¿Cómo se llega a ser santo?

«Gaudete et Exsultate» es la exhortación apostólica que Francisco presentará hoy sobre la llamada a la santidad. El autor del artículo cita a san Josemaría Escrivá de Balaguer y su mensaje sobre la santificación en el trabajo.

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En España han nacido grandes e importantes santos de la historia de la Iglesia. No en vano, de la misma ciudad de Ávila se dice que es tierra «de santos y de cantos», y de allí son santa Teresa o san Juan de la Cruz. En los cinco años que acaba de cumplir Francisco al frente del Pontificado, ha presidido 15 canonizaciones, algunas en el Vaticano y otras fuera de Italia. Francisco puede enorgullecerse de ser el primer Pontífice de la historia en canonizar a un matrimonio –los padres de santa Teresa de Lisieux–, o a los primeros niños no mártires: Francisco y Jacinta Martos, videntes de Fátima.

Pero el Papa argentino ha repetido en no pocas ocasiones que todo cristiano está llamado a la santidad y que puede serlo en lo cotidiano, en su día a día. La nueva exhortación apostólica de Francisco que presenta hoy el Vaticano pretende también recordar este punto.

«Un gran don del Concilio Vaticano II es el de haber recuperado una visión de la Iglesia fundada en la comunión, y haber entendido de nuevo el principio de la autoridad y de la jerarquía en esa perspectiva», afirmó durante una de sus catequesis en una audiencia general del miércoles en 2014. Gracias a este hecho, se entiende mejor «que todos los cristianos, como bautizados, tienen una igual dignidad ante el Señor y los une la misma vocación, que es la de la santidad”, afirmó.

El Papa explicó luego las líneas generales de lo que significa el don de la santidad para cada persona: «antes que nada debemos tener muy presente que la santidad no es algo que nos procuramos nosotros, que obtenemos nosotros con nuestras cualidades y nuestras capacidades». «La santidad es un don, es el don que nos hace el Señor Jesús, cuando nos toma consigo y nos reviste de sí mismo, nos hace como Él». Es también «el rostro más bello de la Iglesia: es redescubrirse en comunión con Dios, en la plenitud de su vida y de su amor. Se entiende, entonces, que la santidad no es una prerrogativa solo de algunos: la santidad es un don que se ofrece a todos, nadie está excluido, por eso constituye el carácter distintivo de todo cristiano».

Francisco tiene claro que «para ser santos, no es necesario por fuerza ser obispos, sacerdotes o religiosos. ¡Todos estamos llamados a ser santos!» y precisamente «muchas veces, tenemos la tentación de pensar que la santidad se reserva solo a los que tienen la posibilidad de separarse de los asuntos cotidianos, para dedicarse exclusivamente a la oración. ¡Pero no es así!». Ese mismo día, aseguró que «cada estado de vida lleva a la santidad, ¡siempre! En tu casa, en la calle, en el trabajo, en la Iglesia. En cualquier momento y estado de vida que tengas está abierto el camino a la santidad. No se cansen de seguir este camino» porque «es Dios quien te da la gracia. Lo único que te pide el Señor es que estemos en comunión con el Señor y al servicio de los hermanos».

Hay santos, como el fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá de Balaguer, que abogaban, por ejemplo, por la santificación en el trabajo. Una enseñanza que conocen bien todos sus miembros y la intentan hacer realidad. «Para la gran mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo». El mismo fundador, al responder a un profesor universitario en Barcelona en el 72, decía: «Deseo que tú, antes de comenzar, ofrezcas tu trabajo, y cuando te distraigas —que te distraerás por algún motivo— vuelve a ofrecer tu trabajo, y cuando termines, otro ofrecimiento». El tema de la santidad es tan importante para el mismo Francisco, que hace menos de un año estableció una nueva posible causa de beatificación: la del ofrecimiento de la propia vida.

A través de un Motu Propio añadió esta nueva causa a las otras tres ya existentes y contempladas hasta el momento por la Congregación para las Causas de los Santos: la del martirio, la de las virtudes heroicas y la de las causas excepcionales. El Vaticano explicaba que «son dignos de consideración y honor los cristianos que, siguiendo las enseñanzas del Señor Jesús, han ofrecido libremente la vida por los otros y han perseverado hasta la muerte en el propósito».