Cronología San Josemaría

Cronología extensa del fundador del Opus Dei

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Orígenes. por ambas líneas.

Antepasados paternos. Bisabuelo: José María Escrivá Manonelles (Balaguer, 1796—1860), médico, que casó con Victoriana Zaydín (Perrarúa, 1801-1860).

Uno de sus hijos fue José Escrivá Zaydín (1825-1894), que contrajo matrimonio en 1854 con Constancia Corzán Manzana (1825-1912).

El menor de los seis hijos, de este matrimonio, José Escrivá Corzán, (Fonz,15-X-1867 —Logroño, 27-IX-1924), comerciante de tejidos, fue el padre de San Josemaría. Uno de sus hermanos, Teodoro (1861-1933), fue sacerdote.

Antepasados maternos. Manuel Albás (Boltaña, 1807-1850) casó en 1830 con Simona Navarro (Barbastro, 1807-1874).Sus hijos Pascual (1831-1886)y Juan Albás contrajeron matrimonio el mismo día con dos hermanas: Florencia (1837-1925) y Dolores Blanc. Pascual y Florencia tenían doce hijos cuando tuvieron en 1877 dos hijas gemelas: Dolores y Concepción, que murió dos días después de nacer.

Dolores Albás Blanc es la madre de san Josemaría (Barbastro, 23-III-1877 —Madrid, 22-IV-1941). Doña Dolores tenía dos hermanas religiosas: Pascuala, Hija de la Caridad (1875-1930) y María Cruz, carmelita del Convento de la Encarnación de Huesca (1873-1938) y dos hermanos sacerdotes: Carlos (1869-1950) y Vicente (1868-1950).

Padres de San Josemaría

José Escrivá y Dolores Albás Blanc, padres de San Josemaría, se casaron el 19-IX-1898, en Barbastro. Su primera hija fue Carmen (16-VII-1899 — 20-VI-1957).

1902. Nacimiento.

San Josemaría nació en Barbastro, provincia de Huesca, en el Alto Aragón, el 9-I-1902. La localidad tenía entonces 7.000 habitantes. Su ambiente era comercial y agrícola.

1902. Enero. Bautizo.

El 13-I-1902 don Ángel Malo bautizó a San Josemaría en la parroquia de La Asunción (catedral), con los nombres de José, María, Julián y Mariano. Luego San Josemaría unió los dos primeros nombres por devoción a la Virgen y a San José. Los escribía unidos, del mismo modo que los tenía unidos en su alma. Su padrino: Mariano Albás (1866), primo de su madre, casó en 1896 y tras enviudar en 1899, se ordenó sacerdote en 1902. Murió asesinado por odio a la religión.

1902. Abril. Confirmación.

El 23-IV-1902 fue confirmado, con todos los niños de Barbastro, por Juan Antonio Ruano y Martín, Obispo de Barbastro.Padrinos: Ignacio Camps y Juliana Erruz.

Familia.

Los Escrivá eran una familia de tradición cristiana: Me hizo nacer en un hogar cristiano, como suelen ser los de mi país, de padres ejemplares que practicaban y vivían su fe (Meditación. 14-II-1964) Vázquez de Prada, I, pág. 13).

Recordaba costumbres cristianas de su infancia, como el Nacimient, o el villancico "Madre en la puerta hay un niño": Cuando yo tenía unos tres años , mi madre me cantaba esta canción, me tomaba en sus brazos, y yo me adormecía muy a gusto (Vázquez de Prada, I, pág. 32).

1904. Enfermedad y curación.

En 1904 fue desahuciado por los médicos Ignacio Camps y Santiago Gómez Lafarga. Su madre invocó a la Virgen de Torreciudad. Curó sorprendentemente y sus padres le llevaron en acción de gracias, a lomo de caballería, a Torreciudad. ¡Señora y Madre mía! Tú me diste la gracia de la vocación; me salvaste la vida, siendo niño; me has oído ¡muchas veces!... (Vázquez de Prada;I. pág. 30, Apuntes, n. 122).

Le decía su madre: "Hijo mío, tú ya estabas más muerto que vivo; cuando Dios te ha conservado en la tierra, será para algo grande..." (VP, I, 30).

1906—1908. Estudios.

Asistió de pequeño al Parvulario del Colegio de las Hijas de la Caridad.

"–Hablando de sí mismo decía: Recuerdo que un chico, al rezar el Señor mío Jesucristo, en lugar de decir propósito de la enmienda, pronunciaba 'de la almendra'. No sabía qué era la enmienda, pero las almendras, sí, porque le gustaban. Ese niño era yo. Aquella oración manifestaba también la buena voluntad de querer agradar a Dios y de portarse bien; la 'almendra' de nunca más volver a pecar. Comenzarían a enseñarme esa oración hacia los tres años, y hasta los siete (los setenta) no he pasado de la 'almendra'. Y por eso doy gracias a Dios. (Alvaro del Portillo,———- pág. 60)

Primera Confesión.

Se confesó por primera vez con el padre escolapio Enrique Labrador de Santa Lucía (Codoñera, Teruel, 1855— 1912, Daroca):"me llevó mi madre a su confesor, cuando tenía seis o siete años, y me quedé muy contento. Siempre me ha dado mucha alegría recordarlo..." Le puso como penitencia tomar un huevo frito: ¿No es un encanto? Que venga al corazón del niño –que todavía no sabe nada de la vida– el confesor de la madre, a decirle que le den un huevo frito... ¡Es magnífico! ¡Aquel hombre valía un imperio! (Vázquez de Prada, T. I).

1912. Primera Comunión

Preparación. El padre escolapio Manuel Laborda de la Virgen del Carmen (Borja, Zaragoza, 1848 — Barbastro, 1929) le preparó para la Primera Comunión y le enseñó la oración de la comunión espiritual.

Hizo la Primera Comunión el 23-IV-1912, fiesta de San Jorge. "En las fechas destacadas de mi vida (...) el Señor siempre ha querido mandarme alguna contrariedad" "Hasta el día de mi Primera Comunión, cuando me estaban vistiendo, al peinarme, quisieron rizarme y me hicieron una quemadura con la tenacilla. No era una cosa grave, pero para un niño de aquella edad, era bastante". (Encarnación Ortega, AGP, RHF, T-05074, pp. 45 y 140.)

1910-1913. Mueren sus tres hermanas menores.

Durante esos años fallecen por enfermedad las tres hermanas que habían nacido tras él: Rosario (2-X-1909 —11-VII-1910), con nueve meses; Lolita (10-II-1907 —10-VII-1912) con cinco años; Asunción, "Chon" (15-VIII-1905 —6-X-1913) con ocho años. "Dijo en uno de esos momentos: La próxima me toca a mí; a lo que su madre replicó: "No, tú estás consagrado a la Virgen" (Francisco Botella, En VP: Sum. 5609).

Figura de sus padres

Recordaba a su padre como un hombre recto, trabajador, cariñoso, y afable. Agradecía que le tomase siempre en serio (VP, I, 35) —; y a su madre como una mujer laboriosa y serena. "No recuerdo haberla visto nunca desocupada; siempre estaba atareada en alguna cosa: hacía una labor de punto, cosía o recosía prendas de ropa, leía... No tengo memoria de haber visto jamás a mi madre ociosa. (...) Era una buena madre de famila, de familia cristiana y sabía aprovechar el tiempo.

Formación cristiana

Sus padres le enseñaron a rezar y a practicar las obras de misericordia.Y recuerdo aquellos blancos días de mi niñez: la catedral, tan fea al exterior y tan hermosa por dentro... como el corazón de aquella tierra, bueno, cristiano y leal, oculto tras la brusquedad del carácter baturro. Luego, en medio de una capilla lateral, se alzaba el túmulo donde la imagen yacente de Nuestra Señora descansaba... Pasaba el pueblo, con respeto, besando los pies a la Virgen de la Cama... Mi madre, papá, mis hermanos y yo íbamos siempre juntos a oír Misa. Mi padre nos entregaba la limosna, que llevábamos gozosos, al hombre cojo, que estaba arrimado al palacio episcopal. Después me adelantaba a tomar agua bendita, para darla a los míos. La Santa Misa. Luego, todos los domingos, en la capilla del Santo Cristo de los Milagros rezábamos un Credo. (Apuntes Intimos, nº 228 y 229).

Carácter de niño.

"Era un niño normal en el pleno sentido de la palabra", comenta Adriana Corrales, amiga de la infancia.

Los testimonios le describen como un niño de carácter abierto y aficionado a la lectura.Le educaron sus padres "dejándome en libertad muy grande desde chico, vigilándome al mismo tiempo con atención. Trataban de darme una formación cristiana (... ) Todo normal, todo corriente, y pasaban los años". De pequeño había dos cosas que me molestaban mucho: besar a las señoras amigas de mi madre, que venían de visita, y ponerme trajes nuevos. Cuando vestía un traje nuevo, me escondía debajo de la cama y me negaba a salir a la calle, tozudo...; y mi madre, con un bastón de los que usaba mi padre, daba unos ligeros golpes en el suelo, delicadamente, y entonces salía: por miedo al bastón, no por otra cosa. Luego, mi madre con cariño me decía: Josemaría, vergüenza sólo para pecar. Muchos años después me he dado cuenta de que había en aquellas palabras una razón muy profunda. (VP, I, 34)

1912-1915. Bachillerato.

En junio de 1912 acabó la instrucción Primaria examinándose en Huesca. En los tres cursos siguientes hizo los tres primeros cursos de Bachillerato en el Colegio de los Escolapios, de Barbastro, examinándose en Lérida.

Según el Semanario Juventud (Junio,1914): es uno de los alumnos con mejores calificaciones de 2º curso de bachiller.

Da muestras de genio vivo: una vez, en clase, tira el borrador contra la pizarra, protestando: Esa pregunta no la ha explicado. Días después, iba yo con mi padre, por la calle, y vino a nuestro encuentro ese mismo fraile. Pensé: ¡adiós!, ahora se lo cuenta a mi padre... Efectivamente, se detuvo, le comentó una cosa amable... y se despidió sin decir nada. Le quedé tan agradecido por su silencio, que todos los días rezo por él. (VP, I, 58)

Recuerdos infantiles

Son propios de una pequeña ciudad de ambiente rural, cercana al Pirineo. He gozado, en mis temporadas de verano, cuando era chico, viendo hacer el pan (VP, I 53).

Se quedaron muy grabadas en mi cabeza de niño aquellas señales que, en las montañas de mi tierra, colocaban a los bordes de los caminos; me llamaron la atención unos palos altos, ordinariamente pintados de rojo. (VP, I 53).

Yo recuerdo que, en la tierra mía, cuando llegaba la temporada de la siega, y no existían aún estas modernas máquinas agrícolas, cargaban con esfuerzo a lomos de mulo o de pobres borriquitos las gavillas de mies. Y llegaba un momento en la jornada, al mediodía, en que acudían las mujeres, las hijas, las hermanas..., tocada graciosamente la cabeza con un pañuelo para que el sol no quemara su piel, más delicada que la de los hombres, y llevaban vino fresco... (VP, I, 54).

Recuerdo haber visto, de niño, a los pastores envueltos en sus zamarras de piel, en los días crudos del invierno del Pirineo, cuando la nieve todo lo cubre, bajar por las cañadas de esa tierra mía, con aquellos perros fidelísimos y aquel borrico cargado con todos los enseres (VP, I, 54).

1914. Quiebra del negocio paterno.

Quebró el negocio de su padre. Los Escrivá se trasladaron a Logroño entre la incomprensión de los parientes. Y vi a mi padre como la personificación de Job. Perdieron tres hijas, una detrás de otra, en años consecutivos, y se quedaron sin fortuna. Yo sentí el zarpazo de mis pequeños colegas; porque los niños no tienen corazón o no tienen cabeza, o quizá carecen de cabeza y de corazón... (Meditación, 14.II.1964, VP. I, 59).

Su padre tomó la decisión de pagar las deudas, aunque no estaba obligado en justicia, ya que la causa de la quiebra no había sido por culpa suya: había podido quedar en una posición brillante para aquellos tiempos, si no hubiera sido un cristiano y un caballero. (Meditación, 14.II.1964; VP, I. 60).

Tengo un orgullo santo: amo a mi padre con toda mi alma, y creo que tiene un cielo muy alto porque supo llevar toda la humillación que supone quedarse en la calle, de una manera tan digna, tan maravillosa, tan cristiana (VP, I, 62).

Traslado a Logroño

En junio de 1915 se examinó en el Instituto de Lérida. Pasó el verano en Fonz: su padre ya estaba en Logroño. A mediados de septiembre se fueron a Logroño en diligencia, temprano, sin que nadie de la familia fuera a despedirles.

Trabajo de su padre en Logroño

En los primeros meses de 1915 José Escrivá había comenzado a trabajar en Logroño, ciudad de 25.000 habitantes, como dependiente en el comercio de tejidos La Gran Ciudad de Londres de Antonio Garrigosa y Borrell. Y fuimos adelante. Mi padre, de un modo heroico (...). Le habían quedado dos hijos y mi madre; y se hizo fuerte, y no se perdonó humillación para sacarnos adelante decorosamente . Casa en Logroño

Vivían en la 4º planta del nª 18 de la calle Sagasta. Sufrieron fuertes agobios económicos: mis padres calladamente heroicos, son mi gran orgullo (VP, I, 82). Fueron tiempos muy duros (VP, I. 72).

Bachillerato.

Estudió el Bachillerato por las mañanas en el Instituto Práxedes Mateo Sagasta de Logroño con buenas calificaciones. Asistía por las tardes a un colegio privado, el San Antonio, para repasar. Recuerdo cómo anduve algún tiempo en un colegio, dirigido por seglares, que se llamaba de San A(ntonio).(Apuntes, n. 105).

Aspiraciones

Deseaba ser arquitecto. Su hermana Carmen, estudiaba Magisterio en la Normal.En casa continuaron mi educación, para darme una carrera universitaria, a pesar de la ruina familiar, cuando muy bien pudieron, en justicia, haberme puesto a trabajar en cualquier cosa. (VP.I, 91)

Situación familiar

Le costaba la situación económica precaria en que habían quedado: me rebelaba ante la situación de entonces. Me sentía humillado. Pido perdón (Meditación, 14.II.1964, VP, I, 62). Dios me ha hecho pasar por todas las humillaciones, por aquello que me parecía una vergüenza, y que ahora veo que eran tantas virtudes de mis padres. Lo digo con alegría. El Señor tenía que prepararme; y como lo que había a mi alrededor era lo que más me dolía, por eso pegaba ahí. Humillaciones de todo estilo, pero a la vez llevadas con señorío cristiano: lo veo ahora, y cada día con más claridad, con más agradecimiento al Señor, a mis padres, a mi hermana Carmen... (VP, I, 84)

Comienza la Primera guerra Mundial.

Entonces tenía unos quince años, y leía con avidez en los periódicos las incidencias de la Primera Guerra... Pero sobre todo rezaba mucho por Irlanda. No iba en contra de Inglaterra, sino a favor de la libertad religiosa. (VP, I, 90).

1917-18. Navidades. Huellas en la nieve

Un día de esas Navidades las huellas de los pies de un carmelita (José Miguel de la Virgen del Carmen, fallecido el 23-IX-1942) que caminaba sobre la nieve, le suscitaron un fuerte deseo de entrega. "El Señor me fue preparando a pesar mío, con cosas aparentemente inocentes, de las que se valía para meter en mi alma esa inquietud divina. Por eso he entendido muy bien aquel amor tan humano y tan divino de Teresa del Niño Jesús, que se conmueve cuando por las páginas de un libro asoma una estampa con la mano herida del Redentor. También a mí me han sucedido cosas de este estilo, que me removieron y me llevaron a la comunión diaria, a la purificación, a la confesión... y a la penitencia". Entrega a Dios

Al ver aquellas huellas, experimentó una profunda inquietud espiritual, que le suscitó un deseo de entrega "Recuerdos del Fundador del Opus Dei en una meditación, 19-III-1975: Comencé a barruntar el Amor, a darme cuenta de que el corazón me pedía algo grande y que fuese amor (...). Yo no sabía lo que Dios quería de mí, pero era, evidentemente, una elección. Ya vendría lo que fuera... De paso me daba cuenta de que no servía, y hacía esa letanía, que no es de falsa humildad, sino de conocimiento propio: no valgo nada, no tengo nada, no puedo nada, no soy nada, no sé nada....".

Mi Madre del Carmen me empujó al sacerdocio. Yo, Señora, hasta cumplidos los dieciséis años, me hubiera reído de quien dijera que iba a vestir sotana. (1918. De Navidades a junio. En los meses siguientes habló con el padre José Miguel. Empezó a profundizare n su vida cristiana. Cuando sentía los barruntos de la Obra, pero todavía no sabía con claridad qué es lo que el Señor quería de mí, comencé a asistir a la Santa Misa diariamente. (VP, I, pág. 113)

¿Carmelita?

Al cabo de unos tres meses, hacia marzo, este religioso le propuso ser carmelita. No era lo suyo. Comenzó a pedir luces. Durante años, a partir del primero de mi vocación en Logroño tuve, por jaculatoria, siempre en mis labios: Domine, ut videam! Sin saber para qué, yo estaba persuadido de que Dios me quería para algo. Así estoy seguro de haberlo manifestado alguna o algunas veces a tía Cruz (Sor Mª de Jesús Crucificado) en cartas que le envié a su convento de Huesca. La primera vez que medité el pasaje de San Marcos del ciego a quien dio vista Jesús, cuando aquel contestó, al "qué quieres que te haga" de Cristo, "Rabboni, ut videam", se me quedó esta frase muy grabada" (Apuntes, n. 289, VP, I, 100) "Decía y escribía, sin saber por qué: ut videam!, Domine, ut videam! Y otras veces: ut sit! Que vea Señor, que vea. Que sea. (Apuntes, n. 289, VP, I, 100)

Decidió ser sacerdote.

Comunica su decisión a sus padres. Hijo mío, piénsalo bien. Los sacerdotes tienen que ser santos... Es muy duro no tener casa, no tener hogar, no tener un amor en la tierra... Piénsalo un poco más, pero yo no me opondré. Y me llevó a hablar con un sacerdote amigo suyo, el abad de la colegiata de Logroño. Comenzó a confesarse con don Ciriaco Garrido, el canónigo penitenciario de la Colegiata: lo recordaba como uno de los primeros que dieron calor a mi incipiente vocación (Apuntes, 959; VP, I, 103).

Ambiente.

El sacerdocio no estaba excesivamente considerado desde el punto de vista social: Yo recuerdo con qué cara de lástima —y como mirándome por encima del hombro— se fijaban en mí los compañeros del Instituto, cuando, al terminar el bachillerato, comencé la carrera eclesiástica (Apuntes íntimos, n. 53; VP, I, pág. 114)

1918. Seminario de Logroño.

En el último trimestre de 1918 comenzó sus estudios sacerdotales como alumno externo del Seminario de Logroño, cercano a su casa, como era habitual en alumnos residentes en la ciudad. Durante dos años hizo allí los estudios de Humanidades, Filosofía, y primer curso de Teología.Recordaba, agradecido la ayuda que había recibido por parte de aquel sacerdote santo, vicerrector del Seminario, D. Gregorio Fernández. (VP I, pág. 140)1919. A petición mía y a pesar de que hacía bastantes años que mis padres no tenían hijos y no siendo ellos ya jóvenes, a petición mía –repito– Dios nuestro Señor (a los nueve o diez meses justos de pedírselo) hizo que naciera mi hermano [...]. Un hermano varón, pedí yo (Apuntes íntimos, n. 1688; VP, I, 109) Nació su hermano Santiago (28-II-1919 —25-XII-1994).

Comenzó a experimentar en su alma presagios interiores, barruntos.Barruntos, los tuve desde los comienzos de 1918. Después seguía viendo, pero sin precisar qué es lo que quería el Señor: veía que el Señor quería algo de mí. Yo pedía, y seguía pidiendo (Apuntes, n. 179, nota 193; VP, I, 117).

Y clamé durante años, sin saber lo que pedía. Y grité muchas veces la oración: ut sit", que parece pedir un nuevo ser (Apuntes íntimos, n. 290). Josemaría presentía que Dios le estaba preparando para algo… ¿Qué? No lo sabía. Acuden a mi pensamiento tantas manifestaciones del Amor de Dios en aquellos años de mi adolescencia —recordaba—, cuando barruntaba que el Señor quería algo de mí, algo que no sabía lo que era. Y empezó a pedir en su oración, cada vez con más fuerza: —Señor ¡que vea!

Carácter de adolescente: Abierto, normal, piadoso, y con un hondo trato personal con el Señor.

Se da cuenta de que aquello no era exactamente lo que buscaba Aquello no era lo que Dios me pedía, y yo me daba cuenta: no quería ser sacerdote para ser sacerdote, el cura que dicen en España. Y tenía veneración al sacerdote, pero no quería para mí un sacerdocio así (Meditación, 14.II.1964, VP, I, pág. 116).

1920. Seminario de Zaragoza. Está allí cuatro años y medio justos. El 28-IX-1920 ingresó en el Seminario de San Carlos de Zaragoza para completar los estudios en la Universidad Pontificia. Vivía en el Seminario de San Francisco de Paula. "no había lavabos en las habitaciones, de manera que para lavarme de arriba a abajo había de llevar tres o cuatro jarros de agua"(Don Alvaro, 65)

"Desde joven —afirma Ambrogio Eszer, relator general de la Congregación para las Causas de los Santos— el Señor le condujo a través de experiencias místicas que le llevaron a alcanzar las cumbres de la unión transformante: locuciones interiores, purificaciones y consolaciones que le hacían "sentir" en toda su humildad, la acción impetuosa de la gracia, y que, como todos los verdaderos místicos, acompañaba con un rigurosísimo esfuerzo ascético".

1920. Empieza a escribir sus Apuntes íntimos: tendría yo dieciocho años, o quizá antes, cuando me sentí impulsado a escribir (Apuntes, n. 306; VP, I, pág, 291)

El Presidente del Seminario era Miguel de los Santos Díaz Gómara; el Vicepresidente, Antonio Moreno Sánchez; el Rector, José López Sierra, que tenía a sus órdenes dos jóvenes inspectores que le ayudaban en el gobierno y la disciplina.

Se acercaba todos los días a la cercana Basílica del Pilar y le confiaba sus afanes y sus inquietudes íntimas a la Virgen: "Y yo, medio ciego, siempre esperando el porqué. ¿Por qué me hago sacerdote? El Señor quiere algo; ¿qué es? Y con un latín de baja latinidad, cogiendo las palabras del ciego de Jericó, repetía: Domine, ut videam! Ut sit! Ut sit! Que sea eso que Tú quieres y que yo ignoro. Domina, ut sit!"."Seminarista primero, se distingue entre los de su clase por su esmerada educación, afable y sencillo de trato, notoria modestia, respetuoso para con sus superiores, complaciente y bondadoso con sus compañeros, era muy estimado de los primeros, y admirado de los segundos. Eminentes cualidades precursoras de su fecundo apostolado. Director de seminaristas más tarde, distinción que le otorgó el Emmo. Sr. Cardenal, aun antes de recibir las Órdenes Sagradas, en atención a su ejemplar conducta, no menos que a su aplicación, pues simultaneaba con la carrera de Leyes poco a poco se va revelando el incipiente Apóstol (...). Forjador de jóvenes aspirantes al sacerdocio, no era de admirar fuese más adelante forjador de jóvenes seglares: bien los conocía, con ellos había convivido en las aulas del Instituto y de la Universidad (...) Su lema era ganar todos para Cristo, que todos fueran uno en Cristo, y sí que lo consiguió con su correcto proceder: no era partidario de castigos, siempre dulce y compasivo, su mera presencia siempre atrayente y simpática contenía a los más indisciplinados, una sencilla sonrisa, acogedora, asomaba por sus labios, cuando observaba en sus seminaristas algún acto edificante, sin embargo una mirada discreta, penetrante, triste a veces, y muy compasiva, reprimía a los más díscolos. Con esta sencillez y suavidad encantadora iba formando a sus jóvenes seminaristas".

Pasaba largos ratos de oración junto al Sagrario en la capilla del Seminario. A veces, durante toda la noche. "Un día pude quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas. Me dirigí hacia la Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos sacerdotes ya difunto, subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de nuestra Madre. Sabía que no era esa la costumbre, que besar el manto se permitía exclusivamente a los niños y a las autoridades (...). Sin embargo, estaba y estoy seguro de que a mi Madre del Pilar le dio alegría que me saltara por una vez los usos establecidos en su catedral".

Encuentra dificultades de ambiente con sus compañeros. Siempre alabó sus virtudes: después, en su mayoría, han ejercitado su ministerio como óptimos sacerdotes y varios han merecido el martirio (VP, I. pág. 133.)

Recuerdos del Fundador del Opus Dei en una meditación, 14-II-1964: Pasó el tiempo y sucedieron muchas cosas duras, tremendas, que no os digo porque a mí no me causan pena, pero a vosotros sí que os la darían. Eran hachazos que Dios Nuestro Señor daba para preparar —de ese árbol— la viga que iba a servir, a pesar de ella misma, para hacer su Obra. Yo, casi sin darme cuenta, repetía: Domine, ut videam! Domine, ut sit! [¡Señor qué vea! ¡Señor qué sea!] No sabía lo que era, pero seguía adelante, adelante, sin corresponder a la bondad de Dios, pero esperando lo que más tarde habría de recibir: una colección de gracias, una detrás de otra, que no sabía cómo calificar y que llamaba operativas, porque de tal manera dominaban mi voluntad que casi no tenía que hacer esfuerzo. Adelante, sin cosas raras, trabajando sólo con mediana intensidad. Fueron los años de Zaragoza.

Pasó un tiempo duro cuando creí haberme equivocado (VP, I, 136). fue un tiempo de discernimiento para él y para don José López Sierra, el pobre Rector de S. Francisco a quien el Señor cambió de tal manera que, después de poner realmente todos los medios para que yo abandonara mi vocación (con intención rectísima hizo eso), fue mi único defensor contra todos (VP, I, pág. 140)

1922. Nombrado inspector del Seminario de San Francisco de Paula por el Arzobispo de Zaragoza, Cardenal Soldevilla (asesinado en Actitud ante los seminaristas: Me hicieron un gran bien. Yo recuerdo tantas virtudes de aquellos chicos, muchos de ellos después mártires. Tantas cosas maravillosas recuerdo. Y recuerdo (...) que iba anotando con alegría: van mejor, se les ve crecer, Dios está aquí en esta alma... tantas veces.

1923. Carrera de Derecho. Inicia la carrera de Derecho en la Universidad Civil de Zaragoza. Quisiera evocar hoy, con afectuoso respeto, los nombres de tantos insignes juristas que fueron allí mis maestros; pero me permitiréis que al menos mencione el de uno de ellos, para cifrar en él el agradecido reconocimiento que a todos y a cada uno les debo: estoy hablando de don Juan Moneva y Puyol. Fue, de todos mis profesores de entonces, el que más de cerca traté y de este trato nació entre nosotros una amistad que se mantuvo viva, después, hasta su muerte. Don Juan me demostró en más de una ocasión un entrañable afecto y yo pude apreciar siempre todo el tesoro de recia piedad cristiana, de íntima rectitud de vida y de tan discreta como admirable caridad, que se ocultaba en él bajo la capa, para algunos engañosa, de su aguda ironía y de la jovial donosura de su ingenio. Para don Juan y para mis otros maestros, mi más emocionado recuerdo; que a él, y a cuantos como él pasaron ya de esta vida, les haya otorgado el Señor el premio de la eterna bienaventuranza .(Discurso en Zaragoza honoris causa 21-X-1960, cit en VP, I, pág. 170.)

Visitas al Pilar durante mis estudios sacerdotales, y también cuando cursé la carrera de Derecho en la Universidad de Zaragoza, mis visitas al Pilar eran diarias. (VPI, pág. 174). Como tenía buena amistad con varios de los clérigos que cuidaban de la Basílica, pude un día quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas. Me dirigí hacia la Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos sacerdotes ya difunto, subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de nuestra Madre (VPI, págs 180-181; Recuerdos del Pilar", 11.X-1970)

Tenía barruntos de que el Señor quería algo: pasaron muchos años sin saber qué era, y –mientras– decía de continuo una jaculatoria acordándome del ciego del Evangelio, yo ciego también, en cuanto a mi porvenir y al servicio que Dios deseaba de mí: Domine, ut videam! Domine, ut sit!, he repetido durante años: que sea, que se haga eso que Tú quieres; que yo lo sepa, da luz a mi alma. Las luces no venían, pero evidentemente rezar era el camino. (VPI, pág. 175; Carta 25-V-1962, n. 41)

1924. Órdenes menores y muerte de su padre. –Fue un golpe muy duro, tanto más porque nada hacía presagiar ese desenlace. Aquel 27 de noviembre, don José Escrivá se levantó a la hora de siempre, sin sentir ningún malestar; o si lo tuvo, no dijo nada. Después del desayuno, rezó un rato de rodillas ante la imagen peregrina de la Virgen Milagrosa, que se llevaba por devoción popular de casa en casa, y que esos días estaba en la suya. Antes de salir hacia su trabajo, se entretuvo también jugando con su hijo pequeño, Santiago, que entonces tenía cinco años. De pronto, ya en la entrada de la casa, se encontró indispuesto, se apoyó en la jamba de la puerta y cayó al suelo sin conocimiento. Al oír el ruido, acudieron rápidamente doña Dolores y su hija Carmen. Avisaron inmediatamente al párroco y al médico, y trasladaron su cuerpo inerte a una habitación. El doctor diagnosticó que no se podía hacer nada; dos horas después moría, sin volver en sí, pero habiendo recibido los últimos Sacramentos. Se envió un telegrama al Padre –que estaba en el Seminario de Zaragoza–, para que viniese urgentemente, pues su padre no se encontraba bien. En realidad, nuestro Fundador comprendió desde el primer momento la verdad, porque –como nos confió años después– Mons. Miguel de los Santos Díaz Gómara, obispo auxiliar de Zaragoza y Presidente del Seminario, le comunicó inmediatamente la noticia. Con el permiso del Rector, tomó el primer tren para Logroño. Salió a esperarlo a la estación Manuel Ceniceros, empleado del negocio de tejidos La Gran Ciudad de Londres donde don José trabajaba después del cierre de su empresa de Barbastro. Manuel Ceniceros –que era quien había puesto el telegrama– le confirmó enseguida la muerte de don José. Años más tarde, el Padre me contó que se había dirigido rápidamente hacia su casa, abrumado por el dolor, y que durante el trayecto continuó rezando por el alma de su padre, se puso en las manos de Dios y comenzó a pensar también cómo podría sostener a la familia. Se ocupó del funeral y de todo lo necesario para el entierro.

Un sacerdote amigo, don Daniel Alfaro, le prestó el dinero para las exequias. En cuanto le fue posible, se lo devolvió con profunda gratitud, y el Padre no olvidó nunca la generosidad de aquel amigo: rezó por su persona e intenciones todos los días de su vida, en el memento de la Misa, y más tarde, cuando supo que había muerto, encomendó su alma al Señor en la Santa Misa, hasta el 26 de junio de 1975. He podido comprobar cómo se conmovía el Padre recordando la caridad desinteresada de aquel hermano en el sacerdocio.

Al día siguiente tuvo lugar el entierro. El cementerio de Logroño se encontraba en la otra orilla del río, en la carretera de Mendavia. Al volver a casa, sumido en el dolor y en el pensamiento de que ahora el peso de la familia recaía completamente sobre sus espaldas, llegó al puente sobre el río Ebro. En ese momento se acordó de que se había guardado en el bolsillo la llave del féretro, que le había entregado el sepulturero. Entonces pensó: ¿Qué hago con esta llave, que puede ser, para mí, una ligadura?, y con gesto rápido la tiró al río, y ofreció a Dios la separación de su padre, el amigo más querido. Este gesto, lleno de serenidad y paz interior, le unió todavía más a la Voluntad del Señor: Dios había decidido llevarse a su padre y él aceptaba sin reservas quedarse sin ese sólido punto de apoyo sobre la tierra. Había aprendido definitivamente a desprenderse incluso de lo que es y parece imprescindible" (Don Alvaro).

Fueron Años transcurridos a la sombra del Seminario de San Carlos, camino de mi sacerdocio, desde la tonsura clerical recibida de manos del Cardenal don Juan Soldevila, en un recogido oratorio del Palacio Arzobispal, hasta la Primera Misa, una mañana a muy temprana hora, en la Santa Capilla de la Virgen (VP, I, pág, 121)

En noviembre de 1924, ya subdiácono, hace esta valoración de su trabajo. El progreso de los seminaristas refleja la vida de oración del Inspector, que les acompañaba de cerca: ¡Con qué gozo anotaba yo los progresos de aquellos chicos! Y me servían de diálogo con el Señor, pidiéndole a El, con su Madre, que los cuidase (VPI, pág. 163). El «forjador de jóvenes aspirantes al sacerdocio», como decía de modo altisonante el Rector, era ya subdiácono cuando hace en noviembre de 1924 el siguiente comentario: No me atreví a consignarlo el año pasado, por si se trataba tan solo de un cambio pasajero; pero, como, gracias a Dios, no es así, lo quiero hacer constar. Particularmente desde la Purísima de 1923, cuya devota novena se hizo por todos con gran fervor, se nota un cambio admirable en todos los antiguos colegiales; cambio que repercute en los pequeños que vienen. La Señora sin duda lo ha hecho, y –lo repito– ya que seguramente es el último año que estoy en este querido seminario, no puedo resistirme a hacer un brevísimo resumen. (VP, I, 163).

El 14 de junio recibe el Subdiaconado. El 27 de noviembre fallece su padre en Logroño. Murió agotado con sólo 57 años, pero estuvo siempre sonriente. A él le debo la vocación. El 20 de diciembre recibe el Diaconado.

1925. 28 de marzo. Ordenación sacerdotal.

Miguel de los Santos Díaz-Gómara le ordenó sacerdote en la iglesia del Seminario de San Carlos. Aquí, en este altar, yo me acerqué tembloroso para coger la forma sagrada y dar por primera vez la Comunión a mi madre. (VPI, pág. 192)

1925. 30 de marzo. Primera Misa Solemne

Celebró su Primera Misa solemne en la Santa Capilla del Pilar en sufragio por el alma de su padre: en la Santa capilla ante un puñado de personas, celebré sin ruido mi Primera Misa (VP, I, pág. 195). No tuvo la alegría de dar la comunión por primera vez a su madre como sacerdote. Otra señora le adelantó. Aquella ceremonia quedó impresa en su mente como una estampa del dolor (VPI, pág. 196), con su madre vestida de luto.

1925. Primer destino. Del 30 de marzo al 18 de mayo. Nombrado Regente Auxiliar de la parroquia de Perdiguera, pueblo a 30 km de Zaragoza de 870 habitantes. "He estado dos veces en parroquias rurales. ¡Qué alegría cuando me acuerdo! Me hicieron un bien colosal, colosal, colosal! ¡Con qué ilusión recuerdo aquello!" (AVP, I, pág. 244)

Capellanía. A su vuelta a Zaragoza, el 18 de mayo, la situación económica empeora.

Da catequesis a niños pobres en el barrio de Casablanca, en la carretera de Teruel. se hace cargo de una capellanía en la iglesia de San Pedro Nolasco, dirigida por los PP. Jesuitas.

1926. Clases particulares. Continúa sus estudios de Derecho y, para sostener a su familia da clases particulares de Derecho Romano y Derecho Canónico y es profesor del Instituto Amado. Tenía amistad con algunos profesores, como José Pou de Foxá, Juan Moneva o Miguel Sancho Izquierdo. Compañeros: Luis Palos: "Tenía una mentalidad muy abierta, un espíritu universal". Domingo Fumanal: "un cristiano de cuerpo entero: tanto en su vida interior como en su vida práctica; tanto en lo grande como en lo pequeño. Era un "romántico" de Cristo: un enamorado de Cristo; un hombre de fe total en el Evangelio"

1927: En enero completa su licenciatura de Derecho. Del 1 al 17 de abril se ocupa de la parroquia de Fombuena. El 19 de abril, Martes de Pascua, se traslada a vivir a Madrid.

La Obra Apostólica comprendía el Patronato de Enfermos, la Obra de la Preservación de la Fe (escuelas de niños), los Comedores de Caridad, la Casa Sacerdotal (residencia de sacerdotes), la Obra de la Sagrada Familia (para legalizar situaciones matrimoniales irregulares), la Sociedad Protectora (iguala de médico, botica y entierro), los Roperos de San José, la Obra de Perseverancia (catequesis y formación de muchachas jóvenes), la Asociación de las Animas (sufragios por los difuntos), etc. (cfr. ibidem, "Boletín Trimestral de la Obra Apostólica Patronato de Enfermos, enero 1930, pp. 2-10).

El 1 de junio es nombrado Capellán del Patronato de Enfermos de la Calle Santa Engracia. El Patronato de Enfermos era un centro asistencial para gente pobre. Desde el Patronato se dirigían escuelas, comedores, centros sanitarios, capillas y catequesis esparcidas por todo Madrid y la periferia de sus barrios. Las Damas Apostólicas disponían en Madrid de 58 escuelas, con un total de 14.000 niños. Repartidas por Madrid había unas seis o siete iglesias o capillas que también dependían de ellas. Al mismo tiempo, Don Josemaría debía mantener a su familia, por lo que daba clases de Derecho en la Academia Cicuéndez.

Desarrolla una intensa labor apostólica: prepara a millares de niños para la confesión y la comunión, atiende a enfermos y desvalidos en sus casas y en los hospitales; administra los sacramentos a muchos moribundos y desahuciados, y realiza numerosas obras de misericordia en las barriadas más pobres de Madrid. Le tenía en estima la fundadora de las Damas Apostólicas, Luz Rodríguez Casanova.

Datos sobre las Damas Apostólicas En 1928, las Damas disponían en Madrid de 58 escuelas, con un total de 14.000 niños. Ese año se atendió a 4.251 enfermos; se confesaron 3.168 personas; se administró la extremaunción a 483 moribundos; se celebraron 1.251 matrimonios; y se confirieron 147 bautismos. San Josemaría se fue incorporando, voluntariamente, a las obras de misericordia del Patronato. Primero a las labores de formación doctrinal que, como la "Obra de la Sagrada Familia", se tenían en Santa Engracia. El capellán se encargaba de preparar anualmente a unos 4.000 niños para la primera Comunión. La catequesis eucarística consistía en darles algunas pláticas y charlar con cada uno de ellos para averiguar su entendimiento y disposiciones, después de haberles explicado a fondo lo concerniente a la recepción del Sacramento durante tres días.

Horas y horas por todos los lados, todos los días, a pie de una parte a otra, entre pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían nada de nada; entre niños con los mocos en la boca, sucios, pero niños, que quiere decir almas agradables a Dios. ¡Qué indignación siente mi alma de sacerdote, cuando dicen ahora que los niños no deben confesarse mientras son pequeños! ¡No es verdad! Tienen que hacer su confesión personal, auricular y secreta, como los demás. ¡Y qué bien, qué alegría! Fueron muchas horas en aquella labor, pero siento que no hayan sido más (Meditación, 19.III.1975; VP, I, pág. 280)

Llegué a casa del enfermo. Con mi santa y apostólica desvergüenza, envié fuera a la mujer y me quedé a solas con el pobre hombre. "Padre, esas señoras del Patronato son unas latosas, impertinentes. Sobre todo una de ellas"... (lo decía por Pilar, ¡que es canonizable!) Tiene Vd. razón, le dije. Y callé, para que siguiera hablando el enfermo. "Me ha dicho que me confiese..., porque me muero: ¡me moriré, pero no me confieso!" Entonces yo: hasta ahora no le he hablado de confesión, pero, dígame: ¿por qué no quiere confesarse? "A los diecisiete años hice juramento de no confesarme y lo he cumplido". Así dijo. Y me dijo también que ni al casarse –tenía unos cincuenta años el hombre– se había confesado... Al cuarto de hora escaso de hablar todo esto, lloraba confesándose (Apuntes, n. 178; VP, I, pág. 283)

Testimoniaron sobre san Josemaría algunas de las primeras Damas Apostólicas, como Asunción Muñoz Gonzálezque explicaba: Asunción Muñoz González, nacida en Hornacho (Badajoz), fue una de las diez primeras religiosas de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón. En 1929 fue nombrada Maestra de Novicias del recién inaugurado Noviciado de Chamartín de la Rosa. Conoció a Josemaría Escrivá en el Patronato de Enfermos y le trató hasta 1931, año en que dejó de ser capellán de esa Institución. "El Capellán del Patronato de Enfermos era el que cuidaba de los actos de culto de la Casa: decía Misa diariamente, hacía la Exposición del Santísimo y dirigía el rezo del Rosario. No tenía, por razón de su cargo, que ocuparse de atender la extraordinaria labor que se hacía desde el Patronato entre los pobres y enfermos -en general, con los necesitados- del Madrid de entonces. Sin embargo, D. Josemaría aprovechó la circunstancia de su nombramiento como Capellán, para darse generosamente, sacrificada y desinteresadamente a un ingente número de pobres y enfermos que se ponían al alcance de su corazón sacerdotal. De esta manera, cuando teníamos un enfermo difícil, que se resistía a recibir los Sacramentos, que se nos iba a morir lejos de la Gracia, se lo confiábamos a D. Josemaría en la seguridad de que estaría atendido y de que, en la mayoría de los casos, se ganaría su voluntad y le abriría las puertas del cielo. No recuerdo un sólo caso en el que fracasáramos en nuestro intento.Yo era una de las más jóvenes de la Fundación y tenía más resistencia para actuar de día o de noche. A cualquier hora. Por eso estaba dedicada especialmente a estos enfermos. Y siempre, nos acompañaba don Josemaría. Ibamos en algún coche que nos prestaban algunas familias y nos acercábamos a las casas humildes de estos enfermos. Había, muchas veces, que legalizar su situación, casarlas, solucionar problemas sociales y morales urgentes. Ayudarles en muchos aspectos. Don Josemaría se ocupaba de todo, a cualquier hora, con constancia, con dedicación, sin la menor prisa, como quien está cumpliendo su vocación, su sagrado ministerio de amor. Así, con don Josemaría, teníamos asegurada la asistencia en todo momento. Les administraba los Sacramentos y no teníamos que molestar a la Parroquia a horas intempestivas. Nosotros nos encargábamos de todo. ¡Cuántas veces he dialogado con él acerca de un alma que habíamos de salvar, de un paciente que necesitábamos convencer! Yo le pedía consejo acerca de lo que habíamos de decir o hacer. Y el iba todas las tardes a ver a alguno de ellos puesto que los enfermos para él eran un tesoro: los llevaba en el corazón".

Algunas señoras que ayudaban en este apostolado fueron: Carmen del Portillo Pardo (tía de Álvaro del Portillo); Luz Martínez (tía de José Luis Múzquiz); Isabel de Urdangarín, Josefina Santos; Margarita Alvarado, que cuenta que iba a visitar y a confesar a los necesitados de los distintos barrios de Madrid."Les llevaba la Sagrada Comunión los jueves, en un coche que prestaban a doña Luz Casanova. Los otros días iba en tranvía o andando, como pudiera".

Reparte revistas religiosas Desde hace mucho tiempo, además de llevar revistas religiosas (El Mensajero, el Iris de Paz, revistas de misiones y otras de diversas congregaciones) a los enfermos, las he repartido, tranquila y frescamente, por las calles: en los barrios bajos, hubo temporada que no podía pasar por algunas calles sin que me pidieran revistas. (Apuntes, n. 86).

Reside de mayo a noviembre de 1927 en la Residencia sacerdotal de la calle Larra. Convive, entre otros con Justo Villamariel, Avelino Gómez Ledo, Antonio Pensado y Fidel Gómez Colomo, que recuerda: "estábamos comentando algún acontecimiento que ahora no recuerdo, y me habló de la necesidad de hacer apostolado también con los intelectuales, porque, añadía, son como las cumbres con nieve: cuando ésta se deshace, baja el agua que hace fructificar los valles. No he olvidado nunca esta imagen, que tan bien refleja ese ideal suyo de llevar a Cristo a la cumbre de todas las actividades humanas".

Da clases, para sostener a su familia, de Derecho Romano y Canónico en la Academia Cicuéndez. Entre sus alumnos estaban Mariano Trueba, José María Sanchís Granero, Manuel Gómez Alonso y Julián Cortés Cabanillas, que explicaba que los alumnos "se sentían atraídos por la figura de su profesor, desde el punto de vista pedagógico, y también por su porte tan humano y sacerdotal".

Fundación 1928: El 30 de septiembre comenzó unos ejercicios espirituales en la Casa Central de los Paules, en Madrid (calle García de Paredes, nº 45, junto a la actual iglesia de la Milagrosa, entonces de San Vicente de Paúl) con otros cinco sacerdotes. El 2 de octubre, fiesta de los Ángeles Custodios, funda el Opus Dei por inspiración divina, mientras hace unos ejercicios espirituales en la Casa Central de los Paúles, en Madrid.

Fundación. "Hoy hace tres años -escribió el 2 de octubre de 1931- que en el Convento de los Paúles, recopilé con alguna unidad las notas sueltas, que hasta entonces venía tomando; desde aquel día el borrico sarnoso se dio cuenta de la hermosa y pesada carga que el Señor, en su bondad inexplicable, había puesto sobre sus espaldas. Ese día el Señor fundó su Obra: desde entonces comencé a tratar almas de seglares, estudiantes o no, pero jóvenes. Y a formar grupos. Y a rezar y a hacer rezar. Y a sufrir... Y añadió: recibí la iluminación sobre toda la Obra, mientras leía aquellos papeles. Conmovido me arrodillé —estaba solo en mi cuarto, entre plática y plática— di gracias al Señor, y recuerdo con emoción el tocar de las campanas de la parroquia de N. Sra. de los Ángeles".Recuerdos del Beato Josemaría en una Meditación, 14-II-1964

Fundación. Y llegó el 2 de octubre de 1928. Yo hacía unos días de retiro, porque había que hacerlos, y fue entonces cuando vino al mundo el Opus Dei. Aún resuenan en mis oídos las campanas de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, festejando a su Patrona. El Señor "ludens... omni tempore, ludens in orbe terrarum" (Prov 8, 30-31), que juega con nosotros como un padre con sus niños pequeños, aunque ya no seamos criaturas de poca edad, viendo mi resistencia y aquel trabajo entusiasta y débil a la vez, me dio la aparente humildad de pensar que podría haber en el mundo cosas que no se diferenciaran de lo que Él me pedía. Era una cobardía poco razonable; era la cobardía de la comodidad, y la prueba de que a mí no me interesaba ser fundador de nada...

Fundación. Aun resuenan en mis oídos las campanas de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, festejando a su Patrona (Meditación, 14.II.1964; VP, I, pág. 295)

Fundación. La Obra de Dios no la ha imaginado un hombre [...]. Hace muchos años que el Señor la inspiraba a un instrumento inepto y sordo, que la vio por vez primera el día de los Santos Ángeles Custodios, dos de octubre de mil novecientos veintiocho (Instrucción, 19.III.1934, nn. 6-7; VPI, pág. 297).

Fundación. Era un sacerdote joven y sin medios. "Tenía yo veintiséis años, la gracia de Dios y buen humor: nada más. Pero así como los hombres escribimos con la pluma, el Señor escribe con la pata de la mesa, para que se vea que es Él el que escribe: eso es lo increíble, eso es lo maravilloso".

¿Podría haber otras instituciones similares? Jamás me había pasado por la cabeza, antes de aquel momento, que debería llevar adelante una misión entre los hombres. (Meditación, 2-X-1962; VPI, pág. 298). Comenzó a buscar. Sabéis qué aversión he tenido siempre a ese empeño de algunos –cuando no está basado en razones muy sobrenaturales, que la Iglesia juzga– por hacer nuevas fundaciones. Me parecía –y me sigue pareciendo– que sobraban fundaciones y fundadores: veía el peligro de una especie de psicosis de fundación, que llevaba a crear cosas innecesarias por motivos que consideraba ridículos. Pensaba, quizá con falta de caridad, que en alguna ocasión el motivo era lo de menos: lo esencial era crear algo nuevo y llamarse fundador (Carta 9.I.1932; VPI, 318). El Señor [...] viendo mi resistencia y aquel trabajo entusiasta y débil a la vez, me dio la aparente humildad de pensar que podría haber en el mundo cosas que no se diferenciaran de lo que El me pedía. Era una cobardía poco razonable; era la cobardía de la comodidad, y la prueba de que a mí no me interesaba ser fundador de nada (Meditación, 14. II. 1964; VPI, pág. 319). Y, con una falsa humildad, mientras trabajaba buscando las primeras almas, las primeras vocaciones, y las formaba, decía: hay demasiadas fundaciones, ¿para qué otras más? ¿acaso no encontraré en el mundo, hecho ya, esto que quiere el Señor? Si lo hay, mejor es ir allí, a ser soldado de filas, que no fundar, que puede ser soberbia. (Apuntes, n. 1870; VP, 1, pág. 319). Intentó, obtener información sobre instituciones españolas y, luego, del extranjero. Llegaron a mis manos noticias de muchas instituciones modernas (de Hungría, Polonia, Francia etc.), que hacían cosas raras... ¡Y Jesús nos pedía, en su Obra, como virtud sine qua non la naturalidad! (Apuntes, 1870; VPI, pág. 319). Por fin, tuve conocimiento de los Paulinos del Card. Ferrari. ¿Será esto? Procuré enterarme (debía ser a fines de 1929). Luego supo que en la Compañía de San Pablo había también mujeres, escribí en mis Catalinas (si no las quemé, aparecerán entre los paquetes del archivo, y podrán leer allí lo mismo que ahora escribiré) aunque no se diferenciara el Opus Dei, de los Paulinos, más que en no admitir mujeres ni de lejos, ya es notable diferencia (Apuntes íntimos, 1870; VPI, págs. 321-322)

El día once de Agosto de 1929, según nota que tomé aquel día en una estampa que llevo en el breviario, mientras daba la bendición con el Santísimo Sacramento en la iglesia del Patronato de Enfermos, sin haberlo pensado de antemano, pedí a Jesús una enfermedad fuerte, dura, para expiación. Creo que el Señor me lo concedió. (Apuntes, 432. VPI, pág. 314-315).

El 23 de noviembre de 1929 se trasladó a vivir a la calle José Marañón con su madre y sus hermanos Carmen y Santiago. El 15 de diciembre de 1929 elevó una instancia al Decano de Derecho para matricularse de "Historia de la literatura jurídica" y "Política social" en la convocatoria de enero de 1930.

Mercedes Reyna. Durante ese tiempo estuvo atendiendo espiritualmente a una dama apostólica en su lecho de muerte. Se llamaba Mercedes Reyna y falleció con fama de santidad. "Sin haberlo pensado de antemano —escribió en sus Apuntes íntimos—, me ocurrió pedirle, como lo hice, lo siguiente: Mercedes, pida al Señor, desde el cielo, que si no he de ser un sacerdote, no bueno, ¡santo!, se me lleve joven, cuanto antes. Después la misma petición he hecho a dos personas seglares —una señorita y un muchacho—, quienes todos los días en la Comunión renuevan ante el buen Jesús esa aspiración".

Sabía que le esperaban, a partir de entonces, momentos humanamente muy duros. Bien sé que los primeros que comencemos a trabajar hemos de amasar, con lágrimas de sangre, esa argamasa del cimiento, de que vengo hablando. No perderemos ni la fe, ni la alegría: lo podremos todo en Aquel que nos confortará. (Apuntes, n. 93; VP I, pág. 307).

Acudió al Señor, a la Virgen. Pidió oraciones y redobló su mortificación: ¿Qué puede hacer una criatura, que debe cumplir una misión, si no tiene medios, ni edad, ni ciencia, ni virtudes, ni nada? Ir a su madre y a su padre, acudir a los que pueden algo, pedir ayuda a los amigos... Eso hice yo en la vida espiritual. Eso sí, a golpe de disciplina, llevando el compás. Pero no siempre: había temporadas en que no. (VPI, pág,. 315)

1930: El 14 de febrero comenzó la labor del Opus Dei con mujeres. Pasó poco tiempo: el 14 de febrero de 1930, celebraba yo la misa en la capillita de la vieja marquesa de Onteiro, madre de Luz Casanova, a la que yo atendía espiritualmente, mientras era Capellán del Patronato. Dentro de la Misa, inmediatamente después de la Comunión, ¡toda la Obra femenina! No puedo decir que vi, pero sí que intelectualmente, con detalle (después yo añadí otras cosas, al desarrollar la visión intelectual), cogí lo que había de ser la Sección femenina del Opus Dei. Di gracias, y a su tiempo me fui al confesonario del P. Sánchez. Me oyó y me dijo: esto es tan de Dios como lo demás. (Apuntes, n. 1871; VP, I, pág. 323) Anoté, en mis Catalinas, el suceso y la fecha: 14 feb. 1930. Después me olvidé de la fecha, y dejé pasar el tiempo, sin que nunca más se me ocurriera pensar con mi falsa humildad (espíritu de comodidad, era: miedo a la lucha) en ser soldadito de filas: era preciso fundar, sin duda alguna. (Apuntes, n. 1871; VP, I, pág. 324). Celebró la Santa Misa ese día en el Oratorio privado de Leónides García San Miguel, la madre de la fundadora del Patronato de Enfermos, en su casa de la calle Alcalá Galiano, nº 3. Yo iba a casa de una anciana señora de ochenta años que se confesaba conmigo, para celebrar Misa en aquel oratorio pequeño que tenía. Y fue allí, después de la Comunión, en la Misa, cuando vino al mundo la Sección femenina. Luego, a su tiempo, me fui corriendo a mi confesor, que me dijo: esto es tan de Dios como lo demás (Meditación del 14-II-1964 Apuntes, n. 1871.).

El 14 de febrero de 1930, celebraba yo la misa en la capillita de la vieja marquesa de Onteiro, madre de Luz Casanova, a la que yo atendía espiritualmente, mientras era Capellán del Patronato. Dentro de la Misa, inmediatamente después de la Comunión, ¡toda la Obra femenina! No puedo decir que vi, pero sí que intelectualmente, con detalle (después yo añadí otras cosas, al desarrollar la visión intelectual), cogí lo que había de ser la Sección femenina del Opus Dei. Di gracias, y a su tiempo me fui al confesonario del P. Sánchez. Me oyó y me dijo: esto es tan de Dios como lo demás .(Apuntes, 1871; VPI, pág. 323)

 

En marzo de 1930 comenzó a trabajar en la Biblioteca Nacional en su tesis doctoral sobre "La ordenación de mestizos y cuarterones en la América española durante la época colonial". No pudo finalizar este trabajo, que se perdió durante los avatares de la guerra civil.

El 13 y 14 de junio predicó en la Capilla del Obispo de la Plaza de la Paja, ante un público compuesto por numerosos obreros y trabajadores. Presencié cómo, en la Capilla del Obispo un joven abogado hablaba de religión a unos cientos de obreros. Cayó muy bien. Tuve gran alegría. Eso será (aunque no en lugar sagrado) y algo más... (Apuntes, n, 39; AVP, I, pág. 329).Una mañana de primeros de julio de 1930 se fue a la residencia de la calle de la Flor a pedir al jesuita Valentín Sánchez Ruiz que se encargase de su dirección espiritual: Entonces, despacio, comuniqué la Obra y mi alma. Los dos vimos en todo la mano de Dios. Quedamos en que yo le llevara unas cuartillas —un paquete de octavillas, era—, en las que tenía anotados los detalles de toda la labor. Se las llevé. El P. Sánchez se fue a Chamartín un par de semanas. Al volver, me dijo que la obra era de Dios y que no tenía inconveniente en ser mi confesor. El paquete de octavillas lo quemé hace unos años. Lo siento. (Apuntes, 1864; VP, I, pág. 332)A partir de ese momento, finales de julio de 1930, se entrevistó periódicamente con él. Un día fui a charlar con el P. Sánchez, en un locutorio de la residencia de la Flor. Le hablé de mis cosas personales (sólo le hablaba de la Obra en cuanto tenía relación con mi alma), y el buen padre Sánchez al final me preguntó: "¿cómo va esa Obra de Dios?" Ya en la calle, comencé a pensar: "Obra de Dios. ¡Opus Dei! Opus, operatio..., trabajo de Dios. ¡Este es el nombre que buscaba!" Y en lo sucesivo se llamó siempre Opus Dei. (Apuntes, 1868; VP, I, pág. 333)

La Obra de Dios: hoy me preguntaba yo, ¿por qué la llamamos así? Y voy a contestarme por escrito (...). Y el p. Sánchez, en su conversación, refiriéndose a la familia nonnata de la Obra, la llamó "la Obra de Dios". Entonces -y sólo entonces- me di cuenta de que, en las cuartillas nombradas, se la denominaba así. Y ese nombre (¡¡La Obra de Dios!!), que parece un atrevimiento, una audacia, casi una inconveniencia, quiso el Señor que se escribiera la primera vez, sin que yo supiera lo que escribía; y quiso el Señor ponerlo en labios del buen padre Sánchez, para que no cupiera duda de que Él manda que su Obra se nombre así: La Obra de Dios. ( (14-VI-1948): Yo no puse a la Obra ningún nombre. Hubiera deseado, de ser posible -no lo era-, que no hubiera tenido nombre, ni personalidad jurídica (...). Mientras, llamábamos a nuestra labor sencillamente así: "La Obra". (14-VI-1948): Pero volvamos al nombre de nuestra Obra. Un día fui a charlar con el P. Sánchez, en un locutorio de la residencia de la Flor. Le hablé de mis cosas personales (sólo le hablaba de la Obra en cuanto tenía relación con mi alma), y el buen padre Sánchez al final me preguntó: "¿cómo va esa Obra de Dios?" Ya en la calle, comencé a pensar: "Obra de Dios. ¡Opus Dei! Opus, operatio..., trabajo de Dios. ¡Este es el nombre que buscaba!" Y en lo sucesivo se llamó siempre Opus Dei.

El 24 de agosto de 1930 pide la admisión en el Opus Dei Isidoro Zorzano, ingeniero nacido en Argentina en 1902, de ascendencia riojana. En ese verano de 1930 comenzó a llevar dirección espiritual con Valentín Sánchez, S. J.

Diciembre de 1930: Ya tiene un grupo de personas que le siguen: Hasta ahora hay también, en la Obra, algunos pequeños empleados y artesanos (Apuntes, 137; AVP, pág. 329)

1931: 4 de febrero. Va a visitar a don Pedro Poveda, para resolver el problema de su incardinación en Madrid.

Anota el 14 de marzo de 1931: Qué poco es una vida, para ofrecerla a Dios!... ¡Y si esa vida es de borrico..., ¡y de borrico sarnoso!! [...]. A pesar de todo, espero grandes cosas, dentro de este año de 1931 (Apuntes, n- 581; VP, I, pág. 351)

14 de abril de 1931. Se proclama la República. Nel 1923, il Generale Primo de Rivera fece un colpo di Stato e, d'accordo con Alfonso XIII, istaurò una dittatura, che durò fino al 1930. Benché, considerato nel suo assieme, l'operato di Primo de Rivera sia stato assai benefico per la Spagna, sotto molti aspetti lese –come ogni dittatura– la libertà degli spagnoli. Tale mancanza di libertà, approvata –o tollerata– dal Re, provocò un forte movimento di reazione contro la monarchia, anima del quale erano alcuni noti intellettuali anticattolici, alcuni uomini della Asociación Católica Nacional de Propagandistas, diretta dall'allora giornalista Sig. Herrera, ed i dirigenti sindacali anarchici e marxisti. Si preparava l'inizio del moto pendolare che sposta le masse da un estremo –la mancanza di libertà– a quello opposto: il libertinaggio. Moto pendolare che è sempre potenzialmente grave, ma che è estremamente pericoloso in popoli appassionati, e che continua tuttora ad incombere come una minaccia sulla Spagna. Il 14 aprile 1931, in seguito allo stato di tensione creatosi soprattutto a Madrid per la vittoria repubblicana nelle elezioni amministrative in alcune fra le città più importanti della Spagna, e per il timore di una possibile guerra civile, Alfonso XIII preferì allontanarsi dal paese, e fu proclamata la repubblica(Carta del 14-VI-1964, C 5753, 14-VI-64; VP, 268).

El 11 de mayo de 1931, durante la quema de conventos e iglesias de Madrid, temiendo que unas masas descontroladas asaltaran la iglesia del Patronato de Enfermos, trasladó el Santísimo a Casa del Coronel Romeo. "Comenzó la persecución. El día 11, lunes, acompañado de D. Manuel Romeo, después de vestirme de seglar con un traje de Colo, comulgué la Forma del viril y, con un Copón lleno de Hostias consagradas envuelto en una sotana y papeles, salimos del Patronato, por una puerta excusada, como ladrones... (Apuntes íntimos, nº 202. 18-V-1931).

El día 13, supimos que se intentaba quemar el Patronato: a las cuatro de la tarde salimos con nuestros trastos a la calle de Viriato 22, a un cuarto malo –interior– que providencialmente encontré (Apuntes , n. 202; VP, I, 359)

Decide dejar el Patronato: Durante los últimos meses de 1931 don Josemaría Escrivá dejó el Patronato de Enfermos para poder dedicarse con más intensidad a la tarea apostólica que Dios le pedía. Sin embargo, no dejó de atender con gran generosidad a numerosos enfermos, manteniendo siempre un directo contacto con el mundo de la pobreza y el dolor, que siempre consideró providencial para los primeros pasos del Opus Dei. También a fines de 1931, fue nombrado capellán del patronato de Santa Isabel. Tiempo después, y a petición de las mismas religiosas de Santa Isabel, don Josemaría fue nombrado Rector del Patronato de Santa Isabel.Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 207 el 7 de agosto de 1931, recibió una nueva luz que recalcaba el alcance que el trabajo profesional tiene dentro del espíritu del Opus Dei, como fuente de santificación y apostolado; durante los meses de septiembre y octubre de 1931, tuvieron lugar unas experiencias espirituales de gran intensidad que le llevaron a profundizar en la conciencia de la filiación divina, es decir, de su condición de hijo de Dios. Aquel día de la Transfiguración, celebrando la Santa Misa en el Patronato de Enfermos, en un altar lateral, mientras alzaba la Hostia, hubo otra voz sin ruido de palabras. Una voz, como siempre, perfecta, clara: Et ego si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad me ipsum! (Jn 12, 32). Y el concepto preciso: no es en el sentido en que lo dice la Escritura; te lo digo en el sentido de que me pongáis en lo alto de todas las actividades humanas; que, en todos los lugares del mundo, haya cristianos con una dedicación personal y libérrima, que sean otros Cristos (Carta del 29.XII.1947/14.II.1966, n. 89; VPI, p´g. 380)

Apuntes íntimos, nn. 217-218 (7-VIII-1931)

Se plantea dejar el Patronato, para dedicarse más a la Obra. Escribe el 13 de agosto: Estos días las monjitas de Santa Isabel –del que fue Patronato Real– tratan de conseguir mi nombramiento como Capellán de aquella Santa Casa. Humanamente hablando, aun para la Obra, creo que me conviene. Pero, me estoy quieto. No busco ni una recomendación. Si mi Padre Celestial sabe que será para toda su gloria, El arreglará el negocio (13-VIII-1931) (Apuntes, 225. VPI, pág. 378)

Voy a dejar el Patronato. Lo dejo con pena y con alegría. Con pena, porque después de cuatro años largos de trabajo en la Obra Apostólica, poniendo el alma en ella cada día, bien puedo asegurar que tengo metido en esa casa Apostólica una buena parte de mi corazón... Y el corazón no es una piltrafa despreciable para tirarlo por ahí de cualquier manera. Con pena también, porque otro sacerdote, en mi caso, durante estos años, se habría hecho santo. Y yo, en cambio,... Con alegría, porque ¡no puedo más! Estoy convencido de que Dios ya no me quiere en esa Obra: allí me aniquilo, me anulo. Esto fisiológicamente: a ese paso, llegaría a enfermar y, desde luego, a ser incapaz de trabajo intelectual. (Apuntes, 207; VP I, págs 372-3) No termino estas impresiones sin añadir que ha sido el Señor, quien ha puesto el punto final. Venía pidiendo yo en la Santa Misa que se arreglaran las cosas de modo que dejara de trabajar en el Patronato. Creo que fue el quinto día de hacer esta petición cuando el Señor me oyó: fue Él: no cabe duda, porque accedió a mi súplica con creces... La concesión fue acompañada de humillación, injusticia y desprecio. ¡Bendito sea! [...]. El día de San Efrén me concedió el Señor dejar a las Apostólicas. (Apuntes, 208 y 209; VP I, págs 373)

El 8 de septiembre experimenta en su alma esta locución. Ayer, por la tarde, a las tres, salí al presbiterio de la Iglesia del Patronato a hacer un poco de oración delante del Ssmo. Sacramento. No tenía gana. Pero, me estuve allí hecho un fantoche. A veces, volviendo en mí, pensaba: Tú ya ves, buen Jesús, que, si estoy aquí, es por Ti, por darte gusto. Nada. Mi imaginación andaba suelta, lejos del cuerpo y de la voluntad, lo mismo que el perro fiel, echado a los pies de su amo, dormita soñando con carreras y caza y amigotes (perros como él) y se agita y ladra bajito... pero sin apartarse de su dueño. Así yo, perro completamente estaba, cuando me di cuenta de que, sin querer, repetía unas palabras latinas, en las que nunca me fijé y que no tenía por qué guardar en la memoria: Aún ahora, para recordarlas, necesitaré leerlas en la cuartilla, que siempre llevo en mi bolsillo para apuntar lo que Dios quiere (En esta cuartilla, de que hablo, instintivamente, llevado de la costumbre, anoté, allí mismo en el presbiterio, la frase, sin darle importancia): + dicen así las palabras de la Escritura, que encontré en mis labios: "et fui tecum in omnibus ubicumque ambulasti, firmans regnum tuum in aeternum": apliqué mi inteligencia al sentido de la frase, repitiéndola despacio. Y después, ayer tarde, hoy mismo, cuando he vuelto a leer estas palabras (pues, –repito– como si Dios tuviera empeño en ratificarme que fueron suyas, no las recuerdo de una vez a otra) he comprendido bien que Cristo-Jesús me dio a entender, para consuelo nuestro, que "la Obra de Dios estará con El en todas las partes, afirmando el reinado de Jesucristo para siempre (Apuntes, n.273; VPI, págs 386-387)

18-IX-931: Tengo que agradecer a mi Dios un notable cambio: hasta hace poco, los insultos y burlas que, por ser sacerdote, me dirigían desde la venida de la república (antes, rarísima vez), me ponían violento. Acordé encomendarles, con un avemaría, a la Ssma. Virgen, cuando oyera groserías o indecencias. Lo hice. Me costó. Ahora, al oír esas palabras innobles, se me enternecen las entrañas, por regla general, considerando la desgracia de esa pobre gente, que, si obra así, cree hacer una cosa honrada, porque, abusando de su ignorancia y de sus pasiones, le han hecho creer que el sacerdote, además de ser un vago parásito, es su enemigo, cómplice del burgués que los explota. ¡Tu Obra, Señor, les abrirá los ojos! (Apuntes íntimos, n. 291; VP, I, pág. 365)

21. IX.1931. Regresan de Fonz sus hermanos. Día de San Mateo – 1931: He celebrado por vez primera la Santa Misa en Santa Isabel. Para toda la gloria de Dios. (Apuntes intimos, n.294; VPI, pág. 378)

15 de octubre de 1931 Día de Santa Teresa de Jesús 1931: Ayer, al conocer la expulsión de la Compañía y los demás acuerdos anticatólicos del Parlamento, sufrí. Me dolió la cabeza. Anduve mal hasta la tarde. Porque, a la tarde, vestido de seglar, subí a Chamartín con Adolfo: el padre Sánchez, y todos los demás jesuitas, estaban ¡encantados! de sufrir persecución por su voto de obediencia al Santo Padre. ¡Qué cosas más serenamente hermosas nos dijo! (Apuntes, n. 327, 15.X.1931; VP, I, pás. 364)

El 28 de octubre dejó de trabajar en el Patronato de Enfermos.

7 de octubre de 1931 experimentó en su alma una fuerte conciencia de la filiación divina, mientras viajaba en un travía desde la Estación de Atocha. "En momentos humanamente (...) sentí la acción del Señor que hacía germinar en mi corazón y en mis labios, con la fuerza de algo imperiosamente necesario, esta tierna invocación: Abba! Pater! Estaba yo en la calle, en un tranvía: la calle no impide nuestro diálogo contemplativo; el bullicio del mundo es, para nosotros, lugar de oración". (17-X-1931): Estuve considerando las bondades de Dios conmigo y, lleno de gozo interior, hubiera gritado por la calle, para que todo el mundo se enterara de mi agradecimiento filial: ¡Padre, Padre! Y -si no gritando- por lo bajo, anduve llamándole así (¡Padre!) muchas veces, seguro de agradarle. (...) Día de Santa Eduvigis 1931: Quise hacer oración, después de la Misa, en la quietud de mi iglesia. No lo conseguí. En Atocha, compré un periódico (el A.B.C.) y tomé el tranvía. A estas horas, al escribir esto, no he podido leer más que un párrafo del diario. Sentí afluir la oración de afectos, copiosa y ardiente. Así estuve en el tranvía y hasta mi casa. Esto que hago, esta nota, realmente, es una continuación, sólo interrumpida para cambiar dos palabras con los míos -que no saben hablar más que de la cuestión religiosa- y para besar muchas veces a mi Virgen de los Besos y a nuestro Niño.

Desde el 8 de noviembre de 1931 comenzó a acudir a diversos Hospitales de Madrid para atender enfermos: Al Hospital General y a partir de 1932, al Hospital de la Princesa, entre otros. Evocaba Tomás Canales, médico del Hospital de la Princesa: en todas las salas que entraba eran enfermos contagiosos, y más de una vez se le avisó del peligro que corría en el trato con los enfermos, y siempre contestaba, con simpatía y sonriente, que él estaba inmunizado a todas las enfermedades". reunía en una chocolatería cercana a la Plaza de Alcalá con profesores amigos suyos —como Pou de Foxá, de la Universidad de Zaragoza— o con hombres jóvenes que se acercaban a su apostolado.

Encuentra la fortaleza para sacar el Opus Dei en los pobres y en los enfermos:Palabras del Beato Josemaría en Roma, durante un encuentro con miembros del Opus Dei,el 19 de marzo de 1975: De modo que fui a buscar los medios para hacer la Obra de Dios, en todos esos sitios. Mientras tanto, trabajaba y formaba a los primeros que tenía alrededor. Había una representación de casi todo: había universitarios, obreros, pequeños empresarios, artistas… (…) Fueron unos años intensos, en los que el Opus Dei crecía para adentro sin darnos cuenta. Pero he querido deciros -algún día os lo contarán con más detalle, con documentos y papeles- que la fortaleza de la Obra han sido los enfermos de los hospitales de Madrid: los más miserables; los que vivían en sus casas, perdida hasta la última esperanza humana; los más ignorantes de aquellas barriadas extremas. Estas son las ambiciones del Opus Dei, los medios humanos que pusimos: enfermos incurables, pobres abandonados, niños sin familia y sin cultura, hogares sin fuego y sin calor y sin amor. Y formar a los primeros que venían, hablándoles con una seguridad completa de todo lo que se haría, como si ya estuviera ya hecho…Para la historia de la Obra de Dios, es muy interesante anotar estas coincidencias: El 24 de agosto, día de S. Bartolomé, fue la vocación de Isidoro. El 25 de abril, día de S. Marcos, hablé con otro (...). El día de S. Felipe y Santiago (1-V-31), tuve ocasión -sin buscarla- de hablar a dos. Uno de ellos, con quien me entrevisté de largo, quiere ser de la Obra. Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 197 (8-V-1931),:

9 de octubre de 1931 describe su oración de aquel día: Hoy, en mi oración, me confirmé en el propósito de hacerme Santo. Sé que lo lograré: no porque esté seguro de mí, Jesús, sino porque... estoy seguro de Ti. Luego, consideré que soy un borrico sarnoso. Y pedí –pido– al Señor que cure la sarna de mis miserias con la suave pomada de su Amor: que el Amor sea un cauterio que queme todas las costras y limpie toda la roña de mi alma: que vomite el montón de basura, que hay dentro de mí. Después he decidido ser borrico, pero no sarnoso. Soy tu borrico, Jesús, que ya no tiene sarna. Lo digo así, para que me limpies, pues no vas a dejarme mentir... Y de tu borrico, Niño-Dios, haz cuanto quieras: como los niños traviesos de la tierra, tírame de las orejas, zurra fuerte a este borricote, hazle correr para tu gusto... Quiero ser tu borrico, paciente, trabajador, fiel... Que tu borrico, Jesús, domine su pobre sensualidad de asno, que no responda con coces al aguijón, que lleve con gusto la carga, que su pensamiento y su rebuzno y su obra estén impregnados de tu Amor, ¡todo por Amor!

Octubre de 1931"Sentí la acción del Señor, que hacía germinar en mi corazón y en mis labios, con la fuerza de algo imperiosamente necesario, esta tierna invocación: Abba! Pater! Estaba yo en la calle, en un tranvía (...). Probablemente hice aquella oración en voz alta. Y anduve por las calles de Madrid, quizá una hora, quizá dos, no lo puedo decir, el tiempo se pasó sin sentirlo". "Entendí que la filiación divina había de ser una característica fundamental de nuestra espiritualidad: Abba, Pater! Y que, al vivir la filiación divina, los hijos míos se encontrarían llenos de alegría y de paz, protegidos por un muro inexpugnable; que sabrían ser apóstoles de esta alegría, y sabrían comunicar su paz, también en el sufrimiento propio o ajeno. Justamente por eso: porque estamos persuadidos de que Dios es nuestro Padre".

Octava de la Inmaculada Concepción de 1931. "Octava de la Inmaculada Concepción, 1931: En la tarde de ayer, a las tres, cuando me dirigía al colegio de Santa Isabel a confesar las niñas, en Atocha por la acera de San Carlos, esquina casi a la calle de Santa Inés, tres hombres jóvenes, de más de treinta años, se cruzaron conmigo. Al estar cerca de mí, se adelantó uno de ellos gritando: "¡le voy a dar!", y alzaba el brazo, con tal ademán que yo tuve por recibido el golpe. Pero, antes de poner por obra esos propósitos de agresión, uno de los otros dos le dijo con imperio: "No, no le pegues". Y seguidamente, en tono de burla, inclinándose hacia mí, añadió: "¡Burrito, burrito!"Crucé la esquina de Santa Isabel con paso tranquilo, y estoy seguro de que en nada manifesté al exterior mi trepidación interna. Al oírme llamar, por aquel defensor!, con el nombre -burrito, borrico- que tengo delante de Jesús, me impresioné. (Apuntes íntimos, nº 484, 15-XII-1931).

"16 de diciembre de 1931: Ayer estuve como cansado, a consecuencia indudablemente del asalto de la calle de Atocha. Estoy convencido de que fue cosa diabólica.(...). El que trató de agredirme tenía una cara de insensato terrible. De los otros dos no recuerdo nada. Entonces -y después tampoco- no perdí la paz. Fue una trepidación fisiológica, que aceleró la marcha de mi corazón y que me di cuenta de que no se manifestó al exterior, ni en un gesto. Me pasmó, según conté, el tono de ironía, de burla que empleó para llamarme, por dos veces, burrito. Instintivamente, elevé mi corazón y me puse a rezar tres avemarías a nuestra Señora. Después, anoté a la letra en mi cuartilla las frases de aquella gente" (Apuntes íntimos, nº 485, 16-XII-1931).

12-XII-931: Hoy me ha abierto Jesús el sentido, durante el rezo del Oficio divino, como pocas veces. En momentos, fue una borrachera (Apuntes íntimos, n. 475. VP, I, pág. 342) Ese mismo día, durante una reunión en el domicilio de la familia Rodríguez Casanova, experimentó en su alma una locución divina: Inter medium montium... ¡A través de los montes las aguas pasarán!, que le confortó espiritualmente (Apuntes íntimos, n. 476 (13-XII-1931) : Ayer almorcé en casa de los Guevara. Estando allí, sin hacer oración, me encontré —como otras veces— diciendo: "Inter medium montium pertransibunt aquae" (Sal 104, 10). Creo que, en estos días, he tenido otras veces en mi boca esas palabras, porque sí, pero no les di importancia. Ayer las dije con tanto relieve, que sentí la coacción de anotarlas: las entendí: son la promesa de que la Obra de Dios vencerá los obstáculos, pasando las aguas de su Apostolado a través de todos los inconvenientes que han de presentarse.

Este rasgo típico de nuestro espíritu nació con la Obra, y en 1931 tomó forma: en momentos humanamente difíciles, en los que tenía sin embargo la seguridad de lo imposible —de lo que contempláis hecho realidad—, sentí la acción del Señor que hacía germinar en mi corazón y en mis labios, con la fuerza de algo imperiosamente necesario, esta tierna invocación: Abba, Pater! Estaba yo en la calle, en un tranvía (…) Probablemente hice aquella oración en voz alta. Y anduve por las calles de Madrid, quizá una hora, quizá dos, no lo puedo decir, el tiempo se pasó sin sentirlo. Me debieron tomar por loco. Estuve contemplando con luces que no eran mías esa asombrosa verdad, que quedó encendida como una brasa en mi alma, para no apagarse nunca.)

Se pone a buscar fieles:se puso a buscar personas con las que iniciar la nueva labor que Dios le había encomendado, y que pasó a ser decisivamente prioritaria en su corazón, su cabeza y su actividad. Poco a poco fue ampliando el campo de su labor: hombres y mujeres, estudiantes, obreros, sacerdotes, enfermos… Recuerdos del Fundador del Opus Dei en una Meditación, 2-X-1962 :Desde ese momento no tuve ya tranquilidad alguna, y empecé a trabajar, de mala gana, porque me resistía a meterme a fundar nada; pero comencé a trabajar, a moverme, a hacer: a poner los fundamentos. Me puse a trabajar, y no era fácil: se escapaban las almas como se escapan las anguilas en el agua. Además, había la incomprensión más brutal: porque lo que hoy ya es doctrina corriente en el mundo, entonces no lo era. Y si alguno afirma lo contrario, desconoce la verdad. Tenía yo veintiséis años -repito-, la gracia de Dios y buen humor: nada más. Pero así como los hombres escriben con la pluma, el Señor escribe con la pata de la mesa, para que se vea que es Él el que escribe: eso es lo increíble, eso es lo maravilloso. Había que crear toda la doctrina teológica y ascética, y toda la doctrina jurídica. Me encontré con una solución de continuidad de siglos: no había nada. La Obra entera, a los ojos humanos, era un disparatón. Por eso, algunos decían que yo estaba loco y que era un hereje, y tantas cosas más. El Señor dispuso los acontecimientos para que yo no contara ni con un céntimo, para que también así se viera que era El.

Visita la Basilica de Atocha en diciembre de 1931:Cuando nos reunamos, para hablar ex profeso de la Obra, antes de comenzar la charla, diremos: In nomine Patris, et Filii et Spiritus Sancti. Amen. – Sancta Maria sedes sapientiae. – Ora pro nobis. – Así me lo ha pedido Jesús esta mañana en la Basílica de Atocha (Apuntes, n. 471, VPI, 345)

1932. El 2 de enero de 1932 conoció en el Hospital del Rey a José María Somoano, capellán de la Enfermería del Hospital, que se vinculó desde aquel día estrechamente con el Opus Dei.

El 24 de enero de 1932 tuvo lugar la expulsión de los jesuitas y comenzó a dirigirse con el Padre Postius, claretiano.

El 14 de febrero —exactamente dos años después de comenzar la labor con mujeres— pidió la admisión Carmen Cuervo Radigales. El 16 de febrero de 1932 mientras daba la Comunión a las religiosas de Santa Isabel a través de la reja conventual, sintió en su alma esta locución del Señor: —Obras son amores y no buenas razones atendió a un gitano moribundo que recordaría en ocasiones: . "Era un gitano, cosido a puñaladas en una riña. Al momento, accedió a confesarse. No quería soltar mi mano y, como él no podía, quiso que pusiera la mía en su boca para besármela. (...) Daba verdadera pena. Con grandes voces dijo que juraba que no robaría más. Me pidió un Santo Cristo. No tenía, y le di un rosario. Se lo puse arrollado a la muñeca y lo besaba, diciendo frases de profundo dolor por lo que ofendió al Señor".Evocaba años después: "Me decía a gritos, sin que pudiera hacerle callar:—Con esta boca mía podrida no puedo besar al Señor. —¡Pero si le vas a dar un abrazo —le dije—y un beso muy fuerte enseguida, en el Cielo!" Aquel grito sincero de compunción se le quedó clavado en el alma. "¿Habéis visto –comentaba— una manera más hermosamente tremenda de manifestar la contrición? Después, alguna vez lo he dicho también yo, a solas, sin dar voces: con esta boca mía podrida, no puedo besarte, Señor. He aprendido de un gitano moribundo a hacer un acto de contrición". "Murió con muerte edificantísima –escribió—, diciendo entre otras frases al besar el Crucifijo del rosario: "Mis labios están podridos, para besarte a ti". Y clamaba para que sus hijas le vieran y supieran que su padre era bueno. Por eso, sin duda, me dijo: "Póngame el rosario, que se vea, que se vea". –Jesús ya lo hice, pero te vuelvo a ofrecer esa alma, por la que ahora mismo voy a rezar un responso".

"Guardo esa imagen grabada en el alma —recordaba uno de los que le acompañaban en sus visitas a los hospitales— el Padre, arrodillado junto a un enfermo tendido en un pobre jergón sobre el suelo, animándole, diciéndole palabras de esperanza y aliento…Esa imagen no se me borra de la memoria: el Padre, junto a la cabecera de aquellos moribundos, consolándoles y hablándoles de Dios… Una imagen que refleja y resume lo que fueron aquellos años de su vida"

Finales de febrero de 1932. Quiero anotar, porque es algo raro, que Jesús suele darme oración cuando leo la prensa(Apuntes, n. 618; VP, I, pág. 344). Y explica: El sábado último me fui al Retiro, de doce y media a una y media (es la primera vez, desde que estoy en Madrid, que me permito ese lujo) y traté de leer un periódico. La oración venía con tal ímpetu que, contra mi voluntad, tenía que dejar la lectura: y entonces ¡cuántos actos de Amor y abandono puso Jesús en mi corazón y en mis labios! (Apuntes, n. 619; VP, I, pág. 343)

El 9 de abril de 1932 pidió la admisión en el Opus Dei María Ignacia García Escobar, una mujer cordobesa (Hornachuelos, 1896) gravemente enferma de tuberculosis, que esta internada en el Hospital del Rey. Durante los primeros meses de 1932 pidió la admisión un joven ingeniero cervecero, Luis Gordon Picardo, que había conocido en una hermandad de beneficencia —los Filipenses— que atendían a los enfermos del Hospital del Rey.

El 16 de julio falleció José María Somoano en el Hospital del Rey, posiblemente envenenado por odio a la Fe. El sábado 16 de Julio de 1932, día de Nuestra Señora del Carmen -de quien era devotísimo-, a las once de la noche, murió, víctima de la caridad y quizá del odio sectario, nuestro h. [hermano] José María. Sacerdote admirable, su vida, corta y fecunda, era un fruto maduro que el Señor quiso para el cielo. El pensamiento de que hubiera sacerdotes que se atreven a subir al Altar menos dispuestos, le hacía derramar lágrimas de Reparación. Antes de conocer la Obra de Dios, luego de los incendios sacrílegos de Mayo, al iniciarse la persecución con decretos oficiales, fue sorprendido en la Capilla del Hospital -del que fue capellán y apóstol hasta el fin, a pesar de todas las furias laicas-, ofreciéndose a Jesús -en voz alta (creyéndose solo), por impulso de su oración-, como víctima por esta pobre España. Nuestro Señor Jesús aceptó el holocausto y, con una doble predilección, predilección por la Obra de Dios y por José María, nos lo envió: para que nuestro h. redondeara su vida espiritual, encendiéndose más y más su corazón en hogueras de Fe y Amor; y para que la Obra tuviera junto a la Trinidad Beatísima y junto a María Inmaculada quien de continuo se preocupe de nosotros. ¡Con qué entusiasmo oyó, en nuestra última reunión sacerdotal, el lunes anterior a su muerte, los proyectos del comienzo de nuestra acción!Yo sé que harán mucha fuerza sus instancias en el Corazón Misericordioso de Jesús, cuando pida por nosotros, locos -locos como él, y... ¡como El!- y que obtendremos las gracias abundantes que hemos de necesitar para cumplir la Voluntad de Dios. Es justo que le lloremos. -Y, aunque su santa vida y las circunstancias que rodearon su muerte nos dan la seguridad de que goza del eterno descanso de los que viven y mueren en el Señor, es justo también que hagamos sufragios por el alma de nuestro h.

LuisGordon. comenzó sus Ejercicios espirituales en el Convento de los Carmelitas de Segovia. Un día de esos ejercicios, rezando junto a la tumba de S. Juan de la Cruz, invocó por vez primera a los Patronos de las tres obras del Opus Dei: San Miguel, San Gabriel y San Rafael.

El 26 de noviembre, al salir de su casa en la calle Viriato, a primera hora de la mañana, encontró en la acera una imagen de la Virgen, probablemente arrancada de un catecismo, a la que se propuso venerar especialmente, porque tenía el presentimiento de que la habían arrancado con desprecio. Escribió el 27 de noviembre de 1932: "Por eso, no quemaré la pobre imagen —un mal grabado, en un mal papel y roto —: la guardaré, la pondré en un buen marco, cuando tenga dinero... y ¡quién me dice que no se dará culto de amor y desagravio, con el tiempo, a la "Virgen del Catecismo"!". Esa imagen presidió las primeros círculos. Se encontraba en la Academia—Residencia Dya y fue destruida durante los bombardeos de Madrid.

Un día de la novena de la Inmaculada de este mismo año, 1932, compuso, de un tirón, tras la Misa, su libro Santo Rosario.

El 3 de enero de 1933 se incorporó al Opus Dei un joven estudiante de Medicina, Juan Jiménez Vargas. El 21 de enero de 1933 dio el primer círculo o clase de formación cristiana del Opus Dei en una habitación que le prestaron las religiosas trinitarias del Asilo Porta Coeli, en la calle García de Paredes. Asistieron tres universitarios: entre ellos, Juan Jiménez Vargas. Me vinieron sólo tres —recordaba—. ¡Qué descalabro!: ¿verdad? ¡Pues no! Me puse muy optimista, muy contento, y me fui al oratorio de las monjas; expuse a Nuestro Señor en la Custodia y di la bendición a aquellos tres. Bendije a aquellos tres..., y yo veía trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones..., blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor humano puede hacer. Y me he quedado corto (...) porque el Señor ha sido mucho más generoso". Al terminar el círculo, pasó a la sacristía para revestirse y tras una exposición menor, les dio a aquellos tres jóvenes la bendición con el Santísimo (Apuntes íntimos, nº 913, 25-I-1933). "Tomé al Señor Sacramentado (...) alcé, bendije a aquellos tres, y yo veía trescientos, trescientos mil, treinta millones, tres mil millones... blancos, negros, amarillos, de todos los colores, de todas las combinaciones que el amor puede hacer. Y me he quedado corto, porque es una realidad a la vuelta de medio siglo. Yo me he quedado corto porque el Señor ha sido mucho más generoso". Al día siguiente, 22 de enero, comenzó una catequesis para niños en la barriada de los Pinos, en las afueras de Madrid. A partir del 19 de marzo de 1933 comenzó a reunir a los universitarios que trataba apostólicamente en la casa de su familia, en la calle Martínez Campos, donde residía con su madre y sus hermanos desde diciembre de 1932. Les solía recomendar que leyeran y meditaran libros sobre la Vida y la Pasión de Nuestro Señor, aconsejándoles lo que escribió en uno de ellos, como dedicatoria, el 29 de mayo de 1933: "Que busques a Cristo. Que encuentres a Cristo. Que ames a Cristo". Y les pedía que le acompañaran en sus visitas a los enfermos de los hospitales o que explicaran el Catecismo a los niños de las catequesis que había organizado en las barriadas pobres de Madrid.

El 22 de junio de 1933 experimentó, mientras hacía unos Ejercicios Espirituales en el convento de los Redentoristas de la calle Manuel Silvela, lo que denominaría "la prueba cruel". Esa prueba le confirmó, tras unos segundos de oscuridad, el carácter sobrenatural del Opus Dei. Fue como si el Señor le arrebatase por unos instantes la luz fundacional del 2 de octubre de 1928. "El jueves, vísperas del Sagrado Corazón, por primera y única vez desde que conozco la voluntad de Dios, sentí la prueba cruel que hace tiempo me anunciara el P. Postius (...) A solas, en una tribuna de esta iglesia del Perpetuo Socorro —escribió poco después— trataba de hacer oración ante Jesús Sacramentado expuesto en la Custodia, cuando, por un instante y sin llegar a concretarse razón alguna –no las hay–, vino a mi consideración este pensamiento amarguísimo: "¿y si todo es mentira, ilusión tuya, y pierdes el tiempo..., y –lo que es peor– lo haces perder a tantos?" Esa oscuridad le llenó de tristeza. "Fue cosa de segundos –explicaba–, pero ¡cómo se padece!" En un arranque de entrega plena a la Voluntad de Dios, pensando en la Obra, le dijo al Señor: – Si no es tuya, destrúyela; si es, confírmame. Aquello pasó pronto. "Inmediatamente no sólo me sentí confirmado en la verdad de su Voluntad sobre su Obra, sino que vi con claridad un punto de la organización que hasta entonces no sabía de ningún modo solucionar".

El 13 de septiembre falleció santamente en el Hospital del Rey María Ignacia García Escobar. Estuvo atendida hasta aquel momento por el fundador. Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n.Día de San Isidro 15-V-933: Ayer administré el Santísimo Viático a mi h. María García. Es vocación de expiación. Enferma de tuberculosis fue admitida en la O., con el beneplácito del Señor. Hermosa alma. Hizo conmigo confesión general antes de recibir la Comunión. Me acompañó al hospital nacional (del Rey) Juanito J. Vargas. Ama la Voluntad de Dios esa hermana nuestra: ve en la enfermedad, larga, penosa y múltiple (no tiene nada sano) la bendición y las predilecciones de Jesús y, aunque afirma en su humildad que merece castigo, el terrible dolor que en todo su organismo siente, sobre todo por las adherencias del vientre, no es un castigo, es una misericordia. Nota necrológica sobre María Ignacia García EscobarMARIA GARCIA ESCOBAR ( + 13-Septiembre-1933) En las vísperas de la Exaltación de la Santa Cruz, 13 de Septiembre, se durmió en el Señor esta primera h. nuestra, de nuestra Casa del Cielo. -Hacía tiempo que, a ruegos suyos, y atendida la gravedad de su mal, le administramos el Santo Viático. ¡Qué paz la suya! -¡Cómo hablaba, con qué naturalidad, de ir pronto con su Padre-Dios... y cómo recibía los encargos que le dábamos para la Patria..., las peticiones por la Obra! Un sacerdote h. nuestro, fue el instrumento del Señor para que María viniera a la Obra -vocación de expiación- a ofrecerse víctima voluntaria por la santificación de los demás... Aun antes de conocer la Obra de Dios ya aplicaba María por nosotros los terribles sufrimientos de sus enfermedades. -Y recibía Jesús esos dolores en olor de suavidad..., apretando a la víctima, cargando más la Cruz..., tanto que hubo de decir la enferma a aquel sacerdote santo -nuestro h. D. José María Somoano-: "D. José María, pienso que su intención tiene que valer mucho, porque desde que usted me indicó que pidiera y ofreciera, Jesús se está portando muy espléndido conmigo". La oración y el sufrimiento han sido las ruedas del carro de triunfo de esta h. nuestra. -No la hemos perdido: la hemos ganado. -Al conocer su muerte, queremos que la pena natural se trueque pronto en la sobrenatural alegría de saber ciertamente que ya tenemos más poder en el cielo.

En diciembre de 1933 comenzó la primera iniciativa apostólica: la Academia DYA, en la calle Luchana, nº 33. Un paso más en la labor apostólica con gente joven fue la promoción de un centro de formación académica, que pronto incluiría también una residencia de estudiantes, con una sede material que facilitaría además las reuniones para los medios de formación espiritual. Las dificultades iniciales fueron numerosas, empezando por las económicas. El nombre de esa primera academia fue DYA: siglas de Derecho y Arquitectura, pero que en la mente de D. Josemaría, eran un lema: Dios y audacia. La Academia, que se puede considerar la primera labor apostólica corporativa del Opus Dei, se abrió en diciembre de 1933 en la calle de Luchana de Madrid (también le gustaba llamarla la "Casa del Ángel Custodio"). En septiembre de 1934 se convertiría en Academia-Residencia, trasladada a la calle de Ferraz, 50, en gran parte gracias a la generosidad de su familia, que empeñó en el proyecto su escaso patrimonio. En ambos lugares decenas de jóvenes recibieron una sólida formación cristiana, pudiéndose extender así el mensaje recibido en 1928.

Serían profesores de esta Academia, entre otros, Pedro Rocamora, González Escudero, Fernando Oriol, etc. El 11 de diciembre es nombrado Rector del Real Patronato de Santa Isabel. Publica en Cuenca Consideraciones Espirituales.

1935:El 31 de marzo de 1935 el fundador tuvo la alegría de celebrar la Misa por primera vez en un centro del Opus Dei, en la Residencia DYA, en el nº 50 de la calle Ferraz. El 2 de mayo de 1935 hizo una peregrinación mariana al Santuario de Sonsoles, en Ávila. Fue con Ricardo Fernández Vallespín. Con esa peregrinación se inició una costumbre mariana que viven miles de personas que se acercan a los apostolados del Opus Dei.

El 7 de julio se incorporó al Opus Dei Álvaro del Portillo, un joven estudiante de ingeniería de veintiún años. También lo hizo otro estudiante de ingeniería, José María Hernández Garnica. Se van incorporando al Opus Dei los primeros miembros: Pedro Casciaro Ramirez (20-XI-1935), Francisco Botella Raduán (23-XI.-1935).

Desde junio de 1936 el fundador residía en la Residencia DYA, en la calle Ferraz, nº 16. El 21 de julio de 1936, tras el asalto al Cuartel de la Montaña, se refugió en el domicilio de su madre, en la calle Rey Francisco, nº 3. Se desencadenó en el país una terrible persecución religiosa. Ante los continuos registros, el 8 de agosto dejó este domicilio y comienza un largo recorrido por diversos lugares de Madrid: pasa la noche del 8 en una pensión en la calle Menéndez Pelayo, nº 13; va luego al domicilio de los Sáinz de los Terreros, en la calle Sagasta (9- 30 de agosto).

El 30 de agosto de 1936 se encontraba refugiado con Juan Jiménez Vargas, uno de los primeros miembros del Opus Dei, y otros perseguidos, en la casa de unos conocidos de la calle Sagasta de Madrid. Uno de ellos no sabía quién era don Josemaría y recordaba años más tarde lo que les sucedió cuando los soldados entraron para hacer un registro: "revisaban desde el sótano hasta la buhardilla… comenzaron a inspeccionar los sótanos y pasaban después a cada uno de los pisos. Antes de que llegaran al nuestro, por una escalera interior, nos subimos a una buhardilla, llena de polvo de carbón y de trastos, como todas las buhardillas, y en las que no nos podíamos poner de pie porque llegábamos con la cabeza al techo… Hacía un calor insoportable. En un momento oímos cómo entraban en la buhardilla de al lado para hacer el registro… —Estando en esta situación se me acerca don Josemaría y me dice: —Soy sacerdote; estamos en momentos difíciles; si quieres, haz un acto de contrición y yo te doy la absolución. Inexplicablemente, tras haber registrado toda la casa, no entraron en aquella buhardilla. Supuso mucha valentía decirme que era sacerdote ya que yo podía haberle traicionado y, en caso de que hubieran entrado, podía haber intentado salvar mi vida, delatándolo".

Más tarde, el 1 de septiembre, el domicilio de los Herrero Fontana; y el 4 de septiembre pasa a casa de Álvaro González, en la calle Caracas, nº 15. Permanece allí la noche del 4 al 5 de septiembre, día en que se traslada a la calle Serrano, nº 39, junto con Álvaro del Portillo, refugiado también en aquel lugar.

El 2 de octubre, ante el temor de nuevos registros, debe dejar ese refugio de la calle Serrano. Se aloja en el domicilio de los Herrero Fontana. Tampoco es lugar seguro: más tarde –del 3 al 6 de octubre— va a la casa de Eugenio Sellés, en la calle Maestro Chapí. Vuelve al domicilio de los Hererro Fontana. El 7 de octubre logra refugiarse en la Clínica del Doctor Suils, en la calle Arturo Soria.

1937:Estuvo en la Clínica del doctor Suils unos cinco meses y medio, desde el 7 de octubre de 1936 hasta el 14 de marzo de 1937, día en que pudo trasladarse a un nuevo refugio: el Consulado de Honduras, en el Paseo de la Castellana nº 53, junto a la Plaza de Castelar. En la Legación padeció lo que la Mística denomina noche oscura del alma. Y al mismo tiempo que su alma, su cuerpo acusó de tal manera el peso de tantos sufrimientos —llevaba muchos meses de hambres, tensiones continuas y peligros de muerte— que cuando fue a verle su madre no le reconoció a primera vista por lo demacrado y agotado que se encontraba. Estuvo en este Consulado más de cinco meses, desde el 14 de marzo de 1937 hasta finales de agosto de 1937, cuando obtuvo una documentación que le permitió cierta libertad y preparar la salida de España. Tras una semana de residencia en una pensión de la calle Ayala, el 7 de octubre abandonó Madrid,camino de Barcelona, por Valencia.

El 19 de noviembre salió hacia el Pirineo. Durante la marcha, tan arriesgada y azarosa —si los descubrían se exponían a ser fusilados— se dio a conocer como sacerdote y celebró la Eucaristía todas las veces que le fue posible. "Sobre una roca y arrodillado —escribió durante la travesía —-uno de los expedicionarios en su bloc de notas— casi tendido en el suelo, un sacerdote que viene con nosotros dice la Misa. No la reza como los otros sacerdotes de las iglesias. Sus palabras claras y sentidas se meten en el alma. Nunca he oído Misa como hoy, no sé si por las circunstancias o porque el sacerdote es un santo".

Llegaron a Andorra el 2 de diciembre, acompañado por un pequeño grupo de personas. El 12 de diciembre llegó a San Sebastián. 1938: Algunos viajaban hasta Burgos para hablar con él, aprovechando breves permisos miltares. San Josemaría les confortaba, abriéndoles grandes horizontes. "Tenía la costumbre de salir de paseo por la orilla del Arlanzón, mientras conversaba con ellos, mientras oía sus confidencias, mientras trataba de orientarles con el consejo oportuno que les confirmara o les abriera horizontes nuevos de vida interior; y siempre, con la ayuda de Dios, les animaba, les estimulaba, les encendía en su conducta de cristianos. A veces, nuestras caminatas llegaban al monasterio de las Huelgas, y en otras ocasiones nos escapábamos a la Catedral. Me gustaba subir a una torre, para que contemplaran de cerca la crestería, un auténtico encaje de piedra, fruto de una labor paciente, costosa. En esas charlas les hacía notar que aquella maravilla no se veía desde abajo. Y, para materializar lo que con repetida frecuencia les había explicado, les comentaba: ¡esto es el trabajo de Dios, la obra de Dios!: acabar la tarea personal con perfección, con belleza, con el primor de estas delicadas blondas de piedra".

Les hacía soñar con el fecundo servicio a la Iglesia que prestaría el Opus Dei, cuando el Señor los esparciese por los cinco continentes. Pensaba ya en personas concretas para comenzar en diversos países. "Hacíamos tú y yo nuestra oración, cuando caía la tarde. Cerca se escuchaba el rumor del agua. —Y, en la quietud de la ciudad castellana, oíamos también voces distintas que hablaban en cien lenguas, gritándonos angustiosamente que aún no conocen a Cristo.Besaste el Crucifijo, sin recatarte, y le pediste ser apóstol de apóstoles.". Mientras tanto, iba recogiendo objetos litúrgicos y pedía libros, consciente de que había que llevar a Cristo los diversos campos del saber, del arte y la cultura.

1939: El 28 de marzo de 1939 regresó a Madrid. Desde el 29 de marzo hasta el 15 de julio de 1939 residió en la casa rectoral de Santa Isabel. De allí pasó a la Residencia de Jenner, continuadora de DYA. Al día siguiente de entrar en Madrid las tropas vencedoras en la guerra civil, ya se habían reunido en la capital un pequeño grupo de miembros del Opus Dei y, no teniendo donde alojarse, don Josemaría les invitó a dormir en la casa rectoral de Santa Isabel. Pronto se empezó una nueva residencia en la calle Jenner. Cuando se inauguró el curso 1939-1940 los estudiantes en Jenner eran una veintena. Al año siguiente casi se dobló el número. Mientras, en el mismo año 1939, se pudo al fin iniciar establemente la labor en Valencia, de donde vinieron enseguida nuevos fieles para el Opus Dei. Casi inmediatamente el Opus Dei llegó a Barcelona y Valladolid (1940), poco después a Zaragoza, Bilbao, Sevilla y Santiago. El número de vocaciones y actividades apostólicas creció notablemente. También la labor con mujeres pudo reiniciarse acabada la guerra: se incorporaron algunas y se pudo abrir el primer centro en Madrid, en la calle Jorge Manrique, en abril de 1942. Además, el propio Fundador desarrolló durante estos años una intensa actividad con sacerdotes diocesanos de toda España, sobre todo atendiendo tandas de ejercicios espirituales. Recuerdos de Pedro Casciaro. (…) Volví de nuevo a Madrid, al edificio de la casa rectoral, donde estábamos muy pobremente instalados, utilizando ese curioso saldo de objetos que quedan abandonados tras una guerra: catres de soldado, mantas de cuarteles, etc. Sólo estuvimos allí durante cuatro meses. El Padre quería ceder la casa lo más pronto posible a las Agustinas Recoletas, cuyo convento había quedado destruido. Mientras tanto, buscábamos por todo Madrid una casa de alquiler en la que se pudiera instalar la Residencia (…)El 6 de junio se firmó, por fin, el contrato de la casa que iba a albergar la futura Residencia de estudiantes: la integraban tres amplios pisos de la primera y tercera planta de la calle de Jenner número 6, muy cerca del Paseo de la Castellana. En los dos pisos de la tercera planta -que se unieron- se instalaron el oratorio, la sala de estar, la biblioteca, una salita de recibir y las habitaciones de los residentes. En la primera planta se instalaron el comedor de la Residencia, el comedor de invitados, una sala de recibir, la habitación que ocupaba el Padre, una segunda habitación para la Abuela y su hermana Carmen y una tercera habitación para su hermano Santiago, que era entonces estudiante universitario (…) Por fin, el 15 de julio comenzó la mudanza. El 6 de agosto el Padre bendijo el nuevo Centro de la calle de Jenner. Comenzaba un nuevo capítulo de la historia de la Obra".

1939 Expansión apostólica del Opus Dei por ciudades españolas: Valencia, Barcelona, Valladolid, Zaragoza, Bilbao, Sevilla, Santiago.

1941—En diciembre obtiene el Doctorado en Derecho en la Universidad de Madrid. Expansión apostólica por España. El Opus Dei se extiende por Valencia, Barcelona, Valladolid, Zaragoza, Bilbao, Sevilla, Santiago. Ejercicios Espirituales. Obispos de numerosas diócesis le piden que predique ejercicios espirituales para el clero. Millares de sacerdotes y seminaristas le escucha. Dirige retiros a comunidades religiosas.

El 19 de marzo, el obispo de Madrid, Leopoldo Eijo y Garay concede la primera aprobación diocesana del Opus Dei.

22 de abril Fallece en Madrid su madre, Dolores Albás. Al despedirse de ella le había pedido que ofreciera las molestias de su enfermedad por los frutos de los ejercicios que iba a predicar. Doña Dolores asintió, y al despedirse, se le escapó un suspiro: —¡Este hijo...! Se había quedado preocupado por ella; pero hizo lo que acostumbraba: abandonarse en las manos de Dios. "Señor –estuvo orando, junto al Sagrario, al llegar a Lérida—, cuida de mi madre, puesto que estoy ocupándome de tus sacerdotes". Dos días después predicó acerca de la labor sobrenatural, inigualable, de la madre del sacerdote junto a su hijo. "Y se me ocurrió decir: "Las madres de los sacerdotes —yo estaba con la pena de mi madre— se debían morir sólo al día siguiente de que muriese su hijo. En aquel momento vinieron a llamar al Obispo; se marchó, y yo acabé". Al finalizar, se quedó rezando en la capilla. Alguien le avisó por detrás: era el Obispo que regresaba con la cara demudada. Álvaro del Portillo le llamaba desde Madrid. Se puso al teléfono: su madre había fallecido. Volvió de nuevo a la capilla. Hizo junto al Sagrario un acto pleno y rendido de aceptación de la Voluntad de Dios. "Siempre he pensado —decía años después— que el Señor quiso de mí ese sacrificio, como muestra externa de mi cariño a los sacerdotes diocesanos, y que mi madre especialmente continúa intercediendo por esta labor".

"¿Sabéis por qué la Obra se ha desarrollado tanto? Porque han hecho con ella como con un saco de trigo: le han dado golpes, le han maltratado, pero la semilla es tan pequeña que no se ha roto; al contrario, se ha esparcido a los cuatro vientos, ha caído en todas las encrucijadas humanas donde hay corazones hambrientos de Verdad, bien dispuestos, y ahora tenemos tantas vocaciones, y somos como una familia numerosísima, y hay millones de almas que admiran y aman a la Obra, porque ven en ella una señal de la presencia de Dios entre los hombres, porque advierten esa misericordia divina que no se agota".

"Una noche, estando ya acostado y empezando a conciliar el sueño —cuando dormía, dormía muy bien; no he perdido el sueño jamás por las calumnias y trapisondas de aquellos tiempos—, sonó el teléfono. Me puse y oí: Josemaría... Era don Leopoldo, entonces Obispo de Madrid. Tenía una voz muy cálida. (...) ¿Qué hay?, le respondí. Y me dijo: ecce Satanas expetivit vos ut cribraret sicut triticum. Os removerá, os zarandeará, como se zarandea el trigo para cribarlo. Luego añadió: yo rezo por vosotros... Et tu... confirma filios tuos! Tú, confirma a tus hijos. Y colgó.".

Muchos de los ataques se dirigían contra su figura. Pero san Josemaría vivía desprendido de sí: sólo deseaba servir a Dios, cumplir su misión. Por eso, una noche de 1942 se arrodilló frente al Sagrario y le dijo al Señor: —Si tu no quieres mi honra, yo, ¿para qué la quiero? Años después, cuando alguno de sus antiguos detractores le pedía perdón, respondía: No me habéis ofendido; sólo me dio pena de la ofensa a Dios que quizá hicieron los que os informaron mal, y a ésos también les quiero bien.

1943: El 14 de febrero de 1943, inseparablemente unida al Opus Dei, mientras celebraba la Santa Misa. "Al acabar de celebrarla, dibujé el sello de la Obra —la Cruz de Cristo abrazando el mundo, metida en sus entrañas— y pude hablar de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz". Esa era la solución jurídica para que pudieran ordenarse sacerdotes el Opus Dei, con su mismo espíritu: la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. Una solución que había buscado durante mucho tiempo, y que respondía plenamente a la luz que había recibido el 2 de octubre de 1928, cuando vio el Opus Dei compuesto por seglares y sacerdotes en íntima cooperación. Aquel 14 de febrero comprendió, con especial fuerza, que los cristianos corrientes, hombres y mujeres con mentalidad laical y alma sacerdotal, deberían hacerse una sola cosa con Cristo y corredimir con Él; y que esto —comenta José Antonio Abad— "requería necesariamente el sacerdocio ministerial, instrumento del que se sirve Cristo para comunicar su vida y su gracia a través de los sacramentos, especialmente el Sacrificio Eucarístico. Esa es la estructura de la Iglesia, que tenía que estar presente también en el Opus Dei.

El 15 de julio de 1943 falleció en Madrid con fama de santidad Isidoro Zorzano,

El 11 de octubre el Opus Dei recibió el nihil obstat de la Santa Sede para su erección diocesana. El 8 de diciembre de 1943 el Opus Dei fue erigido en la diócesis de Madrid.Pide oraciones por los tres primeros sacerdotes. Juan Fontán, un joven que murió en 1944, ofreció su enfermedad por los tres primeros miembros del Opus Dei. (Entrevista...pág. 113)

Carta 8-VIII-1956: Desde que preparé a los primeros sacerdotes de la Obra, exageré -si cabe- en su formación filosófica y teológica, por muchas razones: la segunda, por agradar a Dios; la tercera, porque había muchos ojos llenos de cariño puestos en nosotros, y no se podía defraudar a esas almas; la cuarta, porque había gente que no nos quería, y buscaba una ocasión para atacar; después, porque en la vida profesional he exigido siempre a mis hijos la mejor formación, y no iba a ser menos en la formación religiosa. Y la primera razón -puesto que yo me puedo morir de un momento a otro, pensaba-, porque tengo que dar cuenta a Dios de lo que hecho, de deseo ardientemente salvar mi alma.

1944. El 25 de junio el obispo de Madrid ordena a los tres primeros sacerdotes del Opus Dei: Álvaro del Portillo, José María Hernández Garnica y José Luis Múzquiz.

Publica su tesis La abadesa de las Huelgas. Durante esta etapa hizo viajes periódicos por todo el país, realizando desplazamientos que resultaban especialmente duros en aquel tiempo de inmediata posguerra, por los precarios y deficientes medios de comunicación y transporte que había.

En octubre de 1944 sufrió un ántrax que puso en evidencia la fuerte diabetes que padecía. Esta enfermedad le causaba un malestar progresivo, cansancio, aumento de peso y una fuerte sed. A pesar de todo, siguió impulsando la tarea evangelizadora.

1945.

1946: El 23 de junio llega a Roma. El 16 de julio y el 8 de diciembre Pío XII le recibe en audiencia privada. El Opus Dei contaba entonces con 239 varones y 29 mujeres. El Opus Dei había nacido con vocación universal, por lo que las aprobaciones jurídicas diocesanas que habían tenido lugar hasta ese momento resultaban insuficientes. Además, la extensión del Opus Dei fuera de España era una realidad. Por ello y ayudado sobre todo por Don Álvaro del Portillo, el Fundador procedió a preparar la necesaria aprobación pontificia. En ese contexto tuvo lugar el histórico y decisivo primer viaje del Beato Josemaría Escrivá a Roma, donde fijaría poco después su residencia definitiva y se establecería también el gobierno central del Opus Dei.: "Recuerdos de Álvaro del PortilloConservo el recuerdo imborrable de su llegada a Roma. Era el 23 de junio de 1946. El Padre tenía 44 años. Yo estaba en Roma desde febrero de aquel año, porque el Fundador me había encomendado diversas gestiones para la aprobación pontificia de la Obra. Como las características propias del Opus Dei representaban una novedad absoluta en el Derecho canónico vigente, yo trabajaba en la medida de mis posibilidades, siguiendo las indicaciones precisas del Fundador. Pero me dijeron, entre otras muchas cosas, que no era posible aún obtener la aprobación del Opus Dei: habíamos nacido -ésta fue la expresión literal- con un siglo de anticipación. Las dificultades eran tan grandes, aparentemente insuperables, que decidí escribir al Padre para manifestarle la necesidad de su presencia en Roma. Aunque en aquel momento padecía una diabetes gravísima -hasta el punto de que el médico que entonces le atendía, el Dr. Rof Carballo, había declinado toda responsabilidad sobre su vida si emprendía aquel viaje-, el 21 de junio el Padre se embarcó en el viejo J.J. Sister, en Barcelona. Antes había pedido su parecer a los miembros del Consejo General del Opus Dei, y se había abandonado en manos de la Virgen de la Merced. Después de una dura travesía, a causa de una tempestad absolutamente insólita en el Mediterráneo, la nave atracó en el puerto de Génova el 22 de junio, poco antes de la medianoche. Yo había ido a esperarle desde Roma junto con Salvador Canals, otro miembro del Opus Dei. Pasamos antes por un modesto hotel para reservar las habitaciones. Recuerdo que allí Salvador y yo cenamos muy frugalmente: estábamos en plena posguerra, y como postre nos sirvieron un trozo de parmesano. Yo no conocía este tipo de queso, lo probé y me pareció tan bueno que lo guardé para nuestro Fundador. No podía imaginar que sería su primer alimento después de cuarenta y ocho horas. El Padre me tomó siempre el pelo afectuosamente por aquello. Al día siguiente celebró su primera misa en tierra italiana, en una iglesia muy dañada por los bombardeos. El viaje hasta Roma, en un pequeño coche alquilado, por aquellas carreteras destrozadas tras la guerra, fue interminable e incomodísimo. Pero el Padre rebosaba alegría, sin una queja: le emocionaba pensar que al fin iba a cumplirse una de sus más grandes aspiraciones: videre Petrum. Durante todo el recorrido rezó muchísimo por el Papa. Llegamos a Roma al atardecer del 23 de junio. Cuando divisó por vez primera la cúpula de San Pedro desde la Via Aurelia, rezó muy conmovido un Credo. Habíamos subarrendado algunas habitaciones de un apartamento en el último piso de un edificio de la plaza de Città Leonina, nº 9, que tenía una terraza desde la que se veía la Basílica de San Pedro y el Palacio Pontificio. Al asomarse a esta terraza y contemplar las habitaciones que ocupaba el Vicario de Cristo, el Padre expresó su deseo de quedarse allí un rato, recogido en oración, mientras los demás, cansados de un viaje tan accidentado, se retiraban a descansar. Llevado por su amor al Papa, y emocionado por estar tan cerca de sus habitaciones, el Padre permaneció en la terraza toda la noche, rezando, sin dar importancia al cansancio del viaje ni a su falta de salud, ni a la tremenda sed que le producía su enfermedad, ni a los contratiempos del viaje en barco. Este episodio puede dar una idea de la intensidad con que el Fundador amaba a la Iglesia y al Papa. Y, aún más, a pesar del gran deseo -ansia incluso- de acercarse a rezar ante la tumba de San Pedro, el Padre esperó varios día antes de entrar en el Templo de la Cristiandad; tan grande era su espíritu de mortificación. A finales de aquel mes, exactamente el 30 de junio, el Padre pudo escribir a sus hijos del Consejo General del Opus Dei, que tenía entonces su sede en España: "Tengo un autógrafo del Santo Padre para 'el Fundador de la Sociedad de la Santa Cruz y del Opus Dei'. ¡Qué alegrón! Lo besé mil veces. Vivimos a la sombra de San Pedro, junto a la columnata. El 31 de agosto pudo regresar a Madrid, con un documento de la Santa Sede llamado De alabanza de los fines, instrumento canónico que no se otorgaba desde hacía casi un siglo. Las dificultades comenzaban a superarse. El 22 de octubre de 1946, Mons. Escrivá quiso volver a rezar ante la Virgen de la Merced; después, el 8 de noviembre, volvió desde Madrid definitivamente a Roma, ciudad que sería durante casi treinta años su residencia habitual, hasta el día en que Dios lo llamó a su Presencia.

Aprobaciones pontificias del Opus Dei Las gestiones del Fundador del Opus Dei en Roma pronto empezaron a dar sus frutos: el breve apostólico "Cum Societatis", del 28 de junio de 1946, concedía diversas indulgencias a los miembros de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei; la carta "Brevis sane", del 13 de agosto de 1946, era una alabanza de los fines del Opus Dei. Poco después, la promulgación de la Constitución Apostólica "Provida Mater Ecclesia" creaba la nueva figura de los Institutos Seculares, y el Opus Dei pudo acomodarse a esta nueva forma jurídica, no del todo adecuada a su carisma, pero que le permitía gozar de un régimen supradiocesano y subrayar más su unidad y universalidad. Pío XII aprobó el Opus Dei como Instituto Secular con el "Decretum laudis", que lleva por título "Primum Institutum", de 24 de febrero de 1947. El 16 de junio de 1950, mediante el Decreto "Primum inter", Pío XII concedió al Opus Dei la aprobación definitiva como Instituto secular de derecho pontificio. En ese momento, el Opus Dei contaba con tres mil miembros y el número de centros distribuidos por el mundo superaba el centenar. 1947: El 24 de febrero la Santa Sede otorga el Decretum laudis: la primera aprobación pontificia.

El 22 de abril es nombrado prelado Doméstico de Su Santidad. Como conocía bien la humildad del Padre, hice las gestiones sin informarle previamente. En la primavera de ese año llegó una carta de Mons. Montini con el nombramiento del Fundador del Opus Dei como Prelado doméstico. Estaba fechado el 22 de abril de 1947. Mons. Montini alababa al Opus Dei y a su Fundador, y añadía que la Obra era una esperanza para la Iglesia. El Padre se sintió reconocido, pero me dijo que no quería aceptar y que, con toda su gratitud, pensaba devolver el documento de nombramiento a Mons. Montini explicándole que no deseaba ninguna distinción honorífica. Don Salvador Canals y yo le pedimos que no lo hiciera, y el argumento decisivo fue que con ese nombramiento se mostraba de modo aún más patente la secularidad del Opus Dei. Entonces cambió de parecer y escribió una carta al Sustituto de la Secretaría de Estado manifestando su gratitud por aquella prueba de afecto del Santo Padre y suya. Después nos enteramos de que Mons. Montini había tenido también la delicadeza de pagar de su bolsillo las tasas por el nombramiento. (Don Alvaro, Pág. 18)

1948: El 18 de enero de 1948 conoce al cardenal Schuster en Milán, alentó los comienzos del Opus Dei en Milán y ayudó con generosidad en los primeros pasos de la labor apostólica en su diócesis.

1948. El 29 de junio erige el Colegio Romano de la Santa Cruz, donde se formarán en adelante miles de profesionales, fieles del Opus Dei, de diversos países del mundo. Allí recibirán una profunda formación espiritual y pastoral, al tiempo que realizan estudios en diversos ateneos pontificios romanos. "'Colegio' —explicó el Fundador— porque es una reunión de corazones que forman -consummati in unum- un solo corazón, que vibra con el mismo amor...; 'Romano', porque nosotros, por nuestra alma, por nuestro espíritu, somos muy romanos. Porque en Roma reside el Santo Padre, el Vice-Cristo, el dulce Cristo que pasa por la tierra. De la 'Santa Cruz', porque el Señor quiso coronar la Obra con la Cruz, como se rematan los edificios, un 14 de febrero... Y porque la Cruz de Cristo está inscrita en la vida del Opus Dei desde su mismo origen, como lo está en la vida de cada uno de sus hijos. Y también porque la Cruz es el trono de la realeza del Señor, y hemos de ponerla bien alto, en la cima de todas las actividades humanas."

1949: Se comienza a fines de año en Estados Unidos y México

1950: En el mes de enero el Opus Dei cuenta con 2.954 miembros de los cuales 23 son sacerdotes. Hay 2.404 varones y 550 mujeres. 46 laicos se preparan para la ordenación. El 11 de marzo viajan a Argentina para comenzar la labor apostólica Ricardo Fernández Vallespín, Ismael Sánchez Bella y Francisco Ponz. El 28 de marzo celebra sus bodas de plata sacerdotales.

El 16 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Pío XII concede al Opus Dei la aprobación definitiva. (Decreto Primer Inter: Instituto Secular de derecho Pontificio).

Esta aprobación —aunque no se corresponde plenamente con el carisma fundacional— permite que sean admitidas en el Opus Dei personas casadas, y que se adscriban a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz sacerdotes del clero secular.

Además, pueden realizarse nombramientos de personas no católicas, e incluso no cristianas, como cooperadores del Opus Dei. "El Opus Dei, desde que se fundó —decía en una entrevista— , no ha hecho nunca discriminaciones: trabaja y convive con todos, porque ve en cada persona un alma a la que hay que respetar y amar. No son sólo palabras; nuestra Obra es la primera organización católica que, con la autorización de la Santa Sede, admite como Cooperadores a los no católicos, cristianos o no".

1951: El 1 de enero durante una comida en Madrid, en el Centro Villanueva, habla de la expansión del Opus Dei en todo el mundo. Del 4 al 23 de enero hace un largo viaje apostólico por España y Portugal, donde visita en Lisboa al Cardenal Cerejeira. El 1 de febrero se traslada provisionalmente al centro de Orsini, mientras concluyen las obras en Villa Tevere, El 28 de abril viaja a Madrid para asistir al primer Congreso General del Opus Dei en Molinoviejo (Segovia). que se celebró a comienzos de mayo.

Sufre una contradicción promovida por algunos padres de miembros del Opus Dei italianos.

Recuerdos de Álvaro del Portillo

De 1946 en adelante, cuando nuestro Fundador se estableció definitivamente en Roma, continuaron las dificultades y las contradicciones. Al surgir las primeras vocaciones del Opus Dei entre los estudiantes universitarios de Roma, el Señor permitió que algunas familias recibieran mal la vocación de sus hijos y llegaran a escribir al Santo Padre lamentándose, sin obtener, como es natural, el resultado que esperaban. El Fundador recurrió a los medios sobrenaturales y consagró las familias de los miembros de la Obra a la Sagrada Familia. Durante el verano de 1951, como el precedente, nuestro Fundador permaneció en Roma. Sentía una gran inquietud, una turbación interior, porque el Señor le hacía intuir que se estaba tramando algo muy grave contra la Obra. Decidió acudir al único remedio que tenía a su alcance: los medios sobrenaturales. Y peregrinó a Loreto para consagrar la Obra al Corazón Dulcísimo de María. Era el 15 de agosto de 1951. Algunos meses después de la Consagración de la Obra al Corazón Dulcísimo de María, el Cardenal Schuster, Arzobispo de Milán, encargó que dijeran a nuestro Fundador que se acordase de San José de Calasanz. De esa forma vino a saber lo que se estaba tramando: dividir la Obra en dos instituciones separadas, los hombres por un lado y las mujeres por otro, y decapitarla, expulsando al Fundador. El 24 de febrero de 1952 el cardenal Tedeschini tomó posesión como Cardenal protector de la Obra, según el derecho entonces vigente. Poco tiempo después, el 20 de marzo, el Padre le llevó una carta -fechada unos días antes, el 12-, en la que explicaba la situación. Como siempre, le acompañé yo. El cardenal Tedeschini leyó la carta con calma, delante de nosotros, y dijo que se la haría llegar al Papa. El texto estaba lleno de caridad hacia los que habían urdido aquella trama, y el Padre mostraba que no había ningún motivo para tomar medida alguna contra la Obra. El Papa, después de leerla, dijo al cardenal: "¿Pero, quién ha pensado hacer eso?" Era evidente que todo se había urdido sin conocimiento del Santo Padre Pío XII. Así se desvaneció aquel ataque contra el Fundador y contra la Obra: era la respuesta de la Virgen a la consagración del Opus Dei hecha el 15 de agosto de 1951". Palabras del Beato Josemaría Escrivá en 1956 Invocad a la Santísima Virgen con esta jaculatoria: Cor Mariae Dulcissimum, iter para tutum! Es un grito filial que me venía constantemente al corazón y a la boca, en unos momentos muy concretos de la historia de nuestra Obra; algún día, cuando yo ya no esté aquí, lo sabréis… Querían romper esta bendita unidad de las dos Secciones, que era lo mismo que partirme el alma… No teniendo a quien recurrir aquí en la tierra, acudí a nuestra Madre del cielo, para que las dos Secciones de la Obra sigan siempre como dos borriquillos tirando del mismo carro divino adelante por un camino seguro que se va abriendo con la suave violencia de las obras de Dios… No olvidéis, hijos, que la seguridad de ese camino depende también de vosotros, del empeño que pongáis en ser fieles, en ser santos.

El 14 de mayo hizo la Consagración de las familias de los miembros del Opus Dei a la Sagrada Familia.."... Oh Jesús, amabilísimo Redentor nuestro, que al venir a iluminar el mundo, con el ejemplo y con la doctrina, quisiste pasar la mayor parte de tu vida sujeto a María y a José en la humilde casa de Nazaret, santificando la Familia que todos los hogares cristianos debían imitar: acoge benígnamente la consagración de las familias de tus hijos en el Opus Dei, que ahora te hacemos (...). Tómalas bajo tu protección y custodia, y haz que se acomoden al divino modelo de tu Sagrada Familia". Poco después acaba la contradicción.

El 27 de mayo Peregrina al Santuario de la Madonna del Tufo, en Marino, en los alrededores de Roma, con Alvaro del Portillo y Fernando Maycas: la escasa presencia de hombres en una procesión le mueve a promover el culto eucarístico.

El 15 de agosto consagró el Opus Dei, en Loreto, al Dulcísimo Corazón de María.El 4 de octubre sale de Roma, y peregrina al Santuario de Lourdes,.El día 11 preside en Los Rosales el primer Congreso General de las mujeres del Opus Dei que dura hasta el día 13. Desde el 17 al 21 de octubre realiza un viaje a Portugal. Peregrina a Fátima. Se entrevista con el Cardenal Gouveia. Regresa en avión a Roma el 24 de octubre. El 2 de diciembre pronuncia la homilía "Vocación cristiana" El 15 diciembre consagra el altar del Oratorio del Corazón de María, n Villa Sacchetti.

1952: El 9 de enero cumple 50 años de edad (Cfr. Sastre, pág. 405). El 15 enero el Cardenal Schuster alerta a los miembros del Opus Dei de Milán sobre una grave contradicción. El 11 de febrero Juan Udaondo va a Roma y le transmite la preocupación del Cardenal Schuster (Berglar, pág. 414)

El 24 de febrero el Cardenal Tedeschini toma posesión como Cardenal protector de la Obra. El 2 de marzo. Homilía "La conversión de lo hijos de Dios". El 12 de marzo dirige una carta al Papa, sobre la contradicción que sufre el Opus Dei. El 18 de marzo el Card. Tedeschini lee al Papa Pío XII la carta, firmada también por Alvaro del Portillo.

El 26 de octubre de 1952 — fiesta de Cristo Rey— consagró el Opus Dei al Sagrado Corazón de Jesús— pidiendo que el Señor concediera a sus hijos "un amor grande a la Iglesia y al Papa, que se traduzca en obras de servicio". "Oh, dulcísimo Jesús (...), al consagrarte nuestra Obra, con todas sus labores apostólicas, te consagramos también nuestras almas con todas sus facultades; nuestros sentidos; nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones; nuestros trabajos y nuestras alegrías. Especialmente te consagramos nuestros pobres corazones, para que no tengamos otra libertad que la de amarte a Ti, Señor".

Comienza la labor del Opus Dei en la República Federal Alemana. En octubre, en Pamplona da sus primeros pasos el Estudio General, futura Universidad de Navarra. En el mes de diciembre escribe una Carta sobre el 25 aniversario del Opus Dei, en la que señala que hay que buscar nuevos caminos. ( Cfr. Itinerario, págs. 305 y 319).

1953: El 20 febrero peregrina al Santuario Divino Amore de Roma para rezar por la solución del problema económico. Se entera de una nueva insidia: se dice que se alteran las constituciones a espaldas del Papa ( Cfr. Urbano, pág. 91). El 24 septiembre está fechada la carta del Cardenal Tedeschini sobre las bodas de Plata del Opus Dei (Cfr. Itinerario, pág. 305) . Ese día sale de Roma, peregrina a Lourdes y se dirige a Molinoviejo. El 2 de octubre celebró en Molinoviejo (Segovia), en la intimidad, las Bodas de Plata del Opus Dei.

Se traslada a Roma la Asesoría Central. El 22 de octubre, primera estancia en Gaztelueta (Cfr. Sastre, pág. 427) El 12 de diciembre erige el Colegio Romano de Santa María, centro dedicado a proporcionar una intensa formación espiritual, teológica y apostólica a mujeres del Opus Dei de todo el mundo.

1954: El 14 de febrero comienza el Primer curso del Colegio Romano de Santa María con 7 alumnas. El 11 de marzo Alvaro del Portillo cumple 40 años. El 19 de marzo escribe una Carta sobre la situación jurídica ( Cfr. Itinerario , págs. 319-21). El 16 de abril Homilía "Para que todos se salven.

El 27 de abril, siguiendo las instrucciones del médico, Alvaro del Portillo le puso una inyección de insulina A continuación bajaron al comedor.De repente, sentado ya en la mesa, sufrió un shock y le pidió inmediatamente la absolución a don Alvaro. —Álvaro, dame la absolución. —Pero, Padre, ¿qué dice? —dijo don Álvaro, sin comprender qué pasaba.—¡La absolución! Como don Álvaro se había quedado desconcertado san Josemaría comenzó a decir la fórmula de la absolución —ego te absolvo...— y se desvaneció sin sentido. Era un shock anafiláctico, que le duró un cuarto de hora. Tras darle la absolución, don Alvaro intentó que tomara algo de azúcar y avisó rápidamente al médico. Cuando éste llegó ya empezaba a recobrarse, aunque se había quedado ciego. Pero esta ceguera le duró sólo algunas horas: luego, quedo completamente curado. Le quedaron algunas consecuencias de la enfermedad que había sufrido durante diez años, pero ya no era diabético.

1955: 3 de abril "Tras los pasos del Señor". 4 de abril "Desprendimiento" y "Vida de oración". Del 22 de abril al 12 de mayo hace un largo viaje apostólico por diversas naciones de Europa: Roma, Milán, Como, Zurich, Basilea, Lucerna, Berna, Friburgo, St. Gallen, Bonn, Colonia, Maguncia, Munich y Viena. De 16 de noviembre al 10 de diciembre hace un nuevo viaje para impulsar la labor apostólica en Europa: Roma, Milán, Suiza, Ars, París, Chartres, Lisieux, Rouen, Lille, Brujas, Lovaina, La Haya, Amsterdam, Colonia, Bonn, Viena, Roma. Hemos llenado las carreteras de Europa —decía— de oraciones, de Avemarías, de jaculatorias, de comuniones espirituales y de alegría sobrenatural, también con canciones humanas llevadas al amor divino. A lo largo de su vida alentó los comienzos en 32 países de los cinco continentes; y como afirmó Juan Pablo II, "su fidelidad permitió al Espíritu Santo conducirlo a las cumbres de la unión personal con Dios, con la consecuencia de una fecundidad apostólica extraordinaria". El 4 diciembre celebra la Misa en la San Esteban. Comienza a invocar a la Virgen con la jaculatoria Sancta María Stella Orientis, filios tuos adiuva, rogándole por la labor de apostolado en Europa oriental. En diciembre obtiene el doctorado en Sagrada Teología en la Universidad Lateranense de Roma. El 19 diciembre es nombrado miembro honorario de la Pontificia Academia Teológica Romana

1956 El 6 de enero "En la Epifanía del Señor". El 9 de enero "El tesoro del tiempo". Designa custodes a Alvaro del Portillo y Javier Echevarría. Samoré, Secretario de la Sagrada Congregación para los asuntos extraordinarios, le comunica que Pío XII le desea confiar una Prelatura Nullius ( Cfr. Itinerario, pág. 306). El 10 de abril "La libertad, don de Dios". Del 23 de junio al 18 de julio hace un viaje apostólico por Suiza, Francia, Bélgica y Alemania. El 20 de agosto: Congreso General del Opus Dei en Ensiedeln (Suiza). 21 octubre: Algunos miembros del Opus Dei viajan a la zona del futuro santuario de Torrecidad. 22 octubre. Se celebra el II Congreso general de las mujeres del Opus Dei, en Roma El 19 diciembre Nombrado socio "Honoris causa" de la Pontificia Academia Teológica Romana.

1957: El 12 abril la Santa sede segrega de la Archidiócesis de Lima, Yauyos y Huarochiri para hacer la Prelatura Nullius de Yauyos, y se nombra prelado a Ignacio Orbegozo. El 19 de abril — le comunica la gravedad de su hermana Carmen. El 4 de mayo "Por María hacia Jesús". El 20 de junio falleció en Roma su hermana Carmen Escrivá, que tanto le había ayudado en su labor apostólica. El 24 junio, Mons. Samoré comunica en el Aula Magna de Villa Tevere el encargo a la Obra de la Prelatura de Yauyos. El 23 de julio fue nombrado Consultor de la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades, y miembro académico de honor de la Pontificia Academia de Teología Romana. El 4 octubre habla con Jesús Alvarez Gazapo sobre la futura cripta y señala su epitafio : Peccator" (Cfr. Urbano, pág. 200)

1958 Desde el 23 de julio al 30 de septiembre realiza un viaje apostólico por Europa. Pasa el verano en Londres. Paseando por Woodlans escucha esta moción interior: "tu no puedes, Yo sí" El 20 de agosto se publica en The Times una entrevista con el fundador. El 26 de agosto visita la tumba de Santo Tomás Moro.

El 2 de octubre Carta (Cfr. Itinerario, págs. 321-22): El Opus Dei no es un instituto secular. (Reproducida integramente en Itinerario págs. 563-565. Carta 2-X-1958 1. No ignoráis, hijas e hijos queridísimos, que el fin y los medios de la Obra de Dios son plena y exclusivamente sobrenaturales, espirituales y apostólicos: queremos promover vocaciones de cristianos, que se obliguen a buscar la santidad en el mundo, cada uno en su propio estado, de modo que conviertan en apostolado toda su vida. El apostolado nuestro, don el que cooperamos en la misión salvífica de la Iglesia, tiene un carácter y un modo seculares: no porque busquemos fines seculares o temporales, sino porque el apostolado de la Obra de Dios, teniendo un fin sobrenatural, debe dirigirse a personas que viven en el mundo, y debe hacerse por personas que trabajan libremente en las mismas condiciones y circunstancias temporales que los demás, sin querer distinguirse en nada de sus compañeros 2. No somos religiosos, ni se nos puede llamar religiosos o misioneros. Todos los socios del Opus Dei ejercen su profesión de médico, de abogado, de obrero, de campesino, u otra cualquiera, del mismo modo que los demás ciudadanos: procurando a la vez ganar almas para la Iglesia Santa, mediante el ejercicio de su tarea profesional, y con frecuencia en lugares y circunstancias difícilmente accesibles a los sacerdotes ya los religiosos (…) 7. No queremos, por tanto, que se nos aplique indiscriminadamente el derecho propio de los religiosos, ni que en modo alguno se nos equipare o, más o menos, se nos identifique con ellos. De lo contrario, no podríamos ayudarles ni defenderlos como lo hacemos; se haría más difícil nuestro eficaz servicio a la Iglesia Santa de Dios, que debe realizarse sin ruido; y, sobre todo, nos resultaría imposible conservar el espíritu que Dios quiere para nosotros. 8. Las características peculiares del espíritu y de la vida apostólica de la Obra de Dios -que han sido confirmadas ampliamente por una larga experiencia, desde el año 1928-, junto con el Ius peculiare que nos ha sido concedido (Decretum laudis, 24-II-1947, y Decreto de aprobación definitiva, 16-VI-1950; además de los Breves Apostólicos Cum Societatis, 28-VI-1946, y Mirifice de Ecclesia, 20-VII-1947), confieren a nuestra Obra una personalidad ciertamente especialísima -sin soberbia alguna debemos reconocerlo y manifestarlo-, que la diferencia claramente de los actuales Institutos Seculares: porque éstos -sean o no secretos- tienen características que los hacen muy semejantes a las Congregaciones religiosas o a las comunes Asociaciones de fieles, de las que frecuentemente es difícil distinguirlos, tanto por su espíritu como por su modo de vida.

Pío XII manifestó su aprecio por el Fundador del Opus Dei en muchas ocasiones. Al cardenal Gilroy y a su obispo auxiliar les confió: "Es un verdadero santo. Un hombre enviado por Dios para nuestros tiempos". El auxiliar, Mons. Thomas Muldeon, después de la muerte del Padre, consignó este recuerdo en un testimonio escrito.

9 de octubre Fallece Pío XII. 19 de octubre Funerales por el Papa difunto. 25 de octubre: Es elegido Papa el Patriarca de Venecia Angelo Roncalli, con el nombre de Juan XXIII. El Fundador lo ve por televisión (Cfr. Urbano, pág. 442).En diciembre se comienzó la labor del Opus Dei en Japón, el primer país del Extremo Oriente, y en Kenia, el primer país de Africa.

1959. 25 de enero. Juan XXIII convoca el Concilio manifiesta su deseo de Reformar el Derecho Canónico vigente y celebrar un sínodo de la diócesis de Roma 2 de febrero. Alvaro del Portillo cae enfermo de gravedad. 18 de febrero. Consejo Sinodal para la diócesis de Roma en el que los miembros de los institutos seculares se asimilan a los religiosos 26 de marzo. Fallece Montserrat Grases. Verano en Londres (Woodlans). 15 al 19 de agosto Londres-Dublin. Otoño. Se acaban las obras de Villa Tevere. Noviembre. Muere el Cardenal Protector Federico Tedeschini. Diciembre. Domenico Tardini nombrado Cardenal Protector del Opus Dei. Tres días antes de Navidad Manuel Caballero le entrega el Niño, copia del Niño del Patronato de Santa Isabel.

1960: El Opus Dei cuenta con 30.357 miembros de los cuales 307 son sacerdotes; o sea, durante esa década se han ordenado aproximadamente unos 284. 9 enero. Ultima piedra de Villa Tevere 6 febrero ."Trabajo de Dios". Enero-febrero. En el numero de Rivista Diocesana de Roma los institutos seculares son incluidos junto a las sociedades de vida común sin votos. 31 de enero Invitan a los miembros del Opus Dei de Estados Unidos a participar en la Conferencia de almas consagradas a Dios en el mundo, presididas por religiosos. En Africa se presenta su labor como misioneros. El fundador recibe una convocatoria para una reunión de los Superiores en marzo de 1960 para trazar el programa de apostolado para religiosos y religiosas en América Latina. El 9 de marzo el fundador tuvo la primera audiencia con el ahora Beato Papa Juan XXIII. 14 de marzo Alvaro del Portillo habla con Mons. Scapinelli, Subsecretario para los Asuntos Extraordinarios durante las semanas siguientes acerca de las posibilidades de una revisión del estatuto jurídico dentro del marco del derecho vigente. Es decir, que el Opus Dei pase de la Congregación de religiosos a la congregación consistorial. Scapinelli se muestra conforme. 9 de abril Consulta oficiosa al Cardenal Tardini para ver la viabilidad de proponer al Papa una revisión del estatuto jurídico del Opus Dei. El Fundador empieza a actuar a partir de categorías de la jurisdicción eclesiástica ordinaria. 14 abril "La Eucaristía, misterio de fe y de amor" 15 abril "La muerte de Cristo, vida del cristiano". 27 de junio Tardini, en una audiencia, le comunica al Fundador: siamo ancora molto lontani (Cfr. Itinerario, pág. 327) "Se ha puesto la semilla que no dejará de fructificar". 1 de julio. Nombramiento del Card. Doménico Tardini como Cardenal Protector.

17 de julio a 3 septiembre: verano en Londres: Woodlans. 5 de octubre: nombrado Hijo adoptivo de Pamplona. 15 de octubre Nombrado Canciller de la futura Universidad de Navarra.

17 de octubre de 1960: Durante la Santa Misa en la Basílica de San Miguel, recuerda sus primeros años en Madrid. Asistieron muchas personas del Opus Dei, junto con sus parientes y amigos, y pudo ver con sus propios ojos el abundante fruto de la tarea evangelizadora de los miembros del Opus Dei en la capital. "Sentaos... los que podáis —dijo, emocionado, al comienzo de la homilía—. Yo quiero deciros unas palabras en esta iglesia de Madrid, donde tuve la alegría de celebrar la primera misa mía madrileña. Me trajo el Señor aquí con barruntos de nuestra Obra. Yo no podía entonces soñar que vería esta iglesia llena de almas que aman tanto a Jesucristo. Y estoy conmovido".

El 21 de octubre fue investido Doctor Honoris Causa por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza. El 25 de octubre presidió el acto en el que se erigía la Universidad de Navarra. 1961: 25 de enero: Carta sobre diversos aspectos del proceso jurídico- institucional (Se transcribe en Itinerario, pág. 328). Carta 2-X-1958 Carta 25-I-1961, nn. 9 La Obra, hijos míos, no es un eslabón al final de esta cadena. No ha venido a ser un nuevo estadio de la vida religiosa o de perfección. Es un eslabón de otra evolución: la que el Espíritu Santo vivificador ha ido infundiendo en el laicado católico, haciendo madurar su conciencia por saberse llamados también ellos -los simples fieles, los laicos corrientes- a participar, activamente y según una forma propia, en la única misión santificadora de la Iglesia; sin que por eso abandonen su condición de laicos ni su plena inserción en las estructuras de la ciudad temporal. Dios quiso promover su Obra como una primicia de esta voluntad divina, como un medio para hacer oír esta llamada a la responsabilidad del laicado, para urgir a hombres y mujeres, de toda clase y condición, a vivir con plenitud su vocación cristiana, y para facilitarles —con espíritu específicamente laical y una peculiar dirección pastoral— un modo y un camino concreto de alcanzar ese fin, sin que abandonaran el estado ni la forma de vida que, por disposición divina, tienen en la Iglesia y en la sociedad civil. No es, pues, nuestro camino, hijos míos, un alargamiento del estado religioso, para adaptarlo a determinadas circunstancias de permanencia en el mundo, exigidas por razones pastorales. Es otra cosa. Podemos decir que, ascéticamente, se invierten los términos: lo que en la vida religiosa es óbice y obstáculo para seguir a Jesucristo según la propia vocación, en la Obra se hace camino: la occupatio negotiorum saecularium, que para quien profesa la vida religiosa dificulta el cumplimiento de su fin para nosotros es precisamente el medio sine quo non, el único modo para ejercer un apostolado específico y para santificarnos. Carta 25-I-1961, nn. 58-59: En medio de estas circunstancias históricas y ambientales, Dios nos guiaba, y nos llevaba paso a paso, con amorosa providencia: 'misericordiam et iudicium cantabo tibi, Domine' (Ps. C, 1); Señor, ensalzaré siempre tu misericordia y tu justicia. Él nos prestaba su fortaleza, para que prosiguiéramos nuestro camino, y nos alimentaba para que las dificultades no nos hicieran desfallecer: 'surge, comede; grandis enim tibi restat via!' (III Reg. XIX, 7): aliméntate de mi Voluntad, que te queda por recorrer un largo camino. Parecía que Dios, nuestro Padre, miraba a su Obra -criatura nueva- y le dirigía aquellas palabras de San Pablo a Timoteo: 'nemo adolescentiam tuam contemnat, sed exempul esto fidelium in verbo, in conversatione, in caritate, in fide, in castitate' (I Tim. IV, 12): nadie tenga en poco tu juventud -tu novedad-, y da ejemplo a los fieles con la palabra, con el trato, con la caridad, con la fe, con la castidad. ¡Con virtudes, hijos míos!, con las virtudes, que es lo importante y lo primero que pide el Señor: todas las teologales y todas las cardinales. Eso es lo que aconseja el Espíritu divino, a eso lleva el soplo del Amor, porque 'hoc enim faciens, et teipsum salvum facies, et eso qui te audiunt' (I Tim. IV, 16): porque, haciendo eso, alcanzarás la santidad y arrastrarás a la santidad a quienes te escuchen. Con estos auxilios del Señor, que fueron luces, consuelos, rosas y espinas, conseguimos que, dentro de un amplio molde jurídico, la Obra quedara aprobada, con sus rasgos específicos bien delineados, con su ascética peculiar y su naturaleza plenamente laical, secular, repetidamente confirmadas. Para esto, hijos míos, que era lo fundamental, hubo que tolerar esas otras obscuridades e insuficiencias.

15 marzo. "El respeto cristiano a la persona y a su libertad". 21 de marzo: Es nombrado Consultor de la Comisión Pontificia para la interpretación auténtica del Código de Derecho Canónico (Cfr. Itinerario, pág. 307). Pasa el verano en Londres, en West Heath Road. Mister Soskin. Durante ese verano fallece el cardenal Tardini. 15 de agosto "La Virgen santa, causa de nuestra alegría" 13 octubre-17 de octubre: III Congreso general de las mujeres del Opus Dei en Roma. Noviembre : Congreso General Ordinario del Opus Dei en Roma. El 14 diciembre: El Cardenal Pietro Ciriaci toma posesión como Cardenal Protector, que le anima a plantear de nuevo la cuestión institucional.

1962: 7 de enero. Escribe una carta a Amleto Cicognani, Secretario de Estado para pedirle que ponga en manos de Juan XXIII una petición formal de revisión del Estatuto jurídico del Opus Dei (Itinerario 333, apéndice 44). Le adjunta un texto formal de petición. Dos posibilidades: erigir el Instituto en Prelatura Nullius, como la Misión de Francia, o confiar al Presidente una Prelatura Nullius ya existente. 13 de febrero El Cardenal Secretario de Estado pide su parecer a Ciriaci, como cardenal Protector. 1 de abril Meditación: ¡Señor, lúcete! sobre la intencion especial. 5 de abril: El Card. Ciriaci le transmite el resultado negativo de la petición. 12 de abril. Nueva carta al Secretario de estado para precisar algunas cuestiones. 16 de abril Peregrina al santuario de la Madonna de Pompei en Nápoles para poner "la solución jurídica" en manos de la Virgen. 20 de abril. Escribe una Nota de puño y letra para precisar por qué ha dado estos pasos. (Texto de la carta en Itinerario jurídico). 22 de mayo. Recibe la carta del Cardenal Cicognani fechada dos días antes: la Prelatura nullius no es solución. 25 de mayo. Carta a los directores de la Obra sobre el problema institucional del Opus Dei. (Cfr. Itinerario, págs. 339-345; Urbano, pág. 449). Carta 25-V-1962, nn. 3-43 de junio. Carta de aceptación a la Santa Sede. 27 de junio. Audiencia con Juan XXIII. Le reitera sus sentimientos de obediencia (Cfr. Itinerario, pág. 338) 12 julio Escribe una carta narrando la audiencia con Juan XXIII del 27 de junio. Don Alvaro, Entrevista, pág. 17: "A la audiencia privada concedida por Juan XXIII el 27 de julio de 1962, le acompañó don Javier Echevarría. Fue una conversación a solas, entre el Papa y el Fundador del Opus Dei. Sé que hablaron largamente sobre el espíritu y la actividad de la Obra en el mundo, y que pocos días después, el 12 de junio de 1962, el Padre escribió una carta a todos sus hijos del mundo entero pidiéndoles que se unieran al agradecimiento que en justicia sentía hacia Juan XXIII, por haberle ofrecido una vez más el honor y la gloria de ver a Pedro. Debo añadir que nuestro Fundador me habló muchas veces, con gran admiración, de las virtudes sacerdotales del Papa Roncalli."

Verano en Londres West Heath Road

11 octubre Apertura del Concilio. 2.594 obispos y 156 superiores de congregaciones religiosas. Son del Opus Dei tres Padres Conciliares: Ignacio María de Orbegozo (prelado de Yauyos, Perú). Luis Sánchez Moreno Lira (obispo auxiliar de Chiclayo, Perú). Cosme do Amaral (obispo auxiliar de Oporto, Portugal) ( Cfr. Urbano, pág. 443) 8 diciembre Se clausura la primera etapa del Concilio. Se incluye en el canon referencia San José. Se anuncia que se continuará en septiembre de 1963, fecha en la que se espera acabar, en el aniversario del concilio de Trento. 19 diciembre: Se inicia en Barcelona el proceso de Montse Grases

1963: 19 marzo . "En el taller de José".3 junio. Muere Juan XXII 14 días de cónclave. 21 junio.Verano en Reparacea, Navarra. Decide poner en marcha los centros de enseñanza como labores personales. 14 septiembre. Pablo VI: Carta Horum Tempora Signa: convoca a los Padres Conciliares.

29 septiembre Segunda etapa del Concilio. 2 de octubre Carta a Pablo VI proponiendo modificaciones a las Constituciones de 1950. 16 de octubre. Erige el Instituto Internacionale de Pedagogía en Villa delle Rose. 24 de octubre. Conformidad por parte de la Congregación de Religiosos. Nueva edición de las Constituciones con algunas modificaciones. 31 de octubre Envía al Cardenal Ildebrando Antoniutti el texto impreso del Codex. (Cfr. Itinerario, pág. 351). 3 noviembre. "Vivir cara a Dios y cara a los hombres"

4 de diciembre. Concluye la II Sesión conciliar. Se promulga la constitución sobre la Sagrada Liturgia y el Decreto sobre los medios de comunicacion social. 24 diciembre: "El triunfo de Cristo en la humildad" Comenzó la labor del Opus Dei en Australia.

1964: 24 enero: Audiencia con Pablo VI ( Cfr. Itinerario, pág. 350). 14 febrero. Carta al Papa ( Cfr. Itinerario, apéndice 48) que adjunta el Ius Peculiare de 1963, la Carta del 2 de octubre de 1958, y el Appunto riservato all'Augusta Persona del Santo Padre ( Cfr. Itinerario, pág. 350)- 5 de abril. "El trato con Dios". 28 de mayo. "En la fiesta del Corpus Christi" Verano en Vizcaya Elorrio (Casa Láriz) 15 de agosto Carta a Dell' Acqua desde París sobre la libertad de los católicos ( Cfr. Urbano, pág. 270). 14 septiembre Se abre la Tercera etapa conciliar. Se trabaja en la Lumen Gentium. 10 octubre. Audiencia con Pablo VI, que le entrega un Cáliz y Chirógrafo ( Cfr. Itinerario, pág. 353) Según Urbano ( pág, 451) el Papa le da a entender que ya está abierto el camino para la solución jurídica. Fragmento del quirógrafo del Santo Padre Pablo VI al Fundador del Opus Dei, 1-X-1964:Ha surgido, en este tiempo nuestro, como viva expresión de la perenne juventud de la Iglesia, plenamente abierta a las exigencias de un apostolado moderno, cada vez más activo, capilar, y organizado (...) Colocados por voluntad del Señor al timón de la nave de Pedro, desde la que escrutamos con vigilante solicitud los signos anticipadores de los tiempos, el ansia de las almas que esperan la llegada de los operarios del Señor, las necesidades antiguas y siempre renovadas que entraña la difusión del Evangelio de Cristo, consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el reino de Dios, el deseo de hacer el bien, que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea. (…)En el Palacio Apostólico, 1 de octubre de 1964, segundo de nuestro pontificado. Pablo P P. VI.

11 octubre "Madre de Dios, Madre Nuestra" . 28 octubre. Se celebra la Iª asamblea de Amigos de la Universidad de Navarra: investidura de los dos últimos rectores de la Universidad de Zaragoza como honoris causa. 29 octubre. Visita a la Universidad y tertulias en Belagua. 30 octubre. Misa en la Catedral de Pamplona. 1 diciembre???. Tertulias y fuegos artificiales en la Plaza del Castillo. 12 diciembre. Vuelve a Roma. El Opus Dei comienza Filipinas.

1965: 6 abril. Homilía: "Humildad". Verano en Florencia Castelleto del Trebbio y Piancastagnaio, cerca de Orte. Revisa la Instrucción sobre la Obra de San Gabriel. 18 agosto Pablo VI recibe por primera vez a las alumnas de Ville delle Rose en Castelgandolfo. 14 septiembre.Comienza la última etapa del Concilio.

Entre los cientos de eclesiásticos que conversaron con el fundador durante este periodo, se pueden citar, entre otros, a Carlo Colombo —"el teólogo de Pablo VI", una de las personalidades más conocidas del Concilio—; a Julius Döphner, uno de los cuatro Moderadores del Vaticano II; a Angelo Dell'Acqua, una de las personas más cercanas al Papa; a Charles Moeller; a Ildebrando Antoniutti, de la Congregación para los Religiosos; al futuro cardenal de París, Marty; y a muchos otros pastores y estudiosos presentes en el Concilio. "En los tres años de Concilio, sin contar el período preparatorio, nuestro Fundador se entrevistó con muchos Padres Conciliares, peritos, etc. A veces, les invitaba a comer en nuestra sede central; otras, iba a buscarlos a las casas donde se alojaban, casi siempre para devolverles la visita. Hubo días en que recibió más de media docena de visitas, y no le resultaba nada fácil sacar, de sus ocupaciones de gobierno en la Obra, el tiempo necesario para acoger debidamente a esos cardenales, arzobispos, obispos, nuncios, teólogos, etc.

Yo estuve presente en muchas de estas entrevistas, y pude observar con qué sencillez y afabilidad trataba el Padre a quienes venían a verle. Por ejemplo, Mons. François Marty, entonces arzobispo de Reims, que luego sería Cardenal Arzobispo de París, escribió: "En la época del Concilio Vaticano II tuve ocasión de encontrarme varias veces con Mons. Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei. De aquellas conversaciones tengo el recuerdo de un hombre que sólo hablaba de Dios. Un rato de charla con él era como un rato de oración. Esto era compatible con su buen humor, con su sentido sobrenatural, con su caridad llena de cariño".

También Mons. Abilio del Campo, Obispo de Calahorra, ha dejado este testimonio: "Creo con sinceridad que Josemaría contribuyó decisivamente a clarificar doctrinalmente muchos puntos en los que las luces que había recibido de Dios y su extraordinaria experiencia pastoral en el mundo del trabajo eran casi insustituibles. Fueron muchos los Padres conciliares que, apoyándose de su amistad, pudieron recoger sus atinados consejos". –Imagino que algunos de estos consejos procurarían también defender la ortodoxia católica en aquella época en que un malentendido "espíritu conciliar" sembraba cierta confusión... –Es significativo el testimonio de Mons. Giacomo Barabino, entonces Secretario del Cardenal Siri, y hoy obispo de Ventimiglia, que declaraba: "Su defensa de la ortodoxia no procedía de un espíritu conservador, de cerrazón mental o rigidez de carácter. Tenía una evidente preocupación por asegurar la ortodoxia y las estructuras vitales, divinas de la Iglesia; pero no era menos evidente su espíritu de apertura e innovación: me entusiasmaba oírle hablar de cómo era necesario secundar, cada uno desde su sitio, con fidelidad al propio carisma dentro de la Iglesia, la corriente santificadora que el Espíritu Santo derrama en el pueblo de Dios, en cada uno de los fieles, llamados a la plenitud de la vida cristiana. Dentro de su audaz apertura subrayaba la condición misionera de la Iglesia en todos los ambientes, incluso en los más difíciles. Se trataba de una realidad que vivía a diario: la coherencia con la idea fundamental de la que había partido, la vocación universal a la santidad, idea vigorosa que aplicaba continuamente con una elasticidad verdaderamente admirable a las exigencias de los tiempos y al desarrollo de la Iglesia entre los hombres".

Debió de ser muy grande la emoción de Mons. Escrivá de Balaguer al ver confirmada por el Concilio y convertida en patrimonio de toda la Iglesia aquella intuición que el Señor le había confiado el 2 de octubre de 1928...

–Desde luego. Poco después de la clausura del Concilio solía repetir: Hijos míos, hemos de estar contentos al acabar este Concilio. Hace treinta años, a mí me acusaron algunos de hereje, por predicar cosas de nuestro espíritu, que ahora ha recogido el Concilio de modo solemne. Y en una entrevista concedida a L'Osservatore della Domenica en 1968 declararía: Una de mis mayores alegrías ha sido precisamente ver cómo el Concilio Vaticano II ha proclamado con gran claridad la vocación divina del laicado. Sin jactancia alguna, debo decir que, por lo que se refiere a nuestro espíritu, el Concilio no ha supuesto una invitación a cambiar, sino que, al contrario, ha confirmado lo que –por la gracia de Dios– veníamos viviendo y enseñando desde hace tantos años. La principal característica del Opus Dei no son unas técnicas o métodos de apostolado, ni unas estructuras determinadas, sino un espíritu que lleva precisamente a santificar el trabajo ordinario (Conversaciones, num.72).

El obispo de Metz recordaba: "Fue Mons. Claude Flusin, obispo de Saint-Claude, el que me presentó a Mons. Escrivá de Balaguer hacia la mitad de la primera sesión del Concilio. Desde entonces tuve la alegría de escucharle en varias ocasiones. Descubrí en él un hombre excepcionalmente sensible y cercano a los problemas de sus contemporáneos. Estaba a la vez preocupado por el porvenir del mundo y por el futuro del Pueblo de Dios. Era perfectamente consciente de la gravedad de cuanto estaba en juego y demostraba la profunda convicción de que no se podía pensar solamente en algún retoque superficial. Sin embargo, las reformas de estructuras, por sí solas, le parecían insuficientes. Consideraba que sólo un retorno a las fuentes de la fe habría permitido a la Iglesia cumplir su misión en el mundo".

El 21 de noviembre Pablo VI inauguró los edificios del Centro ELIS, centro de formación profesional para obreros que la Santa Sede había encomendado al Opus Dei. Pablo VI llegó acompañado por varios Padres Conciliares. En el ELIS le esperaba el fundador y una multitud de personas del barrio. Al ver a aquellas gentes, y aquel sueño apostólico hecho realidad, el Papa se fundió en un largo abrazo con san Josemaría, diciéndole: —Aquí todo, aquí todo es Opus Dei. Comentaba el fundador al día siguiente: "Estaba ayer muy emocionado; me he emocionado siempre: con Pío XII, con Juan XXIII y con Pablo VI, porque tengo fe".

El 8 de diciembre se clausuró el Concilio Vaticano II con una Misa Solemne. Ese día tuvo san Josemaría tuvo un nuevo encuentro con Pedro Arrupe en Villa Tevere.

"Una de mis mayores alegrías ha sido precisamente ver cómo el Concilio Vaticano II ha proclamado con gran claridad la vocación divina del laicado. Sin jactancia alguna, debo decir que, por lo que se refiere a nuestro espíritu, el Concilio no ha supuesto una invitación a cambiar, sino que, al contrario, ha confirmado lo que —por la gracia de Dios— veníamos viviendo y enseñando desde hace tantos años. La principal característica del Opus Dei no son unas técnicas o métodos de apostolado, ni unas estructuras determinadas, sino un espíritu que lleva precisamente a santificar el trabajo".

Resulta fácil imaginar su agradecimiento al Señor al leer estas afirmaciones de la Constitución dogmática Lumen gentium: "Todos los fieles, de cualquier estado o condición, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, que es una forma de santidad que promueve, aun en la sociedad terrena, un nivel de vida más humano"

San Josemaría y el Concilio Vaticano II. Las enseñanzas de San Josemaría estaban en sintonía profunda con las enseñanzas del Vaticano II, del que fue uno de sus pioneros; y muy especialmente en estos puntos: en la necesidad de dar un fuerte impulso al desarrollo de la teología sobre el Sacramento del Bautismo; en la doctrina sobre la llamada universal a la santidad y al apostolado; en la unidad de vida, entendida como una coherencia vital entre la llamada a la santidad y la vida ordinaria del cristiano; en la visión del trabajo profesional como una ocasión y medio de santificación personal y de apostolado; en la concepción del apostolado de los laicos, maduro y responsable, y en su participación en la misión de la Iglesia; en la libertad personal del cristiano en las cuestiones temporales; en la consideración de la Santa Misa como "centro y raíz" de la vida interior; en la participación activa de los fieles laicos en la liturgia de la Iglesia, especialmente en la Eucaristía; en el afán de que los fieles adquieran una profunda cultura doctrinal y espiritual.

1966: 26 de febrero —14 de marzo Realiza un breve viaje a Grecia ( Cfr. Urbano, 113). "Sólo recuerdo un país donde la prehistoria realizada por nuestro Fundador no fuera seguida del comienzo de una actividad apostólica estable: Grecia. El Padre fue allí en 1966, y le acompañamos don Javier Echevarría, Javier Cotelo y yo. Deseaba iniciar cuanto antes la Obra en este país y sembró a manos llenas la semilla divina. El 26 de febrero embarcamos en Nápoles. En Atenas y Corinto visitamos los lugares en los que, según la tradición, había predicado San Pablo. El Padre no daba demasiada importancia a la autenticidad de aquella tradición popular; al regreso, explicó: El sitio puede ser o no ser aquél; nada se gana ni se pierde si no lo fuese. Pero, a última hora, sale ganando el que sabe aprovecharlo para acercarse más a Dios. Allí rezamos una comunión espiritual, y encomendamos toda la futura labor en Grecia. Si en ese punto concreto estuvo San Pablo, muy bien; y si no estuvo, muy bien; eso es lo de menos.

Vimos también varias iglesias bizantinas. A veces coincidimos casualmente con alguna ceremonia litúrgica a la que asistían pocos fieles, en su mayoría, mujeres. El Padre rezó por aquel pueblo, separado de la Iglesia Romana. Fuimos a la catedral católica y a la Universidad de Atenas. El 13 de marzo regresamos a Roma.

Llegamos enseguida a la conclusión de que era poco factible iniciar la actividad apostólica en Grecia, entre otras cosas, porque los católicos eran una pequeña minoría. Nuestro Fundador comentó: La impresión mía, es que allí hay poquita posibilidad humana de trabajo. Es casi todo muy menudo...; no sé como decirlo. Aunque para el Espíritu Santo no hay imposibles. No abandonó la esperanza de enviar a alguno de sus hijos cuando las circunstancias fueran más favorables. A este propósito dijo en una ocasión: La labor no será fácil ni tampoco difícil; será como en todas partes. Será fruto de la oración, de la mortificación y del trabajo de todos. Don Alvaro, págs. 75-76

16 de mayo. Entrevista de Jacques Guillémé-Brûlon, en Le Figaro. Manifiesta su alegría por el Concilio. 19 mayo. Ascensión. "La Ascensión del Señor a los Cielos". 17 de junio. "El Corazón de Cristo paz de los cristianos". En junio tuvo lugar el Congreso General ordinario del Opus Dei, en Roma. Pasa el verano en Castelleto del Trebbio. 6 de agosto Pablo VI promulga el Motu propio Ecclesiae Sanctae para dar ejecución a los Decretos Conciliares: Disposiciones sobre Christus Dominus y Presbyterorum Ordinis. Trabaja para poner en práctica las conclusiones del congreso general del Opus Dei. Tad Szulc le entrevista para New York Times. 24 de octubre. Afirma a los fieles del Opus Dei: "Os tengo que decir que, de momento, el camino jurídico ya está resuelto". (Cfr. Itinerario pág, 371). "A mis 65 años he hecho un gran descubrimiento". La Misa, Opus Dei. (Cfr. Urbano, pág. 196)

1967: 6 de abril. "Con la fuerza del amor". Se encuentran los terrenos de la futura Cavabianca. 15 de abril. Entrevista de Peter Forbath en TIME (New York). 17 junio. Escribe una carta en la que explica lo que será Torreciudad. Pasa el verano en Abruzzi, Gagliano Aterno, de la baronesa Lazzaroni. 9 de julio. Dice agradecido: El Señor me deja contemplar lo que quizá no permite ver a otros. 15 de agosto. Constitución Apostólica Regimini Ecclesiae Universae: reorganización de la Curia Romana. Se establece la dependencia de las Prelaturas personales de la Congregación para los Obispos. 1 octubre. "Tertulia" en Tajamar. 5 octubre. En Pamplona "La universidad al servicio de la sociedad actual", entrevista para Gaceta Universitaria. 7 octubre. Se celebra la IIª asamblea de Amigos de la Universidad. 8 octubre. Celebra la Misa en el Campus. Homilía "Amar al mundo apasionadamente" El 15 octubre regresa a Roma. 26 noviembre. "Hacia la santidad".

1968: Semanas de Trabajo en todos los países donde está el Opus Dei. 8- 14 abril. Comienza la primera convivencia del futuro UNIV. 29 abril. Constitución del Consejo de Patronos de las Facultades eclesiásticas de la Universidad de Navarra. 30 abril. Pamplona (Consejo de Patronos de las Facultades de estudios civiles. 19 y 26 de mayo. Entrevista de Enrico Suppi y Antonino Fugardi de L'Osservatore della Domenica. 8 de junio. "La esperanza del cristiano" . 2 de junio. Entrevista de Enrico Suppi y Antonino Fugardi de L'Osservatore della DomenicaPasa el verano en Varese Sant'Ambrogio, Olona. 20 septiembre Santuario Pompei, Napoles, por mar a Algeciras. (Cfr. Urbano, pág. 69). 2 octubre. Celebra en Pozoalbero el 40º aniversario del Opus Dei. 4 octubre. Pozoalbero-Córdoba. 11 noviembre. Se erige la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Nace la Universidad de Piura (Perú). Se publica en España Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer. En ese libro se recogieron las entrevistas más importantes que había concedido en los últimos años a periodistas de diversos medios, como Le Figaro o New York Times. Comprobar año

1969: 22 de abril. Emprende un viaje mariano con lugares de devoción a la Virgen, ligados de un modo u otro con la historia del Opus Dei: Lourdes, Sonsoles, El Pilar, La Merced. A su vuelta decide convocar el congreso General. 31 de marzo. Traslado de los restos de sus padres a Diego de León. 25 abril. Madrid visita la sepultura de sus padres. 20 de mayo. Carta a la Curia en la que expresa el deseo de renovar y readaptar el Derecho peculiar ( Cfr. Itinerario, pág. 373) 25 de mayo: "El Gran Desconocido". 11 de junio.

La Santa Sede concede el permiso para readaptar el Derecho peculiar. 25 de junio Convoca oficialmente el Congreso General Extraordinario y Especial para el 1 de septiembre de 1969. Verano en Intra, Premeno, Villa Gallabresi. Van llegando durante el verano, sugerencias y comunicaciones para el Congreso General Especial. 1 septiembre Primera parte del Congreso General especial en Roma, con objeto de estudiar la normativa del Concilio Vaticano II y la solución al itinerario jurídico del Opus Dei. Preparación de documentos que serán la base de la futura Constitución Apostólica Ut sit y de la erección de la Prelatura Personal del Opus Dei. 15 septiembre. Termina 1ª parte del Congreso General especial (varones). 16 septiembre Termina la 1ª parte del Congreso General especial (mujeres). Este Congreso tuvo como objetivo estudiar la transformación del Opus Dei en Prelatura personal, figura jurídica prevista por el Concilio Vaticano II y que parecía adecuada al fenómeno pastoral del Opus Dei. Se desarrolló en dos partes: la primera, durante los días 1 a 15 de septiembre de 1969; la segunda se inició con una reunión de trabajo durante los días 30 de agosto a 14 de septiembre de 1970; luego siguió abierta, por deseo expreso del Fundador, que quisó que todos los miembros del Opus Dei fuesen invitados a participar en estas tareas preparatorias del Congreso enviando sus aportaciones. De acuerdo con las conclusiones del Congreso, se introdujeron las oportunas reformas en el "Codex Iuris Particularis" del Opus Dei, quedando así todo preparado para su presentación a la Santa Sede en el momento oportuno.Conclusiones de del Congreso General Especial del Opus Dei, 14-IX-1970Al finalizar esta fase de la Segunda Parte del Congreso General Especial, en el que el Fundador y Presidente General del Opus Del ha querido solicitar expresamente el libre parecer de todos los participantes sobre el grave problema institucional de nuestra Asociación, al haber tenido que aceptar en 1947 -por razones de todos bien conocidas- la legislación propia de los Institutos Seculares de perfección, los Representantes de las Regiones presentes ahora en Roma -unidos a todos los participantes en la Primera Parte de este Congreso y a todos los que han intervenido en las especiales Semanas Regionales de Trabajo tenidas en el primer trimestre de este año- después de reiterar el profundo amor de todos a la Iglesia y su unión al Papa y al entero Colegio Episcopal, han votado y aprobado unánimemente las siguientes conclusiones: 1ª) -Teniendo en cuenta el deseo del Concilio Ecuménico Vaticano II y de la Santa Sede de que se proceda a la revisión del derecho propio de cada asociación de la Iglesia, respetando y observando cuidadosamente el espíritu del respectivo Fundador, así como las sanas tradiciones que constituyen el patrimonio de cada institución (cfr. Decr. "Perfectae caritatis", n. 2, Motu pr. "Ecclesiae Sanctae", del 6-VIII-1966, II Art. 12, b) (…) 2ª) Expresan al Padre la unánime convicción de que en la revisión del derecho particular del Opus Dei es absolutamente necesario que venga reafirmada la importancia constitucional de la perfecta unidad de la Obra: que, incluyendo socios sacerdotes y laicos, que no forman clases distintas, permite realizar un servicio a la Iglesia universal sólidamente apoyado en esta inseparable unidad de vocación, de espiritualidad y de régimen. (…) 3ª) Se unen también plenamente al deseo de nuestro Fundador de que, volviendo a lo que es el espíritu genuino y las tradiciones de la Obra desde su Fundación el 2 de octubre de 1928, se eliminen las normas sobre la administración de bienes, que resultan inadecuadas a nuestro espíritu, ya que en 1943 y en 1947 hubo que aceptar disposiciones canónicas que no se acomodaban a lo que se venía viviendo en la Obra desde el principio. (…) 5ª) Reafirman una vez más la plena actualidad y eficacia espiritual de todas las Normas y Costumbres de piedad, que se adecuan perfectamente a las diversísimas circunstancias de la vida de los socios que, en unidad de vocación, procuran vivir cristianamente, cada uno en su propio estado, por la santificación del trabajo Profesional ordinario, el fiel cumplimiento de todos sus deberes y el leal ejercicio -personalmente libre y personalmente responsable- de todos sus derechos civiles, sociales, Familiares, profesionales, etc.. como ciudadanos y cristianos corrientes. (…) 6ª) Desean manifestar, finalmente, que estas Conclusiones y todas las Propuestas formuladas son fruto de la enseñanza y de la dedicación con que el Presidente General ha formado a todos sus hijos. Como muchas veces han utilizado incluso sus mismas palabras sin hacerlo constar, todos los participantes en los trabajos del Congreso desean también pedir perdón por esta negligencia filial, que tiene como único atenuante el deseo de todos de corresponder a la gracia de Dios en el Opus Dei, siguiendo generosamente los caminos que ha enseñado a los socios de la Obra su Fundador, que con tanto amor, claridad y desvelo dirige el Opus Dei.

1 noviembre Erección de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. 2 noviembre "Las riquezas de la fe"(ABC)

1970: 6 de enero "La lógica de Dios". 2 de febrero. Empiezan las obras en Torreciudad. 22 de marzo. "La muerte de Cristo vida del cristiano". ABC.

7 de abril. Torreciudad (Romería descalzo)

20 abril. Regresa a Roma, tras peregrinar a Fátima.

Del 15 de mayo al 22 de junio de 1970 el Fundador hizo un viaje a México: la primera ocasión en que visitaba tierras americanas. Hizo una romería penitencial al Santuario de la Virgen de Guadalupe (nueve días de intensa oración ante la imagen milagrosa de Nuestra Señora), como continuación de las numerosas romerías realizadas en santuarios europeos (Lourdes, Fátima, el Pilar, Einsiedeln, Loreto…), pidiendo por las necesidades de la Iglesia y por el Santo Padre, además de las intenciones del Opus Dei, en particular su solución jurídica definitiva.

A la preocupación por la Iglesia se unía en aquel tiempo su búsqueda de una configuración jurídica definitiva adecuada al carisma fundacional y al fenómeno teológico y pastoral del Opus Dei. El Concilio había abierto nuevas posibilidades en el marco del Derecho Canonico, como las prelaturas personales. Acabada la novena, se reunió con diversos grupos de miembros del Opus Dei, cooperadores, amigos y gentes de toda condición, en una vibrante catequesis sobre la vida cristiana.1 de mayo. Decide ir a Guadalupe. 8 de mayo: locución "Si Deus nobiscum, quis contra nos?(Rom, 8, 31). Catequesis en México. Comienza el 14 de mayo Roma- Madrid-Barajas-México. 15 de mayo llega a México.

16-24 mayo Novena a la Virgen de Guadalupe. Durante aquellos días, arrodillado en un lateral del templo, rezaba el Rosario y se dirigía a la Virgen con la confianza de un hijo con su madre: "Señora nuestra, ahora te traigo —no tengo otra cosa— espinas, las que llevo en mi corazón; pero estoy seguro de que por Ti se convertirán en rosas... Haz que en nosotros, en nuestros corazones, cuajen a lo largo de todo el año rosas pequeñas, las de la vida ordinaria, corrientes, pero llenas del perfume del sacrificio y del amor. He dicho de intento rosas pequeñas, porque es lo que me va mejor, ya que en mi vida sólo he sabido ocuparme de cosas normales, corrientes, y, con frecuencia, ni siquiera las he sabido acabar; pero tengo la certeza de que en esa conducta habitual, en la de cada día, es donde tu Hijo y Tú me esperáis". "Aquí estoy, porque ¡Tú puedes!, porque ¡Tú amas! Madre mía, Madre nuestra (…) evítanos todo lo que nos impida ser tus hijos, todo lo que intente borrar nuestro camino o adulterar nuestra vocación (…). Dios te salve, María, Hija de Dios Padre; Dios te salve, María, Madre de Dios Hijo; Dios te salve, María, Esposa de Dios Espíritu Santo; Dios te salve, María, templo de la Trinidad Beatísima, ¡más que Tú, sólo Dios!: ¡que se vea que eres nuestra Madre!, ¡lúcete!" 3 de junio: Montefalco. A los campesinos, donde algunos miembros del Opus Dei habían puesto en marcha una escuela agrícola junto con sus amigos, les decía: "Todos, vosotros y nosotros, estamos preocupados en que mejoréis, en que salgáis de esta situación, de manera que no tengáis agobios económicos... Vamos a procurar también que vuestros hijos adquieran cultura: veréis cómo entre todos lo lograremos, y que —los que tengan talento y deseo de estudiar— lleguen muy alto. Al principio serán pocos, pero con los años... Y ¿cómo lo haremos? ¿Como quien hace un favor?... No, mis hijos, ¡eso no! ¿No os he dicho que todos somos iguales?" . 9-17 junio Jaltepec, Chapala. 22 de junio Serenata en la Villa y vuelta a Madrid.

Pasa el verano en Intra, Premeno, Villa Gallabresi. 6 de agosto Locución "Clama ne cesses" en Premeno. 30 de agosto Segunda parte del Congreso general (Cfr. Itinerario, pág. 382). Siete comisiones: 3 en la SV, presididas por: Fernando Valenciano, Daniel Cummings y Giuseppe Molteni. 4 en la SF, presididas por: Carmen Puente, Rita di Pasquale, Maria C. Wismer, Marlies Kücking. La Comisión Técnica de Especialistas presidida por Alvaro del Portillo. La Subcomisión jurídica: Vicepresidente: Amadeo Fuenmayor. Miembros: Xavier de Ayala, Pedro Lombardía, Salvador Canals, Umberto Farri y Joaquín Alonso. Subcomisión teológica: Vicepresidente: Rolf Thomas. Miembros: Pedro Rodríguez, Guiseppe Molteni, Juan B. Torelló, Carlos Cardona, José Luis Illanes. 14 septiembre Clausura de las sesiones plenarias de la segunda parte. EL Congreso sigue abierto y continúa sus trabajos mediante la Comisión Técnica. Su tarea: revisar las Constituciones de 1950, revisado en 1963 —el Codex Iuris Peculiaris— para confrontarlo con las conclusiones del Congreso. 22 noviembre"Cristo Rey". 13 diciembre:"El matrimonio vocación cristiana " ABC

1971: El 9 de enero Se inicia la construcción de la sede del Colegio Romano de la Santa Cruz en Grottarossa: Cavabianca. 19 de marzo. "De la familia de José". 4 abril. Homilía:"La lucha interior".

30 de mayo. Consagración del Opus Dei al Espíritu Santo. El 30 de mayo de 1971, Mons. Escrivá de Balaguer quiso culminar las Consagraciones del Opus Dei realizadas en los años cincuenta, con una nueva realizada al Espíritu Santo, pensando en la particular necesidad que tenía la Iglesia de la santidad de todos sus miembros en aquellos momentos difíciles. Él mismo compuso la fórmula de la oración, que después se ha venido renovando cada año en todos los centros del Opus Dei en la solemnidad de Pentecostés. Consagración del Opus Dei al Espíritu Santo (...) te consagramos el Opus Dei y nuestra vida entera. Te ofrecemos todo cuanto somos y podemos: nuestra inteligencia y nuestra voluntad, nuestro corazón, nuestros sentidos, nuestra alma y nuestro cuerpo. (…) Concede la paz a tu Iglesia para que todos los católicos, llenos del Espíritu Santo, den siempre a los hombres testimonio firme y verdadero de la fe, muestra efectiva de su amor y razón de su esperanza (…) Ilumina nuestra inteligencia, purifica nuestro corazón, confirma nuestra voluntad. Haz que recibamos todas las cosas como venidas de tu mano, sabiendo que todo concurre al bien de los que aman a Dios. (...) de modo que, viviendo siempre en tu amor, lleguemos con María nuestra Madre a gozar de tu gloria sempiterna, unidos ya para siempre al Padre que con el Hijo vive y reina contigo por todos los siglos de los siglos. Amén.

Pasa el verano en Comasco, Villa Sant'Agostino. 23 agosto. Locución: "Adeamus cum fiducia ad thronum gloriae ut misericordiam consequamur!" .2 octubre. "En las manos de Dios".31 diciembre. Anota en su agenda: éste es nuestro destino en la tierra: luchar por amor hasta el último instante. Deo gratias.

1972: 28 de mayo predica la homilía: "El fin sobrenatural de la Iglesia". 4 de junio predica la homilía: "Lealtad a la Iglesia" . Pasa el verano en Lecco, Civenna. El 3 octubre peregrina aLourdes. al día siguiente, 4 octubre, confiere el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Navarra a Paul Ourliac el Marqués de Lozoya, y Letterer. Comienza la catequesis en la Península Ibérica, que dura desde el 4 de octubre al 30 de noviembre. Acudían cientos de personas a escucharle.Les mostraba con sencillamente, de forma coloquial, las grandes verdades en que se fundamenta la fe cristiana, promoviendo el amor a la Iglesia y la fidelidad al Papa. Recordaba especialmente la necesidad de buscar el encuentro con el Señor en los Sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía.Estuvo en Pamplona (4-10 X); Bilbao, Madrid (13.X); Oporto (30. X); Coimbra (2.XI),

LisboaPalabras del Fundador del Opus Dei en Lisboa, Portugal Sí, es cierto que es un tiempo de falta de fe, y también es tiempo de mucha fe. Actualmente hay personas —yo conozco alguna—, que jamás habían hecho tantos actos de abandono en la misericordia de Dios, como ahora. Si rezamos todos juntos, si ponemos un poquito de nuestra buena voluntad, el Señor nos dará su gracia y pasará esta noche oscura, esta noche tremenda. Vendrá el alba, la mañana llena de sol. ¡Como estos días de Lisboa, que son una maravilla!; Andalucía;Valencia (13. XI); Barcelona, (20.XI).

Acción de gracias a Dios del Fundador del Opus Dei en el último día de su catequesis por la península Ibérica, 30-XI-1972 : Daremos gracias a Dios Nuestro Señor porque en toda la Península Ibérica -en Portugal y en España- hemos encontrado miles, miles y miles de personas estupendas. Algunas estaban un poco alejadas de los sacramentos —por esos líos que pasan, por estas cosas que suceden, que sentimos y lamentamos—, pero ahora se han acercado al Sacramento de la Penitencia, y han recibido a nuestro Señor. Esa riqueza me ha llenado el corazón de alegría.

El 7 diciembre falleció José María Hernández Garnica.

1973: Santo y seña de 1973:ut in gratiarum semper actionen maneamus (Urbano, pág. 265).28 de marzo Carta (Primera Campanada). 13 abril. Viernes de pasión: homilia "Sacerdote para la eternidad". 10 de junio. El Papa Pablo VI declara abierto el Año Santo. 17 de junio. Escribe una nueva Carta: la Segunda Campanada

El 25 de junio tiene su última entrevista con Pablo VI que le dice: "usted es un santo". San Josemaría informa al Papa de los trabajos de la Comisión Técnica del Congreso General Especial para revisar el Estatuto jurídico del Opus Dei. El Papa le anima a seguir con esa tarea. Dura una hora y cuarto. "–Tuvo lugar el 25 de junio de 1973, con unas características singulares, inolvidables. El Padre habló al Papa de temas muy sobrenaturales, y le puso al día sobre el desarrollo de la Obra y los frutos que el Señor concedía en todo el mundo. Pablo VI se alegró mucho, y a veces le interrumpía dejándose llevar por algún elogio o simplemente exclamando: "Usted es un santo". Lo sé porque, al terminar la audiencia, vi que el Padre tenía un aspecto más bien apesadumbrado, casi triste. Le pregunté el motivo, pero en un primer momento no quiso responderme. Después me contó que el Papa le había dicho aquellas palabras y se había llenado de vergüenza y de dolor por sus propios pecados hasta el punto de protestar filialmente al Papa: No, no. Vuestra Santidad no me conoce. Yo soy un pobre pecador. Pero el Papa le insistió: "No, no, usted es un santo". Entonces el Fundador replicó lleno de emoción: En la tierra no hay más que un santo: el Santo Padre. (Don Alvaro ,pág. 20)

 

 

Pasa el verano en Lecco Civenna. Publicó un libro que recogía varias de sus Homilías, Es Cristo que pasa.

1974: 14 de febrero. Carta. (Tercera campanada). Del 22 de mayo al 31 de agosto: Viaje de catequesis por América. El 22 de mayo llega a Brasil. Está en Rio de Janeiro y Sao Paulo. El 28 de mayo peregrina al Santuario de La Aparecida. Tiene diversos encuentros apostólicos: el 1 de junio en el Salón de Anhembi; y el 2 de junio en el Palacio de Mauá. "En Brasil hay mucho que hacer —dijo en Sâo Paulo— , porque hay gente necesitada de lo más elemental. No sólo de instrucción religiosa —hay tantos sin bautizar— sino también de elementos de cultura corrientes. Los hemos de promover de tal manera que no haya nadie sin trabajo, que no haya un anciano que se preocupe porque está mal asistido, que no haya un enfermo que se encuentre abandonado, que no haya nadie con hambre y sed de justicia, y que no sepa el valor del sufrimiento". Esta mañana celebraba la Santa Misa, rodeado de un grupo grande de personas, en las que se veían caras de todos los continentes, y me emocioné. Les decía -porque es verdad- que muchos hijos míos de Japón, de China, de varios sitios de África -concretamente, más que en ningún otro, en Nigeria y en Kenya-, y de Filipinas, están rezando ahora mismo por la buena labor que hagamos aquí, en esta gran nación brasileña (….). En Brasil hay mucho que hacer, porque hay gente necesitada de lo más elemental. No sólo de instrucción religiosa -hay tantos sin bautizar-, sino también de elementos de cultura corrientes. Los hemos de promover de tal manera que no haya nadie sin trabajo, que no haya un anciano que se preocupe porque está mal asistido, que no haya un enfermo que se encuentre abandonado, que no haya nadie con hambre y sed de justicia, y que no sepa el valor del sufrimiento (…) Tenéis que correr por este gran continente (….), y quiero empujaros a que no dejéis ningún rincón de este país maravilloso sin el calor de un hogar nuestro. Para que desde aquí, después… ¡al mundo entero!

El 7 de junio llega a Argentina. Reside en Buenos Aires. El 12 de junio peregrina al Santuario de Luján. El 21 de junio tiene un encuentro de catequesis en el Colegio de Escribanos. Le preguntaron en Buenos Aires:—Cuándo usted de vaya, Padre, ¿qué quiere dejarnos en el corazón a todos sus hijos sudamericanos? —Que sembréis la paz y la alegría por todos lados; que no digáis ninguna palabra molesta para nadie; que sepáis ir del brazo de los que no piensan como vosotros. Que no os maltratéis jamás; que seais hermanos de todas las criaturas, sembradores de paz y de alegría.En Buenos Aires, Argentina P. Cuando usted se vaya, Padre, ¿qué quiere dejarnos en el corazón a todos sus hijos sudamericanos? R. - Que sembréis la paz y la alegría por todos lados; que no digáis ninguna palabra molesta para nadie; que sepáis ir del brazo de los que no piensan como vosotros. Que no os maltratéis jamás; que seáis hermanos de todas las criaturas, sembradores de paz y alegría, y que les deis esta inquietud de acción de gracias que tú me has dado con tus palabras. El 28 de junio llega a Santiago de Chile. El 8 de julio peregrina al Santuario de Lo Vázquez.

El 9 de julio llega a Perú. Reside en Lima. El 12 de julio tiene un encuentro en Tradiciones. El 13 de julio, una "tertulia" en Cañete. Conoce Condoray. El 14 de julio está en Miralba. En Lima, Perú : Yo había soñado muchas veces, cuando era joven: ¿y cuando tenga sesenta años?, ¿y cuando tenga setenta años, setenta y dos años, me cabrán todos en el corazón? Pensaba en los miles de personas —no en tantos como luego han llegado, empujados por Dios— que habían de venir, y me preocupaba. ¡Claro que cabéis, y hay sitio para más!

El 1 de agosto llega a Ecuador. Reside en Quito. El 10 de agosto cae enfermo de soroche (mal de altura). A pesar de todo, tiene encuentros apostólicos el 13 y el 14 de agosto. El 15 de agosto llega a Venezuela, donde está enfermo hasta el día 29 que regresa a España. Está desde el 30 de agosto al 30 de septiembre en Castelldaura. En esa fecha, regresa a Roma. 1 de octubre. Alvaro del Portillo levanta acta de la aprobación del Codex Iuris Particularis del Opus Dei.

1975. Enero. 28 enero. Carta sobre la celebración de las Bodas de Oro de su sacerdocio. Carta 28-I-1975 Febrero. Del 4 al 23 de febrero realizó un viaje de catequesis por América. El día cuatro le agradece su vocación una periodista rodhesiana en el avión, en Madrid, rumbo a Venezuela. En Venezuela un padre le preguntó por la educación de sus hijos. —Yo los pasearía un poco... —le dijo— por esos barrios que hay alrededor de la gran ciudad de Caracas (...) para que vieran las chabolas, unas encima de otras. (...) Que sepan que el dinero lo tienen que aprovechar bien; que han de saberlo administrar, de modo que todos participen de alguna manera de los bienes de la tierra. Porque es muy fácil decir: yo soy muy bueno, si no se ha pasado ninguna necesidad. Un amigo, hombre de mucho dinero, me decía una vez: yo no sé si soy bueno, porque nunca he tenido a mi mujer enferma, encontrándome sin trabajo y sin un céntimo; no he tenido a mis hijos debilitados por el hambre, estando sin trabajo y sin un céntimo; no me he encontrado en medio de la calle, tendido y sin un cobijo... No sé si soy un hombre honrado: ¿qué habría hecho yo, si me hubiera sucedido todo eso? Mirad, hemos de procurar que no le pase a nadie; hay que habilitar a la gente para que, con su trabajo, pueda asegurarse un bienestar mínimo, estar tranquilos en la vejez y en la enfermedad, cuidar de la educación de los hijos, y tantas otras cosas necesarias. Nada de los demás puede resultarnos indiferente y, desde nuestro sitio, hemos de procurar que se fomente la caridad y la justicia.

El 15 de febrero llega a Guatemala. Acudieron numerosas personas a Ciudad de Guatemala para escucharle, entre ellas muchos indígenas. Hablándoles de san José, decía: "Él nos ha enseñado el valor del trabajo ordinario, que es el medio humano de santificación que tenemos al alcance de la mano: hacer lo de todos los días, lo de cara hora, lo de cada minuto, con cariño (...) de manera que lo podamos ofrecer al Señor... Lo mismo si es un rascacielos (...) como si es un cestillo de mimbre que teje una hijita mía, indita". Y concluyó con mucha fuerza: —¡Tanto me da el rascacielos como el cesto, si están hechos con amor!

El 23 de febrero regresa a Roma, antes de la fecha prevista, por enfermedad. Entre todos los viajes pasa 122 días en América.

Marzo. 19 de marzo. Celebró San José en Cavabianca. Pedía el 19 de marzo de 1975: "Señor, ya no puedo más, y sin embargo he de ser fortaleza para mis hijos; ya no veo a tres metros de distancia y tengo que atisbar el futuro, para señalar el camino a mis hijos: ayúdame Tú: ¡que vea con tus ojos, Cristo mío! ¡Jesús de mi alma!"

El 28 de marzo, aquel año Viernes Santo, celebró en la intimidad sus bodas de oros sacerdotales. No quiso que se hiciera celebración alguna en aquel día, en el que hizo un largo repaso de las bondades de Dios en su vida y especialmente en sus cincuenta años de sacerdocio: La víspera, fiesta de Jueves Santo, estuvo haciendo su oración en voz alta, junto al Sagrario. Su corazón se explayó en una encendida acción de gracias al Señor: Meditación 27-III-1975"A la vuelta de cincuenta años, estoy como un niño que balbucea: estoy comenzando, recomenzando, como en mi lucha interior de cada jornada. Y así hasta el final de los días que me queden : siempre recomenzando. El Señor lo quiere así, para que no haya motivo de soberbia en ninguno de nosotros, ni de necia vanidad. Hemos de estar pendientes de Él, de sus labios: con el oído atento, con la voluntad tensa, dispuesta a seguir las divinas inspiraciones.(…). Una mirada atrás… Un panorama inmenso: tantos dolores, tantas alegrías. Y ahora, todo alegerías, todo alegrías... Porque tenemos la experiencia de que el dolor es el martilleo del Artista, que quiere hacer de cada uno, de esa masa informe que somos, un crucifijo, un Cristo, el alter Christus que hemos de ser. Señor, gracias por todo. ¡Muchas gracias! Te las he dado; habitualmente te las he dado (…). Y ahora son muchas bocas, muchos pechos, los que te repiten al unísono lo mismo: gratias tibi, Deus, gratias tibi!, pues no tenemos motivos más que para dar gracias. No hemos de apurarnos por nada; no hemos de preocuparnos por nada; no hemos de perder la serenidad por ninguna cosa del mundo. (...) Señor: que les des serenidad a los hijos míos; que no la pierdan ni cuando tengan un error de categoría. Si se dan cuenta de que lo han cometido, eso ya es una gracia, una luz del Cielo. Gratias tibi, Deus, gratias tibi! Un cántico de acción de gracias tiene que ser la vida de cada uno, porque ¿cómo se ha hecho el Opus Dei? Lo has hecho Tú, Señor, con cuatro chisgarabís... Sulta mundi, infirma mundi, et ea quae non sunt. Toda la doctrina de San Pablo se ha cumplido: has buscado medios completamente ilógicos, nada aptos, y has extendido la labor por el mundo entero. Te dan gracias en toda Europa, y en puntos de Asia y África, y en toda América, y en Oceanía. En todos los sitios te dan gracias".

Mayo. Entre el 15 y el 31 de mayo hizo su último viaje a España. El 23 de mayo: Último viaje a Torreciudad cuyo nuevo santuario que está a punto de ser inaugurado. El 25 de mayo recibió, en el Ayuntamiento de Barbastro, la Medalla de Oro de la Ciudad. El 26 de mayo, un mes antes de su muerte, sale de Torreciudad.Pidió a la Virgen que Dios concediera a los que acudieran allí un derroche de gracias espirituales (...) que el Señor querrá hacer a quienes acudan a su Madre Bendita ante esa pequeña imagen, tan venerada desde hace siglos. Por eso me interesa que haya muchos confesonarios para que las gentes se purifiquen en el santo sacramento de la penitencia y -renovadas las almas- confirmen o renueven su vida cristiana, aprendan a santificar y amar el trabajo, llevando a sus hogares la paz y la alegría de Jesucristo: la paz os doy la paz os dejo. Así recibirán con agradecimiento los hijos que el cielo les mande, usando noblemente del amor matrimonial, que les hace participar del amor creador de Dios; y Dios no fracasará en esos hogares, cuando El les honre escogiendo almas que se dediquen, con personal y libre dedicación, al servicio de los intereses divinos.

22 junio. Va a Cavabianca. 26 de junio por la mañana: encuentro en Castelgandolfo con mujeres del Opus Dei. "Vosotras —les comentó—, por ser cristianas, tenéis alma sacerdotal, os diré como siempre que vengo aquí. Podéis y debéis ayudar con ese alma sacerdotal, y con la gracia de Dios, al ministerio sacerdotal de nosotros, los sacerdotes. Entre todos haremos una labor eficaz. Sacad motivo de todo para tratar a Dios y a su Madre Bendita, Nuestra Madre, y a San José, nuestro Padre y Señor, y a nuestros Ángeles Custodios, para ayudar a esta Iglesia Santa, nuestra Madre, que está tan necesitada, que lo está pasando tan mal en el mundo en estos momentos. Hemos de amar mucho a la Iglesia y al Papa. Pedid al Señor que sea eficaz nuestro servicio a su Iglesia y al Santo Padre. Falleció hacia las doce del mediodía, en su habitación de trabajo en Villa Tevere (Roma) , a causa de un ataque cardíaco.

El 27 de junio fue sepultado en la Cripta del Oratorio de Santa María de la Paz, en la Sede Central del Opus Dei en Roma. Recuerdos de Álvaro del Portillo "El 26 de junio de 1975, último día de su vida en la tierra, el Padre se levantó a la hora acostumbrada. Celebró, ayudado por don Javier Echevarría, la Misa votiva de la Virgen en el oratorio de la Santísima Trinidad, a las siete y cincuenta y tres minutos. A la misma hora celebraba también yo en la sacristía mayor, porque aquella mañana nuestro Fundador deseaba ir con don Javier y conmigo a Castelgandolfo, para despedirse de sus hijas de Villa delle Rose, ya que estábamos a punto de salir de Roma. Se encontraba físicamente bien, y nada hacía prever lo que sucedería poco después. (...) El Padre volvía de Villa delle Rose indudablemente cansado, pero sereno y contento. Atribuyó su malestar al calor (...) A las once y cincuenta y siete entramos en el garaje de Villa Tevere (...) Saludó al Señor en el oratorio de la Santísima Trinidad y, como solía, hizo una genuflexión pausada, devota, acompañada por un acto de amor. A continuación subimos hacia mi despacho, el cuarto donde habitualmente trabajaba y, pocos segundos después de pasar la puerta, llamó: "¡Javi!" Don Javier Echevarría se había quedado detrás, para cerrar la puerta del ascensor, y nuestro Fundador repitió con más fuerza: "¡Javi!"; y después, en voz más débil: "No me encuentro bien". Inmediatamente el Padre se desplomaba en el suelo. Para nosotros, ciertamente, se trataba de una muerte repentina; para nuestro Fundador, en cambio, fue algo que venía madurándose -me atrevo a decir-, más en su alma que en su cuerpo, porque cada día era mayor la frecuencia del ofrecimiento de su vida por la Iglesia y por el Papa. Estoy convencido de que el Padre presentía su muerte. En los últimos años repetía frecuentemente que estaba de más en la tierra, y que desde el Cielo podría ayudarnos mucho mejor. Nos llenaba de dolor oírle hablar así -con aquel tono suyo fuerte, sincero, humilde-, porque mientras pensaba que era una carga, para nosotros era un tesoro insustituible. (...) En todos los países, los medios de comunicación social la difundieron con veneración y respeto: era el reflejo de la impresión que recibieron directamente los periodistas que acudieron a Villa Tevere. En los días siguientes fueron apareciendo numerosísimos artículos y programas de radio y televisión, en los que se ponía de relieve la importancia de la obra de nuestro Fundador en la vida de la Iglesia. Su fama de santidad quedó aún más patente desde el momento de su muerte. (…) Me consoló mucho recibir la cariñosa respuesta del Santo Padre Pablo VI a la información que le habían enviado en mi calidad de Secretario General de la Obra. A través de Mons. Benelli, el Papa expresó su condolencia y nos dijo que también espiritualmente rezaba junto al cuerpo de "un hijo tan fiel" a la Santa Madre Iglesia y al Vicario de Cristo. Antes del funeral público, llegó a Villa Tevere un telegrama de la Sede Apostólica. El Romano Pontífice renovaba la expresión de su condolencia, manifestaba que estaba ofreciendo sufragios por el alma de nuestro Fundador, y confirmaba su persuasión de que era un alma elegida y predilecta de Dios; concluía impartiendo la Bendición apostólica para toda la Obra. Como es costumbre, el telegrama llevaba la firma del Cardenal Secretario de Estado, que se unía de todo corazón a nuestro dolor, y a los sentimientos de Pablo VI, quien deseaba hacernos llegar lo antes posible aquellas líneas. Llegaron a la Sede Central del Opus Dei miles de telegramas y cartas desde los cinco continentes: además de expresiones del más sentido dolor, reflejaban concordemente la convicción de que había muerto un santo, uno de los grandes fundadores suscitados en la Iglesia por el Espíritu Santo. (...)

Homilía de D. Álvaro del Portillo en la Misa de exequias tras el fallecimiento de Mons. Escrivá de Balaguer, 27-VI-1975 (…) En estos momentos, lo que llena el corazón de todos nosotros es el dolor por la muerte de un padre, y ¡de qué padre! Hermanas mías, hermanos míos: si estuviese el Padre aquí -está: desde el Cielo, estoy seguro, nos ve, nos sonríe a cada uno con cariño, como ha hecho siempre, nos bendice-, si pudiese hablar, ¿qué nos diría? Yo creo que a todos nosotros nos ha dicho ya que tenemos que ser fieles. Él nos ha marcado un camino, nos ha dejado un espíritu. El camino está bien claro. El espíritu también. Tenemos que ser fieles. Si no, nuestro dolor, sería falso, sería una mentira (…) Muchas veces el Padre, antes de morir, decía: "hijos míos, o hijas mías, cuando yo muera no ha de pasar absolutamente nada". Y eso es lo que nos pide a nosotros. El dolor lo tenemos dentro y no lo podemos suprimir, no lo podemos borrar; pero quiere que sigamos el camino que nos ha marcado: bien apiñados, formando una familia bien unida por ese espíritu que nos ha dejado el Padre: un espíritu que es más poderoso que los lazos de la carne (…) ¿Qué más os he de decir? Os he de decir que tenemos una obligación de piedad filial de rezar por el Padre, aunque estemos seguros de que así como Dios le ha oído en eso de morir sin molestar a nadie, le habrá oído también cuando se dirigía a Dios pidiendo que le concediese la gracia de "saltarse a la torera" el Purgatorio. ¡Se lo habrá concedido! A pesar de todo, la piedad filial nos obliga a rezar, ¡a rezar! Y vosotros, hermanas y hermanos míos, cuando veáis a personas ajenas a la Obra -porque los de la Obra rezarán- repetid el gesto que hacía mucho el Padre, cuando extendía la mano como pidiendo una limosna, y decid que pedís la limosna de la oración por el Padre que nos ha dejado, pero que no nos ha dejado (…) Hermanas, hermanos míos: rezad también un poquito por mí, porque llevo -llevaba- cuarenta años al lado del Padre, salvo pocas temporadas en que he estado físicamente separado de él; espiritualmente he estado siempre muy unido. Para todos y para todas el dolor será enorme; pero, para mí, quizá lo sea un poquito más. Rezad por mí."

CAUSA DE CANONIZACION DE SAN JOSEMARÍA

1981: El 19 de febrero el Cardenal Poletti, Vicario del Papa para la diócesis de Roma, promulgó el Decreto para la Introducción de la Causa de Beatificación y Canonización del Siervo de Dios Josemaría Escrivá. El 12 y el 18 de mayo comenzaron en Roma y en Madrid dos procesos sobre sus virtudes.

1986: Se cerró en Roma la primera fase del proceso de la Causa de Canonización del siervo de Dios Josemaría Escrivá

El 9 de abril la Santa Sede da lectura al Decreto que proclama las virtudes heroicas del Siervo de Dios Josemaría Escrivá, que con ese acto recibe el título de Venerable.

1991 El 6 de julio se hizo público el decreto por el que se reconoce un milagro atribuido al Venerable Siervo de Dios Josemaría Escrivá. Fue la curación instantánea, completa y permanente, acaecida en junio de 1976, de Sor Concepción Bouillón, Carmelita de la Caridad, que sufría una lipocalcinogranulomatosis de localización múltiple.

1992: El 17 de mayo Juan Pablo II beatificó a Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, en la Plaza de San Pedro, ante una multitud de fieles.(…) Hoy se nos ofrece la ocasión de fijar una vez más nuestra mirada en esta vía de salvación: el camino hacia la santidad, y reflexionar sobre las figuras de dos personas que, de ahora en adelante, llamaremos Beatas: Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote, Fundador del Opus Dei, y Josefina Bakhita, Hija de la Caridad, Canosiana. (…)

3. Josemaría Escrivá de Balaguer, nacido en el seno de una familia profundamente cristiana, ya en la adolescencia percibió la llamada de Dios a una vida de mayor entrega. Pocos años después de ser ordenado sacerdote dio inicio a la misión fundacional a la que dedicaría 47 años de amorosa e infatigable solicitud en favor de los sacerdotes y laicos de lo que hoy es la Prelatura del Opus Dei.

La vida espiritual y apostólica del nuevo Beato es- tuvo fundamentada en saberse, por la fe, hijo de Dios en Cristo. De esta fe se alimentaba su amor al Señor, su ímpetu evangelizador, su alegría constante, incluso en las grandes pruebas y dificultades que hubo de superar. «Tener la cruz es encontrar la felicidad, la alegría -nos dice en una de sus Meditaciones- tener la cruz es identificarse con Cristo, es ser Cristo y, por eso, ser hijo de Dios.»

Con sobrenatural intuición, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación (cfr Dominum et vivificantem 50). En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de aleja- miento de Dios, el nuevo Beato nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. «Todas las cosas de la tierra -enseñaba- también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios» (Carta del 19 de marzo de 1954).

«Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey.» Esta aclamación que hemos hecho en el salmo responsorial es como el compendio de la vida espiritual del Beato Josemaría. Su gran amor a Cristo, por quien se siente fascinado, le lleva a consagrarse para siempre a Él y a participar en el misterio de su Pasión y Resurrección. Al mismo tiempo, su amor filial a la Virgen María le inclina a imitar sus virtudes. «Bendeciré tu nombre por siempre jamás»: he aquí el himno que brotaba espontáneamente de su alma y que le impulsaba a ofrecer a Dios todo lo suyo y cuanto le rodeaba. En efecto, su vida se reviste de humanismo cristiano con el sello inconfundible de la bondad, la mansedumbre de corazón, el sufrimiento escondido con el que Dios purifica y santifica a sus elegidos.

4. La actualidad y transcendencia de su mensaje espiritual, profundamente enraizado en el Evangelio, son evidentes, como lo muestra también la fecundidad con la que Dios ha bendecido la vida y obra de Josemaría Escrivá. Su tierra natal, España, se honra con este hijo suyo, sacerdote ejemplar, que supo abrir nuevos horizontes apostólicos a la acción misionera y evangeliza- dora. Que esta gozosa celebración sea ocasión propicia que aliente a todos los miembros de la Prelatura del Opus De¡ a una mayor entrega, en su respuesta a la llamada a la santificación y a una más generosa participación en la vida eclesial, siendo siempre testigos de los genuinos valores evangélicos, lo cual se traduzca en un ilusionado dinamismo apostólico, con particular atención hacia los más pobres y necesitados. (…)

 

Oraciones para la Misa en honor del Beato Josemaría Escrivá 

 

 

 

Como culminación de los acontecimeintos vividos en torno a la Beatificación de Josemaría Escrivá, la actual Univerisad -entonces Ateneo Romano- de la Santa Cruz organizó en Roma, entre el 12 y el 14 de octubre de 1993, un Simposio teológico de estudio en torno a las enseñanzas del Beato Josemaría Escrivá. El Simposio puso de manifiesto el gran interés científico que presenta el estudio de su pensamiento. Juan Pablo II recibió en audiencia a los participantes en dicho simposio. Reproducimos parte de su alocución, así como algunos fragmentos de las reflexiones ofrecidas al simposio por el Cardenal Ratzinger, que enmarcan oportunamente los trabajos realizados esos días. Estas dos intervenciones y el resto de trabajos del simposio se pueden encontrar en el volumen "Santidad y mundo. Actas del Simposio teológico de estudio en torno a las enseñanzas del Beato Josemaría Escrivá", Pamplona, 1994.

 

Alocución de Su Santidad Juan Pablo II a los participantes el Simposio teológico de estudio en torno a las enseñanzas del Beato Josemaría, 14 de octubre de 1993 (…) La historia de la Iglesia y del mundo se desarrolla bajo la acción del Espíritu Santo, que, con la colaboración libre de los hombres, dirige todos los acontecimientos hacia la realización del plan salvífico de Dios Padre. Manifestación evidente de esta Providencia divina es la presencia constante a lo largo de los siglos de hombres y mujeres, fieles a Cristo, que iluminan con su vida y su mensaje las diversas épocas de la historia. Entre estas figuras insignes ocupa un lugar destacado el beato Josemaría Escrivá, que, como subrayé el día solemne de su beatificación, recordó al mundo contemporáneo la llamada universal a la santidad y el valor cristiano que puede adquirir el trabajo profesional, en las circunstancias ordinarias de cada uno (…)

La profunda conciencia que la Iglesia actual tiene de estar al servicio de una redención que atañe a todas las dimensiones de la existencia humana, fue preparada, bajo la guía del Espíritu Santo, por un progreso intelectual y espiritual gradual. El mensaje del beato Josemaría, al que habéis dedicado las jornadas de vuestro congreso, constituye uno de los impulsos carismáticos más significativos en esa dirección, partiendo precisamente de una singular toma de conciencia de la fuerza universal de irradiación que posee la gracia del Redentor. En una de sus homilías, el Fundador del Opus Dei afirmaba: "No hay nada que pueda ser ajeno al afán de Cristo. Hablando con profundidad teológica (…) no se puede decir que haya realidades -buenas, nobles, y aun indiferentes- que sean exclusivamente profanas, una vez que el Verbo de Dios ha fijado su morada entre los hijos de los hombres, ha tenido hambre y sed, ha trabajado con sus manos, ha conocido la amistad y la obediencia, ha experimentado el dolor y la muerte" (Es Cristo que pasa, n. 112).

Sobre la base de esta honda convicción, el beato Josemaría invitó a los hombres y a las mujeres de las más diversas condiciones sociales a santificarse y a cooperar en la santificación de los demás, santificando la vida ordinaria. En su actividad sacerdotal percibía a fondo el valor de toda alma y el poder que tiene el Evangelio de iluminar las conciencias y suscitar un serio compromiso cristiano en la defensa de la persona y de su dignidad. En Camino, el beato escribía: "Estas crisis mundiales son crisis de santos. - Dios quiere un puñado de hombres "suyos" en cada actividad humana. - Después... "pax Christi in regno Christi" - la paz de Cristo en el reino de Cristo" (Camino, n. 301).

¡Cuánta fuerza tiene esta doctrina ante la labor ardua y, al mismo tiempo, atractiva de la nueva evangelización, a la que toda la Iglesia está llamada! En vuestro congreso habéis tenido la oportunidad de reflexionar en los diversos aspectos de esta enseñanza espiritual. Os invito a continuar en esta obra, porque Josemaría Escrivá de Balaguer, como otras grandes figuras de la historia contemporánea de la Iglesia, también puede ser fuente de inspiración para el pensamiento teológico. En efecto, la investigación teológica, que lleva a cabo una mediación imprescindible en las relaciones entre la fe y la cultura, progresa y se enriquece acudiendo a la fuente del Evangelio, bajo el impulso y la experiencia de los grandes testigos del cristianismo. Y el beato Josemaría es, sin duda, uno de éstos.

Por otra parte, no podemos olvidar que la importancia de la figura del beato Josemaría Escrivá no sólo deriva de su mensaje, sino también de la realidad apostólica que inició. En los sesenta y cinco años transcurridos desde su fundación, la Prelatura del Opus Dei, unidad indisoluble de sacerdotes y laicos, ha contribuido a hacer resonar en muchos ambientes el anuncia salvador de Cristo. Como Pastor de la Iglesia universal me llegan los ecos de ese apostolado, en le que animo a perseverar a todos los miembros de la Prelatura del Opus Dei, en fiel continuidad con el espíritu de servicio a la Iglesia que siempre inspiró la vida de su Fundador.

Con estos sentimientos, invoco sobre todos la abundancia de los dones celestiales, en prenda de los cuales os imparto de corazón mi bendición a vosotros y a cuantos se inspiran en las enseñanzas y los ejemplos del beato Josemaría Escrivá de Balaguer.

 

Decreto pontificio sobre el ejercicio heroico de las virtudes del Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer "Todos los fieles, de cualquier condición y estado, son llamados por el Señor, cada uno según su propio camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre celestial" (Conc. Vat. 11, Const. dogm. Lumen gentium, n. 1 l). En esta proclamación de la llamada a la santidad de todos los bautizados -que se ha reconocido como característica peculiar y, por así decir, fin último de todo el magisterio conciliar (Pablo VI, Motu proprio Sanctitas clarior, 19-III-1969)-, resplandece la conciencia que la Iglesia tiene de sí misma, como misterio de la comunión de los hombres con Dios. Al contemplar este misterio, la Esposa de Cristo ve confirmado también el inagotable patrimonio de su propia historia, y escucha el eco del testimonio de los heraldos de santidad que el Espíritu Vivificador suscita en todo tiempo, para mover a los hombres a acoger el designio de salvación.

El Siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer pertenece merecidamente al número de esos testigos, no sólo por el fecundo ejemplo de su vida, sino también por el vigor absolutamente singular con que, en profético concordia con el Concilio Vaticano II, procuró, ya desde los comienzos de su sacerdocio, recordar esa llamada evangélica a todos los cristianos. Movido por esta solicitud, escribió: Tienes obligación de santificarle. Tú también (...). A todos, sin excepción, dijo el Señor.- «Sed perfectos, como mi Padre Celestial es perfecto» (Camino, n. 291). Y también: Estas crisis mundiales son crisis de santos (Ibid., n. 301). (…)

Con una caridad infatigable y una activa esperanza, promovió y guió la expansión del Opus Dei por todo el mundo, contribuyendo a una vasta movilización de laicos, que fueran conscientes de su responsabilidad de participar en la misión de la Iglesia. Impulsó iniciativas de vanguardia en el ámbito de la evangelización y de la promoción humana; suscitó en todas partes vocaciones al sacerdocio y al estado religioso; emprendió viajes extenuantes por Europa y por América, para difundir la doctrina de la Iglesia. Y, sobre todo, se dedicó a la formación de los miembros del Opus Dei -sacerdotes y laicos, hombres y mujeres-, para infundirles una sólida vida interior, con una ejemplar adhesión al Magisterio de la Iglesia y un celo ardiente por las almas, que les llevara a ejercer un apostolado personal capilar. Omnes cum Petro ad lesum per Mariam!: estas palabras expresan bien la incesante y encendida pasión que consumía al Siervo de Dios y predicó a los demás desde los comienzos de su sacerdocio.

De todos modos, los rasgos más característicos de su personalidad no hay que buscarlos tanto en sus egregias cualidades para la acción como en su vida de oración, y en la asidua experiencia unitiva que hizo de él verdaderamente un contemplativo itinerante. Fiel al carisma recibido, fue ejemplo de heroicidad en las circunstancias corrientes de la vida: en la oración continua; en la mortificación ininterrumpida -como el latir del corazón-; en la asidua presencia de Dios, que alcanzaba las cumbres de la unión con Dios incluso en medio del fragor del mundo y de una dedicación incansable al trabajo. Continuamente inmerso en la contemplación del misterio de la Trinidad, vivió la filiación divina en Cristo como fundamento de toda la vida espiritual, en la que la fortaleza de la fe y la audacia apostólica de la caridad se conjugaban armónicamente con el abandono filial en las manos de Dios Padre. (…)

El Siervo de Dios falleció en Roma el 26 de junio de 1975. En aquel momento, pertenecían al Opus Dei más de 60.000 miembros de 80 nacionalidades; los sacerdotes incardinados en la Obra eran casi un millar; y florecían por los cinco continentes iniciativas apostólicas, entre las que se contaban escuelas, universidades y centros de promoción social. Los escritos del Siervo de Dios, que han alcanzado una difusión de casi seis millones de ejemplares, se consideran ya obras clásicas de espiritualidad.

La fama de santidad, de la que Josemaría Escrivá gozó ya en vida, se extendió después de su muerte, hasta el punto de que, en muchas naciones, puede considerarse ya una auténtica manifestación de devoción popular. La Causa de Canonización fue introducida en Roma el 19 de febrero de 1981. Se instruyeron dos Procesos Cognicionales aeque principales, uno en Madrid y otro en Roma, que se concluyeron, respectivamente, el 26 de junio de 1984 y el 8 de noviembre de 1986. Después, fue estudiada en la Congregación de las Causas de los Santos; primero, en el Congreso de Consultores, celebrado el 19 de septiembre de 1989, bajo la presidencia del Promotor General de la Fe, Revmo. Mons. Antonio Petti; luego, el día 20 de marzo de 1990, en la Congregación Ordinaria de Cardenales y Obispos, en la que actúa como Ponente el Emmo. Card. Edouard Gagnon. Y en las dos reuniones, se dio una respuesta afirmativa a la pregunta sobre el ejercicio heroico de las virtudes del Siervo de Dios. (…)

El Santo Padre ha dispuesto que este Decreto se haga público y sea incluido en las actas de la Congregación de las Causas de los Santos.

Dado en Roma, el día 9 de abril del Año del Señor 1990.

Angelus Card. Felici, Praefectus

Eduardus Nowak, Archiep. tit. Lunensis, a Secretis

 

Decreto pontificio por el que se reconoce un milagro atribuido al Venerable siervo de Dios Josemaría Escrivá de Balaguer El Venerable Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (España) el 9 de enero de 1902. Su carisma eclesial específico consiste en la vigorosa proclamación de la radicalidad de la vocación bautismal en cuanto vocación a la santidad. El 2 de octubre de 1928, movido por Dios, fundó el Opus Dei; poco después, el 14 de febrero de 1930, entendió, con la gracia de Dios, que el Opus Dei debía desarrollar su apostolado también entre las mujeres, y, el 14 de febrero de 1943, también movido por Dios, fundó la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz. (…)

A su muerte (…) decenas de millares de favores, espirituales y materiales, algunos de ellos patentemente extraordinarios, vinieron enseguida a confirmar la extensión de su fama de santidad y su poder de intercesión ante Dios. Entre las curaciones prodigiosas que se le atribuyen, destaca la de Sor Concepción Boullón Rubio, Carmelita de la Caridad, de 70 años: cuando se encontraba en trance de muerte inmediata, una noche de junio de 1976, como resultado de las invocaciones dirigidas al Siervo de Dios, curó de modo repentino, y con efecto total y permanente, de una enfermedad cuyo diagnóstico ha sido fijado por la Consulta Médica de la Congregación para las Causas de los Santos como Lipocalcinogranulomatosis tumoral en sujeto de raza blanca con localizaciones múltiples dolientes e invalidantes, con volumen máximo de una naranja en el hombro izquierdo. A esta enfermedad se añadía una patología concomitante, diagnosticada por la Consulta Médica en los siguientes términos: Estado caquéctico en paciente con úlcera gástrica y hernia de hiato complicada por una grave anemia hipocrómica. En el momento en que desaparecieron las tumefacciones, esta segunda enfermedad mejoró, también de modo repentino e inexplicable, hasta desaparecer definitivamente. La misma Consulta ha establecido que el pronóstico era gravemente infausto quoad vitam y quoad valetudinem.

Sobre esta curación prodigiosa se instruyó en la Curia Arzobispal de Madrid, del 21 de enero al 3 de abril de 1982, un Proceso Cognicional, que recibió el decreto de validez de la Congregación para las Causas de los Santos el 20 de noviembre de 1984.

De acuerdo con lo que prescribe el derecho, el caso fue sometido en primer lugar al examen de la Consulta Médica ya citada, que, en la reunión del 30 de junio de 1990, concluyó unánimemente que la curación de Sor Concepción Boullón Rubio no es explicable por causas naturales.

El estudio de la curación pasó luego a la discusión teológica: en un primer momento, en el Congreso Peculiar de los Consultores Teólogos, que tuvo lugar el 14 de julio de 1990 bajo la dirección del Rvdmo. Mons. Antonio Petti, Promotor General de la Fe; después, el 18 de junio de 1991, en la Congregación Ordinaria de Cardenales y Obispos, reunida en el Palacio Apostólico, en la que actuó como Ponente el Emmo. y Rvdmo. Card. Edouard Gagnon. Los dos organismos dieron respuesta positiva unánime a la cuestión de la consistencia del milagro y de su atribución al Venerable Josemaría Escrivá de Balaguer.

El Sumo Pontífice Juan Pablo II, después de haber recibido del Cardenal Prefecto abajo firmante una detallada y fiel relación de todo lo que se acaba de exponer, acogiendo y ratificando los votos de la Congregación, ordenó que se extendiese el Decreto sobre la antedicha curación prodigiosa.

Cumplida esa disposición y convocados en la fecha de hoy el Cardenal Prefecto, el Ponente de la Causa, el infrascrito Secretario y otros según costumbre, el Santo Padre ha declarado en presencia de los asistentes: Constan las pruebas del milagro obrado por Dios a través de la intercesión de su Venerable Siervo Josemaría Escrivá de Balaguer, Sacerdote, Fundador de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei, es decir, de la curación instantánea, perfecta y permanente de Sor Concepción Boullón Rubio, Carmelita de la Caridad, de lipocalcinogranulomatosis tumoral en sujeto de raza blanca con localizaciones múltiples dolientes e invalidantes, con volumen máximo de una naranja en el hombro izquierdo,- y de estado caquéctico en paciente con úlcera gástrica y hernia de hiato complicada por una grave anemia hipocrómica.

El Santo Padre ha dispuesto que este Decreto se haga público y sea incluido en las actas de la Congregación para las Causas de los Santos.

Dado en Roma, el 6 de julio de 1991.

Angelus Card. Fellici, Praefectus

Eduardus Nowak, Archiep. tit. de Lunensis, a Secretis 15 de septiembre

Álvaro del Portillo es elegido por unanimidad primer sucesor del Fundador del Opus Dei en el congreso electivo.

Comunicación leída al inicio del Congreso Electivo

Reunidos aquí, en la presencia de Dios Nuestro Señor y de Santa María, para elegir a quien sucederá a nuestro queridísimo Padre y Fundador en la carga de hacer cabeza en la Obra, consideramos un deber que, antes de proceder a la elección, leamos algunas palabras del Padre, que se refieren precisamente a nuestras obligaciones respecto al que el Señor designe para llevar esa carga. Nuestro Padre nos repitió los mismos conceptos, que aquí recogemos, en muchísimas ocasiones: "Sed fieles, hijos de mi alma, ¡sed fieles! Vosotros sois la continuidad. Como en las carreras de relevos, llegará el momento -cuando Dios quiera, donde Dios quiera, como Dios quiera- en el que habréis de seguir vosotros adelante, corriendo, y pasaros el palitroque unos a otros, porque yo no podré más. Procuraréis que no se pierda el buen espíritu que he recibido del Señor, que se mantengan íntegras las características tan peculiares y concretas de nuestra vocación. Transmitiréis este modo nuestro de vivir, humano y divino, a la generación próxima, y ésta a la otra, y a la siguiente. Quiero deciros algo especialmente sobre el Padre. Cuando yo muera, hijos míos, al Padre, sea quien sea, amadlo mucho, mucho, aunque se os pasen por la cabeza pensamientos de que no es suficientemente santo o inteligente, o mil ideas más que se os pueden ocurrir y que habréis de desechar inmediatamente, porque son malas. ¡Amadle mucho, hijos míos! Besad donde pise, no dejéis esa pequeña mortificación diaria y de rezar con amor la oración por el que hace cabeza. ¡Amadlo mucho, hijos míos, que es muy duro llevar esto encima! A los que vengan después, hay que amarles más que a mí: unirse a ellos, quererles humana y sobrenaturalmente, obedecerles, consummati in unum (Jn 17, 23). De ordinario, en muchas instituciones, cuando desaparece el Fundador sobreviene una especie de terremoto. Yo no tengo ninguna preocupación: en el Opus Dei no ocurrirá así. Besad los pies del que venga detrás, queredle y rezad por él, para que sea muy alegre y muy santo, porque docto será. Hijo mío, lo tienes que querer ya -respondió nuestro Padre a uno que, en una tertulia, le decía que a veces le venía el pensamiento de que al próximo Padre no podría quererle tanto como a él-. Yo lo quiero desde que era joven y lo encomendaba al Señor. Desde que empecé, lo único que he hecho ha sido formar a mis hijos para no ser nunca imprescindible. Lo tienes que querer ya como lo quiero yo… Tenéis hermanos maravillosos, que son ejemplo y vergüenza para mí; tengo que aprender muchas cosas de ellos. También vosotros, cuando vayáis madurando, iréis tirando del carro (…) Hijos míos, os quiero -no me importa decirlo, porque no exagero- más que vuestros padres. Y estoy seguro que en el corazón de los que me sucedan, encontraréis este mismo cariño -iba a añadir que más aunque me parece imposible-, porque tendrán muy metido dentro del alma este espíritu tan de familia que informa la Obra entera. Llamadle Padre, como lo hacéis conmigo, que yo me siento arropado por vuestra fidelidad y agradezco todo el respeto que me manifestáis continuamente. Tratadle de usted como muestra de la veneración y del afecto de hijos que habréis de sentir siempre hacia el Padre, sea quien sea".

Siendo este el espíritu de nuestro Padre, nosotros -interpretando el sentir de todos nuestros hermanos y antes de proceder a la elección-, deseamos reafirmar con un voto unánime nuestra firme decisión de amar, venerar y obedecer al próximo Presidente General como nuestro Padre quiere que le amemos, que le veneremos y que le obedezcamos.

Besaremos donde él pise, conscientes de que así haremos la Obra como el Padre -que nos mira desde el Cielo- espera que la hagamos, para que el Opus Dei, con esta sólida unidad, camine siempre "firme, compacto, y seguro", al servicio de la Iglesia Santa y del Papa.

Primera declaración oficial a los medios de comunicación de D. Álvaro del Portillo, recién elegido como sucesor del Fundador del Opus Dei

¿Qué hará ahora el Opus Dei? Seguir caminando, hacer lo que hemos hecho siempre, también desde que el Señor se llevó consigo a nuestro Fundador. Seguir caminando con el espíritu que él nos ha dejado definitivamente establecido, inequívoco.

El espíritu del Opus Dei nos ha enseñado a vivir todas las realidades humanas nobles, a tratar todas las cosas de la tierra que los hombres aman limpia y rectamente, con sentido cristiano, de cara a Dios, ejercitando la fe, la esperanza y la caridad.

Por eso la familia, el trabajo profesional, los derechos y deberes propios de la vida social, en un palabra, todo lo que forma parte de la vida ordinaria de la persona, puede ser santificado, y así, en esa medida, es acogido por el espíritu del Opus Dei, que a nadie saca de su sitio y en nada violenta las realidades naturales y la autonomía personal de cada uno.

Monseñor Escrivá de Balaguer, al darnos este espíritu, nos ha engendrado a esta nueva dimensión de nuestra vida, de servicio generoso, alegre y constante, a la Iglesia, al Papa (el vice Cristo, como gustaba llamarle el Fundador), a los obispos y a todos los hombres. Nueva dimensión que cada uno realiza en su propia vida, con la gracia de Dios y su propio esfuerzo, con su propia responsabilidad.

Somos una familia de vínculos sobrenaturales, espirituales, en la que cada uno goza de la más amplia libertad personal en todo el amplísimo campo de las cosas temporales, sin otros límites que los de la fe y de la moral cristianas, tal como las propone el Magisterio de la Iglesia. Por ejemplo, ahora a la luz de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.

En el Opus Dei no hay vértice ni base. Todos somos igualmente hijos de nuestro Fundador, quien nos ha enseñado a poner a Cristo en la propia vida, y que ha dado para siempre a nuestra Asociación el carácter sencillo y cordial de una familia bien avenida. El trabajo que los socios del Opus Dei desarrollan en todos los ambientes familiares, profesionales, sociales, es la ocasión normal y propicia del encuentro amistoso con sus iguales, y por eso, para hablarles de Dios, con el testimonio de la propia vida.

Nos llegan continuamente palabras de agradecimiento a nuestro Fundador, que, con su vida y su doctrina, ha llenado de luz cristiana el corazón de muchísimas personas, llevándolas al amor de Dios.

Esto es lo que nos proponemos seguir haciendo los hijos de Monseñor Escrivá de Balaguer, con la mayor fidelidad posible, y siempre, en todo momento, en la pequeña realidad cotidiana de cada uno. No buscamos en el Opus Dei momentos estelares. "Para mí -decía Monseñor Escrivá de Balaguer- es un hito fundamental en la Obra cualquier momento, cualquier instante en el que, a través del Opus Dei, algún alma se acerque a Dios, haciéndose así más hermano de sus hermanos los hombres".

1982. 28 de noviembre

Juan Pablo II erige el Opus Dei en Prelatura personal y nombra a Álvaro del Portillo primer Prelado del Opus Dei, que es, a la vez, Presidente General de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz

1985.

Se inaugura el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz, centro universitario de estudios eclesiásticos con sede en Roma.

1990. Según el Anuario Pontificio, la Prelatura del OpusDei estaba compuesta por 75.856 fieles (74.508 laicos y 1.348 sacerdotes), de más de 80 nacionalidades

1991. 6 de enero

Juan Pablo II ordenó obispo en San Pedro a Mons. Álvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei.

1994. 23 de marzo

Falleció en Roma el Prelado del Opus Dei Álvaro del Portillo, por un colapso cardíaco, pocas horas después de volver de una peregrinación a Tierra Santa.En las horas siguientes numerosas personas acudieron a rezar ante sus restos, en la Iglesia prelaticia del Opus Dei; entre ellos, el Papa Juan Pablo II, acompañado del Secretario de Estado del Vaticano.

20 de abril

Se reunió en Roma el Congreso Electivo del Opus Dei, para proceder a la elección del segundo sucesor de su Fundador.

Resultó elegido Monseñor Javier Echevarría, Vicario General de la Prelatura hasta ese momento.

Siguiendo las normas previstas en los Estatutos de la Prelatura, se comunicó inmediatamente el resultado de la elección a la Santa Sede, y el Papa procedió al nombramiento del nuevo Prelado mediante este

El Sumo Pontífice Juan Pablo II

confirmando la elección canónica realizada a tenor del n. 130 de los Estatutos, ha nombrado Prelado de la Prelatura personal de la Santa Cruz y Opus Dei al Reverendo Monseñor

Javier Echevarría Rodríguez

Lo que se comunica al mismo Monseñor Javier Echevarría Rodríguez para su conocimiento y norma.

Ciudad del Vaticano, 20 de abril de 1994.

+ Angelo Card. Sodano.

24 de abril

Entrada solemne del nuevo Prelado en la iglesia Prelaticia. 21 de noviembre.

Bula papal de nombramiento episcopal de Mons. Javier Echevarría 1995. 6 de enero

Javier Echevarría recibió la ordenación episcopal en la Basílica de San Pedrode manos de Juan Pablo II.

11 marzo El Prelado bendijo la última piedra del Colegio Romano de Santa María.

1998. 15 de julio

Juan Pablo II erigió como Universidad Pontificia el Ateneo Romano de la Santa Cruz.

2001. 17 de marzo. Recepción de Juan Pablo II

El Paparecibió en el Vaticano a los participantes del Encuentro romano promovido por la Prelatura del Opus Dei en torno a la "Novo millenio ineunte". Amadísimos hermanos y hermanas: ¡Bienvenidos!

Os saludo cordialmente a cada uno de vosotros, sacerdotes y laicos, reunidos en Roma para participar en las jornadas de reflexión sobre la carta apostólica Novo millennio ineunte y sobre las perspectivas que tracé en ella para el futuro de la evangelización.

Y saludo especialmente a vuestro prelado, el obispo monseñor Javier Echevarría, que ha promovido este encuentro con el fin de potenciar el servicio que la Prelatura presta a las Iglesias particulares en las que se hallan presentes sus fieles.

Estáis aquí en representación de los diversos componentes con los que la Prelatura está orgánicamente estructurada, es decir, de los sacerdotes y los fieles laicos, hombres y mujeres, encabezados por su prelado. Esta naturaleza jerárquica del Opus Dei, establecida en la constitución apostólica con la que erigí la Prelatura (cf. Ut sit, 28 de noviembre de 1982), nos puede servir de punto de partida para consideraciones pastorales ricas en aplicaciones prácticas.

Deseo subrayar, ante todo, que la pertenencia de los fieles laicos tanto a su Iglesia particular como a la Prelatura, a la que están incorporados, hace que la misión peculiar de la Prelatura confluya en el compromiso evangelizador de toda Iglesia particular, tal como previó el concilio Vaticano II al plantear la figura de las prelaturas personales.

La convergencia orgánica de sacerdotes y laicos es uno de los campos privilegiados en los que surgirá y se consolidará una pastoral centrada en el "dinamismo nuevo" (cf. Novo millennio ineunte, 15) al que todos nos sentimos impulsados después del gran jubileo.

En este marco conviene recordar la importancia de la "espiritualidad de comunión" subrayada por la carta apostólica (cf. ib., 42-43).

Los laicos, en cuanto cristianos, están comprometidos a realizar un apostolado misionero. Sus competencias específicas en las diversas actividades humanas son, en primer lugar, un instrumento que Dios les ha confiado para hacer que "el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura" (ib., 29).

Por consiguiente, es preciso estimularlos a poner efectivamente sus conocimientos al servicio de las "nuevas fronteras", que se presentan como desafíos para la presencia salvífica de la Iglesia en el mundo. Su testimonio directo en todos esos campos mostrará que sólo en Cristo los valores humanos más elevados alcanzan su plenitud.

Con su celo apostólico, su amistad fraterna y su caridad solidaria podrán transformar las relaciones sociales diarias en ocasiones para suscitar en sus semejantes la sed de verdad que es la primera condición para el encuentro salvífico con Cristo.

Los sacerdotes, por su parte, desempeñan una función primaria insustituible: la de ayudar a las almas, una a una, por medio de los sacramentos, la predicación y la dirección espiritual, a abrirse al don de la gracia. Una espiritualidad de comunión valorará al máximo el papel de cada componente eclesial.

Queridos hermanos, os exhorto a no olvidar en todo vuestro trabajo el punto central de la experiencia jubilar: el encuentro con Cristo. El jubileo fue una continua e inolvidable contemplación del rostro de Cristo, Hijo eterno, Dios y hombre, crucificado y resucitado. Lo buscamos en la peregrinación hacia la Puerta que abre al hombre el camino del cielo. Experimentamos su dulzura en el acto humanísimo y divino de perdonar al pecador. Lo sentimos hermano de todos los hombres, guiados hacia la unidad por el don del amor que salva.

Sólo Cristo puede apagar la sed de espiritualidad que se ha suscitado en nuestra sociedad. "No, no será una fórmula lo que nos salve, pero sí una Persona y la certeza que ella nos infunde: ¡Yo estoy con vosotros!" (ib., 29). Al mundo, a cada uno de nuestros hermanos los hombres, los cristianos debemos abrir el camino que lleva a Cristo. "Tu rostro busco, Señor" (Sal 27, 8).

El beato Josemaría, hombre sediento de Dios, y por eso gran apóstol, solía repetir esa aspiración. Escribió: "En las intenciones sea Jesús nuestro fin; en los afectos, nuestro amor; en la palabra, nuestro asunto; en las acciones, nuestro modelo" (Camino, 271). 4. Es tiempo de dejar a un lado todo temor y lanzarnos hacia metas apostólicas audaces. Duc in altum! (Lc 5, 4): la invitación de Cristo nos estimula a remar mar adentro, a cultivar sueños ambiciosos de santidad personal y fecundidad apostólica.

El apostolado siempre es el desbordamiento de la vida interior. Ciertamente, también es acción, pero sostenida por la caridad. Y la fuente de la caridad está siempre en la dimensión más íntima de la persona, donde se escucha la voz de Cristo que nos llama a remar con él mar adentro.

Que cada uno de vosotros acoja esta invitación de Cristo a corresponderle con generosidad renovada cada día. Con este deseo, a la vez que encomiendo a la intercesión de María vuestro compromiso de oración, de trabajo y de testimonio, os imparto con afecto mi bendición.

2001. 20 de diciembre

Tuvo lugar en Roma la lectura de un milagro atribuido a la intercesión del beato Josemaría: la curación de la radiodermitis que padecía, como consecuencia de su ejercicio profesional, el cirujano extremeño Manuel Nevado.

El 26 de febrero el Dicasterio...............

2002. 9 de enero. Centenario del Nacimiento.

Se celebró en numerosospaíses del mundo el Primer Centenario del nacimiento de San Josemaría.

6 de octubre. Canonización.

Juan Pablo II canonizó a Josemaría Escrivá enRoma.

Fieles venidos de todo el mundo llenaban la Plaza de San Pedro, la contigua Plaza de Pío XII y toda la Vía de la Conciliación, hasta el Tíber. Fue una de las concentraciones en San Pedro más numerosas de la historia.

Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos! Os escribo con el fin de rogaros que el próximo 28 de marzo, 50º aniversario de mi ordenación sacerdotal, recéis de modo especial por mí –invocando como intercesores a nuestra Madre Santa María y a San José, nuestro Padre y Señor-, para que yo sea un sacerdote bueno y fiel. No quiero que se prepare ninguna solemnidad, porque deseo pasar este jubileo de acuerdo con la norma ordinaria de mi conducta de siempre: ocultarme y desaparecer es lo mío, que sólo Jesús se luzca. Pero también os pido que estemos muy unidos en ese día, con una gratitud más honda al Señor –es Viernes Santo este 28 de marzo- que nos ha empujado a participar de su Santa Cruz, es decir, del Amor que no pone condiciones. Ayudadme a agradecer a Dios, junto con el inmenso tesoro de la llamada al sacerdocio y de la otra vocación divina a la Obra, todas sus misericordias y todos sus beneficios, universa beneficia sua, etiam ignota: también aquellos que yo no haya sabido percibir. Demos gracias, hijas e hijos, porque siendo nosotros tan poca cosa –nada-, Nuestro Padre del Cielo, en su bondad infinita, ha dilatado nuestros corazones y, con aquel fuego que vino a traer a la tierra, ha encendido en nuestras almas un grande Amor. Mostrémosle además un filial reconocimiento por haber aprendido en su Obra a amar, a la Iglesia Santa y al Romano Pontífice, con hechos y de verdad. Acompañadme a adorar a Nuestro Redentor, realmente presente en la Sagrada Eucaristía, en todos los Monumentos de todas las iglesias del mundo, en este Viernes Santo. Vivamos un día de intensa y enamorada adoración. Pidamos perdón por todos nuestros pecados y por los pecados de todos los hombres, con ansias de purificación y de reparación ante tanta ceguera: tu videamus!, tu videant!, para que veamos, para que vean. Vamos, pues a vivir ese día muy unidos a la Santísima Virgen –contempladla junto a la Cruz de su Hijo-, en recogimiento de adoración, de acción de gracias, de reparación y de ruegos. Gozo y dolor se dan cita allí –iuxta Crucem Iesu- y todas las palabras y los gestos festivos de las criaturas resultan pobres para alabar al Amor que se entrega. Conmemoremos, por tanto hijas de hijos queridísimos, este aniversario sacerdotal, renovando el propósito de aprovechar cada jornada agradecidamente al pie de la Cruz –del Altar- la Vida que Jesucristo nos da: que sea siempre la Santa Misa el centro y la raíz de nuestra existencia: ésta es la mejor celebración del sacerdocio. Desde ahora me siento profundamente conmovido, por el cariño que pondréis para recordar de esta manera mis 50 años de sacerdote. Procurad vivir la fiesta bien unidos a mis intenciones, especialmente a las de mi Misa. Os pasmaréis al descubrir cuántas luces y cuántas mercedes del Señor recibiremos, si nos esforzamos por estar muy al alcance de su mirada, rezandol y trabajando en su presencia consummati in unum!, formando un solo corazón con siempre mayores afanes de servir a la Santa Iglesia y a las almas. Cariñosamente os bendice vuestro Padre. Mariano.

En Sâo Paulo, Brasil Giovanni Battista Montini, arzobispo de Milán es elegido Pablo VI. .: Nuestro deseo, nuestro deber de preservar intacta la naturaleza específica de la vocación que Dios nos ha dado, nos llevaba, nos lleva y nos seguirá llevando con incansable perseverancia, a ofrecer innumerable Santas Misas, que se cuentan por muchos millares; y también innumerables sacrificios personales y el mérito de nuestro trabajo profesional diario, por esta común intención que tan ardientemente deseamos ver realizada: que nuestra Santa Madre la Iglesia dé a la Obra una nueva situación jurídica, de modo que lo que no somos de facto -un Instituto Secular- no lo seamos tampoco de iure. (…) Por eso hoy debo deciros que me conmueve la fervorosa unidad de mis hijos, 'perseverantes unanimiter in oratione' (Act. I, 14), perseverando unánimemente en la oración, y esa vigorosa fidelidad con la que -a través de vuestro trabajo ordinario- vivís, hasta en los más pequeños detalles, la espiritualidad secular y laical propia de nuestra llamada divina al apostolado. Ante tanta fidelidad, unidad y delicadeza de espíritu, siento fuertemente el deber de conciencia -que me parece ser a la vez caridad de Padre, prudencia de gobernante y lealtad de hombre. De abriros con sencillez mi corazón, para comunicaros los sentimientos de comprensión y de confianza de los que, por gracia de Dios, se encuentra lleno.

: " nace la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz 1006 (15-V-1933)Descansó en el Señor, al amanecer del 5 de Noviembre de 1932. -¡Otro! Nuestra Madre se lo ha llevado también en sábado. -Ya tenemos dos santos: un sacerdote y un seglar... Por cierto que José María S. dejó manifestada por escrito, la impresión agradable que le produjo el carácter de nuestro h. Luis. Buen modelo: obediente, discretísimo, caritativo hasta el despilfarro, humilde, mortificado y penitente..., hombre de Eucaristía y de oración, devotísimo de Santa María y de Teresita... padre de los obreros de su fábrica, que le han llorado sentidamente a su muerte. El Señor quiso que al consolarnos del óbito de nuestro José María hablando con Luis, dijéramos: "Si a ti o a mí nos llamara Dios, ¿qué íbamos a hacer, desde el cielo o desde el purgatorio, sino clamar una y otra vez, y muchas veces y siempre: ¡Dios mío!... ¡ellos!... mis h.h. [hermanos] que están luchando en la tierra..., que cumplan tu voluntad... ¡allana el camino, acelera la hora, quita los obstáculos... santifícalos!? Y nuestro h. Luis asentía, porque esta consideración es necesaria consecuencia de la real y fortísima fraternidad espiritual que une a los C.B., fraternidad que tan prácticamente sabía él vivir. ¡Con qué entusiasmo estará cumpliendo ahora su obligación de h. nuestro! Sírvanos de consuelo esta seguridad, y amemos la Cruz, la Santa Cruz que pesa sobre la Obra de Dios. - Nuestro Gran Rey Cristo Jesús ha querido llevarse a los dos mejor preparados, para que no confiemos en nada terreno, ni siquiera en las virtudes personales de nadie, sino sólo y exclusivamente en su Providencia amorosísima. El Amor Misericordioso ha echado otro grano en el surco... y ¡cuánto esperamos de su fecundidad!

El 3 de octubre de 1932.

Un domingo de este mes de febrero de 1932 (Carta 9-I-1959, n. 60Fui a buscar fortaleza en los barrios más pobres de Madrid. Horas y horas por todos los lados, todos los días, a pie de una parte a otra, entre pobres vergonzantes y pobres miserables, que no tenían nada de nada; entre niños con los mocos en la boca, sucios, pero niños, que quiere decir almas agradables a Dios. (…) Y en los hospitales, y en las casas donde había enfermos, si se pueden llamar casas a aquellos tugurios… Eran gente desamparada y enferma; algunos, con una enfermedad que entonces era incurable, la tuberculosis.Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, nn. 296 (22-IX-1931) y 3347 de agosto de 1931: Hoy celebra esta diócesis la fiesta de la Transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. —Al encomendar mis intenciones en la Santa Misa, me di cuenta del cambio interior que ha hecho Dios en mí, durante estos años de residencia en la exCorte... Y eso, a pesar de mí mismo: sin mi cooperación, puedo decir. Creo que renové el propósito de dirigir mi vida entera al cumplimiento de la Voluntad divina: la Obra de Dios. (Propósito que, en este instante, renuevo también con toda mi alma). Llegó la hora de la Consagración: en el momento de alzar la Sagrada Hostia, sin perder el debido recogimiento, sin distraerme —acababa de hacer in mente la ofrenda del Amor Misericordioso—, vino a mi pensamiento, con fuerza y claridad extraordinarias, aquello de la Escritura: "et si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad me ipsum" (Jn 12, 32). [Y yo, cuando sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí] Ordinariamente, ante lo sobrenatural, tengo miedo. Después viene el ne timeas!, soy Yo. Y comprendí que serán los hombres y mujeres de Dios, quienes levantarán la Cruz con las doctrinas de Cristo sobre el pináculo de toda actividad humana... Y vi triunfar al Señor, atrayendo a Sí todas las cosas. A pesar de sentirme vacío de virtud y de ciencia (la humildad es la verdad..., sin garabato), querría escribir unos libros de fuego, que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y su calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas, para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey. (15-VII-1931): Voy a dejar el Patronato. Lo dejo con pena y con alegría. Con pena, porque después de cuatro años largos de trabajo en la Obra Apostólica, poniendo el alma en ella cada día, bien puedo asegurar que tengo metido en esa casa Apostólica una buena parte de mi corazón... Y el corazón no es una piltrafa despreciable para tirarlo por ahí de cualquier manera. Con pena también, porque otro sacerdote, en mi caso, durante estos años, se habría hecho santo. Y yo, en cambio,... Con alegría, porque ¡no puedo más! Estoy convencido de que Dios ya no me quiere en esa Obra: allí me aniquilo, me anulo. Esto fisiológicamente: a ese paso, llegaría a enfermar y, desde luego, a ser incapaz de trabajo intelectual

El 7 de agosto de 1931 : Anotación del Fundador del Opus Dei en sus Apuntes íntimos, n. 1868Apuntes íntimos, n. 1867 Testimonio de la Dama Apostólica Asunción Muñoz González (1894-1984), dado en Daimiel 25-VIII-1975

Testimonio de José López Sierra, Rector del Seminario de San Francisco de Paula (1920-1925), dado en Zaragoza, 26-I-1948