Salir reforzados en nuestras convicciones y en nuestra esperanza

Artículo de Javier Palos Peñarroya, Vicario de la delegación de la prelatura del Opus Dei en Granada, con motivo de la fiesta de san Josemaría, fundador del Opus Dei, el pasado 26 de junio.

Opus Dei - Salir reforzados en nuestras convicciones y en nuestra esperanza

La Voz de Almería Crecer para adentro

Acabamos de celebrar el centenario del nacimiento de san Juan Pablo II, ese papa que el día de su elección salió al balcón para decirnos que no tuviéramos miedo, “Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo”, decía con fuerza, “Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas económicos y los políticos, los extensos campos de la cultura. de la civilización y del desarrollo. ¡No tengáis miedo! Cristo conoce «lo que hay dentro del hombre»”.

Estos meses de pandemia han mostrado el valor, solidaridad, trabajo y sacrificio de tantas personas, creyentes y no creyentes, que refuerzan la confianza en el hombre. Para muchos ha supuesto también el convencimiento de que el mundo no acaba aquí y de que Dios nos acompaña.

A la vez, ha puesto de manifiesto grandes problemas estructurales de la sociedad. El 6 de enero de 2001, san Juan Pablo II publicaba la Carta Apostólica Novo millennio inneunte, con la que preparaba a la Iglesia para afrontar el tercer milenio de nuestra era, con un optimismo radical basado en la confianza en el auxilio divino y la capacidad del ser humano; pero haciendo un ejercicio de realismo: “Nuestro mundo empieza el nuevo milenio cargado de las contradicciones de un crecimiento económico, cultural, tecnológico, que ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando no sólo a millones y millones de personas al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana. ¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quién está condenado al analfabetismo; quién carece de la asistencia médica más elemental; quién no tiene techo donde cobijarse?”.

Aun así, pocos imaginábamos que en solo 20 años íbamos a vivir tres crisis capaces de tambalear la confianza en nosotros mismos. El 11 de septiembre de ese mismo año, los atentados de las Torres Gemelas pusieron patas arriba la seguridad y el orden internacional. Poco después, la crisis financiera derivada de las hipotecas “subprime” puso en entredicho la solidez del marco económico global. Ahora, la pandemia del COVID-19 ha conmocionado las estructuras sanitarias y sociales del mundo entero.

Estos años también han traído muchas cosas buenas. Cada uno puede hacer un elenco de ellas. Personalmente quería aludir a una ocurrida en 2002 cuando fue canonizado San Josemaría Escrivá de Balaguer, cuya fiesta celebramos hoy, 26 de junio. Aprovecho que se multiplican lecciones aprendidas con el confinamiento y las predicciones sobre cómo va a ser nuestra vida a partir de ahora, para aportar alguna idea sacada de la vida del fundador del Opus Dei.

En abril de 1937, san Josemaría vivió una situación similar de aislamiento, aunque mucho más dramática. Por la guerra civil española se vio obligado a refugiarse en la Legación de Honduras, en Madrid, durante cuatro largos meses, compartiendo un solo baño y varias colchonetas distribuidas en pocos metros cuadrados con casi un centenar de personas.

Eduardo Alastrué, uno de los presentes, describe el ambiente: “Algunos pasaban el tiempo rumiando en silencio su desaliento y su desdicha; otros se desahogaban comentando con amargura las desventuras presentes y pasadas; otros lamentaban sin descanso sus desventuras familiares, su carrera o su negocio perdidos, o su futuro incierto y amenazado. A estos sentimientos se mezclaba el miedo despertado por los sufrimientos y persecuciones pasadas, miedo que hacía considerar el mundo exterior a nuestro asilo como un ambiente inhabitable. En algunos casos, se asociaba a este miedo el odio hacia los adversarios”.

En cambio, el clima que San Josemaría creó en torno a sí fue positivo y esperanzador. Para tener bien ocupado el día, estableció un horario, en el que había lugar para el trato con Dios, el estudio, el aprendizaje de idiomas y la convivencia familiar.

“¿Cómo conseguiré que fructifiquen los dones de Dios en este forzoso descanso? No olvides que puedes ser como los volcanes cubiertos de nieve (...). Por fuera, sí, te podrá cubrir el hielo de la monotonía, de la obscuridad; parecerás exteriormente como atado. Pero, por dentro, no cesará de abrasarte el fuego, ni te cansarás de compensar la carencia de acción externa, con una actividad interior muy intensa (...)”.

Unos saldrán de la pandemia igual que entraron, otros peor; pero siguiendo la actitud de San Josemaría durante su confinamiento forzado, desearía sinceramente que sean muchos, muchísimos, los que salgamos reforzados en nuestras convicciones y en nuestra esperanza, porque hemos sabido reflexionar, pararnos, meditar, según el consejo Camino: “No se veían las plantas cubiertas por la nieve. _Y comentó, gozoso, el labriego dueño del campo: “ahora crecen para adentro”.

—Pensé en ti: en tu forzosa inactividad…

—Dime: ¿creces también para adentro?”.