«Todos tenemos una misión»

Teresa tenía una vida ajetreada, pero detrás de todo ese trajín había preguntas que la inquietaban: ¿Qué se espera que haga?, ¿cuál es mi papel en esta vida? y, ¿qué debo dejar hecho en este mundo?

Teresa ha terminado recientemente su carrera en Gestión (Management) y vive en Lisboa. En este vídeo, recuerda su viaje de conversión interior.

¿Qué estoy haciendo aquí?

Aunque todo iba bien en su vida, siempre iba de un sitio a otro con las prisas del día a día. Y en medio de las prisas, las preguntas sobre el sentido de la vida estaban presentes: “¿Qué se espera que haga en este mundo? ¿Para qué estoy aquí? ¿Qué se supone que debo dejar hecho?”.

Durante su curso de Gestión en la universidad vio que no podía hacer cosas con tanta repercusión como Malala, la activista pakistaní, ni hacer cosas extraordinarias que la llevaran a ganar un Premio Nobel de la Paz.

Teresa con un grupo de amigas en Lisboa

Roma: ¿Qué puede unir a personas tan diferentes?

En medio de este impasse, participó en el UNIV, un congreso internacional que reúne a jóvenes universitarios de todo el mundo y que se desarrolla durante toda la Semana Santa en Roma. “Fue una experiencia transformadora porque coincides con multitud de personas de muchas culturas. Tanta diversidad me hizo pensar: ¿Qué puede unir a tanta gente diferente?”. Y encontró la respuesta en la Ciudad eterna y en ese entorno: “Tiene que ser una realidad mucho, mucho más grande”.

Y ahí empezó un periodo de conversión interior, radical: “todo lo que hacemos en la vida, por pequeño que sea, lo podemos hacer bien, con sentido”.

Teresa se dio cuenta de que está en este mundo para transformarlo y ayudar a Dios para que sea un lugar que refleje mejor el Evangelio.

Teresa con una amiga en Seúl

“No te lances”: advertencias en los puentes de Seúl

Más tarde, en un programa de intercambio universitario, estuvo durante unos meses en Seúl (Corea del Sur). “Era una sociedad bastante individualista y materialista, que contrastaba atrozmente con el vacío interior que sentían muchas personas. Cuando caminaba por la noche podía ver las inscripciones en las barandillas de los puentes peatonales: No te lances; Algo bueno sucederá; Hay alguien que te quiere, y eso me intrigaba mucho...”.

En ese momento se dio cuenta de que su misión sería ayudar con la cercanía de la amistad a muchas personas que están perdidas. Y concluye: “Para dar sentido a la vida de los demás, para mostrarles lo increíble que puede ser su vida cotidiana”.


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Querría —ayúdame con tu oración— que, en la Iglesia Santa, todos nos sintiéramos miembros de un solo cuerpo, como nos pide el Apóstol; y que viviéramos a fondo, sin indiferencias, las alegrías, las tribulaciones, la expansión de nuestra Madre, una, santa, católica, apostólica, romana. Querría que viviésemos la identidad de unos con otros, y de todos con Cristo.

San Josemaría. Forja, 630

Magnanimidad

Tenemos que ser magnánimos, con un gran corazón, sin miedo. Debemos luchar siempre por los grandes ideales. Pero la magnanimidad también en las pequeñas cosas, en lo cotidiano. El corazón ancho, el corazón grande. Es importante encontrar esta magnanimidad con Jesús, en la contemplación de Jesús. Jesús es quien nos abre las ventanas del horizonte.

Papa Francisco, 7/6/2013

Amistad y apostolado

Cuando te lances al apostolado, convéncete de que se trata siempre de hacer feliz, muy feliz, a la gente: la Verdad es inseparable de la auténtica alegría.

San Josemaría. Surco, 185