El empeño por devolver la esperanza y la dignidad a la sociedad rural

¿Qué impacto tienen las Escuelas Familiares Agrarias? Las vidas de Manuel, José Luis, José y Juan se entrelazan con las EFAs de Guadaljucén y Casagrande, en Extremadura, y cada uno destaca algún aspecto de aquel interés de san Josemaría por preparar a la gente del campo y cristianizar la sociedad rural.

El principio de los años setenta fueron unos años importantes para el sector rural en España, marcado por la rápida mecanización de las tareas del campo, donde la formación era decisiva. En los pueblos colonizadores de las dos vegas del rio Guadiana, la Baja y la Alta, nace el proyecto de instalar dos escuelas agrarias, Guadaljucén y Casagrande. Ya son más de 4.000 los alumnos egresados de estos centros, que mantienen el espíritu genuino que imprimieron sus iniciadores.

Como en todo origen, el comienzo fue duro, marcado por los pocos medios económicos disponibles. Fueron de gran ayuda los alumnos, que colaboraron en tareas antes de terminar las obras, como plantar arboles, hacer el campo de futbol…

Guadaljucén y Casagrande han celebrado su 50 aniversario

El funcionamiento académico fue novedoso y se realizó según el Sistema de Alternancia, que consiste en estar una semana en la escuela y dos en la empresa, estudiando, por ejemplo las producciones agrarias que se estaban desarrollando en el cultivo de cereales, hortalizas y los avances en la ganadería.

Según nos cuenta Manuel Carranza, antiguo monitor y director de EFA, “En la escuela se desarrollaban parte de las actividades docente, y otras, la alternancia, en las propias explotaciones familiares; siempre tutelados por los padres, que eran los encargados de transmitir a sus hijos esos conocimientos y experiencias vividas. Todo ese trabajo era supervisado por la visita de los monitores. El equipo de monitores, junto a la familia y colaboradores, éramos participes al llevar a cabo la formación integral de los alumnos”.

El secreto de la EFAs

El director de la EFA Guadaljucén, José Luis Moreno revela el secreto, después de 50 años, para sobreponerse a las dificultades. “Nuestra principal arma ha sido y será siempre, las familias. Sin ellas, la labor que se realiza no sería posible. En las EFAs, la familia adquiere su mayor importancia, es un elemento indispensable para la formación de nuestros hijos, no a un nivel de formación, profesionalmente hablando, sino a un nivel superior, una formación humana, cristiana, en valores por todos reconocidos y que, sin este pilar, no sería posible transmitírselo a nuestros alumnos”.

José Moreno Caja es antiguo alumno, padre de tres hijos que cursan sus estudios en la EFA, y es presidente de las escuelas familiares agrarias de Extremadura. Nacido en la Puebla de Alcocer en 1956, su familia fue escogida por el plan nacional de colonización para instalarse en el Poblado de Hernán Cortés (Cáceres). “En el año 71, cuenta José, pasó por mi casa Paco López, que se estrenaba ese año como director de la EFA Guadaljucén y se ganó el afecto de mis padres y mío. Así que, de un modo natural, le ayudé a conseguir nuevos alumnos para el centro. Así, en septiembre hicimos el examen de ingreso cuatro amigos y entramos en el maravilloso mundo de las escuelas familiares agrarias”.

La educación personalizada era y sigue siendo uno de los pilares fundamentales sobre los que se apoya la base de estas escuelas agrarias

La educación personalizada era y sigue siendo uno de los pilares fundamentales sobre los que se apoya la base de estas escuelas agrarias. Manuel Carranza lo define así “Se le exigía a cada alumno, según sus capacidades; aspectos fundamentales que siempre se tenían en cuenta. La formación humana y cristiana era el eje fundamental para fomentar valores y virtudes humanas tan necesarias en la vida cotidiana. Como detalle, recuerdo con cariño las tertulias en la sala de estar, donde se participaba y se aprendía a saber escuchar. En conclusión creo que formábamos una gran familia, los padres, monitores y alumnos hacíamos todo lo posible por sacar adelante este apasionante proyecto”.

San Josemaría y el medio rural

Juan Robledo, antiguo director de la EFA Guadaljucén, nació en Brábaca, a treinta kilómetros de Granada. Trabajaba como tractorista desde los 14 años. Cuatro años más tarde trabó amistad con unos conocidos de Granada que le animaron a estudiar y a cualificarse para ser un buen técnico en el campo. “No me lo pensé y se lo propuse a mis padres. Pero, como yo era el único hijo varón, inicialmente no me dejaron ir. Me costó conseguir el permiso de mis padres, pues mi familia y la gente del pueblo decían que para el campo no hacía falta estudiar, pero al final lo comprendieron e inicié mis estudios. Hay que entender, que en los años setenta, salía muy poca gente a estudiar fuera y más aún, de un pueblo tan pequeño y con tan poca formación”.

Era muy animante oírle a san Josemaría decir con fuerza que teníamos que ser lo mismo que la gente de la ciudad

Juan relata que en 1967 conoció a san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. “Él fue el gran impulsor de las escuelas familiares agrarias. Cuando le conocí en un encuentro con más gente de las EFAs, nos animó a seguir formándonos, nos habló de la importancia de santificar el trabajo del medio rural, muy necesitado entonces de personas con preparación técnica, cultural y cristiana. Era muy animante oírle decir con fuerza que teníamos que ser lo mismo que la gente de la ciudad, para que se perdiera el complejo que aquellos años existía en el campo”.

En 1990 Juan asistió y participó en Roma en un congreso sobre la Familia Rural, organizado por la Asociación Internacional de Movimientos Familiares Rurales. “Allí tuve la suerte de hablar con Don Álvaro del Portillo, el sucesor de San Josemaría, y él me confirmó la preocupación, el interés y todo lo que rezaba el fundador de la Obra por estas iniciativas de preparación para la gente del campo”. D. Álvaro le explicó que san Josemaría albergaba ese interés desde los inicios de la Obra, y así se lo transmitía a las personas que trataba. “Lo que más me impresionó siempre fue la insistencia del fundador en cristianizar también la sociedad rural y devolver la esperanza y la dignidad a un sector tan abandonado a su suerte en la formación”.

Adaptar la educación al entorno rural en un ambiente familiar

El periodista Rafael Angulo, buen conocedor del contexto rural, ha escrito que “de las EFAs me ha llamado la atención su empeño por combatir la auténtica lacra de la sociología rural, que era la ignorancia, la falta de formación y la carencia de información”. Para él, el acierto de las EFAs fue adaptar la educación al entorno rural en un ambiente familiar a la vez que formativo y, por eso mismo, exigente. “Lo digo, añade con satisfacción, como testigo directo pues he visto y conocido a muchos chavales que, en vez de migrar, se quedaban en el pueblo para trabajar en el campo, porque alguien tenía que sacar adelante estas tierras”.

El acierto de las EFAs fue adaptar la educación al entorno rural en un ambiente familiar a la vez que formativo

Quizá es el propio Rafael quien resume bien esta labor para las personas del campo cuando parafrasea la cita evangélica, y escribe: “quien siembra recoge; lo que se riega crece; y la tierra abonada es buen caldo de cultivo para los frutos”.