Bautizo del Embajador de Taiwán

El embajador de Taiwán ante la Santa Sede recibió el lunes de Pascua el bautismo. Impartió el sacramento Mons. Javier Echevarría, en la Iglesia de San Eugenio en Roma, encomendada a la Prelatura del Opus Dei.

El Ave María en chino rompe el silencio de San Eugenio, la iglesia encomendada al Opus Dei en Valle Giulia (un barrio de Roma). En el altar, bajo la gran estatua de bronce del santo, el Prelado monseñor Javier Echevarría acaba de impartir el sacramento del bautismo a un catecúmeno de excepción, el embajador de Taiwan frente a la Santa Sede Chou-sent Tou, que desde hoy entra a formar parte de la familia cristiana. 

Tou ha tomado el nombre de Cristóbal Josemaría. Junto a él, emocionadísima, se encuentra su mujer, católica, igual que los hijos. De madrina actúa la embajadora de Filipinas. Se reza en latín pero las lecturas y el Evangelio se leen en chino. 

El Padre Giovanni Hiu, director de la comunidad china romana, que ha seguido paso a paso el camino de acercamiento a Cristo del diplomático, se acerca al micrófono para agradecer a los presentes su asistencia a la ceremonia.

En la primeras filas se reconoce a Gustavo Selva, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Diputados, mezclado entre no pocos embajadores. Al final, entre los aplausos, se distribuye la estampa de una imagen que por sí sola demuestra que la fe cristiana ha echado raíces en Oriente: la Virgen y el Niño con ojos almendrados, vestidos con la seda escarlata y amarilla de los emperadores, sobre un trono real de talla historiada.

En el rito han participado, concelebrando o asistiendo, miembros de la Secretaría de Estado: el ministro de Exteriores del Papa, Giovanni Lajolo, y el subsecretario, Pietro Parolin, muestra de la importancia atribuida en el Vaticano al evento. 

Durante la homilía el Prelado del Opus Dei se ha excusado por "no poder decir nada, ni siquiera una palabra, en la bella lengua china". Ha hablado de Cristo resucitado y de la alegría de la fe. "Una alegría que no depende de factores externos y que nadie puede arrancar", tampoco "las persecuciones, o las dificultades materiales". 

Sin embargo, ha añadido, "existe un enemigo que se debe alejar, y éste es el pecado. El pecado nos hace perder la amistad con Dios". Al embajador Tou se le ve muy contento, y a quien se acerca a él le refiere el comentario de sus hijos: "¡Finalmente! Ahora formamos parte de la misma familia".