A dos euros por hora

El Club Juvenil Neveros, de Madrid, organiza una original campaña de solidaridad en favor de las familias afectadas por el terremoto de El Salvador

Primero, silencio. Luego, murmullos. Finalmente, los pasos, las voces y las risas de decenas de jóvenes llenan la sede del Club Juvenil Neveros, de Pozuelo de Alarcón (Madrid). Son las seis de la tarde, y los jóvenes vienen a hacer sus deberes y a estudiar. Pero a sus obligaciones de estudiantes se ha sumado ahora una nueva ilusión: contribuir a la reconstrucción de El Salvador después de los terremotos del pasado enero, un desastre natural que derribó más de 92.000 viviendas y afectó, en total, a un millón de personas.

La reconstrucción de El Salvador es una causa con la que, desde luego, todo el mundo se solidarizaría. Pero ¿qué puede hacer un joven sin recursos y a miles de kilómetros de distancia? Estudiar, estudiar mucho, porque con cada hora invertida en estudio se "consiguen" 2 euros que servirán para levantar casas derruidas de familias salvadoreñas. Un grupo de patrocinadores -empresas y particulares, padres de los socios del club y amigos- es el que aporta el dinero que los estudiantes van acumulando con su esfuerzo diario.

Cuando el pasado mes de marzo surgió la idea y varios patrocinadores se animaron a financiarla, la ONG Cooperación Internacional se ofreció a canalizar el dinero recaudado. Cooperación Internacional ha puesto en marcha un proyecto para obtener fondos suficientes con los que construir 500 viviendas en dos años, y los euros que los chicos de Neveros van a aportar irán destinados a ese fondo.

Croquis de las casas que se construirán

Cada casa cuesta medio millón de pesetas (3.000 euros) y consta de dos dormitorios, salón-comedor, cocina y letrina abonera. Pese a su reducido coste, las casas son estables y capaces de albergar, en 40 metros cuadrados, a una familia de hasta siete miembros. Las viviendas han sido diseñadas por profesores de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Occidente (Santa Ana, El Salvador), y desde allí mismo se encargarán de gestionar y coordinar su construcción. El proyecto prevé que sean más resistentes a los temblores que las casas que han sido derruidas por el último terremoto.

El dinero "logrado" por los chicos de Neveros irá destinado al municipio rural de Coatepeque, uno de los más afectados.

La ilusión por cada ladrillo

Campo de trabajo en Polonia en julio del 2001

Dos euros por hora. La cifra realmente sólo da para un ladrillo, pero las horas de estudio de los jóvenes que acuden diariamente a Neveros se van acumulando. Ya van por los 3.000 euros y, en el sprint final del curso, esperan reunir el doble. Hora tras hora, ladrillo sobre ladrillo, se llegarán a construir dos casas.

"De este modo -explica Miguel Colino, coordinador de la iniciativa-, además de viviendas para los damnificados, se consigue sensibilizar a los estudiantes con las necesidades de los demás. Ven así de un modo gráfico y palpable que uno de los mejores modos que tienen para ayudar a sus semejantes es cumplir con el deber del momento; prepararse para desempeñar con competencia su futura profesión y hacer de ella un servicio a los demás".

"¡Ya tenemos una casa!", anuncia Manuel por los pasillos de Neveros. Manuel es alumno de 3º de ESO (15 años) y acude al club de lunes a viernes. Ha visto cómo sus dos horas diarias de estudio sirven para dar cobijo a una familia, y eso ha dado alas a sus ganas de estudiar: "Esta actividad me ha ayudado para tomarme más en serio mi tiempo de estudio", afirma. "Veo que esto es importante y que en el futuro será la herramienta para ayudar de un modo más directo a los países necesitados. Me gusta porque lo asumo como una competición. Además, sé que la gente que viene se lo toma en serio".

Esta actividad solidaria es una más de las que se han realizado este curso en Neveros. Quienes acuden al club, cuyas actividades de orientación cristiana están confiadas a la Prelatura del Opus Dei, tienen ya una cierta experiencia en la ayuda a los demás. En Navidad recogieron juguetes por la ciudad para darlos a niños con menos posibilidades. Semanalmente acuden a la residencia Gotze, que acoge a niños con síndrome de Down. Y en julio viajarán a Polonia para rehabilitar un asilo de ancianos.