«Álvaro Portillo ayudó a mucha gente a disfrutar con alegría de la vida cristiana»

Artículo con motivo de la conferencia sobre Álvaro del Portillo que pronunció Salvador Bernal en en Valladolid.

El próximo 27 de septiembre será beatificado en Madrid Álvaro Portillo, sucesor de Josemaría Escrivá de Balaguer como prelado del Opus Dei. La figura del sacerdote nacido en 1914 han merecido varios libros, entre ellos, los dos del escritor Salvador Bernal, que repasa para ABC.es las andanzas del obispo en Castilla y León. «Fue una de las primeras personas del Opus Dei en trabajar en Valladolid», reconoce. De esta forma, se iba reuniendo con distintas agrupaciones para poner en marcha la labor cristiana a orillas del Pisuerga. Pera Bernal, Álvaro Portillo tuvo un papel «esencial» en el nacimiento de la institución en la Comunidad con sus continuos viajes a lo largo de la región. Todas las provincias de Castilla y León recibieron la visita del prelado madrileño, que fue destinado como alférez provisional en Cigales en 1939.

En Valladolid el papel del futuro beato se centraba mucho en la gente joven acompañando a Escrivá de Balaguer. «Tenía un gran don de gentes», reconoce el escritor, que utiliza un verso de Antonio Machado para referirse a Portillo: «soy, en el buen sentido de la palabra, bueno». Sin embargo, la principal cualidad que destaca del obispo es la de ayudar a «muchísima» gente a «vivir con alegría la vida cristiana», yrecuerda la «sensibilidad social» del prelado con la gente más necesitada de todo el mundo. «Promovió iniciativas dirigidas a la mujer, que en el tercer mundo es clave», apunta el autor de las obras «Recuerdo de Álvaro del Portillo» y «Álvaro del Portillo. Una semblanza personal».

«Tres Papas han trabajado en su beatificación»

La importancia del religioso en el mundo eclesiástico quedó de manifiesto el día de su fallecimiento. «El Papa Juan Pablo II acudió personalmente a su capilla ardiente y se arrodilló durante quince minutos», indica. El proceso de canonización, que se inició durante el papado del propio Juan Pablo II, ha requerido del trabajo de sus dos sucesores. Primero, Benedicto XVI firmó la declaración de virtudes, y después, Francisco aprobó el milagro que se le atribuye en el Decreto de la Congregación de las Causas de los Santos. Además, Bernal recuerda el trabajo del prelado en la comisión preparatoria para el Concilio Vaticano II. «Su trabajo fue atemperar posiciones y unir a mucha gente», señala.

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