Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a mis hijos!
En este breve mensaje, quería sugeriros intensificar la oración, muy unidos al Papa y a toda la Iglesia, por la paz que tanto necesita nuestro mundo; una paz que solo en Cristo puede alcanzarse plenamente: «Él es, en efecto, nuestra paz» (Ef 2,14).
También ante las dificultades y los errores personales, con el Señor siempre podremos tener, junto a la paz, la alegría de sabernos «mirados amorosamente por Dios, a todas horas» (Amigos de Dios, n. 307). Contemplar al Señor y sabernos contemplados por él: esta es la seguridad, no nuestras pobres fuerzas. Así, procuremos ser siempre, como quería nuestro Padre, sembradores de paz y de alegría en todos los ámbitos de nuestra vida: en el hogar, en el trabajo y en nuestras relaciones de amistad.
Con todo cariño os bendice
vuestro Padre

Roma, 26 de abril de 2026
