La Basílica de la Sagrada Familia: un reto de belleza y fe

El arquitecto y catedrático Alberto T. Estévez, estudioso de Gaudí y de la Sagrada Familia durante más de seis décadas, reflexiona sobre la belleza, la espiritualidad y el legado de Gaudí con motivo de la visita del Papa León XIV a Barcelona para inaugurar la torre de Jesucristo, el próximo 10 de junio de 2026.

El 7 de noviembre de 1982, año del centenario de la Sagrada Familia, el Papa San Juan Pablo II visitó el templo: era la primera vez que un pontífice venía a Barcelona. Desde la fachada del Nacimiento dijo: «este magnífico templo de la Sagrada Familia de Barcelona, (…) obra de arte del genial maestro Antonio Gaudí (…) es una obra que no está aún terminada, pero (…) recuerda y compendia otra construcción hecha con piedras vivas: la familia cristiana, célula humana esencial, donde la fe y el amor nacen y se cultivan sin cesar».

También un 7 de noviembre, pero del año 2010, Benedicto XVI presidió la ceremonia de dedicación de la Sagrada Familia como basílica menor, que quedaba así abierta al culto. 

Durante la homilía, el Papa habló de la figura de Gaudí «por su ejemplo de amor, trabajo y servicio a Dios», y proclamó que «la belleza de las cosas nos lleva a la Belleza. Esto lo realizó Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo».

El 8 de diciembre de 2021, fiesta de la Inmaculada Concepción, el Papa Francisco se unió por vídeo a la celebración de la inauguración de la torre de la Virgen María, y manifestó que «para todos vosotros brilla hoy la estrella de la torre de la Virgen María (...). Gaudí quiso que este misterio coronara el portal de la Fe, el primero que se construyó».

Y ahora, este próximo 10 de junio de 2026, día en que se cumplen los 100 años de la muerte de Gaudí —y los (12 x 12) 144 años de su comienzo (providencialmente, pues es el número de la Jerusalén Celestial en la que se inspiró 1)—, el Papa León XIV inaugurará la torre de Jesucristo, la más alta de entre todas las iglesias del mundo, coronando así, desde el centro mismo de Barcelona, la ciudad entera con la cruz de cuatro brazos con que Gaudí culminaba cada una de sus obras.

Cabe decir pues que la Sagrada Familia de Gaudí es un reto, para las sucesivas generaciones que han continuado el proyecto gaudiniano, y que es ante todo un hecho colectivo. Como lo fueron las catedrales a lo largo de la historia: un reto de fortaleza para la ciudad entera, para los arquitectos y para los gobernantes. Quienes supieron estar a la altura hicieron que todo un pueblo se sintiera legítimamente orgulloso y feliz del logro, y el lugar se convirtió en foco de fe, identidad, admiración y atracción.

Los dones recibidos y el espíritu de nuestro tiempo o Zeitgeist

Las catedrales siempre han estado a la vanguardia del arte y de la arquitectura, de su nuevo entendimiento conceptual, espacial, estructural y tecnológico. Exactamente lo mismo ha ocurrido con la Sagrada Familia hasta hoy, tal como yo mismo he podido atestiguar durante los últimos 60 años. 

Testigo también, por mi profesión, de la ciencia y la seria investigación que, orientada por el consejo, se lleva a cabo de manera exhaustiva antes de cualquier toma de decisión. Propiciado además por un respeto y una humildad encomiables.

En definitiva, la Sagrada Familia ha sido siempre —y es— hija de su tiempo, del nuestro, del Zeitgeist. Pues antes de su tiempo no habría podido ser ni concebida, ni proyectada, ni por supuesto construida tal como se está haciendo. «En su tiempo, este templo fue lo más avanzado de la arquitectura, por estar abriendo siempre brecha. Primero al tomarse "demasiadas" libertades frente a la mirada historicista. 

Luego, al romper completamente con cualquier tradición estilística, quedando la naturaleza como única referencia. Y, por último, al componer la arquitectura desde formas abstractas de geometría reglada alabeada. Mientras ahora vuelve a situarse en la vanguardia de los procesos arquitectónicos, pues se trata del primer edificio de la historia que ha comenzado a utilizar en su construcción real las tecnologías más avanzadas: han digitalizado todas las formas gaudinianas para que, directamente desde el ordenador, sean robots quienes produzcan las distintas piezas a escala natural» 2.

Por otra parte, un mérito nada menor es que, sirviendo a la piedad y siendo propio de los templos cristianos representar cierta iconografía, la Sagrada Familia cuenta con uno de los programas iconográficos más completos, exhaustivos, unitarios y coherentes con la propia construcción de toda la historia del arte y de la arquitectura. 

Un programa que consigue condensar las verdades de fe y la doctrina cristiana ordenándola como si fuera un auténtico tratado de teología, estableciendo correspondencias entre lo humano y lo divino en cada uno de sus rincones, y relacionándolo además con lo más importante que está por venir: la segunda venida de Jesús en gloria. Ahí está, fruto del temor de Dios que Gaudí recibió con entusiasmo como un don, para que cada uno lo vea y comprenda según su propia sabiduría.

La obra de la Sagrada Familia —y toda su obra en general— es una aportación a la humanidad que debería inspirarnos de generación en generación. En definitiva, «políticos, eclesiásticos, civiles, de todas las clases, credos y razas deberían distinguirle con los máximos honores que acostumbren a conceder. Y esas distinciones, títulos y premios deberían alegrarnos a todos, sea cual fuere nuestra procedencia y pensamiento, por el bien hecho a la humanidad entera con su vida y su obra» 3.

Alberto T. Estévez, Arquitecto
Catedrático de Arquitectura
ESARQ-UIC Barcelona School of Architecture
Universitat Internacional de Catalunya


1 Alberto T. Estévez, Aprendiendo de Gaudí en el Siglo 21, pp. 154-189, iBAG-UIC Barcelona, Barcelona, 2026.

2 Alberto T. Estévez, Gaudí: Enciclopedia del Arte, p. 205, Tikal, Madrid, 2010.

3 Alberto T. Estévez, Gaudí, p. 77, Susaeta, Madrid, 2002.