En 2026: diez hechos de 75 años en el Opus Dei

2026 se convierte en un año particularmente significativo: se cumplen setenta y cinco años, los llamados “bodas de brillantes”, de una serie de acontecimientos trascendentales en la historia del Opus Dei, entre ellos los 75 años del inicio de la labor del Opus Dei en Colombia.

Sumario

  1. Campo y deportes en México
  2. Dos Congresos en España
  3. Ordenación de Don Josemaría Casciaro - 1 de julio de 1951
  4. Una consagración en Loreto
  5. De visita a Santuarios Marianos
  6. Los primeros miembros del Opus Dei en Venezuela
  7. El Opus Dei en Colombia
  8. Un año de dificultades económicas
  9. Defensa de los Institutos Seculares
  10. Cuatro homilías

Desde épocas antiguas, en diversas culturas se ha cultivado la costumbre de asociar determinados materiales con los aniversarios —especialmente en el ámbito matrimonial— para simbolizar el proceso de maduración y fortaleza que adquiere un vínculo con el paso del tiempo. Así, los obsequios evolucionan desde elementos frágiles, como el papel o la madera, hasta otros más nobles y resistentes, como la plata, el oro o los brillantes. De esta forma, cada material encarna la solidez y la belleza alcanzada a lo largo de los años.

Siguiendo esta lógica, 2026 se convierte en un año particularmente significativo: se cumplen setenta y cinco años, los llamados “bodas de brillantes”, de una serie de acontecimientos trascendentales en la historia del Opus Dei. Entre ellos destacan la consagración de las familias de la Obra al Corazón Dulcísimo de María, la celebración de dos congresos que consolidaron su desarrollo institucional, la publicación de textos espirituales fundamentales, las dificultades económicas vividas en Roma y la llegada de los primeros miembros a países como Venezuela y Colombia.

1. Campo y deportes en México

El 11 de abril de 1951, un grupo de mexicanos preocupados por la problemática del campo mexicano decidió constituir, en la Ciudad de México, una Asociación Civil que denominaron Campo y Deporte, encaminada a desarrollar actividades sociales para beneficiar a grandes núcleos de la población, especialmente necesitada de medios formativos.

A partir de su fundación, Campo y Deporte, A.C., impulsó la creación del Centro Agropecuario Experimental El Peñón en una parte de las antiguas construcciones de la Ex Hacienda de Santa Clara de Montefalco, en el municipio de Jonacatepec, Morelos.

El objetivo del Centro Agropecuario Experimental es proporcionar capacitación técnica a los jóvenes del Valle de Amilpas para que se dediquen con mayor provecho al trabajo del campo en sus vertientes agrícola y pecuaria, además de procurar una formación integral y la orientación adecuada sobre el cumplimiento de sus derechos y deberes morales y cívicos.

2. Dos Congresos en España

El 28 de abril de 1951, san Josemaría abandona Roma para pasar unos días en España. Se instala en Molinoviejo, cerca de Segovia, lugar que evoca en él multitud de recuerdos.

El motivo de su viaje es el Congreso General de la Sección de varones del Opus Dei, que se va a celebrar allí.

Con la aprobación definitiva de la Obra, hace apenas un año, la Santa Sede ha confirmado su organización y su forma de gobierno. El dinamismo apostólico del Fundador y su profunda formación jurídica se ponen de manifiesto tanto en la manera como ha querido que la Obra esté gobernada como en su estructura interna, que él mismo describirá a un periodista francés como una organización desorganizada.

En cuanto a la estructura, es de lo más sencilla: en cada una de las Secciones —de hombres y de mujeres—, que funcionan separadamente, siempre con el mismo espíritu, un Consejo, formado por sacerdotes y por seglares, asesora y asiste al Presidente General (desde el 28-XI-82, Prelado, que da y asegura la unidad fundamental de espíritu y de jurisdicción entre las dos Secciones) —que en esta etapa fundacional es el Fundador mismo— en el gobierno de cada una de las Secciones. En cada país o región, un Consiliario (actualmente, Vicario Regional) preside órganos similares.

De arriba abajo, cada escalón de gobierno se limita a estimular el apostolado de todos los miembros y mantener el espíritu propio de la Obra. Porque la actividad esencial del Opus Dei —su razón de ser— no es otra que garantizar la formación de sus miembros y ayudarles a perseverar en el camino al que Dios les ha llamado. En cuanto a sus iniciativas apostólicas, pueden revestir las formas más variadas, ya que la diversidad de situaciones en que cada cual se encuentra es prácticamente inagotable. En consecuencia, la autonomía de los miembros es total no solo en lo que concierne a sus actividades familiares, profesionales y sociales, sino también en la manera concreta en que se esfuerzan en acercar a Dios a quienes les rodean. A la Obra solo le interesa que el espíritu sobrenatural que la anima se transmita íntegramente.

De todo ello se deriva una forma de gobierno basada en la descentralización, la delegación de responsabilidades e iniciativas y la colegialidad, lo cual, por otra parte, responde adecuadamente al carácter secular del espíritu del Opus Dei. El Padre confía plenamente en que cada uno de sus hijos sabrá cumplir con su deber y enseña a estos a hacer lo mismo con los que dependen de ellos en sus tareas de gobierno. Por eso suele decir que tiene más confianza en la afirmación de uno de sus hijos que en la de mil notarios juntos y unánimes.

Una de las normas aprobadas por la Santa Sede prevé que cada Sección organice, periódicamente y por separado, un Congreso General, en el que participarán determinados miembros de la Obra. Tales Congresos darán ocasión a revisar la situación apostólica en cada país o región, formular iniciativas y designar el Consejo general de la Sección de varones o, en su caso, la Asesoría Central de la Sección de mujeres.

3. Ordenación de Don Josemaría Casciaro - 1 de julio de 1951

José María Casciaro nació en Murcia (España) en 1923. Conoció el Opus Dei a través de su hermano Pedro, que pertenecía a la Obra desde 1935. Durante la guerra civil española e inmediatamente después, Pedro había ido animando a su hermano pequeño a llevar una vida cristiana recta, y en abril de 1939 decidió presentarle a san Josemaría. A raíz de la impresión que le produjo este encuentro, José María comenzó a plantearse la vocación al Opus Dei. Durante un año maduró esta llamada de Dios y, finalmente, pidió la admisión en el Opus Dei en 1940.

D. José María Casciaro con algunos de los primeros miembros del Opus Dei.

“El 1 de julio de 1951, mi hermano José María se ordenaba también sacerdote, junto con otros diecinueve miembros del Opus Dei, en la iglesia de las Irlandesas de Madrid. Mi madre estaba gozosísima con nuestra ordenación sacerdotal; y me comentó que, a partir de entonces, tendríamos que rezar especialmente por ella, para que, del mismo modo que Dios nos había dado a nosotros dos la vocación al sacerdocio, el Señor la confirmara a ella en su ‘vocación de madre de dos hijos sacerdotes’”, escribió Pedro Casciaro en el libro Un mar sin orillas.

4. Una consagración en Loreto

15 de agosto de 1951. En la fiesta de la Asunción, estaba san Josemaría antes de las nueve de la mañana en Loreto, con la basílica llena de gentes venidas de los contornos. La Santa Casa, donde celebró la misa, es un pequeño recinto en medio del templo, donde se apretujaba una muchedumbre fervorosa que había acudido allí, precisamente, en la fiesta de Nuestra Señora. El Padre trataba de decir la misa con recogimiento. Pero las manifestaciones espontáneas de piedad de los asistentes no le dejaban concentrarse: Así, mientras besaba yo el altar cuando lo prescriben las rúbricas de la Misa, tres o cuatro campesinas lo besaban a la vez. Estuve distraído, pero me emocionaba. Atraía también mi atención el pensamiento de que en aquella Santa Casa —que la tradición asegura que es el lugar donde vivieron Jesús, María y José—, encima de la mesa del altar, han puesto estas palabras: Hic Verbum caro factum est. Aquí, en una casa construida por la mano de los hombres, en un pedazo de la tierra en que vivimos, habitó Dios.


Al volver de la sacristía, mientras don Álvaro decía misa a las nueve y media, el Padre consiguió refugiarse en el corredor que hay detrás del altar de la Santa Casa. Allí hizo la consagración al Corazón dulcísimo de María, imagen perfecta del Corazón de Jesús. En nombre de todo el Opus Dei le decía a la Señora:

te consagramos nuestro ser y nuestra vida; todo lo nuestro: lo que amamos y somos. Para ti nuestros cuerpos, nuestros corazones y nuestras almas; tuyos somos nosotros y nuestros apostolados.

Iglesia de la Asunción de la Virgen en Sveta Marija, Croacia

El Padre permaneció de rodillas todo el tiempo que duró la misa que dijo don Álvaro. Solo, perdido en oración, sin notar los pisotones del gentío que desfilaba continuamente por el pasillo detrás del altar, implorando gracias del Corazón de María:

Inflama nuestros pobres corazones para que amemos con toda el alma a Dios Padre, a Dios Hijo, y a Dios Espíritu Santo; infunde en nosotros amor grande a la Iglesia y al Papa, y haznos vivir plenamente sumisos a todas sus enseñanzas; danos un gran amor a la Obra, al Padre y a nuestros Directores; haz que, fieles a nuestra vocación, tengamos celo ardiente por las almas; elévanos, Señora, a un estado de perfecto amor de Dios, y concédenos el don de la perseverancia final.

Acostúmbrate a poner tu pobre corazón en el Dulce e Inmaculado Corazón de María, para que te lo purifique de tanta escoria, y te lleve al Corazón Sacratísimo y Misericordioso de Jesús (Surco, 830)

Al salir se dio cuenta el Padre de que llevaba la sotana pisoteada. Después de desayunar emprendieron el regreso a Roma. Era fuerte el calor, pero iba muy contento: haciendo oración, metido en Dios, en silencio, dando gracias. Esa misma tarde vio a sus hijas y a sus hijos. Les contó de dónde venía y cómo la consagración a la Virgen le daba la seguridad de que la Señora tomaría una vez más al Opus Dei bajo su amparo. Y les encargó seguir suplicando al Corazón Dulcísimo de María el: iter para tutum.

5. De visita a Santuarios Marianos

San Josemaría dedicó buena parte de 1951 a visitar santuarios marianos: Nuestra Señora de Pompeya, cerca de Nápoles; Lourdes, el 6 de octubre de 1951, camino de España, donde va a asistir al primer Congreso General de la Sección de mujeres de la Obra; el Pilar, en Zaragoza... En todos ellos renueva la consagración que ha hecho en Loreto y repite la misma jaculatoria: Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum!

El 2-XI-1972 el fundador del Opus Dei estuvo rezando ante la Virgen de Fátima

A sus hijas, reunidas en Los Rosales, una casa situada en las proximidades de Madrid, les habla de la expansión de la Obra en el mundo, de la maravillosa aventura que van a vivir si permanecen fieles a los medios sobrenaturales de siempre: oración, mortificación, sacramentos...

6. Los primeros miembros del Opus Dei en Venezuela

Enviados por san Josemaría, Bartolomé Roig Amat y Rafael García-Planas llegaron a Caracas el 11 de octubre de 1951 para dar comienzo a la labor del Opus Dei en Venezuela. García-Planas iba además con el propósito de montar una extensión de la industria textil que poseía su familia en España. En junio siguiente se les sumó el abogado Roberto Salvat Romero (ordenado sacerdote unos años después), y en septiembre del mismo año el sacerdote Odón Moles Villaseñor.

El 1 de febrero de 1954 llegaron las primeras mujeres del Opus Dei: María de Jesús Arellano, Carmen Gómez del Moral, Begoña Elejalde y Ana María Gibert. Venían con el proyecto de poner en marcha una Escuela Hogar en Caracas, semejante a las que ya existían en España. Así, la Escuela Hogar Etame comenzó su andadura el 10 de octubre de 1954.

7. El Opus Dei en Colombia

La primera persona que inició la labor apostólica del Opus Dei en Colombia fue el presbítero y abogado Teodoro Ruiz, quien llegó al país el 13 de octubre de 1951. Al año siguiente, el 17 de febrero de 1952, llegó a Colombia el Padre Aurelio Mota, y en abril de ese mismo año el médico Ángel Jolín. En 1953 llegaron el arquitecto Luis Borobio y Pepe Albendea, estudiante de derecho.

Padre Teodoro Ruiz y el Dr. Ángel Jolín, los primeros en llegar a Colombia

La labor confiada directamente por san Josemaría Escrivá a estos pioneros en Bogotá y Medellín ya despuntaba: las primeras vocaciones —Ignacio Gómez, Ernesto Diego Torres, Octavio Arizmendi— y las primeras residencias de estudiantes universitarios, como anticipo de lo que hoy es un conjunto abigarrado y multicolor de labores apostólicas, con un común denominador: afán de apostolado, espíritu de servicio y un fuerte dinamismo de santidad en la familia, en el trabajo cotidiano y en los diversos momentos de la vida ordinaria.

Las mujeres del Opus Dei llegaron algún tiempo después, el 15 de abril de 1954, por el puerto de Cartagena, para posteriormente dirigirse a Bogotá: Josefina de Miguel, María Adela Tamés, Tere Ivars y Concha Campá.

Desde Bogotá y Medellín la expansión continuó a Manizales, en mayo del 58; Cali, a partir del año 61; Cartagena, a comienzos del 70; Barranquilla, en el 78; Bucaramanga, en el 81. Actualmente se realizan viajes por parte de fieles de la prelatura a Pereira, Neiva, Santa Marta, Pasto, Valledupar y Montería, donde se llevan a cabo las actividades espirituales y apostólicas propias del Opus Dei.

Concha Campá y María Adela Tamés, dos de las primeras que llegaron a Colombia a traer el mensaje del Opus Dei

San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, estuvo de paso por Colombia el 15 de agosto de 1974, en el Aeropuerto Eldorado, luego de un viaje por Ecuador.

8. Un año de dificultades económicas

1951 fue un año con muchas dificultades económicas para el Opus Dei por la construcción de las obras de Villa Tevere.

Villa Tevere en la actualidad, desde el lado norte. En primer plano, Uffici. Por detrás asoma la Villa Vecchia.

El 17 de noviembre de 1951, el propio san Josemaría escribía en el Diario de Villa Tevere sobre esta realidad y lo que debía hacer el beato Álvaro, encargado de la administración de esos trabajos:

«El pobre Álvaro ha conseguido hoy otro crédito de cuatro millones y medio para pagar las cosas más apremiantes. (Se debían en este momento más de veinticuatro millones!) Con ello se taparán algunos agujeros. Los más urgentes. Todo es que me rompa la cabeza rehaciendo veinte veces la lista hasta cuadrarla a base de quitar a este cien, a aquel cincuenta...».

Para pagar puntualmente los sábados a los obreros —cuenta Jesús Álvarez Gazapo— «se hicieron grandes sacrificios, renunciando todos a muchos pequeños gastos, como eran el uso del transporte público y los cigarrillos. La falta de espacio obligaba, por entonces, a los alumnos del Colegio Romano a estudiar en el jardín mientras hubiera luz natural, y después sentados en la escalera, único lugar iluminado y disponible. El Fundador nos invitaba a ofrecer estas mortificaciones, a las que uníamos nuestra oración para superar diversas dificultades», según quedó relatado en El Fundador del Opus Dei, de Andrés Vásquez de Prada.

(Vásquez de Prada, Andrés. El fundador del Opus Dei. III. Los caminos divinos de la tierra. Rialp. Pág. 219).

9. Defensa de los Institutos Seculares

A pesar de todo, San Josemaría movido por un sentimiento de lealtad hacia la autoridad de la Iglesia, escribía el 24 de diciembre de 1951 que "mientras no exista peligro de deformación de nuestro espíritu... hemos de defender la figura de los Institutos Seculares, mientras no sea factible en conciencia". Esta carta de 24 de diciembre de 1951 constituye un documento particularmente significativo, en el que el Fundador hace amplia referencia a las cuestiones jurídicas. Así, refiriéndose a la futura solución jurídica definitiva, dice: "No sé, insisto, cuándo se cumplirá el tiempo de esa solución jurídica apropiada, por la que tanto rezo y os empujo a rezar... Aunque no conozco ese momento y aunque suponga que se han de requerir bastantes años -lo vuelvo a escribir-, no dudo de que vendrá... No aceptaré una solución de excepción ni de privilegio, sino una fórmula canónica que nos permita trabajar de tal modo que los reverendísimos Ordinarios, que amamos opere et veritate, continúen siempre agradecidos por nuestra labor: que los derechos de los obispos se conserven como hasta ahora, bien asegurados y firmes. Y, finalmente, que nosotros sigamos nuestro camino de amor, de entrega y de dedicación, sin inútiles obstáculos a este servicio a la Iglesia, es decir, al Papa, a las diócesis y a todas las almas... Cuando se promulgue ese resultado jurídico verdaderamente decisivo, ha de quedar bien clara nuestra condición: no somos religiosos ni personas a ellos equiparadas, sino cristianos.

Ediciones Rialp. Cartas II (Edición crítico-histórica)


10. Cuatro homilías

En 1951 san Josemaría pronunció cuatro homilías que luego fueron recopiladas en el libro Es Cristo que pasa, editado en 1973.

Vocación cristiana: Al inicio del año litúrgico, invitaba a pedir a Dios que mostrara sus caminos para seguir sus mandamientos, enfocándose en la llamada universal a la santidad.

Libertad y amor: Insistía en que la libertad humana, un don de Dios, debe dirigirse hacia Él, entregándose libremente a su amor, encontrando la verdadera libertad en el servicio a la verdad y a Dios.

Humildad y lucha interior: Animaba a la perseverancia, a reconocer las propias debilidades y a luchar contra las pasiones, viendo la cruz y el sufrimiento como camino hacia la gloria con Dios.

Fe en la vida ordinaria: Animaba a santificar las actividades terrenales con una visión sobrenatural, encontrando a Dios en lo pequeño y ordinario, como reflejo de su grandeza.