Consagración al Sagrado Corazón de Jesús y otras plegarias de Benedicto XVI en la JMJ

Durante la Vigilia de Cuatro Vientos, al final de la adoración al Santísimo y antes de la bendición, el Papa consagró los jóvenes al Sagrado Corazón de Jesús. Recogemos ese texto y también las oraciones pronunciadas por Benedicto XVI en la fiesta de acogida y en el encuentro con profesores universitarios jóvenes, así como el saludo del Santo Padre a la asamblea antes del Via Crucis y la oración que dirigió a la Virgen al terminarlo.

De la Iglesia y del Papa

CONSAGRACIÓN DE LOS JÓVENES AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS. VIGILIA DE ORACIÓN CON LOS JÓVENES. CUATRO VIENTOS, SÁBADO 20 DE AGOSTO DE 2011

Señor Jesucristo,
Hermano, Amigo y Redentor del hombre,
mira con amor a los jóvenes aquí reunidos
y abre para ellos la fuente eterna
de tu misericordia
que mana de tu Corazón abierto en la Cruz.
Dóciles a tu llamada,
han venido para estar contigo y adorarte.
Con ardiente plegaria
los consagro a tu Corazón
para que, arraigados y edificados en ti,
sean siempre tuyos, en la vida y en la muerte.
¡Que jamás se aparten de ti!
Otórgales un corazón semejante al tuyo,
manso y humilde,
para que escuchen siempre tu voz
y tus mandatos,
cumplan tu voluntad
y sean en medio del mundo
alabanza de tu gloria,
de modo que los hombres,
contemplando sus obras,
den gloria al Padre con quien vives,
feliz para siempre,
en la unidad del Espíritu Santo
por los siglos de los siglos.
Amén.


ORACIÓN EN LA FIESTA DE ACOGIDA. PLAZA DE CIBELES, MADRID, JUEVES 18 DE AGOSTO DE 2011

Oh, Señor Jesucristo,
que has convocado
esta gran asamblea de jóvenes
para que durante estos días escuchen tu palabra,
celebren tu salvación y vivan en la comunión
de tu Cuerpo, que es la Iglesia,
te pedimos que,
animados por el Espíritu de la Verdad,
cumplan siempre la voluntad del Padre y,
arraigados y edificados en ti,
vivan firmes en la fe y sean para todo el mundo
testigos de tu infinito amor hacia todos
los hombres.
Tú, que vives y reinas
por los siglos de los siglos.
Amén.


ENCUENTRO CON JÓVENES PROFESORES UNIVERSITARIOS. EL ESCORIAL, VIERNES 19 DE AGOSTO DE 2011

Oremos.
Señor Jesucristo, Dios nuestro,
¿quién podrá cantar tus alabanzas,
si, al contemplar tus obras,
su número es incontable
y su grandeza infinita?
Ninguna fórmula de fe se atreve
a expresar tu ser,
porque sobrepasa toda sabiduría.
Si la capacidad de la mente humana
no logra abarcar tu inmensidad,
hemos de creer con sencillez y humildad
y proclamar la Trinidad en la divina unidad.
Dios misericordioso,
haz crecer la fe en nuestro corazón
y restaura en nosotros
la forma de tu imagen y semejanza.
Creemos que has venido como Redentor,
y esperamos tu retorno glorioso en majestad.
Escúchanos, oh Dios nuestro,
Tú que eres la unidad estable
y la Trinidad indivisa,
a quien no cesan de alabar
los ángeles y los arcángeles,
por los siglos de los siglos.
Amén.


SALUDO DEL SANTO PADRE AL COMENZAR EL VIA CRUCIS. PLAZA DE CIBELES, MADRID, VIERNES 19 DE AGOSTO DE 2011

Queridos jóvenes:
Nos reunimos aquí,
evocando la tarde del Viernes Santo,
para acompañar a Jesús, el Hijo de Dios,
en los misterios de su dramática
y gloriosa pasión.
Son misterios de vida y salvación.
Misterios que nos revelan el amor de Cristo
que «nos amó hasta el fin»,
hasta dar su vida por nosotros.
La contemplación de los misterios de Cristo
es un acto de intensa oración
que nos permite unirnos a Cristo
y compadecer con él, abriéndonos a su amor
y uniendo nuestras cruces a la suya.
El amor se hace patente en la compasión.
Por eso, al mismo tiempo que contemplamos
la pasión de Cristo,
hacemos presente el sufrimiento
de tantos hermanos nuestros que,
como consecuencia del pecado propio y ajeno,
transitan por enormes via crucis
con el peligro de perder la fe y la esperanza.
Hoy queremos hacernos cireneos que,
abrazados a la cruz de Cristo,
acogen también en la plegaria
y en la caridad el dolor de nuestros hermanos.


ORACIÓN DEL PAPA DIRIGIDA A LA VIRGEN MARÍA AL TERMINAR EL VIA CRUCIS. PLAZA DE CIBELES, MADRID, VIERNES 19 DE AGOSTO DE 2011

Madre y Señora nuestra,
que permaneciste firme en la fe,
unida a la Pasión de tu Hijo,
al concluir este Via crucis,
ponemos en ti nuestra mirada
y nuestro corazón.
Aunque no somos dignos,
te acogemos en nuestra casa,
como hizo el apóstol Juan,
y te recibimos como Madre nuestra.
Te acompañamos en tu soledad
y te ofrecemos nuestra compañía
para seguir sosteniendo el dolor de tantos
hermanos nuestros que completan en su carne
lo que falta a la pasión de Cristo,
por su cuerpo,
que es la Iglesia.
Míralos con amor de Madre,
enjuga sus lágrimas,
sana sus heridas y acrecienta su esperanza
para que experimenten siempre que la Cruz
es el camino hacia la gloria
y la Pasión el preludio de la Resurrección.
Amén.


Fuente: Oficina para las celebraciones litúrgicas del Sumo Pontífice, Visita Apostólica a Madrid. XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Celebraciones litúrgicas presididas por el Santo Padre Benedicto XVI. (www.vatican.va)