«Por el respeto de la vida humana» es la intención de oración que el papa León XIV confía a toda la Iglesia para el mes de julio. A través de la iniciativa Reza con el Papa, promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, el Pontífice invita a los fieles y a las personas de buena voluntad a unir su plegaria para que cada ser humano sea acogido, protegido y respetado en todas las etapas de su existencia, «desde el primer instante hasta el último aliento de su paso por la tierra».
Una convicción reiterada
La intención de julio prolonga una idea que el Papa ha expresado en distintos momentos de su pontificado. Durante su reciente viaje apostólico a España, en su intervención ante el Congreso de los Diputados, afirmó que toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde la concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia, y subrayó que la defensa de la vida constituye una auténtica meta de civilización.
En aquel mismo encuentro con los parlamentarios españoles, celebrado el 8 de junio en Madrid, planteó una pregunta que resume el fondo de esta intención: si la vida deja de reconocerse como un valor fundamental, ¿qué futuro pueden tener nuestras sociedades? Recordó entonces que una comunidad verdaderamente justa no puede relegar al niño no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende del cuidado de los demás.
Una oración al Señor de la vida
En el texto que acompaña la intención de este mes, León XIV se dirige al «Señor de la vida» y reconoce que cada persona es «un don sagrado» que refleja su rostro. Pide la gracia de custodiar el valor único e irrepetible de cada ser humano, aprender a acoger la vida sin condiciones, sostener con ternura la fragilidad y defender con valentía a quienes no tienen voz.
La plegaria incluye también una petición de perdón por las veces en que prevalece la indiferencia o la cultura del descarte, cuando se deja de reconocer en el otro a una persona digna de amor. El Papa pide finalmente que la Iglesia sea «un hogar abierto donde toda existencia sea celebrada, donde nadie se sienta sobrante».