75 años de la romería a Sonsoles

Con ocasión de este aniversario, el club Torcal de Majadahonda (Madrid) ha organizado una romería familiar siguiendo las huellas que anduvieron San Josemaría y sus acompañantes hace 75 años.

Varias familias llegaron en tren a la estación de Ávila a las 10:30 del 2 de mayo. Desde allí, bajaron andando por la cuesta de los tres conques hasta el convento de Santo Tomás. El camino antiguo al Santuario de Sonsoles sigue practicable y lo hacen a pie muchos abulenses, algunos a diario. Rezaron la primera parte del Rosario por el camino de tierra que transcurre todavía entre barbechos y trigales.

Al llegar a Sonsoles, después del repecho de la cuesta de la colina coronada por el Santuario pudieron refrescarse en las fuentes del parque que rodea a la Iglesia. En la entrada del Santuario esperaban el resto de las famlias de Torcal que habían viajado en coche.

En la Misa de una, D. Matías contó la historia de esta advocación de la Virgen que narra San Josemaría en el libro de homilías Es Cristo que pasa : "En aquella romería a Sonsoles conocí el origen de esta advocación de la Virgen. Un detalle sin mucha importancia, pero que es una manifestación filial de la gente de aquella tierra. La imagen de Nuestra Señora que se venera en aquel lugar, estuvo escondida durante algún tiempo, en la época de las luchas entre cristianos y musulmanes en España. Al cabo de algunos años, la estatua fue encontrada por unos pastores que -según cuenta la tradición-, al verla comentaron: ¡Qué ojos tan hermosos! ¡Son soles!" (Es Cristo que pasa, n. 139).

La romería comenzó en la estación de tren de Ávila

Después de la Misa, las más de 230 personas se dispersaron para comer en pequeños grupos por las mesas de piedra y el césped que rodean la ermita. A las cuatro rezaron el Rosario en el Santuario, con la mente en aquella primera romería de San Josemaría, origen de tantos cientos de miles en el mundo: desde Chile a Japón, pasando por Vancouver, Boston, Nueva York, Buenos Aires, Río de Janeiro, Viena, Tokio, Kinshasa, Nueva Delhi...

Historia de la primera romería a Sonsoles

El pasado 2 de mayo se han cumplido setenta y cinco años de la romería que San Josemaría Escrivá de Balaguer hizo en el Santuario de la Virgen de Sonsoles en el año 1935. Aconsejó, desde entonces, a todos los fieles del Opus Dei, que incorporasen en sus vidas la costumbre filial de acudir -en el mes de mayo- a honrar a la Virgen María en algún santuario mariano. Le acompañaron Ricardo Fernández Vallespín, estudiante de penúltimo curso de Arquitectura y José María González Barredo.

El año anterior, Ricardo había sufrido un ataque de reumatismo tan agudo que, si se prolongaba, no le permitiría presentarse a examen en la Escuela de Arquitectura. Pidió por su pronto restablecimiento e hizo una promesa a la Virgen. Pasó el examen, y cuando se lo contó a don Josemaría, pertenecía ya a la Obra, y el Fundador le dispensó de su cumplimiento, ya que la promesa requería desplazarse de Madrid a Ávila andando.

Un pequeño grupo de romeros

Y ahora, cuando se acercaba el final de curso y contaba en Ferraz con un buen plantel de gente joven, don Josemaría hizo suya la idea de Ricardo. Quería agradecer a Nuestra Señora, de una manera especial, los favores que de ella habían recibido ese curso. Iría acompañado de Ricardo y de José María González Barredo a Sonsoles el dos de mayo.

“Decidida la marcha a Sonsoles -cuenta San Josemaría-, quise celebrar la Santa Misa en DYA antes de emprender el camino de Ávila. En la Misa, al hacer el memento, con empeño muy particular -más que mío- pedí a nuestro Jesús que aumentara en nosotros -en la Obra- el Amor a María, y que este Amor se tradujese en hechos. Ya en el tren, sin querer, anduve pensando en lo mismo: la Señora está contenta, sin duda, del cariño nuestro, cristalizado en costumbres virilmente marianas: su imagen, siempre con los nuestros; el saludo filial, al entrar y salir del cuarto; los pobres de la Virgen; la colecta de los sábados; omnes... ad Jesum per Mariam ; Cristo, María, el Papa... Pero, en el mes de mayo, hacía falta algo más. Entonces, entreví la "Romería de Mayo", como costumbre que se ha de implantar -que se ha implantado- en la Obra". (Vázquez de Prada, pág. 547).

Unos pastores al verla comentaron: ¡Qué ojos tan hermosos! ¡Son soles!'

Los tres conques

El 2 de mayo salieron en tren hacia Ávila desde la estación Príncipe Pío de Madrid. Ávila, vieja ciudad castellana rodeada de murallas, está situada sobre una colina que bordea el río Adaja, entre las llanuras del Amblés y de La Nava. La estación del ferrocarril se encuentra fuera de las murallas, en una de las zonas de expansión de la ciudad.

En la Misa de una, D. Matías contó la historia de esta advocación de la Virgen que narra San Josemaría en el libro de homilías Es Cristo que pasa

Desde la estación, bajaron una empinada cuesta hasta el convento de Santo Tomás, de los dominicos. En ocasiones, San Josemaría contaba la anécdota que dio nombre a ese repecho: Cuando hicimos la primera romería, bajamos una pendiente que tantas fatigas causa a quien sube desde el convento de Santo Tomás hasta Ávila. La llaman la cuesta de los tres conques , porque cuentan que antiguamente, al salir del convento, los buenos frailes mirando la pendiente comentaban: con que estamos subiendo la cuesta... Al llegar a la mitad se paraban a respirar un poco y decían: con que estamos a la mitad de la cuesta... Por fin, cuando se hallaban en lo alto, jadeantes por el esfuerzo, se miraban satisfechos y exclamaban: con que ya hemos terminado la cuesta...

Las espigas

El Santuario de Sonsoles dista de la ciudad unos cuatro kilómetros. El camino es llano y polvoriento, y al principio discurría entre caminos de cereales y rojizos barbechos. La ermita está situada sobre un alto que rompe levemente la monotonía de la extensa llanura.

Tras la Misa, las familias se organizaron en pequeños grupos para comer en las mesas de piedra y el césped que rodean la ermita

“En aquella romería, (...) mientras caminábamos hacia la ermita de Sonsoles, pasamos junto a unos campos de trigo. Las mieses brillaban al sol, mecidas por el viento. Vino entonces a mi memoria un texto del Evangelio, unas palabras que el Señor dirigió al grupo de sus discípulos: ¿No decís vosotros: ea, dentro de cuatro meses estaremos ya en la siega? Pues ahora yo os digo: alzad vuestros ojos, tended la vista por los campos y ved ya las mieses blancas y a punto de segarse (Ioh IV, 35.). Pensé una vez más que el Señor quería meter en nuestros corazones el mismo afán, el mismo fuego que dominaba el suyo. Y, apartándome un poco del camino, recogí unas espigas para que me sirvieran de recordatorio". (Es Cristo que pasa, n. 146)

En la parte final del trayecto, el camino serpea para salvar las irregularidades del terreno. Habían acabado la primera parte del Rosario, y abandonaron la senda principal para tomar un atajo.

Una abubilla

“Desde Ávila -cuenta San Josemaría-, veníamos contemplando el Santuario, y -es natural-, al llegar a la falda del monte desapareció de nuestra vista la Casa de María. Comentamos: así hace Dios con nosotros muchas veces. Nos muestra claro el fin, y nos le da a contemplar, para afirmarnos en el camino de su amabilísima Voluntad. Y, cuando ya estamos cerca de El, nos deja en tinieblas, abandonándonos aparentemente. Es la hora de la tentación: dudas, luchas, oscuridad, cansancio, deseos de tumbarse a lo largo... Pero, no: adelante. La hora de la tentación es también la hora de la Fe y del abandono filial en el Padre-Dios.

A las cuatro rezaron el Rosario en el Santuario, con la mente en aquella primera romería de San Josemaría

¡Fuera dudas, vacilaciones e indecisiones! He visto el camino, lo emprendí y lo sigo. Cuesta arriba, ¡hala, hala!, ahogándome por el esfuerzo: pero sin detenerme a recoger las flores, que, a derecha e izquierda, me brindan un momento de descanso y el encanto de su aroma y de su color... y de su posesión: sé muy bien, por experiencias amargas, que es cosa de un instante tomarlas y agostarse: y no hay, en ellas para mí, ni colores, ni aromas, ni paz". (Vázquez de Prada, pág. 548)

“Cuando llegaron a la ermita, San Josemaría sugirió que cada uno pidiera algo a la Virgen, y rezaron la parte del Rosario del día a los pies de la Virgen de Sonsoles. En el camino de regreso a Ávila, que hicieron también a pie, rezaron la tercera parte del Rosario de la que refiere San Josemaría una pequeña anécdota: al volver, mientras rezábamos ¡en latín! el Santo Rosario, voló, atravesando el camino, una abubilla. Me distraje, y -grité- ¡una abubilla! Nada más: seguimos nuestro rezo; yo, un poco avergonzado. ¡Cuántas veces los pájaros de una ilusión mundana quieren distraernos de tus apostolados! Con tu gracia, no más, Señor". (Vázquez de Prada, pág. 548-549)

El fundador del Opus Dei estuvo en otras ocasiones rezando ante la Virgen de Sonsoles. Una placa colocada en la pared con motivo de la canonización de San Josemaría recuerda su particular vinculación con este santuario:

Una placa colocada en la pared con motivo de la canonización de San Josemaría recuerda su particular vinculación con este santuario

EN MEMORIA DE

SAN JOSEMARÍA ESCRIVÁ DE BALAGUER

FUNDADOR DEL OPUS DEI

Y PARA CONSTANCIA DE

SU ENTRAÑABLE VINCULACIÓN

A ESTE SANTUARIO

DE NTRA. SRA. DE SONSOLES

AL QUE SUBIÓ EN ROMERÍA

EL 2 DE MAYO DE 1935

Y VECES SUCESIVAS

EL PATRONATO ACORDÓ

COLOCAR ESTA PLACA

CON MOTIVO DE SU CANONIZACIÓN

ÁVILA, 26 DE JUNIO DE 2003