Audiencia en el Vaticano

“Tiempo de caminar”, libro de Ana Sastre sobre el fundador del Opus Dei.

Alvaro del Portillo tiene su primera audiencia con el Papa Pío XII. Aún no se ha ordenado sacerdote, y acude a este acto con el traje de gala de Ingeniero de Caminos. Este uniforme azul marino, con galones, botonadura dorada y bicornio, que lleva en la mano, es el entorchado que los profesionales de ingeniería utilizan en las grandes recepciones. Y ésta es, en verdad, una circunstancia de gran envergadura: el Padre se apoya en el corazón y en la palabra de este hijo suyo. Reunidos, como una familia indisoluble, la Obra entera respalda su gestión. Isidoro Zorzano, que ya está muy enfermo, piensa en voz alta desde su cama del sanatorio:

-«Qué suerte tengo: poder ofrecer estas cosas -se trata de su enfermedad y su vida- cuando hay todos estos asuntos pendientes» (2).

La Audiencia quedará enmarcada, también, por la anécdota del momento: no consiguen encontrar ningún coche de alquiler, para ir desde el villino del barrio de Monte Verde Vecchio hasta el Vaticano. Se hace tarde, y no hay más remedio que recurrir al transporte público: un filobús hasta el Lungotevere y, desde allí, la Circolare, el tranvía que lleva a la Plaza de San Pedro.

José Orlandis y Salvador Canals, que le acompañan, son testigos de la admiración que produce su aspecto: «¡Parece imposible, tan joven y ya es un almirante!». Al llegar ante el Portone di Bronzo el centinela da la voz de ¡guardia a formar!... y el pelotón de suizos se alinea a su paso. Alvaro no se inmuta. Es oficial y sabe lo que procede hacer en tales casos: pasa revista a la formación, saluda militarmente a su jefe y sigue adelante por la gran escalinata que conduce a la Sala de Audiencias. Así tiene lugar su primera entrada en el Vaticano. Cuando regrese a España, será portador de las bendiciones del Pontífice para las tareas universales que proyecta el Opus Dei.