cartas que envían al Padre hablan de esta ingente labor que se adivina a las puertas. Y del espíritu formidable de un pueblo, hecho con muchos pueblos, y que lucha por la conquista del suelo y del trabajo. En 1960 se abre el primer Centro de la Sección de mujeres en Sáo Paulo. Desde el Brasil, el mundo está a la vista.